España es una merienda de negros

Junio 15, 2007

La nostalgia como coartada

Archivado en: General — África @ 7:44 pm

El espectáculo meloso de las celebraciones del aniversario de las primeras elecciones democráticas puede despertar los recuerdos de los nostálgicos. Pero en la situación actual de la política antiterrorista y nacional, suena a sarcasmo o a broma macabra la loa constante a la Constitución mientras su pasado y su presente es liquidado con entusiasmo por el Gobierno en sus apaños con la banda terrorista ETA.

La Constitución no es, ni más ni menos, que la encarnación legal del pluralismo y del Estado de Derecho. O sea, el pluralismo que Bermejo, Rubalcaba y Zapatero han finiquitado en pueblos y ciudades del País Vasco y Navarra de la mano de ANV y ETA. En su línea, Zapatero podrá dar gracias a los españoles por la transición democrática, pero los españoles del futuro no le darán las gracias a Zapatero por haber legalizado política y moralmente a los mayores enemigos de la libertad y el pluralismo que quedan en toda Europa.

Y del Estado de Derecho, para qué hablar. El espectáculo del Gobierno utilizándolo como instrumento propagandístico en sus tratos y apaños con ETA, con el escandaloso chivatazo de funcionarios policiales a terroristas etarras o con el mimo judicial hacia Otegi y De Juana y la venganza contra ellos después. En tiempos de celebración, la sonrisa vacía de ZP y el matonismo tabernario de Bermejo muestran a las claras que ni creen en el Estado de Derecho ni creen en el imperio de la ley.

¿Puede realmente sostenerse la ficción de un nuevo consenso antiterrorista? El pacto antiterrorista no era ni más ni menos que la encarnación del espíritu constitucional que ZP desprecia definitivamente. Difícil es hoy llamarse a engaño; el proceso de paz no es la causa del distanciamiento entre Zapatero y Rajoy, sino la consecuencia clara, evidente y notoria del desprecio del PSOE por el consenso constitucional. Zapatero no tiene la más mínima intención de llegar a un consenso con el Partido Popular, y sí con ERC, Nafarroa Bai y –ya está ocurriendo– con ANV y la propia ETA.

El “proceso de paz” de Zapatero sigue porque el secretario general del PSOE sigue despreciando el pluralismo y el imperio de la ley. Estos días, el Gobierno celebra solemne los aniversarios constitucionales al tiempo que llega a tratos anticonstitucionales con quienes ni creen en España ni en su legalidad. Así que hoy la precaria situación nacional exige responsabilidad y seriedad. Menos “libertad sin ira” y más defensa del pluralismo en todos los rincones de España. Menos lanzar flores sobre la figura de Suárez y más cumplir y hacer cumplir la ley a lo largo del país. Claro que el pluralismo y el Estado de Derecho tienen un enemigo a muerte, ETA, y un cáncer con triple metástasis; Bermejo, Rubalcaba y Zapatero. Las elecciones generales serán la ocasión para extirparlo.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Zapatero dice que no hará ningún “comentario hacia atrás” sobre los contactos con ETA

Archivado en: General — África @ 7:42 pm

SEGÚN GARA, HUBO REUNIONES EN LA CAMPAÑA ELECTORAL

El presidente del Gobierno ha impuesto un nuevo toque de silencio sobre su proceso de paz. No se informará más ni habrá “comentarios hacia atrás”. Zapatero y De la Vega se han negado a hablar sobre la noticia que publica Gara referentes a reuniones entre el Gobierno y ETA y entre el PSOE y Batasuna en la campaña electoral. De la Vega ha dicho que no hubo “ningún” contacto, pero ha eludido contestar si el Ejecutivo envió algún emisario.  

(Libertad Digital) Las citadas fuentes del Ejecutivo señalaron que lo importante ahora es mantener la unidad y la firmeza en la lucha contra ETA, así como la eficacia de las fuerzas policiales.

María Teresa Fernández de la Vega se ha escudado en que, “como siempre”, el Gobierno “nunca” hace comentarios sobre esto. Así evitó referirse a la información que este viernes publicaba Gara. El diario que sirve de altavoz a ETA detallaba que sí que hubo contactos entre el Gobierno y la banda terrorista durante la campaña electoral y que en paralelo el PSOE los mantuvo también con Batasuna.

De la Vega respondió con rotundidad a la pregunta de si el Gobierno había tenido algún contacto con la banda terrorista ETA durante la campaña electoral. “Ninguno, absolutamente ninguno”, recalcó De la Vega. Sin embargo, De la Vega no quiso hacer comentarios al ser preguntada si durante el mes de mayo alguien, en nombre del Gobierno había tenido contactos con ETA.

Aunque otras veces ha hecho lo contrario, la número dos del Gobierno dijo que no es su costumbre hablar de ETA en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. De hecho sí que hubo referencias aunque esta vez sólo dijo lo que poco que llevaba preparado: “De las informaciones que salen en un medio señalar como siempre que el Gobierno nunca comenta este tipo de informaciones ni sobre el medio que las publica. El Gobierno sólo quiere trasladar que ETA nunca ha conseguido ni uno solo de sus objetivos, de ningún tipo, tras 40 años empelando la violencia, y nunca lo va a conseguir. Eso es todo lo que el Gobierno va a comentar sobre este asunto y la banda terrorista ETA”.

Nada sobre el pacto PSN-ANV en Sartaguda

Tampoco quiso hablar mucho de la toma de posesión de los concejales de ANV. Apuntó que los votos de la franquicia de ETA son “completamente legales” aunque pese a esa legalidad los socialistas navarros “han señalado que no quieren ocupar cargos institucionales con el apoyo de ANV. Eso es una decisión que han tomado los socialistas navarros. Quiero dejar bien claro que una cosa es que los votos sean legales y otra que no se quiera contar con ese apoyo”. Del caso de la localidad navarra de Sartaguda no hizo mención alguna. En este municipio, el aspirante socialista ya ha anunciado que se apoyará en Acción Nacionalista Vasca para ser alcalde.

Tampoco entró la vicepresidenta en los pactos del PSN con Nafarroa-Bai. Durante su comparecencia un periodista le recordó que en cuatro municipios navarros esta formación que persigue la anexión de Navarra al País Vasco ha renunciado a sus actas de concejal porque entiende que deberían corresponder a las listas ilegalizadas de ANV. Este hecho no influirá en los posibles pactos del PSN con Na-Bai, aclaró De la Vega. 

Junto a la vicepresidenta compareció, por primera vez, el ministro de Justicia. Mariano Fernández Bermejo sí que se refirió a la decisión de Na-Bai en esos cuatro municipios navarros pero sólo para matizar que “no es obligatorio tomar posesión, se puede renunciar”. Acto seguido apuntaba que “otra cosa es la interpretación que se haga de eso. Ese es otro problema sociológico-político. Pero por ser legal no hay ningún problema”.

“Si los tiburones fueran hombres”

Archivado en: General — África @ 6:22 pm

Si los tiburones fueran hombres”

Bertolt Brecht

— Si los tiburones fueran hombres — preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona—, ¿se portarían mejor con los pececitos?

— Claro que sí — respondió el señor K.—. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografía para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y  a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista.  Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones. Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla al valor y se le otorgaría además el título de héroe. Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces. Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones. Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra: si los tiburones fueran hombres, en el mar no habría más que cultura oficial.”[1]



[1] Bertolt Brecht, Historias de almanaque; trad. de Joaquín Rábago, Alianza Editorial, Madrid, 1975, pp. 132-134. Cfr. el texto alemán en Bertolt Brecht, Grosse kommentierte Berliner und Frankfurter Ausgabe. Band 18, Prosa 3, Kalendergeschichte; Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1995 pp. 446-448.

 »Wenn die Haifische Menschen wären«, fragte Herrn K. die kleine Tochter seiner Wirtin, »wären sie dann netter zu den kleinen Fischen?« »Sicher«, sagte er. »Wenn die Haifische Menschen wären, würden sie im Meer für die kleinen Fische gewaltige Kästen bauen lassen, mit allerhand Nahrung drin, sowohl Pflanzen als auch Tierzeug. Sie würden sorgen, dass die Kästen immer frisches Wasser hätten, und sie würden überhaupt allerhand sanitäre Maßnahmen treffen. Wenn zum Beispiel ein Fischlein sich die Flosse verletzen würde, dann würde ihm sogleich ein Verband gemacht, damit es den Haifischen nicht wegstürbe vor der Zeit. Damit die Fischlein nicht trübsinning würden, gäbe es ab und zu große Wasserfeste; denn lustige Fischlein schmecken besser als trübsinnige. Es gäbe natürlich auch Schulen in den großen Kästen. In diesen Schulen würden die Fischlein lernen, wie man in den Rachen der Haifische schwimmt. Sie würden zum Beispiel Geographie brauchen, damit sie die großen Haifische, die faul irgendwo liegen, findend könnten. Die Hauptsache wäre natürlich die moralische Ausbildung der Fischlein. Sie würden unterrichtet werden, dass es das Größte und Schönste sei, wenn ein Fischlein sich freudig aufopfert, und daß sie alle an die Haifische glauben müßten, vor allem, wenn sie sagten, sie würden für eine schöne Zukunft sorgen. Man würde den Fischlein beibringen, daß diese Zukunft nur gesichert sei, wenn sie Gehorsam lernten. Vor allen niedrigen materialistischen, egoistischen und marxistischen Neigungen müßten sich die Fischlein hüten und es sofort den Haifischen melden, wenn eines von ihnen solche Neigungen verriete. Wenn die Haifische Menschen wären, würden sie naturlich auch untereinander Kriege führen, um fremde Fischkästen und fremde Fischlein zu erobern. Die Kriege würden sic von ihren eigenen Fischlein führen lassen. Sie würden die Fischlein lehren, dass zwischen ihnen und den Fischlein der anderen Haifische ein riesiger Unterschied bestehe. Die Fischlein, würden sie verkünden, sind bekanntlich stumm, aber sie schweigen in ganz verschiedenen Sprachen und können einander daher unmöglich verstehen. Jedem Fischlein, das im Krieg ein paar andere Fischlein, feindliche, in anderer Sprache schweigende Fischlein tötete, würden sie einen kleinen Orden aus Seetang anheften und den Titel Held verleihen. Wenn die Haifische Menschen wären, gäbe es bei ihnen natürlich auch eine Kunst. Es gäbe schöne Bilder, auf denen die Zähne der Haifische in prächtigen Farben, ihre Rachen als reine Lustgärten, in denen es sich prächtig tummeln läßt, dargestellt wären. Die Theater auf dem Meeresgrund würden zeigen, wie heldenmütige Fischlein begeistert in die Haifischrachen schwimmen, und die Musik wäre so schon, dass die Fischlein unter ihren Klängen, die Kapelle voran träumerisch, und in allerangenehmste Gedanken eingelullt, in die Haifischrachen strömten. Auch eine Religion gäbe es ja, wenll die Haifische Menschen wären. Sie würde lehren, das die Fischlein erst im Bauch der Haifische richtig zu leben begännen. Ubrigens würde es auch aufhören, wenn die Haifische Menschen wären, daß alle Fischlein, wie es jetzt ist, gleich sind. Einige von ihnen würden Ämter bekommen und über die anderen gesetzt werden. Die ein wenig größeren dürften sogar die kleineren auffressen. Das wäre für die Haifische nur angenehm, da sie dann selber öfter größere Brocken zu fressen bekämen. Und die größern, Posten habenden Fischlein würden für die Ordnung unter den Fischlein sorgen, Lehrer, Offiziere, Ingenieure im Kastenbau und so weiter werden. Kurz, es gäbe überhaupt erst eine Kultur im Meer, wenn die Haifische Menschen wären.«

El regreso del idiota

Archivado en: General — África @ 6:04 pm

El regreso del idiota
Plinio A. Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa.
Plaza & Janés, 2007. 344 pp

¿Qué está pasando en América Latina? La reciente ofensiva de Chávez contra los medios de comunicación independientes ha llevado incluso a los observadores más optimistas a admitir que el mandatario venezolano no es un mero bufón histriónico, sino un dictador en ciernes. ¿Y qué significa, por otra parte, el triunfo de la izquierda en tantos países latinoamericanos?

Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, quienes hace diez años cosecharon un gran éxito con su Manual del perfecto idiota latinoamericano, vuelven a la carga con un nuevo libro en el que tratan de responder a estas preguntas. Su tesis queda clara en el título: el idiota cegado por la ideología, que no ha comprendido que la economía de mercado, la democracia liberal y el respeto a los principios del Estado de Derecho constituyen el mejor camino a la prosperidad, vuelve a triunfar en una América Latina en que las reformas de los años 90 no bastaron para promover un desarrollo que ofreciera esperanza a los desfavorecidos. Así es que el retorno al caudillismo, al populismo y al intervencionismo estatal puede alejar de nuevo a las naciones latinoamericanas de la senda de la prosperidad. Cierto es que no se ha retrocedido a la era sangrienta de los dictadores y los guerrilleros, de los Pinochet y los Abimael Guzmán, aunque Colombia todavía padece a las FARC y Chávez parece querer emular a Castro, pero las recetas populistas ponen en peligro la inversión productiva que está en la base del desarrollo.

No se trata, advierten Mendoza, Montaner y Vargas Llosa, de una cuestión de derechas e izquierdas, sino de un debate entre los modernizadores, sean de centro-derecha o de centro-izquierda, y los reaccionarios, que quieren regresar a fórmulas que fracasaron en el pasado y que nadie sueña con aplicar en Europa, aunque algunos idiotas europeos sigan considerándolas progresistas… si se aplican convenientemente lejos. De hecho, el tema central de El regreso del idiota es el contraste entre la izquierda modernizadora, a la que con dudoso acierto los autores llaman “herbívora”, es decir aquélla que admite la necesidad de contar con la economía de mercado para acabar con la pobreza y la desigualdad extrema, y la izquierda reaccionaria, que llaman “carnívora”. Michelle Bachelet y los socialistas chilenos son el mejor ejemplo de la primera, pero a ella se han convertido el brasileño Lula, el uruguayo Tabaré Vázquez e incluso, ¡quién lo habría imaginado!, el peruano Alán García. A la segunda pertenecen, además de Fidel Castro, sempiterno patriarca de los idiotas, el venezolano Chávez y el boliviano Evo Morales, junto a dos aspirantes que perdieron las últimas elecciones, el mexicano López Amador y el peruano Humala.

El regreso del idiota se centra, por supuesto, en los “carnívoros”. Escrito en un tono ligero, ofrece una panorámica de los peligros del populismo en Venezuela, Bolivia, Argentina, México, Perú y Ecuador, mientras que comenta en pocas páginas las políticas más sensatas seguidas en Brasil o en Chile. Para el lector español el error sería caer en una actitud condescendiente respecto a Iberoamérica, porque, como recuerdan los autores, en Europa también se dicen tonterías y se cometen errores, con la ventaja de que aquí con la política económica no se juega. Muy críticos hacia el “buenismo” de Zapatero, observan que ha dejado la economía en manos del competente Solbes.

Juan AVILÉS
 

Lévy y Savater ganan los Premios de Periodismo de El Mundo

Archivado en: General — África @ 6:00 pm

El francés obtiene el ‘Reporteros del Mundo’ y el español el ‘Columnistas de El Mundo’

El Jurado de los Premios de Periodismo de El Mundo ha otorgado por unanimidad los galardones de Reporteros del Mundo y Columnistas de El Mundo a Bernard-Henri Lévy y Fernando Savater respectivamente. En ambos destaca, según los miembros, l”a excelencia en el trabajo y el compromiso en la manera de entender el periodismo y el análisis de la sociedad”.

Los jueces destacaron la “enorme brillantez” de los reportajes periodísticos de Lévy, en los que ha tratado temas el conflicto de Darfur o el caso Pearl, y elogiaron en Savater el cumplimiento de “la función social que José Luis López de Lacalle quiso cumplir” y por la que fue asesinado por la banda terrorista ETA.

En esta sexta edición de los Premios de Periodismo de El Mundo el jurado estuvo formado por el escritor cubano Raúl Rivero, el filósofo Eugenio Trías, el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, el adjunto para Relaciones Internacionales, Víctor de la Serna, el secretario general de la redacción de El Mundo, Aurelio Fernández, y Milo Vignolo, corresponsal del Corriere della Sera.

El final de la Dictadura.

Archivado en: General — África @ 5:58 pm

El final de la Dictadura. La conquista de la democracia en España

Nicolás Sartorius y Alberto Sabio
Temas de Hoy. Madrid, 2007

En la convulsa trayectoria española del siglo XX hay dos breves etapas que han merecido una especial atención de los historiadores, la guerra civil y la transformación del régimen franquista, a la muerte del dictador, en una democracia homologable con el entorno europeo, eso que todo el mundo conoce con un término que hizo fortuna, la “transición”. Como sabe cualquier mediano conocedor de estos temas, la bibliografía sobre el primero de estos acontecimientos es ya inabarcable, y no deja de crecer con la excusa de efemérides diversas, pero los análisis, ensayos y memorias sobre el lapso más cercano no dejan tampoco de incrementarse día a día, amenazando en un futuro quizás no lejano la preeminencia en este aspecto del conflicto bélico.

Desde hace ya tiempo es por tanto difícil aportar elementos novedosos por lo que respecta a los hechos mismos: casi todo lo fundamental es bien conocido, e incluso muchas cuestiones adyacentes, secundarias o anecdóticas han sido desgranadas y repetidas en múltiples crónicas periodísticas, estudios clásicos de historia o testimonios más o menos sesgados de los mismos protagonistas. Aun así, adoptando otros puntos de vista -iluminando de modo distinto asuntos ya conocidos-, se han logrado introducir ingredientes para el debate. Podría citar, casi a vuelapluma, los diversos trabajos de Paloma Aguilar sobre la memoria y olvido de la guerra civil, el minucioso examen comparativo que efectuaba Álvarez Tardío de las dos transiciones (la de 1931 y 1978) o el reciente volumen de Cristina Palomares sobre aperturistas y reformistas en el seno del propio régimen mucho antes de la muerte del General.

Eso no quiere decir, ni mucho menos, que se sepa todo, ni que todo se sepa igual de bien. Como en cualquier otra etapa crucial, faltan algunas piezas importantes del puzzle, y en algunos casos -pienso por ejemplo en las tantas veces soñadas memorias de Adolfo Suárez- parece que se tratará de lagunas casi irreparables. Siguen faltando también biografías definitivas sobre algunos elementos clave del proceso, empezando por el aludido primer presidente de la democracia, estudios que no sean ajustes de cuenta ni lo contrario, meras hagiografías. Y, en fin, en otros episodios trascendentales –me refiero ahora por ejemplo al 23 F– la intuición o los sobreentendidos han tenido que compensar la falta de documentos o certidumbres. Aun así, repito, nos movemos en terreno trillado, hasta el punto de que lo difícil es ser original o aportar algo inédito.

Con estas premisas se comprenderá fácilmente que cualquier autor que se adentra en este campo asume un reto y, al tiempo, el crítico o el lector algo versado mantendrá unas determinadas exigencias. Aquel y éstas convergen en definitiva en el mismo terreno de juego, el de la contribución relevante que, en este caso concreto, justifique además un volumen de casi novecientas páginas. Precisamente lo primero que llama la atención es el contraste entre la extensión mencionada y el reducido ámbito cronológico, los veinte meses escasos que median entre la muerte de Franco y las primeras elecciones democráticas. En efecto, a diferencia de otros analistas que datan el comienzo de la transición con el asesinato de Carrero Blanco (diciembre de 1973) o incluso antes, y llegan hasta el triunfo del PSOE en 1982 o hasta el fin de la primera legislatura socialista (1986), Sartorius y Sabio –una curiosa combinación, digamos de paso, de experiencia y juventud– han optado por lo que podríamos denominar el cogollo mismo de la transición, la fase menos discutible por su carácter de núcleo duro de todo el proceso.

Hasta ahí una opción legítima y que, en el fondo, podría parecer incluso “conservadora” –en el sentido de descartar cualquier pirueta interpretativa–… si no fuera porque los autores se niegan a hablar de “transición”, como ponen de relieve en la elección del mismo título: el final de la dictadura, sí, y no la transición democrática. No es una casualidad ni una cuestión anecdótica, sino algo que afecta al contenido, enfoque, metodología y conclusiones de la obra que nos ocupa. Entre noviembre de 1975 y junio de 1977, enfatizan en diversas ocasiones Sartorius y Sabio, no existe aún la democracia y sí, en cambio, múltiples residuos –y a menudo, bastante más que residuos– del régimen anterior, que es caracterizado como una dictadura brutal con sus grises, su tortura sistemática, su TOP, sus cárceles, sus depuraciones, su censura, su control asfixiante en una palabra. No un régimen paternalista y de cierto pluralismo, como diría Linz, sino un sistema corrupto y mendaz, despótico y cruel (se recuerdan en este sentido las últimas condenas a muerte y las múltiples bajas por los “excesos represivos”).

Y no es sólo un asunto de respeto a los hechos –o sea, que no había democracia ni libertades en el período que se estudia– sino de algo más profundo, una trampa saducea, diríamos en lenguaje torcuatesco, que se deriva del uso inadecuado de los conceptos: la transición no era una fase que tuviera necesariamente que surgir –cual crisálida– del seno de la dictadura; en ninguna parte estaba escrito que tras la muerte de Franco viniera el derrumbe del sistema por sí sólo. La prueba está en que distintos sectores económicos, políticos y sociales intentaron perpetuar un franquismo sin Franco. Si les salió mal fue porque encontraron una tenaz resistencia en aquella sociedad que despertaba y perdía el miedo, una negativa radical que se tradujo en una presión incontenible desde abajo. La democracia, por tanto, no fue un regalo, ni siquiera una especie de carta otorgada, sino una conquista de la calle y desde la calle, con huelgas obreras, manifestaciones estudiantiles, acciones sindicales, protestas en el campo, lucha en los barrios y, en general, una movilización constante de los sectores progresistas y dinámicos de la nación española.

Ésos son, con el esquematismo inevitable de un apretado resumen, los presupuestos y planteamientos que informan el libro. Estamos por tanto ante una “relectura” de la transición –no me atrevo a usar el término revisión porque tiene unas connotaciones que están en las antípodas de este trabajo– desde una óptica que se reclama de izquierda crítica, pero no radical. Contra el maximalismo de esta última -–más que transición, transacción vergonzante y vergonzosa– se defienden aquí el pacto y el consenso como las soluciones menos malas dadas las circunstancias. Pero precisamente por ello se rechaza también la mitificación acrítica que se ha hecho de esta fase desde la atalaya conservadora. Para Sartorius y Sabio aquella etapa distó mucho de ser un tránsito sosegado y ejemplar; fue un momento convulso, a menudo caótico, a veces sangriento, siempre incierto (frente a la concepción de diseño de laboratorio).

La obra, que empieza situando a la España de los 70 como una “anomalía” en el contexto de la Europa comunitaria, dedica en la parte final un interesante capítulo a la dimensión internacional, destacando la “unidad de criterio” de las potencias más implicadas en propiciar unas reformas controladas que alejaran a nuestro país del contagio portugués. Pese a tantas cortapisas y gravámenes, al final se impuso la voluntad popular y así, por la senda reformista, se desembocó en una auténtica ruptura con el régimen anterior. Por ello, en definitiva, concluyen los autores, si bien el dictador logró morir en la cama, la dictadura “feneció en la calle”.

Rafael NUÑEZ FLORENCIO

 

Y así nos contaron la transición

Archivado en: General — África @ 5:56 pm

Pocos temas de la historia contemporánea han suscitado una bibliografía tan abundante como nuestra transición. Testimonios personales, análisis políticos, sociológicos, económicos y culturales se han derramado estas tres décadas sin agotar el tema y suscitando nuevas polémicas. Contra esta confusión, los críticos de El Cultural han seleccionado veinte títulos indispensables.

Diario de un ministro de la Monarquía
José María de Areilza
Planeta, 1977
Esencial para conocer los primeros meses del proceso de instauración de la democracia en nuestro país, Areilza reunió en su Diario los “apuntes cotidianos recogidos en mis cuadernos de notas con la espontánea redacción en la que la cercanía de los recuerdos avalaba la certidumbre de los datos”. El Conde de Motrico da cuenta de los imposibles equilibrios y las tensiones que rodearon la formación del primer gobierno de la monarquía y sus esfuerzos para lograr el respaldo de las principales potencias mundiales. Pero, como estos apuntes terminaban el 3 de julio del 76, el propio Areilza publicó, siete años más tarde, sus Cuadernos de la Transición (Planeta), con observaciones y comentarios en torno a los acontecimientos que iban configurando el nuevo régimen democrático.

España De la Dictadura a la Democracia
Raymond Carr y Juan Pablo Fusi
Planeta. Barcelona, 1979
Pionero en su momento, este libro se constituyó, a juicio de Andrés de Blas, en un “hito importante en la literatura sobre el tema”. En realidad, dos tercios del libro se dedican al franquismo, y hasta el capítulo VII no comienza la descripción de la Transición, con una crónica casi periodística de la vida política en los años 60 y 70. En las antípodas ideológicas de los autores, De Blas lamenta el tratamiento “injusto al PCE”, el excesivo protagonismo otorgado por Carr y Fusi al Rey en el proceso, que por el contrario numerosos otros especialistas celebraron, o las concesiones “al ambiente del momento de la redacción”, aunque sean esas concesiones las que den interés, casi sociológico, al libro.

Adolfo Suárez. Historia de una ambición
Gregorio Morán
Planeta. Barcelona, 1979
Periodista de investigación especializado en bucear en la actualidad con tintes polémicos, Gregorio Morán (1947, Oviedo) realizó una temprana biografía política desbordada por los acontecimientos. Morán retrata despiadadamente a Suárez, un político profundamente vocacional que desde mediados de los años 50 desarrolló una imparable carrera dentro del Movimiento Nacional, de la mano de Fernando Herrero Tejedor. A falta de las memorias que el propio Suárez no publicará en vida jamás, completan este volumen títulos como Adolfo Suárez, una tragedia griega de José García Abad (La Esfera de los Libros, 2005), homenaje a una obra política perfectamente descrita en el libro; Adolfo Suárez y el bienio prodigioso, de Manuel Ortiz Sánchez (Planeta, 2006) y Adolfo Suárez: el hombre clave de la transición, de Carlos Abella (Espasa, 1995).

Así se ganaron las elecciones
Pedro J. Ramírez
Planeta. Barcelona, 1979
En dos ocasiones (1977 y 1979) Pedro J. Ramírez descubrió con pluma vibrante y apasionada, a pie de calle y desde dentro de los partidos políticos, los secretos de las primeras elecciones generales democráticas en España tras el traumático paréntesis que supuso el franquismo. Intrigas palaciegas, luchas por el poder, ingenuidades y resentimientos salen a la luz por vez primera en estos volúmenes, en los que el periodista, por ejemplo, explicó el reparto del poder en AP en “las cuatro provincias catalanas”, que “quedaron asignadas a López Rodó como si de un coto privado se tratara. López Rodó no incluyó en la candidatura de Barcelona ni a una sola persona de Reforma Democrática, de tal forma que Fraga vio mermada su influencia en esa demarcación”.

Memoria viva de la transición
Leopoldo Calvo-Sotelo
Plaza & Janés. Barcelona, 1990
Lastrado por una imagen negativa que debía tanto a los enemigos de fuera como a los amigos de su propio partido, una UCD en franco estado de descomposición, y que el intento de golpe de Estado de 1981 no hizo sino acentuar, Leopoldo Calvo-Sotelo se descubrió en este volumen de memorias como un político cargado de sentido de Estado, inteligencia, cultura y con una ironía a prueba de desplantes. Sin demasiados silencios, pero con prudencia y muy buena memoria, Calvo-Sotelo analiza el proceso democratizador español y su dimensión internacional con “afán paleontológico”, para “salvar algunos hechos y personas, casi olvidados”. Especial interés tienen los capítulos dedicados al 23 F, la cuestión autonómica y la polémica atlántica, así como el estrambote dedicado a los responsables del fin de UCD, retratados con estilete en una desopilante “Nominilla de tránsfugas” implacable con las traiciones de Francisco Fernández Ordóñez y Miguel Herrero de Miñón.

El triunfo de la democracia en españa, 1969-1982
Paul Preston
Plaza & Janés, 1986
Autor de la biografía definitiva sobre Franco (Grijalbo, 1998) y de otra muy interesante sobre Juan Carlos, el rey de un pueblo (Plaza & Janés, 2003), el hispanista británico diseccionó en esta obra la agonía del franquismo, y la situación del mundo universitario, el clero y del mundo obrero en los últimos años de la dictadura, así como la represión (deteniéndose, por ejemplo, en el juicio de Burgos y en la reacción internacional que suscitó) y en el inmovilismo que paralizó a gran parte de sus dirigentes. La muerte de Carrero, el llamado espíritu del 12 de febrero, la agonía de Franco, la consolidación de la monarquía y la legalización del PCE son también abordados con objetividad y tensión casi narrativa.
 

En husca del tiempo servido
Manuel Fraga
Planeta, 1987
En los últimos tiempos del franquismo, Fraga era considerado como uno de los políticos con más posibilidades para dirigir el proceso de cambio político. No fue así, pero el papel que jugó en los años de la transición hace de En busca del tiempo servido un testimonio ineludible. Se trata de la segunda parte de sus memorias y cubre desde la muerte del dictador hasta el fracaso de Alianza Popular en las elecciones de 1986, un fracaso que le llevó a dimitir como presidente del partido. El libro está poco elaborado, pues en lo fundamental se basa en anotaciones diarias, en las que los detalles banales aparecen junto a datos del mayor interés, pero en conjunto representa una de las principales aportaciones que nos han legado en sus memorias los protagonistas políticos de la transición. En el epílogo menciona los tres objetivos que guiaron su acción en aquellos años: una transición pacífica, el mantenimiento del progreso económico y la creación de una gran fuerza política liberal-conservadora. Los tres se lograron.

La transición democrática española
Tezanos, Cotarelo y De Blas
Sistema, 1989. 954 pp. 28’85 euros.
El convencimiento de que la bibliografía sobre la transición española presentaba “carencias y desigualdades notables” estimuló a José Félix Tezanos, Ramón Cotarelo y Andrés de Blas a promover un grupo de estudio sobre el tema con un enfoque multidisciplinar y marcado carácter izquierdista. Veintiún politólogos, sociólogos, economistas, constitucionalistas y políticos colaboraron en esta obra que incluye un epílogo de Alfonso Guerra sobre el triunfo electoral de PSOE en 1982, hecho que marcaría el final de la transición. Mención especial merecen los ensayos de Jorge de Esteban sobre el proceso constituyente español, de Fernando Reinares sobre terrorismo, del propio Andrés de Blas sobre “el problema nacional-regional” en la transición, así como la completa cronología del proceso realizada por Paloma Román.

El piloto del cambio
Charles Powell
Planeta, 1991
Powell obtuvo en 1991 el premio Espejo de España con esta biografía que descubría aspectos inéditos acerca del papel secreto a veces, pero determinante siempre, desempeñado por el Rey y la institución de la Corona en la organización y consolidación de la democracia en España. Powell desveló las delicadas gestiones de don Juan Carlos para que el proceso democratizador llegara a buen puerto, sin olvidar algunos momentos críticos (Montejurra, legalización del PCE, el adiós de Arias Navarro…). Diez años más tarde, Powell publicaba España en democracia (Plaza & Janés), relato pormenorizado de la Transición, de la etapa de gobierno socialista y de las dos legislaturas con mayoría del PP. Luis Arranz destacó, al reseñarlo en El Cultural, cómo resultaba de especial interés su análisis sobre “las instancias que, desde el interior del franquismo tardío buscaban la integración de España en la Europa occidental, con especial referencia al trabajo político sobresaliente de Don Juan Carlos y de Fernández Miranda. El autor procede a una revalorización del gobierno de Calvo Sotelo y su política, paralelamente a un balance muy matizado de la trayectoria de Adolfo Suárez”.

Transición política y consolidación democrática (1975-1986)
Ramón Cotarelo
CIS. Madrid, 1992.
En la estela de la Transición democrática española, Cotarelo compiló ensayos de pensadores de la izquierda en torno a la sustitución del viejo régimen autoritario por otro de naturaleza democrática. Especial interés tiene el de J. J. Linz sobre “La transición a la democracia en España en perspectiva comparada”, en el que establecía cómo “La crisis del régimen no es motivo determinante para el inicio de un cambio político, sino que los altos umbrales de imprecibilidad determinan el posible (re)surgimiento de otros destinos finales las divergencias en medios y fines, que se pueden presentar entre los miembros de esta coalición, incrementan el umbral de incertidumbre inherente a los procesos de Transición”.

Memoria y olvido de la Guerra Civil Española
Paloma Aguilar Fernández
Alianza, 1996
Paloma Aguilar reivindica el papel de la memoria histórica en los procesos de cambio político al abordar en este libro uno de los temas esenciales de la Transición: cómo los recuerdos traumáticos de la guerra civil resultaron determinantes para fijar las reglas de juego institucionales de la Transición. Sin esa memoria hubiera sido imposible la política de consenso y reconciliación que caracterizó el proceso. Como explica en el libro la propia Aguilar, “hay que distinguir la memoria histórica de la propia historia. Hasta que el historiador no comienza a elaborar los datos, éstos no pueden ser considerados historia”, y para conseguir ese tránsito no duda en utilizar libros de texto, fragmentos del NoDo, así como muy diversas fuentes y enfoques, aunque se eche de menos alguna referencia cinematográfica más.

Memorias
Santiago Carrillo
Planeta. Barcelona, 1993
Reeditadas y ampliadas en numerosas ocasiones (de 2006 es su última versión), estas memorias son el autorretrato de uno de los últimos supervivientes de una generación que, en sus propias palabras “ha dejado en el camino, muertos en las trincheras, bajo los bombarderos o las represiones, a millones de sus componentes”. De su juventud revolucionaria y republicana a nuestros días, pasando por lo vivido y sufrido en la guerra civil, los años del exilio, las luchas por el poder en el partido, la lenta agonía del regimen franquista, su regreso, casi de chirigota a España, con una peluca que es parte de su leyenda, a la legalización del PCE o su abandono del partido al que había entregado su vida.

Don Juan
Luis Maria Anson
Plaza & Janés, 1994
Testigo de excepción (y protagonista) de tantas horas que cambiaron nuestra historia, Anson descubrió datos sorprendentes acerca del papel crucial desempeñado en la Transición por Don Juan de Borbón como elemento moderador y eficaz negociador que supo conciliar voluntades tan dispares como las de los monárquicos del interior y la oposición en el exilio. También desbroza sus relaciones imposibles con Franco, las complejas negociaciones que permitieron que Don Juan Carlos estudiase en España, las tensiones personales y políticas tras la designación de su hijo como sucesor “a título de Rey”, o su generosidad al renunciar a sus derechos. Un libro esencial para comprender cómo se fraguó la monarquía de todos.

Historia de la transición, 1975-1986
Javier Tusell y Soto Carmona
Alianza. Madrid, 1996
Juan J. Linz, Maravall, García Delgado, Lluch, Malefakis, Fusi y Borja de Riquer, además de los compiladores del volumen, Tusell y Soto Carmona, participaron en un Congreso sobre la transición, con la perspectiva que daban las dos décadas transcurridas desde entonces. El libro tal vez no ofrece demasiados datos inéditos, pero sí reflexiones rigurosas y análisis casi irreprochables acerca del momento inicial de la transición, en el que resultaba evidente la inviabilidad de que el régimen franquista se mantuviera tras la muerte del dictador, pero no se sabía si España se encaminaba hacia una democracia plena.

Memoria de la transición
Santos Juliá, Javier Pradera y Joaquín Prieto (Coord)
Taurus. Madrid, 1996
Publicado inicialmente en El País como coleccionable, este volumen recoge un gran número de entrevistas, crónicas, reflexiones y testimonios, a través los cuales se recrea la vida política española en el período comprendido entre el asesinato del almirante Carrero Blanco y la entrada de España en la Comunidad Europea, No es un libro para leer de corrido de la primera a la última página, sino para volver a él una y otra vez en busca de información sobre los más diversos temas. Particular interés tiene la notable colección de entrevistas, en las que prestan su testimonio todos los políticos relevantes del período, incluidos Suárez, Felipe González, Carrillo, Fraga, Pujol y Arzalluz. En cuanto a la nómina de colaboradores del volumen, baste decir que se encuentran entre ellos algunas de las mejores plumas del periodismo español.

Así se hizo la transición
Victoria Prego
Plaza & Janés, 1995
Victoria Prego reunió en este volumen el enorma caudal de información que había utilizado para realizar el documental “La Transición”, emitido por TVE en trece episodios, y que era fruto, a su vez, de muchas horas de conversaciones con los protagonistas del proceso democratizador. De hecho, y con las excepciones del rey y de Adolfo Suárez, en él colaboró todo el que tenía datos u opiniones interesantes sobre los hechos. En su momento, Charles Powell destacó que, aunque las novedades históricas o políticas desveladas en el libro eran “relativamente escasas”, “como crónica periodística de un proceso político que se inicia con el asesinato de Carrero Blanco y se cierra con la celebración de las primeras elecciones democráticas de 1977, este relato es dificilmente superable. Escrito con la misma agilidad y frescura que caracterizan el guión del documental, el texto arrastra al lector desde la primera página sin que decaiga nunca el interés”.

La transición a la democracia: España, 1975-1982
Álvaro Soto Carmona
Alianza. Madrid, 1998
El profesor Soto Cardona, autor de numerosas monografías sobre este período convulso (incluida Transición y cambio en España, 1975-1996, Alianza, 2005 o ¿Atado y bien atado?. Institucionalización y crisis del franquismo, Biblioteca Nueva, 2005) desmonta en esta obra algunos mitos de la Transición. Para empezar, acota de manera distinta el periodo, que para él comienza tras la muerte de Franco y termina con la llegada al poder del Partido Socialista Español en el año 82. Además, aporta datos que desmienten que el franquismo previera su desarrollo, aunque “sus conflictos internos facilitasen la forma y el fondo de cómo ésta se llevó a cabo”. El autor analiza el éxito del proyecto reformista de Adolfo Suárez, disecciona el proceso constituyente y el sistema político resultante, estudia detalladamente el papel de la Corona, los procesos autonómicos, las amenazas involucionistas, la desintegración de la UCD, y el controvertido papel de la oposición en todo el proceso, ya que “al no poder imponer sus objetivos rupturistas tuvo que reducir sus pretensiones y consensuar un marco de convivencia democrática, aceptando parte del legado del pasado”.

La larga marcha hacia la monarquía
Laureano López Rodó
Noguer, 1997. 690 pp., 7’8 euros.
Como explica en las primeras páginas del libro el propio López Rodó, “La vuelta de la Monarquía ha sido quizá la operación política más delicada –más intrincada– y más laboriosa que ha conocido la historia contemporánea, no sólo de España sino tal vez incluso de todo el mundo occidental. No tiene precedente en nuestra Patria ni paralelo en ningún otro país”. A desmenuzar sus entresijos está dedicada, pues, esta obra, que pretende ser “el relato más cabal posible de esa larga singladura”, en la que su autor, uno de los grandes ministros tecnócratas de Franco, analiza los hechos que “por ser más decisivos, marcan un hito en ese itinerario”. Esencial para comprender “los sucesivos y a veces zigzagueantes pasos que condujeron a la proclamación del rey”, detalla las complejas relaciones, cargadas de recelos y temores, entre Franco y don Juan, por lo que mucha de la bibliografía posterior está en deuda (no siempre reconocida) con este libro.

Sobrevivir después de franco
Cristina Palomares
Alianza. Madrid, 2006
Con un planteamiento “casi provocador” en palabras de Núñez Florencio, Palomares adjudica en esta obra los méritos de la Transición a los sectores moderados del franquismo. En realidad, la novedad de su enfoque se pone de relieve en el lapso que abarca, 1964-1977, ya que, a su juicio, no fue el asesinato de Carrero Blanco el punto de partida del porceso, sino que una década antes un sector del franquismo tomó conciencia de que el régimen no podía sobrevivir al dictador y que había que preparar el terreno para homologar el sistema político con los otros países occidentales. La autora se implica también en deshacer lo que llama tópicos consolidados, como que el franquismo era un “bloque homogéneo” que se cuarteó por el empuje de la oposición democrática. “Gradualismo, moderación, pacto…Es patente –escribía el crítico– que los valores que aquí se ensalzan no viven en la actualidad sus mejores momentos, ni en la reflexión ni en la praxis política”. Por todo ello, se trata de “una contribución fundamental para comprender desde las entrañas del sistema esa obra de ingeniería política que supuso la conversión pacífica en democracia de un longevo régimen autoritario”.

El camino a la democracia en españa. 1931 y 1978
Manuel Álvarez Tardío
Gota a Gota. Madrid, 2005
Álvarez Tardío (Madrid, 1972) compara en esta obra los dos momentos de cambio democrático abrupto vividos en España durante el siglo XX: el que sucedió a la proclamación de la II República, en abril de 1931, y la Transición a la democracia tras la muerte de Franco. Para Tardío se trató de dos sistemas políticos que presentaban fuertes diferencias entre sí, especialmente por la voluntad rupturista de los hombres de 1931, que apenas encontró eco en la situación de 1975, cuando una nueva clase dirigente se adentró por la senda de un sistema constitucional, de raigambre liberal, que fuera protagonizado por la sociedad española. Ruiz-Manjón destacó al reseñarlo que este libro“significa un contraste sereno en un panorama historiográfico que aparece excesivamente agitado por quienes, desde uno u otro bando, se empeñan en hacer una lectura interesada, por sectaria y partidista, de nuestro pasado más reciente.”

La Transición. Una historia abierta

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Mañana se cumplen treinta años de las primeras elecciones generales democráticas en España tras la dictadura franquista. Y, aunque no todos coinciden en su comienzo (para unos comenzó a larvarse en el 69, otros señalan el asesinato de Carrero Blanco o incluso la muerte de Franco como espoleta del proceso) ni en su final, asistimos a un intenso revisionismo que cuestiona lo que hasta hace unos años parecía un modelo exitoso casi sin fisuras. Manuel Álvarez Tardío, joven historiador autor de El camino a la democracia en España. 1931 y 1978, hace balance para El Cultural de interpretaciones, lecturas y retos. Su análisis se complementa con una bibliografía comentada de los mejores títulos sobre la Transición. Porque ya son 30 años desde entonces.

Que la Transición española a la democracia tras la muerte del general Franco ha sido calificada de modélica y exitosa por casi todos los protagonistas de aquel período y por una mayoría de los historiadores y científicos sociales que se han ocupado de ella, no es ningún secreto. Que aquel proceso hizo posible la construcción de una democracia liberal sin rupturas bruscas ni un grado de violencia política comparable al de los años 1931-36, y sobre la base de una superación radical, a la vez que autocrítica, del pasado, tampoco ha sido muy discutido, al menos hasta fechas recientes. Que durante aquella Transición se pudo conjugar el cambio con la estabilidad institucional que necesitaba la sociedad española para consolidar el proceso de modernización retomado a mediados de los 50 parece, asimismo, una afirmación difícilmente cuestionable. Y que el papel desempeñado en aquel momento por algunas personas concretas que ocupaban puestos de responsabilidad tanto en las instituciones del Estado como en la dirección de los partidos políticos, los sindicatos y la iglesia católica, resultó decisivo, es algo que parece estar fuera de toda duda.

En realidad, treinta años después de celebradas las elecciones constituyentes de junio de 1977, la Transición española a la democracia no es en absoluto ninguna desconocida. Más bien todo lo contrario. La historia política del período ha sido bien analizada y no son pocos los estudios dedicados al análisis comparado con otras transiciones de la llamada “tercera ola”, por no hablar de los buenos trabajos que han realizado historiadores y politólogos sobre los partidos políticos, el comportamiento electoral, la Iglesia católica, los sindicatos, la economía, el periodismo o la cultura.

No cabe, sin embargo, colegir que exista una interpretación de la Transición que pueda calificarse de incuestionable. Aun cuando la bibliografía disponible sea muy cuantiosa, la Transición no está ni mucho menos agotada. Numerosas biografías políticas, importantes aspectos de la historia de la cultura política, algunas variables ligadas a la historia política del tardofranquismo, el análisis de comportamiento electoral en perspectiva histórica comparada, el estudio detallado de las políticas de orden público y del papel de la violencia política… Todos estos, aun cuando podamos conocerlos en parte, son aspectos en los que todavía existen importantes lagunas.

Y sin embargo, tres décadas después de aquella apasionante primera mitad de 1977, la cuestión que realmente está empezando a cobrar un peso determinante en el debate historiográfico no es la que se refiere a aspectos parciales de la Transición, sino a la interpretación global del proceso. Si durante más de veinte años fue hegemónica una imagen que vinculaba la consolidación de la democracia a la consideración de la Transición como proceso modélico basado en el consenso entre élites y la superación de las heridas de la guerra civil –imagen que no sólo propagaron los protagonistas máximos del período, como Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo y tantos otros, sino que también recibió un considerable impulso de las conclusiones de los estudios comparados de los procesos de democratización–, esa situación parece estar cambiando. Si durante la misma Transición no faltaron las voces que denunciaban su propio presente como una operación de maquillaje de la dictadura y de configuración de una democracia imperfecta, en los ochenta aparecieron algunos trabajos que retomaban esa postura crítica para llamar la atención sobre lo que Gregorio Morán (1991) llamó “el precio de la Transición”. Hubo, también, un análisis minoritario procedente del ámbito de la ciencia política muy interesado en contrarrestar la idea de una Transición modélica en la medida en que no compartía el entusiasmo por el modelo liberal de democracia plasmado en la Constitución, en tanto en cuanto, a su juicio, no se habían potenciado suficientemente los mecanismos de participación ciudadana y de democracia directa.

Pero todo ello, en la medida en que vinculaba la Transición con un resultado de democracia mutilada o desnaturalizada, nunca tuvo entidad suficiente para contrarrestar el nutrido coro de voces que sin dejar de apreciar la fragilidad y los déficit de la Transición (“La Constitución de 1978, afirmó el Rey ante las Cortes Generales con motivo del veinticinco aniversario de la Constitución el 6 de diciembre de 2003, parte de una Transición tan ejemplar como compleja”), no escatimaban esfuerzos para divulgar entre los españoles la idea de que el bienio 77-78 había sido un éxito colectivo. Bien representativo de esta última opción, la mayoritaria y la más convincente, fue el volumen publicado por Espasa-Calpe en 2002, Veinticinco años de Reinado de S.M. Don Juan Carlos I, que recogía valiosas aportaciones que destacados investigadores y protagonistas de la Transición habían puesto en común en un ciclo de conferencias celebrado meses atrás en la Real Academia de la Historia. Casi todos ellos habían comprendido que la Constitución de 1978 y por tanto la Transición, habían permitido a los españoles disfrutar de un cuarto de siglo que, como ha señalado recientemente Carmen Iglesias (2004), “nadie hubiese podido predecir en 1975”.

Pero como la Historia, al igual que el éxito, nunca es definitiva, desde que la Constitución cumpliera veinte años hasta hoy, el debate en torno a las claves de la Transición no ha perdido interés. En primer lugar, porque como señalara José Casanova (2004), los procesos modernos de democratización “son fenómenos demasiado complejos como para ser reducidos a modelos sencillos y elegantes”. Pero sobre todo porque el peso de nuestro agitado presente se está empezando a notar. De hecho, la revisión de la Transición que algunos vienen propugnando desde finales de los noventa no se basa, en la mayoría de los casos, en una relectura crítica y más o menos razonable de lo que ya ha sido estudiado, sino en una ofensiva interpretativa que pretende descalificar el proceso constituyente en tanto en cuanto el modelo de ruptura postulado inicialmente por las izquierdas no fue posible, ni tampoco, lógicamente, el ajuste de cuentas. Pero como no es posible inventarse una Transición que no ocurrió y resulta difícil restar protagonismo a los reformistas y a la Corona, el recurso más habitual consiste en descalificar la idea del proceso como ruptura pactada conducida por las élites para propugnar en su lugar un modelo de Transición hecha desde abajo y que no habría podido llegar a buen puerto de no ser por la presión social y sindical debidamente liderada por las izquierdas. Así hay que entender a N. Sartorius y A. Sabio (2007) cuando afirman con toda rotundidad que “La democracia no se regaló, se peleó en la calle”.

Pero lo cierto es que si la Transición de los años setenta fue un éxito no se debió en lo esencial a la capacidad de movilización y presión de las oposiciones, sino a que, a diferencia de lo ocurrido en 1931, los máximos dirigentes socialistas y comunistas compartieron con los reformistas procedentes del régimen el hecho de que el camino a la democracia sólo podría triunfar si unos y otros se reconocían recíprocamente la legitimidad democrática y, acto seguido, acordaban unas reglas del juego que no excluyeran a la mitad de los españoles. Todos sabían que si se quería fundar una democracia verdaderamente liberal había que utilizar la experiencia de los años treinta como contramodelo. Los nuevos revisionistas, nostálgicos de la ruptura, andan empeñados en lo contrario.

por Manuel Álvarez Tardío

“El terror rojo en España” por Antonio Golmar

Archivado en: General — África @ 5:03 pm

¿Es posible calificar de “terror” la represión desatada por el Frente Popular durante la Guerra Civil? ¿Cuáles fueron sus causas? Por otra parte, si examinamos la célebre Causa General, un documento “de carácter puramente informativo” creado por la Oficina del Fiscal General del Estado a partir de un decreto de 1940, ¿corroboran los datos la existencia de una estrategia coherente de exterminio por parte del Frente Popular, más allá de las acciones emprendidas para ganar la guerra? Por último, ¿qué analogías y diferencias hay entre el Terror Rojo y el llamado Terror Blanco, el de los nacionales?

Estas son las preguntas de investigación que el periodista Javier Esparza se hace en este libro, un trabajo de revisión bibliográfica que, en primer lugar, cabe adjetivar como brillante en la forma.

En efecto, entre los aspectos más sobresalientes de esta obra destacan una redacción primorosa, una prosa clara y sencilla y una edición cuidada –la elección de las frases entresacadas y destacas en negrita es excelente–, que redundan en su finalidad didáctica. Si añadimos a lo anterior el esfuerzo de concisión a la hora de referenciar la bibliografía consultada sin por ello sacrificar el rigor –ni inflación de notas a pie de páginas ni descuidos en las citas–, no es exagerado calificar El terror rojo en España de texto modélico de divulgación del “estado de la cuestión” de la violencia republicana en los años de nuestra última guerra civil.

En cuanto al desempeño de Esparza a la hora de probar sus hipótesis, lo primero que hay que decir es que la definición de conceptos que acompaña al planteamiento de la investigación es impecable. Por ejemplo, tanto la delimitación de la noción de terror –política deliberada de exterminio físico de un enemigo inerme– como los criterios aplicados a la hora de aplicar el término a una situación determinada –básicamente, un uso sistemático de la fuerza legitimado por las autoridades y coherente con una justificación ideológica previa– son intachables. Cuando cierta historiografía parece sobre todo preocupada por las sensaciones que ciertos vocablos puedan provocar en el lector, la alta autoexigencia metodológica de Esparza resulta simplemente encomiable.

La primera de las hipótesis que examina Esparza es la relación entre la ideología revolucionaria y el Terror. Basándose en fuentes mayoritariamente frentepopulistas –una vez más, son los tachados de “revisionistas” los que usan las fuentes republicanas ignoradas por otros– y en testimonios recogidos en la Causa General, el autor concluye descartando que el Terror pueda ser considerado un fenómeno descontrolado al margen de la voluntad de las autoridades del Frente Popular. Más bien ocurrió lo contrario: cabe atribuir a los partidos republicanos, y en especial al Gobierno, la responsabilidad política por el exterminio de civiles desarmados llevado a cabo en la zona roja durante la Guerra Civil.

A continuación, Esparza repasa el exterminio de los enemigos de clase –que no pocas veces alcanzó a miembros de organizaciones políticas republicanas, como ocurrió en Cataluña con la Lliga y en Madrid con el Partido Radical– y el denominado “martirio”, el exterminio de los miembros del clero y los asesinatos en masa por motivos religiosos, uno de los hechos más ominosos de la contienda y en el que también se advierte la connivencia de las autoridades frentepopulistas.Uno de los capítulos más interesantes del libro, y que tal vez habría merecido mayor extensión, es el dedicado al análisis de la retórica de organizaciones como el PSOE. A la luz de la investigación de Esparza, éste aparece como un partido violento y revolucionario, un hecho que apunta a una de las causas fundamentales de la Guerra Civil: la inexistencia en nuestro país de una socialdemocracia moderada, o al menos pragmática y pactista.

El grueso de El terror rojo… está dedicado al análisis, desde el punto de vista de las preguntas de investigación formuladas en las primeras páginas, de diversos fenómenos violentos registrados en la zona dominada por el Frente Popular. Así, es imposible explicar el funcionamiento de las checas y tribunales populares sin destacar la aprobación y apoyo del Gobierno a la eficiente labor de represión y exterminio llevada a cabo por éstas y otras “instituciones”.

También se abordan cuestiones como la influencia de la Unión Soviética en el Gobierno frentepopulista, crucial en el mantenimiento del poder republicano, la financiación de la guerra –dudar a estas alturas de la responsabilidad del Gobierno en el saqueo de las reservas del Banco de España es un despropósito que raya la puerilidad– y las matanzas de Madrid, realizadas gracias a la información facilitada por el Gobierno y alentadas por los agentes enviados por Stalin a la capital.

Respecto a la intervención de Santiago Carrillo en los fusilamientos del Jarama, entre las pruebas documentales aportadas por Esparza figura una carta de Dimitrov, secretario general de la Komintern, al ministro de la Guerra de Stalin, en la que se lee: “Cuando los fascistas se estaban aproximando a Madrid, Carrillo, que era entonces gobernador, dio la orden de fusilar a los funcionarios fascistas detenidos”.

Especialmente interesante resulta el análisis de la influencia soviética a partir de la segunda mitad de 1937 en acontecimientos como la creación del SIM, el servicio de inteligencia y espionaje del Frente Popular, que asimismo gestionaba las checas. Tampoco faltan las páginas dedicadas a la represión de anarquistas y troskistas y al baño de sangre barcelonés de la primavera de 1937, asunto de un reciente libro del historiador Ferran Gallego que, en general, corrobora la narración de Esparza, tal vez excesivamente esquemática.

En cuanto al Terror Blanco, el del bando nacional, Esparza propone su estudio atendiendo a varias fases: la inicial, que en líneas generales es idéntica a la del Frente Popular, y la posterior, que obedece a la lógica de la ocupación más que a una voluntad de exterminio. El hecho de que las cifras de la represión nacional sean algo mayores que las del Frente Popular obedece al simple hecho de que Franco ganó la guerra. Por tanto, a las víctimas ocasionadas durante la contienda hay que sumar las de los primeros años de la dictadura.Finalmente, y valorando la utilidad de la Causa General como fuente histórica, Esparza concluye que el historiador serio no tiene más remedio que considerarla una fuente fundamental a la hora de cuantificar la violencia frentepopulista y explicar las causas de la Guerra Civil, sin que eso denote un acuerdo con la retórica sesgada y elogiosa para con el dictador Franco. De hecho, el estudio de la Causa General es recomendable también como ejercicio de análisis del lenguaje y los argumentos legitimadores empleados por los regímenes autoritarios, que a menudo se esgrimen también en sistemas políticos democráticos.

En conclusión, El terror rojo en España es de gran utilidad, por su solidez y concisión, en la labor de clarificación de los hechos más luctuosos de la Guerra Civil. Un excelente resumen de una parte importante de la bibliografía sobre la cuestión que, sin embargo, no exime de la lectura de otras obras, aunque sólo sea para confirmar o desmentir las interpretaciones de Esparza.

Por lo que respecta a la llamada versión oficial, la de los historiadores de referencia de las publicaciones del grupo Prisa y de la mayoría de las producciones de TVE, el conocimiento de los argumentos utilizados para legitimar las acciones del Frente Popular y de paso denigrar la labor de los autores de referencia de Esparza –Payne, Moa, Vidal, De la Cierva, etcétera– es un ejercicio recomendable y necesario. Sin duda, la mejor práctica para el interesado en deslindar pasión y ciencia en la actual “querella de los historiadores”, que a menudo tiene más de lo primero que de lo segundo, como sostiene Esparza en las páginas finales de su libro.

PS: La editorial Áltera ha puesto a disposición de los internautas un debate sobre el terror rojo entre Esparza, Pío Moa y la periodista Cristina López Schlichting. Huelga decir que su visionado no debería sustituir la obra que hemos reseñado en este artículo.

JAVIER ESPARZA: EL TERROR ROJO EN ESPAÑA. Áltera (Barcelona), 2007, 375 páginas. Prólogo de STANLEY G. PAYNE.

ANTONIO GOLMAR, politólogo y miembro del Instituto Juan de Mariana.

Rajoy acusa al Gobierno de “destruir” el “entendimiento ” de 1977 y “encizañar la convivencia”

Archivado en: General — África @ 4:56 pm

 ”ENTRE TODOS DERROTAREMOS A ETA”

El líder del PP, Mariano Rajoy, acusó este viernes al Gobierno de haber puesto “todo su empeño en destruir” el “gran espíritu de entendimiento” surgido tras las elecciones de 1977 y de “destruir los consensos, encizañar la convivencia, desenterrar los enfrentamientos y sembrar cuñas de insolidaridad”. Rajoy dijo esto en un acto de conmemoración de los 30 años de las primeras elecciones democráticas de 1977 organizado por Nuevas Generaciones.

L D (EFE) En el acto, que comenzó y finalizó con la canción “Mi querida España” de Cecilia, Rajoy se refirió a los consensos en lo esencial -estatutos de autonomía, leyes orgánicas, pactos autonómicos y locales y el Pacto Antiterrorista- y, en concreto, a los alcanzados primero entre UCD y el PSOE y después entre el PP y el PSOE. “El acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales ha dado certidumbre a la vida política”, dijo, antes de apostillar: “Hay que preguntarse por qué esto se ha roto de la forma que lo ha hecho en los tres últimos años, quién es el responsable y cómo lo podemos arreglar”.

Por ello apostó por el consenso en las reformas estatutarias, el papel de los órganos reguladores, la política exterior y, por supuesto, la política antiterrorista. Tras afirmar que treinta años después la democracia “se muestra lozana y vigorosa”, señaló que evidentemente hay problemas por resolver y el peor de todos es el terrorismo de ETA que “sigue amenazándonos a todos, pero que, entre todos derrotaremos”.

Rajoy hizo un recorrido por los treinta años pasados desde entonces y recordó que en este periodo ha habido tres situaciones en las que los españoles se han mostrado “como un solo hombre”: junio de 1977 cuando se estrenó la democracia, febrero de 1981 cuando el golpe de Estado y julio de 1997 tras el asesinato del concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco.

Afirmó que éste es el principal motivo por el que él conserva “una gran fe en la capacidad del pueblo español”. “Ahora, a veces, lo vemos dividido, erizado de discordias, como un equipo de fútbol mal dirigido y peor entrenado, pero sé que cuando se les convoque para algo que comprometa a España, a la democracia, a la libertad, al futuro de todos como españoles, volverá la ilusión por avanzar de nuevo juntos”, aseveró.

Apuntó que “nunca van a faltar en España quienes se empeñen en dividir a la gente, en fomentar el egoísmo, o en menospreciar su condición de españoles. Nunca faltarán, pero serán pocos”.

En opinión de Mariano Rajoy, la fecha que se conmemora se caracteriza porque “alumbró un gran espíritu de entendimiento, un afán incontenible por ejercer la democracia, un gran orgullo por ser dueños de nuestras decisiones, y un deseo sin límites de dejar atrás la historia y vivir en paz”.

“Este espíritu representó para los españoles poco menos que encontrar un tesoro. A los extranjeros les pareció un milagro, pero era real”, señaló. Resaltó que “lo ha seguido siendo hasta hace unos pocos años en que, lamentablemente, el Gobierno ha puesto todo su empeño en destruirlo: destruir los consensos, encizañar la convivencia, desenterrar los enfrentamientos y sembrar cuñas de insolidaridad”.

“Mi querida España” de Cecilia

Archivado en: General — África @ 4:55 pm

Mi Querida España

Mi querida España

Esta España mía,

Esta España nuestra

De tu santa siesta

Ahora te despiertan

Versos de poetas

¿dónde están tus ojos?

¿dónde están tus manos?

¿dónde tu cabeza?

Mi querida España

Esta España mía,

Esta España nuestra

 

Mi querida España

Esta España mía,

Esta España nuestra
 

De las aras quietas

De las vendas negras

Sobre carne abierta

¿Quién pasó tu hambre?

¿Quién bebió tu sangre

Cuando estabas seca?
 

Mi querida España

Esta España mía,

Esta España nuestra

Mi querida España

Esta España mía,

Esta España nuestra
 

Pueblo de palabra

Y de piel amarga

Dulce tu promesa

Quiero ser tu tierra

Quiero ser tu hierba

Cuando yo me muera
 

Mi querida España

Esta España mía,

Esta España nuestra

 

DISCURSO ÍNTEGRO DE RAJOY

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 4:33 pm

ACTO POR LAS PRIMERAS ELECCIONES DEMOCRÁTICAS

Queridas amigas, queridos amigos.

Conmemoramos hoy los treinta años de la fundación de nuestra democracia. El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones libres tras cuarenta años sin ellas. Ninguno de vosotros había nacido en aquella fecha y por eso me parece especialmente indicado que dediquemos unos minutos a reflexionar sobre la importancia de aquella jornada, no sólo para la transición política, sino para el presente y el futuro de España.

Yo lo puedo hacer con la objetividad que me otorga el no haber sido actor, ni principal ni secundario, en aquella obra, porque, era entonces más joven de lo que sois, a día de hoy, la mayoría de vosotros. Participé, como la inmensa mayoría de los españoles del entusiasmo del momento y aún me recuerdo pegando carteles electorales de aquella primera campaña. Pero fue otra generación a la que le correspondió protagonizar los papeles centrales de la obra.

No es fácil explicar qué sentíamos los españoles en 1977. Yo destacaría la unidad, el sentido de pueblo, el nacimiento de la conciencia de ser una nación soberana.

En los treinta años que ahora celebramos hemos conocido tres situaciones en las que los españoles se han mostrado como un solo hombre, imbuidos de un sueño, convencidos de su fuerza y arrastrados por una ilusión que barría todas las diferencias.

La primera fue en junio de 1977, cuando estrenamos la democracia.

La segunda fue en febrero de 1981 cuando vimos la democracia en peligro por un golpe de Estado.

La tercera fue en julio de 1997,  cuando todos los españoles nos cogimos de la mano para formar una barrera de voluntades que se enfrentara al terrorismo. A eso se le llamó, y se le llama, el Espíritu de Ermua.

En las tres ocasiones, ocurrió lo mismo. Nos sentimos españoles, nos sentimos propietarios de nuestro destino, de nuestras reglas de convivencia, de nuestra soberanía, y reaccionamos todos juntos, casi al unísono, para dar un gran paso al frente en la construcción de la democracia, en la defensa de la libertad, en el combate contra los enemigos de la vida.

Esta es la principal razón por la que yo conservo una gran fe en la capacidad del pueblo español. Ahora, a veces, lo vemos dividido, erizado de discordias, como un equipo de fútbol mal dirigido y peor entrenado.

Pero sé que cuando se les convoque para algo que comprometa a España, a la democracia, a la libertad, al futuro de todos como españoles, volverá la ilusión por avanzar de nuevo juntos.

Nunca van a faltar en España quienes se empeñen en dividir a la gente, en fomentar el egoísmo, o en menospreciar su condición de españoles. Nunca faltarán, pero serán pocos.

La inmensa mayoría lleva a España en su corazón, se preocupa por el futuro de los españoles y sabe responder cuando se la convoca para que demuestre su valor, su patriotismo y su generosidad.

Estamos celebrando una fecha que se caracteriza porque alumbró un gran espíritu de entendimiento, un afán incontenible por  ejercer la democracia, un gran orgullo por ser dueños de nuestras decisiones, y un deseo sin límites de dejar atrás la historia y vivir en paz.

Supimos salir adelante. Creamos un marco de convivencia plural que nos reconciliaba a los españoles y nos permitía construir juntos el futuro. Establecimos unas reglas, escritas o sin escribir, lo que se llaman los consensos, que eran el reconocimiento explícito de que España no era propiedad de nadie, sino patrimonio de todos y que las decisiones que afectaban a ese bien común debían tomarse por acuerdo entre todos.

Este espíritu representó para los españoles poco menos que encontrar un tesoro. A los extranjeros les pareció un milagro, pero era real. Y lo ha seguido siendo hasta hace unos pocos años en que, lamentablemente, el Gobierno ha puesto todo su empeño en destruirlo: destruir los consensos, encizañar la convivencia, desenterrar los enfrentamientos y sembrar cuñas de insolidaridad.

Por eso es tan conveniente recordar aquella fecha y lo que en ella se produjo.

La Transición a la democracia tiene un eslabón fundamental en aquellas elecciones que hoy conmemoramos. Os recuerdo que los antecedentes no permitían ser demasiado optimistas. La historia política de España desde comienzos del siglo XIX hasta la restauración democrática de 1977 tiene, como todas, luces y sombras, pero más de las segundas que de las primeras. Sobre todo una sombra especialmente alargada se proyectaba sobre nuestro futuro colectivo: la dificultad, casi siempre insalvable, que habían encontrado los españoles de esos tiempos para construir un marco político habitable por todos, construido desde la voluntad de integrar y compartir y no la de excluir y aplastar al adversario.

A las elecciones de 1977 se llega después de superar, en poco tiempo, muchos escollos. Se ha hablado –y se ha escrito- mucho de la “ingeniería política de la Transición” para explicar cómo se pusieron a punto los mecanismos que permitieron construir la democracia. Yo prefiero hablar de las personas, no de la ingeniería sino de los ingenieros, de los artífices de aquel proceso. Prefiero hablar del caudal de compromiso, sentido del pacto, esfuerzo, dedicación y talento que unos y otros aportaron al establecimiento de ese sistema de convivencia.

Lo esencial es que nadie se empeñó en tener toda la razón y todos se esforzaron en reconocerle alguna razón al contrario. Lo esencial es que todos pensaron que era preciso encontrar un punto que no excluyera a nadie y que incluyera a todos los que quisieran embarcarse en la tarea de construir la democracia. Lo esencial es que todos entendieron que era mucho mejor mirar hacia delante que volver la mirada atrás y seguir recreándonos en la parte menos ejemplar de nuestra historia plena de enfrentamientos.

No se obró ningún milagro, ni tuvo lugar ninguna conjunción favorable que diera lugar al éxito de la operación. Más bien al contrario: las circunstancias ambientales fueron más bien adversas y dos  de ellas especialmente negativas. De un lado, una situación económica llena de problemas y una elevada conflictividad social. De otro lado, una actividad terrorista de ETA que se intensificó mucho en aquellas fechas, y a la que se añadía el terrorismo del GRAPO, capaz entonces de acciones muy dañinas.

Pero frente a las dificultades propias de la empresa y las que además proporcionaba el entorno hostil en que aquella se había de desarrollar, se alzó la determinación de los hombres y mujeres que no dudaron en dar lo mejor de sí mismos, que incluso en muchos casos no dudaron en  sacrificar sus propias carreras profesionales al servicio de un empeño en el que nos jugábamos la suerte del país para varias generaciones. Gente que no sólo sacrificó su vida profesional, incluso su vida personal y familiar, sino que también tuvo a veces que “quemarse” políticamente para que avanzara la democracia.

Por tanto, no penséis que aquello fue un paseo campestre o un camino de rosas. Fue un camino difícil, erizado de riesgos, amenazado por todo tipo de dificultades, en el que hubo que tomar muchas decisiones difíciles sobre la marcha, en el que el propio desenlace pareció a menudo imposible, en el que la marcha atrás parecía estar siempre acechando a la vuelta de la esquina.

Pero lo cierto es que tras esas elecciones se pusieron los cimientos de una democracia cuya solidez acredita directamente el hecho de que hoy cumpla ya treinta años y se muestre lozana y vigorosa.

No creo que sea una exageración decir que, en conjunto, estos han sido los treinta mejores años de nuestra historia reciente. Lo han sido desde luego en el campo político –nunca España había disfrutado de un período comparable de democracia plena en el sentido actual de la expresión- pero lo han sido también en el campo económico, en el social, en el internacional y hasta en el cultural.

Sin duda tenemos problemas y cuestiones por resolver. La peor de todas, porque nos acompaña desde antes de estas elecciones que hoy se conmemoran, la del terrorismo de ETA, que sigue amenazándonos a todos, pero que, entre todos derrotaremos.

No podemos olvidar que el sistema de la Transición reposa en un entendimiento básico en las grandes cuestiones que condicionan la arquitectura política del país entre el centro izquierda y el centro derecha. Así fue al principio entre UCD y PSOE y así ha sido también hasta estos últimos años entre el PP y el PSOE. Hay que preguntarse por qué esto se ha roto de la forma que lo ha hecho en los tres últimos años, quién es el responsable y cómo lo podemos arreglar. Esa es la contribución más importante que cabe hacer hoy en homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que tal día como hoy, hace treinta años, echaron sobre sus hombros la tarea de construir la democracia.

Un día en el que se instaló en España la democracia representativa. Que situó a España done siempre debió estar y de donde nunca debió apartarse: en el grupo de países libres y avanzados del mundo occidental. Un día que cambió el curso de nuestra historia y que nos puso en camino de poder incorporarnos a lo que hoy llamamos Unión Europea.

Las Cortes elegidas aquel día elaboraron una Constitución que mereció, más tarde, el apoyo de una inmensa mayoría de los españoles. Y todo eso se hizo con un método de decisión desconocido hasta entonces en la historia política de España, al que hemos llamado consenso.

Este consenso, este conjunto de acuerdos básicos, se aplicó a todo lo que cabía definir como esencial. Desde la elaboración de un texto constitucional que fuera de todos y para todos hasta la superación de las secuelas de la Guerra Civil, y previamente los pactos de La Moncloa. El objetivo no fue otro que el evitar, ya para siempre, una situación que pudiese conducir a un enfrentamiento violento entre los españoles.

El espíritu de esas elecciones constituyentes se proyectó políticamente en las siguientes legislaturas, para continuar decidiendo por consenso todo lo esencial: desde los estatutos de las Autonomías a las principales leyes orgánicas (Electoral, de Referéndum, del Tribunal Constitucional, del Poder Judicial, de financiación de las Comunidades Autónomas, de reformas del Código Penal…); desde los Pactos Autonómicos y Locales al Pacto de Toledo. No puedo dejar de citar, de forma especial en estos momentos, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo firmado entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español el año 2001.

Ese acuerdo en las cosas fundamentales, ese consenso, ha permitido un gran progreso y una sólida estabilidad democrática e institucional, ha quitado conflictividad a cuestiones muy delicadas y ha permitido resolver graves problemas. El acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales ha dado, por decirlo en pocas palabras, certidumbre a la vida política española.

¿Es hora de dejar atrás este sistema y pasarlo a los libros de Historia, o puede darnos todavía grandes rendimientos? Yo soy de los que creo que nuestra vida política debería recuperar amplios niveles de acuerdo. Por ejemplo, en la estructura del Estado, en el ser de España, en nuestro sistema de ordenación territorial. Estos días se habla de pactos electorales. En Navarra siempre gobernó el más votado de los partidos que defienden la existencia de Navarra y el texto constitucional. Sería de una enorme gravedad y yo no lo haría nunca que por puros intereses partidistas el Partido Socialista se uniera a aquellos que quieren que Navarra deje de ser Navarra.

En la misma línea, las reformas estatutarias que acaban de entrar en vigor van a requerir consenso para su viabilidad porque, entre otras cosas, suponen un nuevo sistema de financiación en el que será difícil poner de acuerdo a unas regiones con otras.

También por  vía de ejemplo, el papel de los órganos reguladores (Banco de España, Comisión Nacional del Mercado de Valores, Comisión Nacional de la Energía, Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, etc) deben ser también objeto de acuerdo permanente para garantizar su buen funcionamiento y su crédito, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Algo parecido ocurre con nuestra política exterior. Conviene restaurar el acuerdo en lo que afecta a nuestros grandes ejes de actuación en el mundo: Europa, el mundo atlántico y el Norte de África. La política exterior ha dejado ya de ser sólo una protección de la política interior; nuestra integración en organizaciones multinacionales hace que muchas cuestiones cruciales para nuestro futuro nos vengan dictadas desde el exterior y hay que estar presentes, con una política consensuada y duradera, allí donde se toman las decisiones.

O qué decir de la política antiterrorista. La expresión más palpable del consenso en esta materia ha sido el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo; sobre ese fundamento se aplicó durante unos años una política que consiguió colocar a los terroristas a la defensiva y en trance de extinción. Sería urgente volver a un método que tan buenos resultados ha demostrado.

Como veis, el 15 de junio de 1977 no fue sólo una fecha inicial; también representó un espíritu, una manera peculiar de hacer las cosas, que ha contribuido a la mayor etapa de estabilidad democrática y desarrollo de la sociedad española.

Y es bueno que vosotros, jóvenes con vocación de responsabilidad política, no olvidéis la lección de aquellos hombres y mujeres que con su generosidad, dedicación, esfuerzo e inteligencia, nos entregaron una España mejor. Ésa es su historia, pero algo más que su historia; es un legado del que ni debemos ni podemos prescindir.

DOCUMENTO: La memoria latente

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Manifiesto leído por María del Mar Blanco, presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco, con ocasión de la presentación del programa de actos del Xº Aniversario del secuestro y asesinato del concejal del PP en Ermua.

El próximo 10 de julio se cumplen diez años de la ausencia imborrable de Miguel Ángel Blanco. Diez años desde que Miguel Ángel fue secuestrado y asesinado por ser una persona decente, un ciudadano comprometido, un defensor de las libertades públicas. ETA sembraba una vez más el terror en una familia, en un pueblo, ERMUA, y en toda la sociedad española. Como nunca antes nos unimos contra ETA y sus cómplices, respondimos con coraje cívico, con rebeldía democrática, ante el chantaje criminal y los métodos mafiosos de ETA.

Una nueva etapa de movilización y concienciación social se abrió en la lucha por el fin del terrorismo, el silencio dio paso a un grito sostenido de LIBERTAD. Esta eclosión cívica traspasó el miedo, la apatía, el conformismo. La inmensa mayoría social sintió el sufrimiento de una familia y de un pueblo, demostrando que es posible ganar la calle a la barbarie y responder al chantaje y al asesinato con nuestras manos blancas y la aplicación de la Ley. El Gobierno de España y la sociedad democrática, todos unidos, defendieron con firmeza que era impensable cualquier tipo de negociación ante el chantaje de ETA, incluso en aquellos horribles momentos cuando la vida de Miguel Ángel Blanco se encontraba en peligro.

En aquellas fechas que rememoramos los ciudadanos españoles asumieron por primera vez de forma masiva la mirada de la víctima, e interiorizaron que el terrorismo etarra va más allá de la responsabilidad penal de los asesinos, se extiende a sus apoyos sociales y políticos igualmente terroristas, como años más tarde demostró la Justicia y aceptó la Comunidad Internacional.

Se inició el camino que más éxitos ha conseguido en la lucha por la derrota de ETA y que fructificó en el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo. Nacía el Espíritu de Ermua. No pudimos salvar la vida de Miguel Ángel pero salvamos nuestra dignidad como seres humanos y como sociedad. El mundo entero supo que ETA era y es una banda criminal sin escrúpulos y que la sociedad española estaba con las víctimas, defendiendo el derecho a la vida y a la libertad de un joven honesto y solidario que nunca sospechó que otros vascos pudieran odiarle tanto.

Han pasado diez años. Hoy ETA sigue siendo una amenaza permanente. En estos diez años hemos pasado de la mejor situación en el camino para derrotar definitivamente a ETA a una situación de desconcierto en la sociedad, desunión entre los partidos mayoritarios y envalentonamiento para los terroristas. El Gobierno Socialista se ha embarcado en una política antiterrorista que se aleja del Espíritu de Ermua. De la no negociación ni claudicación se ha pasado bajo su mandato a una política de diálogo y entendimiento con ETA. El Pacto por las Libertades no está vigente, las víctimas del terrorismo se sienten desprotegidas y ETA ha vuelto a las instituciones quebrando así uno de los mayores aciertos que se produjeron tras los acontecimientos políticos que se derivaron del asesinato de Miguel Ángel Blanco: la ilegalización del brazo política de ETA. Las principales asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo no hemos cambiado.

Seguimos defendiendo lo mismo que en 1997: Justicia, Dignidad, Verdad y Memoria. Seguimos defendiendo la misma política antiterrorista: la de la aplicación de la ley y la no cesión a ETA, la de la resistencia cívica ante la barbarie. Una inmensa parte de la sociedad española apoya a las víctimas y reclama un final justo para ellas y sigue exigiendo al Gobierno la no cesión a los terroristas. Las víctimas del terrorismo han logrado tener una voz común, son ciudadanos activos en la defensa de los principios de convivencia por los que fueron asesinados sus familiares, se han posicionado públicamente contra ETA y contra todo terrorismo. Las víctimas representan la pluralidad ideológica, la convivencia democrática, la sociedad abierta, la defensa de principios y valores en los que se basa el Estado de derecho. Las víctimas se enfrentan a la barbarie en defensa de sus legítimos derechos, luchando sin descanso y por convicción contra el fanatismo y el sectarismo. Sin odio y contra el olvido imposible.

Hacemos un llamamiento al Presidente del Gobierno para que recomponga el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo y retome el camino que se inició en la lucha contra ETA tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco: el de la firmeza democrática, el aislamiento a los terroristas y el de Justicia para las víctimas. Ermua cómo la metodología que se ha demostrado más eficaz para derrotar definitivamente al terrorismo. Por ese camino nos tendrá de su lado.

El Bus por la Dignidad y la Memoria va a recorrer España durante un mes. Parte de Madrid el 14 de Junio y llegará a Ermua el 10 de Julio, fecha del aniversario del secuestro de Miguel Ángel Blanco. Es un viaje contra el olvido y contra la impunidad. Es un viaje de la Memoria de todas las víctimas del terrorismo en defensa de nuestros principios. Retornamos a Ermua como lugar común, símbolo de la Resistencia y la Libertad. Proclamamos que no nos vamos a rendir y que conseguiremos vencer a ETA porque nos va la vida y la dignidad en ello.

Ibarretxe afirma que aún “nos queda la palabra” y que la “receta” para lograr la paz es la “esperanza”

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VITORIA, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -   El lehendakari, Juan José Ibarretxe, aseguró hoy que a pesar del temor a la vuelta a un “pasado destructivo”, aún “nos queda la palabra” y consideró que la “receta” para superar esta situación y lograr la paz es la “esperanza”.

   Ibarretxe, que participó en los actos del Día Mundial del Cooperativismo en el Parque Tecnológico de Miñano (Alava), indicó que la sociedad se siete “abrumada, cansada y asqueada” por “las noticias de los últimos tiempos y por el temor a una vuelta atrás a un pasado destructivo”.

   No obstante, indicó que “como decía Blas de Otero, nos queda la palabra” y, tras afirmar que “a veces es normal pasar momentos malos”, aseguró que “por encima de los problemas, sacaremos adelante este pueblo”.

   Para ello, destacó la necesidad de una “receta nueva”, que a su juicio consiste en la “esperanza”, de la que explicó que “es un instrumento inprescindible para lograr cosas y para tener éxito en esta vida”. “Los pueblos y las personas que no tienen esperanza es imposible que alcancen los objetivos que pretenden”, insistió.

   Al margen de referirse a la situación a la que ha dado lugar el fin de la tregua de ETA, el lehendakari destacó la contribución del movimiento cooperativista a la economía vasca y se mostró “optimista” respecto a la evolución futura de las empresas de Euskadi.

   Ibarretxe recordó la superación de crisis como las de la década de 1980 y confió en que las empresas vascas mantengan su capacidad competitiva a través de la apuesta por la innovación. Además, se mostró partidario del “concepto de competir con raíces”, ya que “sin identidad es imposible ser competitivo”.

   Por su parte, el consejero de Empleo, Joseba Azkarraga, que también participó en la jornada consideró que el momento actual es el “idóneo para propiciar un marco vasco de Responsabilidad Social Corporativa, aunando esfuerzos entre el sector privado y la Administración”.

   En su intervención, Azkarraga defendió el papel crucial del cooperativismo no sólo por su protagonismo dentro de la economía, sino, sobre todo, por la importante contribución de su cultura solidaria en la articulación social y nacional.

   La Confederación de Cooperativas de Euskadi, siguiendo la iniciativa de la Alianza Cooperativa Internacional y de la ONU, organizó su jornada anual con un programa que centrado en los valores y principios para la Responsabilidad Social Cooperativa.

Rajoy dice que facilitar que Puras sea presidente de Navarra con los votos del UPN sería aceptar “un chantaje”

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Considera que Zapatero no ha sido “contundente” en su ronda de contactos con portavoces por fin de tregua

MADRID, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -

   El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, afirmó hoy que facilitar que el socialista Fernando Puras se convierta, finalmente, en el presidente de Navarra gracias a los votos de Unión del Pueblo Navarro sería “aceptar un chantaje”.

   Rajoy se pronunció así en una conversación informal con periodistas que mantuvo esta mañana en ‘Génova’, después de haber participado en un acto organizado por Nuevas Generaciones del PP para conmemorar el XXX aniversario de las elecciones del 15 de junio de 1977, las primeras democráticas tras la dictadura.

   Según el dirigente de principal partido de la oposición, si se optara por “sacrificar” la presidencia de Navarra pese a haber conseguido ser la fuerza más votada en la comunidad foral, se estaría asumiendo un chantaje.

   En este contexto y no sin cierta sorna, Rajoy subrayó que si se elige ese camino en las próximas elecciones los ‘populares’ tendrán que pedir el voto directamente para los socialistas en vez de para UPN, su ’socio’ en Navarra.

ZAPATERO NO ES “CONTUNDENTE”.

   En el transcurso de esa conversación, también se le pidió a Mariano Rajoy que hiciera una valoración de las impresiones que, el pasado miércoles, había transmitido el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a los portavoces parlamentarios en torno a la estrategia antiterrorista tras la ruptura formal del ‘alto el fuego’.

   A su juicio, Rodríguez Zapatero no se ha mostrado “contundente” en esa ronda de contactos ni ante la opinión pública. Además, especificó que no ha vuelto a hablar con el jefe del Ejecutivo desde el pasado lunes –cuando ambos mantuvieron una reunión en La Moncloa–.

   Los que sí han tenido interlocución telefónica han sido el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el portavoz del PP para asuntos vinculados a este área, Ignacio Astarloa: Tras una primera llamada para “establecer contactos”, habían quedado en verse hoy mismo pero, según parece, hay problemas de agenda para celebrar una primera cita.

 

Fraga alerta del “peligro” de las reformas estatutarias y Carrillo replica que la “unidad forzada” puede romper España

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Guerra critica la “utilización política” de la memoria histórica pero defiende el derecho de las familias de “cicatrizar” sus heridas

MADRID, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -

   El senador del PP y ex presidente de Alianza Popular, Manuel Fraga, alertó hoy en el Congreso del “peligro tremendo” de romper los equilibrios que estableció la Constitución a través de reformas estatutarias como la catalana. Por su parte, el que fuera líder del Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo, recalcó que sólo la unidad voluntaria hace de España un “país irrompible” porque es la “la unidad forzada” la que puede acabar rompiendo España.

   Así lo aseguraron durante sus intervenciones en las jornadas “30 años después de aquel gran día, 15 de junio de 1977″, que ha organizado la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) en el Congreso con motivo del aniversario de las primeras elecciones democráticas.

   Fraga aseguró que el Título VIII de la Carta Magna, relativo a las autonomías y que motivó que AP no apoyara la Constitución, alcanzó el “punto exacto” en materia territorial y ahora se quiere “ir más lejos” con las reformas estatutarias, algo que, a su juicio, es “una equivocación”.

   A su juicio, “no se puede tocar la Constitución en su equilibrio por la vía de la reforma de los Estatutos”, porque de esta forma, añadió, se rompe el principio de solidaridad y puede acabar siendo “un peligro tremendo”.

   En contexto, y tras recordar la polémica creada en Cataluña con las tres horas de castellano, el senador del PP achacó este tipo de “problemas” al “peligro” que supone “hacer Estatutos como el catalán”, un texto que, según dijo, “no ha entusiasmado nada”. “Uno de cada cinco catalanes votó el Estatuto y los otros cuatro votaron playa”, ironizó.  

REVISIONES ESTATUTARIAS “SIN ENFRENTAMIENTO”.

   Le replicó Santiago Carrillo, que admitió que, al hablar del título VIII de la Carta Magna, hay pocas coincidencias entre la izquierda y la derecha, dado que la primera apuesta por el federalismo frente al sistema centralista que defiende la derecha.

   Dicho esto, y tras subrayar que Cataluña y Euskadi tienen “particularidades históricas y propias muy arraigadas”, avisó de que una “unidad forzada, más pronto o más tarde, podría acabar rompiendo España”. “La unificación forzada cada vez nos separa más en el fondo. Sólo la unidad voluntaria aceptada democráticamente es la unidad que puede hacer de España un país irrompible”, proclamó.

   Para el ex secretario general del PCE, “la revisión de los Estatutos debe hacerse sin ningún tipo de enfrentamiento” y con “la mayor liberalidad posible”. Eso sí, admitió que la Constitución del 78 es “muy progresista” y, de hecho, indicó que en un momento como el actual, en el que domina la ideología neoliberal, no se habría conseguido un texto fundamental de este tipo.

   También participó en este debate el diputado socialista José María Benegas –elegido parlamentario en las elecciones de 1977–, para afirmar que no puede decirse que la Constitución se quedara “corta” en el Título VIII porque permite transferir a las comunidades autónomas competencias exclusivas del Estado. Además, se felicitó por las “correcciones” introducidas en el Estatuto catalán a su paso por las Cortes.

   Los tres políticos también tuvieron tiempo de mostrar su satisfacción por aquellas primeras elecciones democráticas. Carrillo confesó que, con 62 años, fue la “primera vez” en su vida que ejerció el derecho de voto. “Me sentí por primera vez ciudadano de este país”, comentó.

   Fraga destacó los “esfuerzos” realizados por todos, que han permitido situar ahora a España entre las diez primeras potencias del mundo y añadió que después de 30 años no se puede “volver a empezar con historias de nuestro pasado lamentable”, como “algunos quieren”, en referencia a la denominada Ley de la Memoria Histórica.

“GUERRA DE ESQUELAS”.

   Previamente, en otra conferencia-coloquio, el presidente de la Comisión Constitucional, Alfonso Guerra, también sacó a colación la memoria histórica para defender el derecho de las familias a “recuperar su propia memoria” y “cicatrizar heridas”.

   Así, y tras asegurar que hay que tratar este tema “con mucha delicadeza”, el socialista insistió en que no se puede “impedir que la gente tenga el deseo de recuperar a sus familiares, que no saben donde están”.

   Sin embargo, lamentó que se llegue a “extremos exacerbados de utilización política”. “Estoy de acuerdo con la no utilización política pero no se puede impedir que una persona quiera recuperar su propia memoria histórica y personal”, enfatizó.

   Durante su alocución, censuró “la guerra de esquelas” que se produjo el pasado verano cuando el Gobierno presentó el proyecto de Ley que amplía derechos a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. “Me pareció una cosa de Buñuel, poco convincente y poco conveniente”, espetó Guerra. También criticó el “espectáculo” de las esquelas el que fuera ministro con UCD, Rodolfo Martín Villa.

   En la conferencia, Guerra, Martín Villa, y Macià Alavedra –conseller de de Jordi Pujol durante la Transición– coincidieron en elogiar las actuaciones que se realizaron, que que permitieron dar estabilidad a España.

   El veterano socialista proclamó que España “ha cambiado mucho” y “afortunadamente no se parece a la España de hace 30 años”. Por su parte, el ex ministro de UCD definió la Transición como “una experiencia extraordinariamente positiva” en la que “todos” ganaron, frente a la Guerra Civil en la que perdieron todos.

 

Barrio (PP) afirma que la rectificación de Zapatero pasa por “decir la verdad” de los tratos políticos con ETA-Batasuna

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BILBAO, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -   El secretario general del PP del País Vasco, Carmelo Barrio,  exigió hoy al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que “diga la verdad” sobre su negociación con ETA-Batasuna y lamentó que el entramado terrorista siga “rentabilizando” la coyuntura, algo que hace más patente “el error que ha supuesto el mal llamado proceso de paz emprendido por Zapatero y su partido”.

   En un comunicado, Barrio criticó que el “Ejecutivo de Zapatero y el PSOE abordasen con los terroristas una negociación netamente política, de asuntos de calado político como son reformas legales y el estatus de Navarra, según se desprende del contenido de las negociaciones que están revelando los periódicos estos días”, como hoy el Gara.

   El dirigente vasco del PP afirmó que, “además de recuperar la firmeza en la lucha contra ETA, la rectificación de Zapatero de toda su política errónea pasa indefectiblemente por decirnos la verdad de los tratos políticos con el entramado terrorista”.

   “El proceso de negociación con ETA se ha demostrado un error y sigue trayendo cola, el mundo de ETA lo está rentabilizando. El presidente del Gobierno tiene que decirnos la verdad, la verdad de lo que se ha negociado, acordado y cedido”, manifestó.

   Para Carmelo Barrio, “ETA ya nos ha dicho en lo que no ha habido acuerdo, pero ¿Y en lo que sí hubo acuerdo?”. “Puede ser que el Gobierno de España haya hipotecado actuaciones futuras en estas conversaciones con ETA, porque estamos viendo que se ha hablado en esas negociaciones de reformas políticas, de reformas legales, estatutarias, de Navarra, del órgano común, es decir, se ha establecido que se podía pagar un precio político”, concluyó.

Zapatero evita responder a la acusación de Rajoy de que ha roto todos los consensos

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BERLÍN, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -   El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, evitó hoy en Berlín responder a la reciente acusación lanzada por el líder del PP, Mariano Rajoy, para quien este gobierno ha puesto “todo su empeño” en romper los consensos básicos mantenidos en la democracia.

   En rueda de prensa conjunta con la canciller alemana, Angela Merkel, cuyo país preside este semestre la UE, una periodista le preguntó a Zapatero por las recientes manifestaciones de Rajoy.

   Tras indicar que desconocía las declaraciones efectuadas por Rajoy, señaló que “lo único” que tenía que decir respecto al aniversario de las elecciones democráticas de 1977 es que España ha tenido “los 30 mejores años de su historia moderna y contemporánea gracias a la libertad” y “la democracia”.

   “Afortunadamente, nuestra Constitución, nuestra democracia está más fuerte que nunca, como nuestro país, como España, más fuerte económicamente, desde el punto de vista del empleo, socialmente, en su papel en el mundo, indicó.

   Ante esta situación señaló que como presidente de España sólo tenía una cosa que decir, agradecer a los españoles “por la lección que han dado en estos 30 años” y que, aseguró, “van a seguir dando”. En este sentido, agradeció el comportamiento de los españoles en estos 30 años porque, dijo, “han demostrado que saben vivir en libertad y ejercer la democracia ejemplarmente”.

   Subrayó que este “agradecimiento” es a “todos los españoles”. “Los de derechas y los de izquierdas, también los de centro. Y por supuesto, a aquellos que sientan la identidad de nuestro país de la manera que consideren más oportuna”, añadió.

   En una de sus alusiones a estos 30 años de democracia, Zapatero, en un lapsus, afirmó que hoy hacía “15 años que empezó la libertad en España”.

  

Díez Usabiaga advierte a Zapatero de que con acciones como las de estas semanas “no encontrará la paz”

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Le dice al presidente del Gobierno que “la paz en Euskal Herria es democracia para este país y respetar la voluntad de los ciudadanos”

SAN SEBASTIÁN, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -

   El secretario general de LAB, Rafa Díez Usabiaga, advirtió hoy al presidente del Gobierno central, José Luis Rodríguez Zapatero, de que “la paz en Euskal Herria es democracia para este país y respetar la voluntad de los ciudadanos” y que, con acciones como las que ha llevado a cabo esta semana, “por ese camino no encontrará un verdadero escenario basado en la paz”.

   Díez Usabiaga realizó estas declaraciones en San Sebastián, al término de una manifestación en la que cerca de 200 delegados de LAB, tras una pancarta con el lema en euskera ‘No a la represión. A favor de un marco democrático’,  denunciaron las encarcelaciones del preso de ETA Iñaki de Juana y del dirigente de Batasuna Arnaldo Otegi.

   A su juicio, “el diálogo y la negociación no tienen alternativa para solucionar el conflicto político” por lo que insistió en que, “en este momento de crisis”, es “imprescindible” que todos los partidos políticos “lleguen a un acuerdo de mínimos a la hora de poder generar los instrumentos y dinámicas de negociación que necesita un proceso real de solución al conflicto”.

   El dirigente de LAB denunció que el Gobierno socialista “especulase con las esperanzas de la gente” y la actitud política que ha mantenido durante los 15 meses transcurridos desde que ETA declaró el alto el fuego permanente.

   Asimismo, criticó las posturas del PNV, al que acusó de “tener miedo a que se solucione el conflicto y que el escenario político pueda cambiar”, y a ELA ya que “en estos 15 meses se ha estado arrastrando, sin hacer aportaciones a un proceso que las necesitaba y, después del anuncio de ETA, han estado rápidos para mostrar su postura”.

“ALCANZAR LA PAZ”

   Díez Usabiaga dijo a Zapatero que si él “intentará cuanto antes alcanzar la paz”, LAB “también quiere la paz para nuestro pueblo y solucionar el conflicto”. No obstante, preguntó al presidente del Ejecutivo socialista “¿cómo quiere hacer ese camino, haciendo lo todo lo que ha estado haciendo estas semanas?”.

   “Nosotros queremos ya la paz y la democracia en Euskal Herria, queremos un contexto definitivo de superación del conflicto político pero para construir ese escenario es necesaria voluntad política, compromisos políticos y unos acuerdos que permitan definitivamente poner en marcha lo que en 15 meses el PSOE y Zapatero no han sido capaces de realizar”, subrayó.

   Por ello, pidió a Zapatero que “si tiene voluntad de alcanzar un escenario de paz, dé los pasos reales para construir desde el diálogo y la negociación un acuerdo definitivo de superación del conflicto”. “Esa es la vía, la única vía”, agregó.

   En ese sentido, señaló que esa es la vía en la que trabajará LAB al tiempo que realizó un llamamiento a todas las organizaciones sindicales para que, “respondiendo a la voluntad de la ciudadanía,  sean capaces de aportar en positivo iniciativas por el diálogo, la negociación y el acuerdo político que permitan a Euskal Herria alcanzar un escenario de paz y democracia”.

ETA.- El PP ve “díficil” callarse y “creer al Gobierno” ante las ‘escalofriantes’ noticias sobre contactos con ETA

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MADRID, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -   El PP admitió hoy que es “difícil permanecer callado” y no pedir explicaciones al Gobierno ante las noticias que apuntan que el Ejecutivo y el PSOE mantuvieron contactos con ETA y Batasuna después del atentado de la T-4 en Barajas y durante la reciente campaña electoral, algo que produce “más que escalofríos”. “Y lo más difícil de todo es tener la sensación de que, nos digan lo que nos digan, no vamos a creer al Gobierno”, apunta el primer partido de la oposición.

   Así lo confesó hoy a Europa Press el portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso Vicente Martínez Pujalte al ser preguntado por las informaciones que afirman que estos contactos tuvieron lugar durante la campaña electoral previa a los comicios del pasado 27 de mayo.

   Desde la entrevista que el lunes mantuvieron en Moncloa el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy, los ‘populares’ habían rebajado el tono en política antiterrorista evitando la confrontación sobre este tema en la última sesión de control al Gobierno.

“SEÑALES ALARMANTES”.

   Hoy, Martínez Pujalte subrayó que, un día después de que su grupo pidiera ayer al Ejecutivo que “no dilapidara el consenso que había recibido de todos los grupos parlamentarios tras el comunicado de ETA anunciando que va a matar”, empieza a “haber señales alarmantes”

   El portavoz ‘popular’ señaló que las informaciones aparecidas hoy vienen a confirmar las que ya adelantaron algunos medios que habían apuntado la existencia de conversaciones con ETA y su entorno en los meses de marzo y abril y que fueron desmentidas desde el Gobierno.

   “El hecho de que haya la más mínima sospecha de que el Ejecutivo nos ha estado mintiendo y ha sido capaz de seguir negociando con la banda terrorista después de un atentado mortal, como el de la T-4, y de la muerte de un ciudadano más víctima de la ‘kale borroka’, es algo que nos produce más que escalofríos”, indicó.

HECHO “GRAVE”.

   En este contexto, advirtió de que “es difícil permanecer callado ante un hecho tan grave”. “Es difícil no pedirle al Gobierno explicaciones por ello. Y lo más difícil de todo es tener la sensación de que, nos digan lo que nos digan, no vamos a creer al Gobierno”, apostilló Martínez Pujalte.

   Así, acusó al Ejecutivo de haber negado los contactos que tuvieron lugar durante el Gobierno de José María Aznar “mientras se ponía en marcha el Pacto Antiterrorista” y que luego han sido reconocidos por uno de sus protagonistas, el presidente del PSE, Jesús Eguiguren.

   “Nos negaron –continuó– que después de la T-4 hablaran con la banda, y hoy parece que, con observadores internacionales, esos contactos y negociaciones siguieron, obviando que había tres víctimas mortales por las acciones execrables de los asesinos de ETA”.

   Tras este recordatorio, el diputado del PP enfatizó que al igual que ayer advirtieron al Gobierno de que “no va por buen camino distinguiendo entre etarras buenos y malos”, hoy le avisan de que “el camino” que pueden emprender juntos “se hace mucho más complicado si no cuentan de verdad qué es lo que ha habido pero, sobre todo, si no cuentan de forma detallada y con rotundidad qué es lo quieren hacer a partir de ahora”.

Bermejo dice que es legal que Nafarroa Bai no tome posesión de las actas de concejal que le corresponderían a ANV

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MADRID, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -

  El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, defendió hoy la legalidad de la decisión adoptada por Nafarroa Bai de no tomar posesión de las actas de concejal de cuatro municipios por entender que le corresponderían a ANV. Tanto él como la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, defendieron también la legalidad de los votos de esta formación, aunque justificaron el hecho de que no se pacte con ella, en la decisión adoptada por los socialistas navarros.  Fernández Bermejo afirmó, sobre la decisión de Nafarroa Bai, que “en el terreno de la legalidad, no es obligatorio tomar posesión, se puede renunciar al acta”. “Esto está en la Ley también”, añadió y apuntó que lo que puede haber es un problema sociológico-político.

  ”Otra cuestión es la lectura que pueden hacer quienes han depositado su voto en las listas de Nafarroa, que se vean frustrados o decepcionados”, apuntó, para acabar señalando que “ese es otro problema sociológico-político. Pero en el terreno de la legalidad no hay ningún problema”.

  Bermejo realizó una defensa de la legalidad de ANV amparándose en la sentencia del Tribunal Constitucional. Así y al ser preguntado por qué no evita el Gobierno que tomen posesión los concejales de ANV, explicó que si el Ejecutivo hiciera esto estaría yendo en contra de los que “acaba de decidir el TC”.

  ”Ningún gobierno se atrevería en este momento a tomar decisión alguna que iría frontalmente en contra de una reciente sentencia del TC”, apostilló e invitó a leer el “fundamento jurídico sexto de la sentencia del TC sobre ANV” donde dice que “haber ilegalizado ANV hubiera sido desproporcionado”.

   ATENTOS A LO QUE HACE ANV

  No obstante, señaló que el Gobierno está “enormemente atento” para ver si “ANV va a ser coherente con esos estatutos donde se rechaza la violencia” o por el contrario “va a hacer algo que trasvase la línea que se marca en nuestra legislación, en la Ley de Partidos”. Si es así, avisó que el Ejecutivo actuará con “la contundencia necesaria y con la Ley en la mano, sin voluntarismos”.

  Dada esta respuesta, se preguntó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, si cree que tiene “lógica política” que algunos partidos eviten, como está pasando en Navarra, contar con los votos de ANV en listas legalizadas.

  El ministro justificó esta contradicción asegurando que la decisión de no pactar con ANV se debe a la estrategia de los socialistas navarros. Argumentó que ahí hay dos cuestiones “perfectamente nítidas”. Por un lado, dijo, está la “evidencia de que ANV estuvo en el proceso electoral y está ahora donde está porque los tribunales han decidido que esté”.

   Por otra parte, apuntó que “la estrategia en cada partido, en cada sitio, en cada ayuntamiento es cuestión discutible allí donde se produce” y añadió que no será él “quien entre en ese territorio”.

  De la Vega apoyó el comentario del titular de Justicia, al añadir que “partiendo de la base de que tiene que quedar claro que los votos de ANV son completamente legales”, los socialistas navarros “han señalado que no quieren ocupar los distintos cargos institucionales con el apoyo de ANV”.

  ”Eso –precisó– es una decisión y manifestación que han hecho los socialistas navarros”. Insistió en esta línea, afirmando que “una cosa es que los votos sean legales y otra cosa es que no se quiera contar con ese apoyo para los gobiernos institucionales”.

   Al ser preguntada si el PSN se va a replantear seguir las negociaciones con Nafarroa Bai, después de que esta formación renuncie a actas de concejal en favor de ANV, De la Vega insistió en que estas decisiones se toman en el ámbito territorial por los representantes elegidos por los ciudadanos y que el Gobierno las respeta.

El Gobierno niega haberse reunido con ETA pero elude responder si envió emisarios

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SEGÚN GARA, HUBO CONTACTOS EN LA CAMPAÑA ELECTORAL

La vicepresidenta primera del Gobierno se ha negado a hablar de ETA en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. No han faltado las referencias a la banda terrorista en este escenario pero este viernes no tocaba. Con gesto contrariado, De la Vega sólo contestó con un “ninguno” cuando le preguntaron si hubo contactos con los etarras durante la campaña electoral. Sin embargo, eludió comentar si el Ejecutivo envió a emisarios. Los ha desvelado Gara: fueron reuniones simultáneas de Gobierno-ETA y PSOE-Batasuna.

(Libertad Digital) María Teresa Fernández de la Vega se ha escudado en que, “como siempre”, el Gobierno “nunca” hace comentarios sobre esto. Así evitó referirse a la información que este viernes publicaba Gara. El diario que sirve de altavoz a ETA detallaba que sí que hubo contactos entre el Gobierno y la banda terrorista durante la campaña electoral y que en paralelo el PSOE los mantuvo también con Batasuna.

De la Vega respondió con rotundidad a la pregunta de si el Gobierno había tenido algún contacto con la banda terrorista ETA durante la campaña electoral. “Ninguno, absolutamente ninguno”, recalcó De la Vega. Sin embargo, De la Vega no quiso hacer comentarios al ser preguntada si durante el mes de mayo alguien, en nombre del Gobierno había tenido contactos con ETA.

Aunque otras veces ha hecho lo contrario, la número dos del Gobierno dijo que no es su costumbre hablar de ETA en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. De hecho sí que hubo referencias aunque esta vez sólo dijo lo que poco que llevaba preparado: “De las informaciones que salen en un medio señalar como siempre que el Gobierno nunca comenta este tipo de informaciones ni sobre el medio que las publica. El Gobierno sólo quiere trasladar que ETA nunca ha conseguido ni uno solo de sus objetivos, de ningún tipo, tras 40 años empelando la violencia, y nunca lo va a conseguir. Eso es todo lo que el Gobierno va a comentar sobre este asunto y la banda terrorista ETA”.

Nada sobre el pacto PSN-ANV en Sartaguda

Tampoco quiso hablar mucho de la toma de posesión de los concejales de ANV. Apuntó que los votos de la franquicia de ETA son “completamente legales” aunque pese a esa legalidad los socialistas navarros “han señalado que no quieren ocupar cargos institucionales con el apoyo de ANV. Eso es una decisión que han tomado los socialistas navarros. Quiero dejar bien claro que una cosa es que los votos sean legales y otra que no se quiera contar con ese apoyo”. Del caso de la localidad navarra de Sartaguda no hizo mención alguna. En este municipio, el aspirante socialista ya ha anunciado que se apoyará en Acción Nacionalista Vasca para ser alcalde.

Tampoco entró la vicepresidenta en los pactos del PSN con Nafarroa-Bai. Durante su comparecencia un periodista le recordó que en cuatro municipios navarros esta formación que persigue la anexión de Navarra al País Vasco ha renunciado a sus actas de concejal porque entiende que deberían corresponder a las listas ilegalizadas de ANV. Este hecho no influirá en los posibles pactos del PSN con Na-Bai, aclaró De la Vega. 

Junto a la vicepresidenta compareció, por primera vez, el ministro de Justicia. Mariano Fernández Bermejo sí que se refirió a la decisión de Na-Bai en esos cuatro municipios navarros pero sólo para matizar que “no es obligatorio tomar posesión, se puede renunciar”. Acto seguido apuntaba que “otra cosa es la interpretación que se haga de eso. Ese es otro problema sociológico-político. Pero por ser legal no hay ningún problema”.

Zapatero y Merkel piden aprobar un nuevo tratado constitucional para la UE

Archivado en: General — África @ 1:56 pm

CONSEJO EUROPEO EN BRUSELAS LA PRÓXIMA SEMANA

El presidente de España y la canciller alemana se han pronunciado en Berlín por que en el próximo Consejo Europeo “Los Veintisiete” lleguen a un acuerdo que dote a la UE de una Constitución. José Luis Rodríguez Zapatero y Angela Merkel invitaron a Polonia a reflexionar y sumarse al consenso. Varsovia se niega a aceptar un sistema de doble mayoría para la toma de decisiones en la Unión Europea.

LD (EFE) En una conferencia de prensa celebrada en Berlín, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y la canciller alemana, Angela Merkel, han pedido a sus socios europeos disponibilidad para alcanzar un acuerdo constitucional en Bruselas, durante el Consejo Europeo que se celebrará la próxima semana.Merkel y Zapatero anunciaron que tratarán de que Polonia, cuyas autoridades han expresado públicas reticencias, se sume al proyecto constitucional. El presidente destacó que el desbloqueo significará un salto cualitativo para el proceso de integración europea y supondrá armonizar las diferentes posturas. Ambos líderes destacaron que el Consejo Europeo próximo es “el momento clave” porque “llevamos demasiado tiempo sumidos en el debate”. Los ciudadanos, señalaron, “nos exigen ya que haya un acuerdo”.

Por su parte y durante una entrevista que publica el diario francés Le Monde, José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, advirtió que si en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno fracasa un acuerdo constitucional la victoria “sería para los nacionalistas que se resisten incluso a la idea de un mercado interior”.

Barroso señaló que el fracaso constitucional “no sólo supondría una derrota para aquellos que quieren una Europa más política sino también para los que quieren una Europa más abierta, una Europa de la globalización (…), de la solidaridad y la cohesión.

En su intervención, Barroso subrayó que la UE se juega su “credibilidad” en la resolución de esta crisis institucional generada tras el “no” francés y holandés en sendos referendos en 2005 sobre la Constitución europea, pero es poco optimista sobre la posibilidad de alcanzar un consenso. “Aún estamos a tiempo de encontrar un acuerdo, pero será muy difícil”, señaló.

ETA.- El Gobierno niega que se haya reunido con ETA en la campaña y no comenta si lo hicieron enviados

Archivado en: General — África @ 12:46 pm

MADRID, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -  La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, negó hoy, tras la rueda de prensa del Consejo de Ministros, que el Gobierno haya tenido algún contacto con ETA durante la campaña electoral, pero no comentó si lo habían hecho enviados del Ejecutivo.

  De la Vega respondió con rotundidad a la pregunta de si el Gobierno había tenido algún contacto con la banda terrorista ETA durante la campaña electoral, tal y como asegura hoy el diario Gara. “Ninguno, absolutamente ninguno”, recalcó De la Vega.

  Sin embargo, De la Vega no quiso hacer comentarios al ser preguntada si durante el mes de mayo alguien, en nombre del Gobierno había tenido contactos con ETA.

  Ante esta cuestión, la vicepresidenta respondió que, si la pregunta se refería a “esas informaciones que están saliendo en un medio de comunicación –es decir, la información aparecida hoy en Gara–, yo quiero señalar que, como siempre, el Gobierno no comenta nunca este tipo de informaciones, ni sobre el medio que las publica, nunca, nunca me habrán oído ese tipo de comentarios”.

  Añadió, no obstante, que sí quería trasladar que “ETA no ha conseguido nunca ni uno sólo de sus objetivos, ni uno sólo, de ningún tipo, no lo ha logrado tras 40 años empleando la violencia y nunca lo va a conseguir”. “Eso –prosiguió– es todo lo que el Gobierno quiere comentar sobre este asunto y sobre la banda terrorista ETA”.

González afirma que procura “molestar lo menos posible” como ex presidente “pero algunos de los que me sucedieron…”

Archivado en: General — África @ 12:44 pm

UTILIZA AL DESAPARECIDO FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ PARA PONER EN SU BOCA CRÍTICAS A AZNAR

Felipe González, que participó en la presentación de un libro-homenaje a Francisco Fernández Ordóñez, recordó en su intervención una palabras del ex ministro de la UCD y del PSOE en las que se refería a José María Aznar como “este muchachito” que “tiene la virtud de solemnizar lo obvio”. Descripción con la que González dijo estar “muy de acuerdo”. González, que dijo también no sentirse preocupado por los intentos de “reescribir” la Transición porque “ya no tengo que pedir el voto a nadie”, comparó a los ex presidentes del Gobierno con jarrones chinos, “valiosos” pero “en realidad estorbamos”. Y añadió que “yo procuro molestar lo menos posible, pero algunos de los que me sucedieron…”, dejando así en el aire su reproche a Aznar. Recientemente, sin embargo, lamentó no hacer la campaña por su cuenta en el PSOE, porque sabría “cómo parar” al PP.

LD (EFE) El ex presidente del Gobierno Felipe González alabó este jueves por la noche a la transición democrática por ser la época de la España “más brillante de la historia contemporánea” y aseveró que “nunca le fue mejor a este país” que durante ese periodo.

El ex presidente del Gobierno aprovechó su intervención en la presentación del libro “Francisco Fernández Ordóñez. Un político para la España necesaria (1930-1992)”, para hacer un homenaje al ex ministro de la UCD y del PSOE Francisco Fernández Ordóñez y a la Transición española.

En este sentido, confesó no sentirse preocupado por cómo se está intentado “reescribir” la Transición porque -dijo- “ya no tengo que pedir el voto a nadie”.

González habló también de su papel como ex jefe del Ejecutivo y explicó que “los ex presidentes somos como jarrones chinos en apartamentos pequeños; se supone que somos valiosos, pero en realidad estorbamos y todos desean que alguien nos de un codazo para que nos rompamos en mil pedazos”.

“Yo procuro molestar lo menos posible, pero algunos de los que me sucedieron…”, señaló en referencia a José María Aznar.

En alusión al ex presidente del PP, González recordó una frase pronunciada por Fernández Ordóñez sobre Aznar que decía “este muchachito tiene la virtud de solemnizar lo obvio”, descripción con la que González dijo sentirse “muy de acuerdo”.

Felipe González destacó la figura personal y política de Francisco Fernández Ordóñez al que calificó de “servidor del país” y del que aseguró que tenía una “idea clara de la modernización y de la inserción del país en el mundo”.

Destacó su labor como ministro de Asuntos Exteriores y en la elaboración de la reforma tributaria y la ley del divorcio y recordó las numerosas críticas que recibió como consecuencia de esta última. “Paco era hiper sensible a las críticas desmesuradas”, señaló.

A la presentación del libro asistió también el ex ministro de la UCD Rodolfo Martín Villa, quien subrayó que Francisco Fernández Ordóñez fue un “protagonista esencial de la Transición” y coincidió con González en destacar entre sus aciertos la reforma fiscal y la ley del divorcio.

“Con él comenzó la Hacienda moderna, en la que paga más quien más tiene, los ciudadanos, no los territorios; y se ayuda a los que más lo necesitan, los ciudadanos, no los territorios”, indicó.

Se refirió al primer gobierno de Adolfo Suárez, en el que Fernández Ordóñez fue ministro de Hacienda y explicó que “en aquel Gobierno se produjo algo en lo que Paco tuvo mucho que ver”. “En menos de 200 días Suárez deja a los españoles sin exilio y a las cárceles sin presos políticos”.

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