España es una merienda de negros

Junio 1, 2007

La “Partitocracia” española (1)

Archivado en: General — África @ 7:04 am

POR VOTO EN BLANCO  (http://www.votoenblanco.com)

Cuando el elemento decisivo de un sistema de gobierno es el partido político y cuando el poder está controlado por los partidos y no por los ciudadanos, ese régimen debe denominarse “Partitocracia” y no “Democracia”. La democracia es el gobierno del pueblo, mientras que la partitocracia es el gobierno de los partidos políticos.

España reune todos las condiciones técnicas y científicas para ser considerada una “Partitocracia” pura: partidos políticos ultrapoderosos que se apoderan del Estado e infiltran los poderes básicos, prevalencia del partido sobre el ciudadano, ocupación o control, por los partidos, de la sociedad civil y de las grandes instituciones que necesitan ser libres (universidades, medios de comunicación, sindicatos, religiones, etc) y una estructura legal, incluyendo una ley electoral, que beneficia a los partidos políticos más que a los ciudadanos, entre otras.

Uno de los rasgos característicos de la Partitocracia es que son los partidos y no los ciudadanos los que en realidad eligen a los representantes democráticos. En España (y en otros muchos países aparentemente democráticos), esa usurpación del derecho ciudadano al voto se consigue por medio de las listas cerradas y bloqueadas, elaboradas por los partidos, que son en realidad los que eligen, mientras que el ciudadano no puede elegir a las personas que le representan sino a los partidos que deben o no ocupar el gobierno.

Otro rasgo clave de la Partitocracia es la dictadura interna de los partidos, gobernados con mano de hierro por élites que no practican la democracia interna y que exigen de los militantes y, sobre todo, de los aspirantes a ocupar altos puestos, lealtad, sumisión y obediencia ciega. Esa dictadura interna de los partidos ha llevado a muchos teóricos del pensamiento político a formular una pregunta inquietante: ¿Cómo pueden gobernar una democracia partidos que son adictos a la dictadura y al autoritarismo en su funcionamiento interno?

La designación por Zapatero de su “amigo” Miguel Sebastián como candidato a la Alcaldía de Madrid, realizada a pesar de las advertencias del PSM, es una manifestación típica de la partitocracia española, en la que el líder domina siempre sobre las personas y las razones.

La Partitocracia no sólo degrada la democracia hasta destruirla, sino que genera también efectos perversos y nocivos que la sociedad padece: dispara el clientelismo, empobrece el debate porque los aspirantes a líderes no se arriesgan a decir la verdad, estimula la mediocridad, otorga vía libre a la corrupción y hace que muchos políticos se aferren a sus puestos porque en ellos han encontrado una forma de vida bien pagada y cargada de privilegios.

Naufragio del socialismo madrileño

Archivado en: General — África @ 6:45 am

LA decisión de Miguel Sebastián de renunciar al acta de concejal y volver a la docencia universitaria demuestra que la derrota socialista en las elecciones locales del 27-M va a tener más recorrido que el que aparentaba el forzado consuelo del PSOE con cargo a los nuevos gobiernos municipales que habría ganado. La crisis provocada en el Partido Socialista de Madrid por la rotunda victoria de Ruiz-Gallardón en el ayuntamiento de la capital no es un hecho aislado, sino que se suma a problemas similares en la Comunidad Valenciana o en localidades muy emblemáticas del poder municipal socialista, como Alcobendas. La situación interna del PSOE se va agravando por días y revela que las organizaciones locales, tanto en Madrid como en Valencia, no han acatado las órdenes impartidas por Rodríguez Zapatero y José Blanco de aparcar las depuraciones hasta después de las elecciones generales.

La autoridad de la dirección nacional del PSOE está cuestionada de forma clara por una militancia que siente que la derrota sufrida no tiene paliativos y de la que culpa, en última instancia, bien a la falta de conocimiento de sus máximos dirigentes sobre la realidad interna del propio partido, bien a la falta de respeto por la opinión de los militantes y dirigentes locales. A todo esto contribuye la desaparición en los últimos días de los ministros del Gobierno y de destacados dirigentes socialistas, como José Blanco, a quien ahora se le recuerda aquel anuncio de que en la próxima legislatura abandonaría el protagonismo que tiene en la actualidad.

Es muy ilustrativo de cómo se encuentra el PSOE el hecho de que la primera derrota electoral haya descosido de tal manera las estructuras del partido en dos comunidades decisivas para cualquier aspiración de ganar las futuras elecciones generales. La facilidad con que han aflorado estas divergencias profundas con la dirección central y, en concreto, con Rodríguez Zapatero y José Blanco, revelan que hay un problema de fondo en la autoridad de su secretario general y presidente del Gobierno. En estas situaciones de crisis es cuando se nota el peso específico de un político dentro de su partido. Mariano Rajoy no sufrió un conflicto de esta envergadura tras la derrota electoral del 14-M, a pesar de que todo su partido estaba orientado para gestionar cuatros años más de gobierno y no de dura oposición. El PP ha respondido con cohesión interna y coherencia ideológica, recogiendo los buenos resultados del 27-M. En cambio, el PSOE se resiente del sentido accidental que ha marcado el acceso de Rodríguez Zapatero a sus puestos de responsabilidad. Fue nombrado secretario general de su partido como un cortafuegos de los socialistas periféricos frente a José Bono. Y llegó a La Moncloa tras una legítima victoria electoral, pero imprevista y en un contexto trágico de conmoción general, con su buena dosis de manipulación de los sentimientos ciudadanos en la jornada de reflexión previa al 14 de marzo de 2004.

Hay crisis en el PSOE, donde Zapatero empieza a perder pie, porque es un partido que no asimila bien la pérdida de poder y que gestiona con nervios las situaciones de incertidumbre. No sólo cabe recordar el lamentable episodio de la caída del candidato Josep Borrell, pese a ser elegido en primarias. Pascual Maragall, el primer presidente socialista de la Generalitat, no repitió como candidato a los tres años de ganar y acaba de renunciar a la presidencia del PSC. En Madrid, Rafael Simancas no será candidato en 2011 y su permanencia como secretario general de los socialistas madrileños aparenta ser un parche de corta duración. El abandono de Miguel Sebastián es la síntesis del fracaso personal de Rodríguez Zapatero en Madrid -el segundo que sufre en la capital, después de la derrota en 2003 de Trinidad Jiménez- y, por eso, las ondas expansivas de la insubordinación de las bases socialistas le afectan directamente, porque, en definitiva, Rodríguez Zapatero ya no es garantía de continuidad en el poder. Sin más aval que haber sido beneficiado por necesidades y acontecimientos ajenas, el presidente del Gobierno se enfrenta a una incipiente, pero nítida, pérdida de crédito en su propio partido.

La reconquista del estado

Archivado en: General — África @ 6:43 am

La España del PP se desangra por la periferia, y a la del PSOE le falla el corazón de Madrid. Es decir, las «dos Españas» sobre las que comenzó a teorizar en el siglo XIX el portugués Fidelino de Figueiredo, y sobre las que iban a continuar haciéndolo todos los que en el pensamiento político han sido, tienen ahora su concreción territorial. Una expresión geográfica.

Esto era ya algo discernible para un espíritu desapasionado, pero los resultados de estas elecciones municipales lo han dejado más claro, e incluso esa realidad habría sido deslumbradora en el caso de que el día 27 se hubieran celebrado también las autonómicas vascas y catalanes.

Así que hay dos Españas, no definibles por la transversalidad de las ideologías y aun menos por motivaciones de clase, sino por la horizontalidad que da la pertenencia a un territorio. Por supuesto, la adscripción anímica a ese territorio y, por tanto, la formación de las hegemonías políticas correspondientes tienen que ver definitivamente con la forma de entender la Historia, y en la más grave de las hipótesis con la fuerza de la tierra y de la sangre.

Dicho esto, es obvio que la batalla que se plantea en estos momentos en Navarra tiene que ver con su adscripción a un territorio apodado Euskal Herría, y que Baleares se desgarra entre la vocación pancatalanista y la españolista que le viene desde Madrid. Por supuesto, la horizontalidad no agota las aspiraciones culturales e históricas, aunque sí que las convierte en la configuración de un imaginario colectivo, excitado y mantenido por los presupuestos, y cuando este falla o no proporciona el vigor necesario para mantener la lucha por la identidad histórica y territorial, se echa mano de las razones más elementales, esto es, de aquellas que vienen de la tierra, de la sangre y de la lengua.

Hay un problema básico, previo a este reparto y consustancial a él: me refiero al funcionamiento de este conjunto de «territorios»; a la competitividad entre ellos; a las posibilidades de cada uno de ellos y a su capacidad creativa… Por estas vías irá la recomposición de la nación española. La Reconquista del siglo XXI vendrá por esta vía. Favorable, por cierto, para «territorios» como el madrileño y el valenciano.

Pactos, ese puro desmelene

Archivado en: General — África @ 6:41 am

Algunos pensaban que, con el 27-M, iba a descansar el guirigay. Y resulta que a la jarana mitinera le sigue la del reparto de sillones, mucho más discreta, pero no menos sonora. España se trocea en ayuntamientos, diputaciones provinciales y gobiernos autonómicos a vueltas con los pactos. Porque el mosaico, lejos de resolverse, se revuelve un poco más. Así que toca hablar de pactos y llegan los de siempre, con un puñadito de votos, dejándose querer. Suspiro va, suspiro viene, con cuerpecito buscón y esperando joyerío.

Son las cosas del sistema, del electoral, se entiende, capaz de convertir en poderosa moza a la que presenta poca chicha en el escrutinio, pero a la que el maquillaje y un buen picardías a vueltas con el juego de las mayorías la convierte en deseable. Muy deseable. Se nutren de eso, de la necesidad, y saben explotar sus encantos enseñando el palmito imprescindible para atesorar gobiernos. Es la otra cara de la política, la del experto «bisagra», astutos en el engrase del «Tres-en-uno», arañando más de lo que las urnas le reconoce.

Más allá de los casos de partidos minoritarios con posiciones ideológicamente contundentes, no faltan los del mejor postor. Y a cada cita en las urnas le sigue la rifa. Uno se planta y espera que le saquen a bailar, por la diestra o por la siniestra, que bien vale el matrimonio si salen jugosos gananciales.

Habrá que aprender de la autonomía de esa hembra de tiburón martillo que, hace unos días, despertó la atención de los científicos al haberse descubierto en Estados Unidos que había sido capaz de reproducirse sin macho conocido. Ella solita, sin «bisagras» ni llaves-grifas de machote tiburón.

Mientras la sensatez de la tiburona solitaria no se acomode al ruedo político, habrá que seguir llamando al cerrajero de la «in-vitro». Y no resulta fácil porque, como escuchaba estos días con otros cuentos, «con los neutrales uno nunca sabe cómo actuar; con el enemigo sí, con el amigo también, ¿pero con el neutral?». El neutro puede salir por peteneras. Y es que el lustre del sillón se torna multicolor.

Roberto

Pérez

EL CAMAROTE

El alivio

Archivado en: General — África @ 6:38 am

Lo que me ha parecido ver en la cara del presidente del Gobierno al hacer su primera declaración tras las elecciones, con el paisaje al fondo de las vides inundadas ya secas, que hasta las cepas y sarmientos y pámpanos y zarcillos eran terrones de barro agrietado; no es contento, como él mismo ha dicho, sino alivio.

Se ha venido afirmando que el presidente resultaba cenizo al elegir a sus candidatos, pero habría que calibrar la posibilidad de que esta vez lo hubiera hecho adrede, y hubiera buscado el peso del muerto más pesado para, tras abrir una vía de agua, hundir el barco, porque el capitán no puede abandonarlo, a no ser que se naufrague, y entonces está en su derecho de salir a flote y nadar hasta la orilla y volver a casa para ver películas con la familia.

Me recordó esa cara de alivio a la de Alfredo Landa en «Las verdes praderas» de José Luis Garci, cuando está la familia a punto de entrar en el atasco de regreso de la sierra en domingo, y en la oscuridad del día que se apaga, los niños ven el incendio, y en los ojos de Alfredo Landa se nota la autoría y el alivio de ver que el chalet está ardiendo. Ya no tendrá que sacar las sillas al porche, ni ir a por el butano que se ha acabado, ni aguantar a la suegra y a los amigotes. Alivio, porque en el caso que nos ocupa, los amigotes están armados y llevan pasamontañas.

Cuando el que no sabe quiere salir de un lío, el hundimiento es un remedio. Es el alivio del niño que se queda tranquilo al entregar el examen en blanco.

Vamos como nunca porque vamos al galope en un cuarto de milla en el que nadie lleva las riendas. Quien cabalga así, siente un enorme alivio cuando se cae.

Parlamento impotente

Archivado en: General — África @ 6:37 am

Por Juan Pedro Quiñonero

Hubo un tiempo en el que se glosaba el dinamismo de la nueva España democrática. Comienzan a multiplicarse los análisis que denuncian la impotencia del Parlamento español, maniatado con bizantinas combinaciones.

En París, Les Echos publica un largo análisis de Jean-François Polonotre, que analiza la «debilitación del poder legislativo», víctimas el Parlamento y los diputados de presiones, combinaciones y arcaísmos varios, afirmando: «De todas las grandes democracias europeas, el caso español ilustra de manera muy llamativa la devaluación de la función legislativa». Polonotre dialoga con Vicente Martínez Pujalte y Duran i Lleida, entre otros, para tomar buena nota de procesos que considera amenazantes: diputados sometidos al imperio de la razón burocrática partidista; partidos sometidos a la razón burocrática de su gobierno; gobiernos sometidos a la razón burocrática de combinaciones con grupúsculos minoritarios.

El analista de Les Echos subraya que tal tejido de relaciones termina por «desgarrarse», transmitiendo una imagen de «desencanto», sin que nadie se atreva a plantear el problema de fondo de una deseable rehabilitación del Parlamento.

Por su parte, Le Monde describe la «delicada posición» de un primer ministro español presionado desde todos los frentes nacionales e internacionales, sin que esté muy claro su control real de la situación. Le Monde afirma que las «presiones» de Nicolas Sarkozy sobre Zapatero (ETA, UE, Mediterráneo, inmigración) «suenan a advertencias veladas para los observadores españoles». Por su parte, Nouvel Observateur publica un reportaje titulado «La trampa vasca». A su juicio, el fracaso del «proceso negociador» puso fin «a una ilusión», conduciendo al Gobierno a un «callejón sin salida, paralizado por la intransigencia independentista». «¿Puede volver a estallar la violencia terrorista», se pregunta el semanario, subrayando que ETA impone su calendario. Una perspectiva positiva: Rolf Neuhaus glosa en Frankfurter Allgemeine Zeitung el encanto de los ríos de los bosques de Iratí, en Navarra, inmortalizados en una legendaria novela de Ernst Hemingway, «Fiesta».

Juan Pedro Quiñonero

REVISTA DE PRENSA

La deserción de Sebastián

Archivado en: General — África @ 6:33 am

Por M. MARTÍN FERRAND

ESTÁ claro que Miguel Sebastián, como candidato socialista a la Alcaldía de Madrid, perdió las elecciones frente a la fuerza arrolladora de Alberto Ruiz-Gallardón; pero no es menos diáfano y notorio que medio millón de madrileños votaron la lista encabezada por el candidato que llovió de La Moncloa y, al hacerlo, confiaron en él, y en sus acompañantes, la representación de sus intereses durante los próximos cuatro años. En España no votamos alcaldes -ni presidentes autonómicos o nacionales-; votamos listas, cerradas y bloqueadas, de las que salen los concejales que, en segundo grado, elegirán al presidente del Concejo y le entregarán, para su mejor uso, la vara del poder. Es decir, Sebastián pidió un voto que le otorgaron muchos millares de personas y ahora se da a la fuga, renuncia a su compromiso y vuelve a una Universidad, en donde no le falta el prestigio y de la que, seguramente, nunca debió salir.

Nuestra vida política se enrarece por momentos. Para remediar un despropósito como fue, sin duda, la proclamación de Sebastián como candidato del PSOE para arrebatarle el asiento a Gallardón se recurre a otro desatino. La caprichosa decisión de José Luis Rodríguez Zapatero -¡Sebastián porque yo lo digo!- rompió el principio constitucional que obliga a los partidos a la democracia interna, debilitó la coherencia del socialismo madrileño y fue, como ahora se demuestra, una apuesta perdedora. Eso no se enmienda con un nuevo disparate, con la deserción de Sebastián; sino que, desde la seriedad, exigiría la toma de posesión del candidato y su ejercicio de oposición, aunque sólo fuera por guardar las apariencias de respeto a las instituciones, durante el mismo tiempo que hubiera ejercido como alcalde en el supuesto de una victoria.

El principio representativo, ya debilitado por nuestro sistema de listas, quiebra cuando los representantes niegan la voluntad de quienes les eligieron. Se rompe un contrato que, tácitamente establecido entre candidatos y votantes, es el armazón de la democracia y da consistencia a las instituciones que se sustentan en la representación ciudadana. Sólo una razón de fuerza mayor podría justificar la huida de Sebastián y, a ese respecto, convendría recordar a quienes le zahieren desde la Federación Socialista de Madrid que su rechazo llega con retraso. Hubiera tenido sentido cuando el dedazo del líder le impuso a las bases. Ahora suena a pataleta de quien digiere mal una derrota. Además, con su retirada a la paz del claustro universitario, Sebastián se hace el haraquiri para la vida política. Al frente de la oposición municipal de Madrid podría haber servido para otra guerra, que nunca sobran combatientes en los frentes electorales; pero así, con tan precipitada renuncia a la responsabilidad que voluntariamente solicitó, se inhabilita para los restos. No podrá ser ministro ni de Marina.

La saga-fuga de Miguel Sebastián

Archivado en: General — África @ 6:25 am

IGNACIO CAMACHO

HA hecho en sólo tres meses la carrera política descendente más brillante y meteórica de España. Medalla de oro en la modalidad de fracaso olímpico. Así como Al Gore se presenta a sí mismo como «el ex futuro presidente de los Estados Unidos», Miguel Sebastián podrá elegir para su tarjeta de visita la consideración de «ex probable vicepresidente económico» o de «ex concejal nonato del Ayuntamiento de Madrid». También podrá poner en su currículum una línea con el cargo de «ingeniero de conspiraciones malogradas de la Presidencia del Gobierno», y otra con el rango honorífico de «el candidato socialista madrileño con menos votos de la democracia». Títulos no le van a faltar en su rutilante trayectoria hacia ninguna parte. Ni trabajo: le espera un futuro prometedor como tertuliano de «Salsa rosa», y las principales escuelas de negocio se lo van a disputar para impartir un master de Progreso Negativo según el canon de la epistemología «marxista»: cómo pasar en tiempo récord de la nada a la más absoluta miseria.

Nada de esto habría podido conseguir sin la ayuda inestimable y decisiva de Rodríguez Zapatero y su afición por la inventiva política. Sólo el ojo clínico del presidente podía avistar una lumbrera semejante en el fondo gris de la fontanería de la Moncloa. Cuando hace apenas un año blasonaba con arrogante suficiencia de haber encontrado un candidato imbatible para presentar a la gran batalla municipal de Madrid, ni los más avezados zapaterólogos suponían que la chistera del pensamiento mágico era tan profunda y versátil como para encontrar una minerva tan preclara. Chistera de chiste, por supuesto.

Ahora, consumado el prodigio de alcanzar los peores resultados de la era moderna con el aspirante más desconocido y menos valorado, Zapatero mira para otra parte mientras los militantes del PSOE capitalino buscan a alguien en quien clavar sus recién afiladas navajas ante la fuga in extremis de la víctima, que ha preferido hacerse el haraquiri antes que caer cosido a puñaladas bajo la estatua simbólica de su mentor. Lo malo es que una vez desenvainadas las dagas va a ser menester que corra alguna sangre, y los muy cabreados victimarios están mirando de soslayo al pobre Simancas, sobre el que podría caer la doble culpa de haber perdido él mismo por goleada y de haber permitido -a ver cómo no, si traía el aval del César- el paso del candidato fantasma. Los más aviesos pensaban que el castigo más retorcido para Sebastián era obligarle a permanecer en el cargo de edil derrotado que se ha ganado con su esforzada ineptitud, pero el interesado ha optado por la incomparecencia para evitarse ajustes de cuentas, a sabiendas de que deja una insuperable marca de nulidad e incompetencia. Cuando se alcanza un descalabro tan perfecto conviene no estropearlo con algún eventual, aunque improbable, acierto. Y Sebastián, que estudió en Minnesotta, debe haber aprendido lo suficiente para entender que lo único más inútil que un concejal de la oposición en minoría absoluta es la primera rebanada de un paquete de pan Bimbo.

Sebastianazo, segunda parte

Archivado en: General — África @ 6:20 am

CARLOS HERRERA

HASTA los comentaristas menos sagaces, entre los que indudablemente me encuentro, habían pronosticado el batacazo electoral que le esperaba a Miguel Sebastián, candidato a la alcaldía de Madrid por el PSOE, merced a lo retorcido de su nombramiento, lo áspero de su campaña, el poco apoyo de su federación y la cantada mayestática en el debate de Telemadrid. Todo ello invitaba a aventurar que tenía menos futuro como candidato que un cofrade en Riad. Y así fue: el resultado obtenido por el elegido de Rodríguez Zapatero -ese que le vio pasar una mañana frente a su despacho y le preguntó: «Miguel, ¿tú de dónde eres?- estuvo muy por debajo del que había obtenido Trini Jiménez, la anterior candidata y jefa de la oposición municipal por la que el presidente se inventó una secretaría de Estado en Exteriores -nada menos, como si no estuviese allí el muy operativo Bernardino León-, obteniendo algunos concejales menos y dando la sensación de que Madrid es un feudo inexpugnable para la derecha española. Demasiado para todos. Especialmente para la antigua Federación Socialista Madrileña, ese reducto del peor guerrismo de los ochenta en el que ya se levantan sin recato voces oxigenadas reclamando un cambio razonable, voces que entienden que se ha profesionalizado en exceso la política en el seno de su formación, siempre en manos de personas que sólo han tenido como oficio y beneficio el cargo público o el cargo orgánico de partido.

Tras el primer «sebastianazo» ya descrito por todos, el economista amigo de las presiones y las componendas acaba de brindarnos una segunda edición del mismo al renunciar a ocupar su puesto en el Ayuntamiento de Madrid, cosa que se ha considerado como normal por no pocos observadores y como obligada por muchos de los compañeros de candidatura. Sé que hoy, Sebastián está deseando encontrar un boquete por el que desaparecer unos días, y puede que se lo merezca; así hayan pasado unos años recordará estas horas como unas de las más densas de su vida, parecidas en intensidad a las más delicadas por las que haya transitado, y si su mentor, el presidente de Gobierno, no le recupera para mayores desafíos, cosa que no deberían descartar ya que siente por su ejecutoria intelectual una absoluta debilidad, el futuro de nuestro hombre se diluirá en la enseñanza y en la empresa privada, labores para las que, tengo entendido, está sobradamente preparado. Su incursión electoral quedará como un pasaje desabrido, incómodo e infeliz en un tiempo agitado e indeciso. Renunciando a su acta, por demás, Sebastián ha evidenciado la crisis solemne que asola a los socialistas madrileños, que ya no rascan bola ni en algunos ayuntamientos emblemáticos del cinturón de Madrid, deja la pelota en manos de Simancas y compañía -que tienen por delante una papeleta- y declara a Ruiz-Gallardón «césar de todas las victorias», que es justamente lo que le faltaba para seguir enredando. No sólo vence sino que, además, descompone al contrario. Viendo a Sebastián coger el petate y marcharse al campo ante el regocijo de muchos de los suyos, el actual alcalde va a tardar dos o tres minutos en sentirse el vencedor totémico de estas elecciones municipales y autonómicas. No sé si es una excelente noticia para el Partido Popular, que está perplejo ante las maniobras del alcalde paras situarse en el número dos del escalafón a esperar tranquilamente su momento.

Las generales que se atisban quizá más próximas de lo que dicen los calendarios oficiales, condicionarán la renovación de los socialistas de la capital, como tantas cosas más. Pero en bien de alternancias y debates de ideas es saludable que ello ocurra. Lo que pasa es que a ver quién es el guapo que se quita de en medio a pocas millas de puerto y con el barco haciendo aguas. Simancas, por ejemplo, no se puede marchar. Todos en sus puestos. Ni una tontería. Ya hemos tenido bastante con la ocurrencia del jefe, que nos hace ir de sebastianazo en sebastianazo, dicen en voz no tan baja.

Salvavidas que Rajoy no necesita

Archivado en: General — África @ 6:15 am

El mito que más daño ha hecho a la derecha política española en los últimos años es la teoría arriolesca de que el PP no debe significarse demasiado en defensa de sus posiciones y que está obligado a dar una imagen de moderación que le permita atraerse el voto de centro, porque el de la derecha lo tiene ganado. Si Rajoy lo hubiera seguido al pie de la letra, no hubiera existido esa rebelión cívica que, encabezada por la AVT, ha tenido en los populares su más fiel aliado. La marea rojigualda que llenó Madrid hace bien poco se habría tenido que quedar en casa y, quizá, tampoco hubiera acudido a los colegios electorales en los números en que lo hizo el 27 de mayo.

Si hay algo que estas municipales han dejado claro es que las elecciones se ganan movilizando a los tuyos y consiguiendo que los rivales no tengan ánimos para acercarse a las urnas. Un análisis superficial muestra que el PP ha ganado estas elecciones municipales porque se ha votado más allí donde es más fuerte. Y dónde se muestra más como es, sin complejos. Incluso Gallardón, esa teórica máquina de recoger votos del centro, la supuesta demostración práctica de las teorías arriolescas, ha visto como Esperanza Aguirre conseguía más votos que él en la capital, pese a que a ella no la podían elegir los residentes procedentes de otros países de la Unión Europea. Ni tenía a Sebastián como rival, que esa es otra.

Aguirre representa la firmeza en los principios y convicciones de la derecha liberal, expresadas, sí, con moderación, porque la base de la derecha no gusta de extremismos ni estridencias, pero sin conceder tampoco ni un ápice de superioridad moral a la izquierda. Otros en su partido, en cambio, no hacen sino ceder continuamente ante el empuje mediático de la izquierda y el nacionalismo, acercándose a sus posiciones y alejándose de las ideas en las que cree la derecha social. Es cierto que ésta no tiene otro partido al que votar, pero también lo es que puede quedarse en casa si lo que se le presenta no parece una alternativa seria y contundente a Zapatero y los suyos. Es algo que tendrá que valorar Rajoy a la hora de decidir qué línea va a seguir de cara a las generales y con qué personas cuenta, si decide pasar por alto la arrogancia de quien se ofrece públicamente como su salvavidas, como si necesitara de uno.

Lo de De Juana sólo es un capítulo

Archivado en: General — África @ 6:10 am

El etarra Ignacio de Juana Chaos, cuyo espléndido estado de salud ya había dejado en evidencia en sus innumerables paseos, acaba de recibir el alta médica en el hospital Donostia de San Sebastián, aunque no abandonará el centro hasta que reciba el permiso correspondiente por parte de Instituciones Penitenciarias. Aunque Zapatero haya querido bochornosamente eludir explicaciones sobre lo que va a hacer una institución dependiente del Gobierno que preside, se confirma, tal y como desvelaba la revista Tiempo, que el Gobierno había pedido a la Consejería de Sanidad vasca que retrasara el alta hasta después de las elecciones, para evitar que el caso le pasara factura.

Aunque la falta de arrepentimiento y el sanguinario historial de Ignacio de Juana Chaos hagan de su excarcelación uno de los más escandalosos capítulos del proceso de colaboración con ETA, hay que tener presente que no es el primero ni el último de los pasos que ha dado el Gobierno del 14-M como atención a la criminal advertencia que sus compañeros de viaje le hicieron llegar en Barajas. Ni siquiera es el más grave.

Antes de que el Gobierno de Zapatero atendiera los reproches sobre De Juana que ETA incluyó en su comunicado tras el atentado de la T-4, el PSOE hizo frente común con los nacionalistas contra todas las propuestas de endurecimiento de la política antiterrorista planteadas en el Congreso por el PP. Con aquel bochornoso espectáculo, celebrado a los pocos días del entierro de los asesinados Estacio y Palate, el Gobierno de Zapatero dejó en evidencia que no iba a caer en “la tentación de recuperar las fórmulas policiales y políticas represivas” contra las que le acababa de advertir públicamente ETA, sino que por el contrario dejaría de manifiesto que comparte con ETA la voluntad de “dejar a un lado al PP-UPN y la derecha fascista del Estado”.

Inmediatamente después, el Gobierno de Zapatero se puso manos a la obra con el proceso de impunidad de De Juana, porque lo que estaba en riesgo no era la vida del etarra en huelga de hambre, sino una “paz” electoral consensuada con ETA sobre la base de colaboracionistas compromisos previos.

El Gobierno de Zapatero también intensificó la neutralización del Estado de Derecho que resultaba insuficiente para sus insaciables compañeros de viaje, garantizando, a través de la Fiscalía, la impunidad de una pieza que para ETA era y es mucho más importante que De Juana:  Arnaldo Otegi. A la retirada de cargos por enaltecimiento del terrorismo por el homenaje dispensado a la etarra Olaia Castresana, le siguió la retirada de cargos por un delito similar que Otegi perpetró con ocasión del homenaje dispensado al etarra fallecido Arkaitz Otazua.

Esa infame retirada de cargos, que la Fiscalía acaba de confirmar a pesar de las pruebas en forma de video que Antena 3 TV ofreció al juez Marlaska, vuelven a correr el riesgo de ser eclipsadas por los flecos que quedan por cerrar del escandaloso caso De Juana.

No vamos a decir que la negativa del Gobierno y de la Fiscalía a que los Tribunales aplicaran a ANV la ley de partidos pasara desapercibida. Sin embargo, ¿es coherente que el PP liderará y movilizara a millones de españoles contra la excarcelación de De Juana y no hiciera algo parecido contra ANV y la cobertura política y subvención pública de quienes justifican los asesinatos?

Por mucho que el capítulo de De Juana no esté cerrado, fijemos también la atención en los que le siguen. También en ellos este Gobierno se ha retratado y se ha de retratar. Más pronto que tarde, también en Navarra.

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