España es una merienda de negros

Agosto 4, 2007

Regreso al progreso

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 2:01 am

FERNANDO SAVATER

Incluso antes de que Leo Strauss cuestionase el término, el progreso había criado mala fama. Sonaba a ingenuidad ilustrada apoyada en un automatismo optimista, que inyectaba en el decurso histórico las funciones salvíficas anteriormente reservadas a la Providencia divina. A trancas y barrancas, todo debe avanzar hacia lo mejor: es una rueda de molino difícil de tragar, sobre todo para quienes han padecido los avatares del siglo XX. Sin duda el conocimiento científico y sus aplicaciones tecnológicas mejoran gradualmente, pero tanto en sus logros beneficiosos para la industria y la comodidad humanas como en sus potencialidades destructivas. Los derechos humanos han sido proclamados internacionalmente sobre los holocaustos de dos atroces totalitarismos, pero siguen careciendo de recursos internacionales de garantía y son más retóricamente predicados que eficazmente defendidos en gran parte del mundo. La noción de “modernidad”, que para algunos equivale a progreso, envuelve en demasiadas ocasiones el simple despliegue arrollador de las conveniencias de un capitalismo que maximiza beneficios pero se desentiende de las efectivas mejoras sociales para la mayoría. Oímos vocear lo que como beneficio de algunos se consigue pero se silencia o minimiza lo que pierden tantos en riqueza de convivencia o de protección ante los abusos plutocráticos. Etcétera… para qué seguir.

Sin embargo, purgado de automatismos y dotado de voluntad política, el término progreso tiene pertinencia como ideal. El progreso no es un destino en el que se cree, sino un objetivo ilustrado al que se aspira y hacia el que se lucha por avanzar, en la incertidumbre de la realidad histórica. Será progreso cuanto favorezca un modelo de organización social en el que mayor número de personas alcancen más efectivas cuotas de libertad: es decir, son progresistas quienes combaten los mecanismos esclavizadores de la miseria, la ignorancia y la supresión autoritaria de procedimientos democráticos. Hablando el lenguaje que hoy resulta más próximo e inteligible, la sociedad progresa cuando amplía y consolida las capacidades de la ciudadanía. Ser progresista es no resignarse ni conformarse con las desigualdades de libertad que hoy existen, sino tratar de superarlas y abolirlas. Y es reaccionario cuanto perpetua o reinventa privilegios sociales, descarta los procedimientos democráticos en nombre de mayor justicia o mayor libertad de comercio, propala mitologías colectivas como si fuesen verdades científicas, etcétera…

En la interpretación política actual creo que el eje progresista-reaccionario tiene mayor capacidad movilizadora que la tradicional división entre izquierda y derecha. No se trata de que ya no existan izquierdas o derechas, como se dice a veces. Esta división sigue siendo operativa, siempre que no se absolutice, es decir, que no se pretenda la hemiplejia social de abolir la mitad complementaria. En el reparto de la intencionalidad política es necesaria la visión que prima los espacios y servicios públicos, la redistribución y la protección social tanto como la que estimula la iniciativa individual junto a los derechos adquiridos de propiedad. De la pugna leal entre ambos polos surge la vitalidad comunitaria. Pero ni los unos ni los otros tienen la exclusiva de las virtudes sociales: ni los unos monopolizan la justicia ni los otros monopolizan la libertad. Y desde luego tanto desde la izquierda como desde la derecha pueden venir propuestas progresistas o esclerotizarse cautelas o imposiciones reaccionarias. Por eso resulta quizá este último índice el más inspirador para quien no se aviene sencillamente a la militancia ciega en las formaciones políticas tradicionales.

Respecto a la noción de progreso existe un acrisolado prejuicio que lo liga a la política de izquierdas (simétrico al que llama “modernización” a cuanto aligera de trabas de protección social para facilitar la extensión del capitalismo internacional). Pero cuando se hace inasumible la vinculación entre progreso e izquierda, como en los totalitarismos comunistas, se decreta que allí no se trata de una izquierda “verdadera”. Sin embargo, Stalin era de izquierdas, qué otra cosa podía ser, aunque también profunda y radicalmente reaccionario. Y los gerifaltes del comunismo español que disfrutaban de la hospitalidad de Ceaucescu o Kim Il Sung se portaban como correctos miembros de la izquierda aunque también como cómplices de los gobiernos más reaccionarios de la época. Aún no hace mucho, en nuestro Parlamento, se presentó una moción para solicitar a la dictadura cubana que liberase a sus presos políticos: sólo tres partidos de derechas -PP, PNV y CIU- adoptaron la actitud progresista de apoyarla, mientras que los grupos de izquierda se unían para rechazarla con reaccionario entusiasmo. Etcétera…

Uno de los más notables enigmas de la actual política española al constituir los consistorios de ayuntamientos o comunidades autónomas es el empeño en llamar “gobierno de progreso” a cualquier combinación que incluya a nacionalistas y partidos de izquierda, con tal de que excluya al PP. Es difícil imaginar por qué regla de tres semejantes contubernios pragmáticos -sin duda muy convenientes para los intereses particulares de quienes los protagonizan- representan un “progreso” para todos los demás. No soy de los que ven el futuro de un radiante color de rosa, pero aceptar que el país “progresa” hacia Javier Madrazo o Joan Tardà me parece francamente un pesimismo excesivo. Y ¿por qué diablos va a ser “progresista” que los socialistas formen gobierno en Navarra con NaBai, ese indudable frente nacionalista, con el que poco deberían tener que ver? A no ser que estén intentando retomar alguna de las cochinadas que tenían medio apalabradas el pasado noviembre con Batasuna y el PNV. Por cierto, ya vamos sabiendo cuál era el lema más despótico que ilustrado de las falsamente negadas negociaciones del aún más falsamente llamado proceso de paz: “todo para ETA pero sin ETA”. Pues bien, de progreso nada. La tradición nacionalista, separatista y disgregadora, es uno de los dos chancros reaccionarios que infectan el desarrollo democrático español desde el siglo XIX (el otro es el tradicionalismo clerical, que también sigue tristemente vigente como demuestra la polémica en torno a la Educación para la Ciudadanía). Nada hay de progresista en romper la igualdad legal o fiscal del Estado de Derecho ni en fórmulas de inmersión lingüística educativa y social que no sólo atropellan la lengua materna de los castellano hablantes sino que también amenazan la necesaria existencia de una lengua política común (véase Appiah, La ética de la identidad, ed. Katz), indispensable para el funcionamiento de una comunidad democrática plural. Este último abuso (negado con desfachatez por los cuentistas de turno, ya saben ustedes) es tan avasallador y dañino que sólo el desinterés de la mayoría de la población por cuestiones educativas y culturales explica que no haya una sublevación cívica masiva contra tales prácticas.

La izquierda devalúa la noción de progreso cuando la esgrime legitimadoramente en casos tan inverosímiles. Lo cual no deja de volverse a veces contra ella: Madrid ha pasado a ser -en su Ayuntamiento y su Comunidad- de “rompeolas de todas las Españas” a rompepelotas de todas las izquierdas, entre otras sutiles razones que los analistas estudian, porque en esta capital se han refugiado muchos de los damnificados por “gobiernos de progreso” periféricos que no están dispuestos a colaborar con su voto en la repetición de nada ni remotamente parecido. En el futuro inmediato, con una situación económica de bonanza decreciente y gran parte de la población acosada por la voracidad del Euribor como Baskerville lo fue por el célebre sabueso infernal, no serán los que llamen progreso a dificultar aún más las cosas segmentando estatutaria e insolidariamente los mercados o estableciendo barreras lingüísticas quienes van a conquistar la simpatía de los votantes… Y si no, al tiempo.

Algunos creemos que un enfoque progresista de la política sigue teniendo hoy sentido: es decir, que no compartimos la pataleta de quienes por indignación con los reaccionarios de izquierda se hacen reaccionarios de derechas o viceversa. Más bien se trata de buscar planteamientos de progreso que escapen al mero maniqueísmo partidista: quizá hoy se esté intentando también algo parecido en el nuevo Gobierno francés y en otros espacios de la Unión Europea. Merece la pena intentarlo en España, no como mera cuestión de debate académico, sino en el terreno de la representación parlamentaria: en ello estamos.

-Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

Aterrizaje de emergencia

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:23 am

Las Bolsas han entrado en una dinámica de alternar las subidas con los descensos, hecho que se ha producido rigurosamente en las últimas catorce sesiones bursátiles. Por tanto, siguiendo esta progresión, ayer tocaba bajar y así lo hicieron los principales mercados.

Como siempre, Wall Street manejó la batuta y los mercados del Viejo Continente se dedicaron a seguir la partitura. Así, el dato del desempleo en Estados Unidos fue el que más pesó en las Bolsas, que terminaron con recortes apreciables.

El Ibex-35 cedió casi un 1% y bajó otro escalón hasta el nivel de los 14.500 puntos. Su rentabilidad en lo que va de año vuelve a situarse otra vez por debajo del 3%.

Entre los grandes sólo se salvó Endesa, mientras que Repsol, Iberdrola, Santander y BBVA cedieron más de un 1%. Por cierto, que estos dos últimos están en rentabilidad negativa en lo que va de año.

Vueling ha tenido el dudoso privilegio de ser la gran protagonista de la jornada al evaporarse en un solo día casi un tercio de su valor en Bolsa. Los decepcionantes resultados de la aerolínea de bajo coste han provocado un aterrizaje de emergencia de sus acciones, que cerraron a 15,80 euros, un 51% menos de lo que valían al principio del año.

Segunda pensión

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:22 am

EL uso de la hipoteca inversa por parte de personas mayores ocupa una creciente atención. Leí en «El País» este titular: «El piso como segunda pensión». Oiga, ¿y qué pasó con la primera?

Informaba el diario de que hay pensionistas que «usan la hipoteca inversa para una jubilación más desahogada», y ponía el ejemplo de una pareja que por fin pudo hacer un crucero hipotecando su piso -que ahora no pasa como herencia a los hijos sino que éstos sólo pueden obtenerlo si lo rescatan-.

Hace años, el ministro de Economía, que también era Pedro Solbes, nos aconsejó que ahorráramos en planes privados de pensiones. Dije que me parecía una inmoralidad. El Estado impone un sistema obligatorio de Seguridad Social con el argumento de que no nos puede dejar el ahorro personal a los ciudadanos, y por eso nos quita el dinero, a cambio de garantizarnos una pensión digna. Y cuando después va y dice que no nos la puede pagar, y que nos arreglemos por nuestra cuenta ¡nadie protesta, ni siquiera cuando la primera parte de la estafa original, la cotización obligatoria a la Seguridad Social, se mantiene!

Algo parecido me vuelve a pasar ahora. Después de habernos sometido con la Seguridad Social, ahora nos dicen que como la pensión pública no alcanza para irnos de crucero con el pariente o la parienta, entonces, como tenemos un piso porque para eso hemos pagado ya la hipoteca durante años, pues lo volvemos a hipotecar, pero al revés, se lo damos al banco y nos da un dinerito.

Tras haber socavado la responsabilidad impidiendo el ahorro libre para la pensión, ahora intentan quebrar un importante lazo familiar: el piso que queremos dejar a nuestros hijos, y que jamás nadie nos avisó que íbamos a tener que hipotecar para complementar nuestra pensión. El instinto familiar es fuerte, y a pesar de los socialistas (de todos los partidos) seguiremos intentando legar algo a nuestros descendientes. Pero que tengan la cara dura de hablar alegremente de la segunda pensión sin explicar el atraco de la primera es un escarnio.

crb@thinkingheads.com

El cinismo tiene precio

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:21 am

Quizá sea ilusorio esperar que la venta a Libia de armas y tecnología nuclear civil permita incrementar las libertades, prosperidad y seguridad del Magreb, donde Washington, París y Madrid sostienen a unos regímenes poco sensibles a la modernización, amenazados por la corrupción e ineficacia, víctimas potenciales de imprevisibles revoluciones islámicas.

Según las piadosas estadísticas sobre «desarrollo humano» de Naciones Unidas, el «Gran Magreb» -de Libia a Mauritania- continúa hundido en un desierto de miseria e incultura, propiciada por regímenes autoritarios, campo abonado para el mesianismo religioso y revolucionario.

Entre 1963 y 2003, Muhamar el Gadafi intentó dotarse de armas de destrucción masiva químicas y nucleares, y orquestó numerosos crímenes terroristas. Washington y la UE aceptan hoy el trato con un personaje hasta ayer considerado como una amenaza peligrosa.

Tras la firma de acuerdos de asociación con Túnez (1995), Marruecos (1996) y Argelia (2002), la UE trabaja desde hace un par de años en un posible acuerdo semejante con Libia. En ese marco, ¿qué más natural que favorecer el comercio y la penetración empresarial?

Cuestión de matices. ¿Contra qué enemigo piensa defenderse Gadafi con los misiles anticarro «Milán» que le venderá Francia, con participación empresarial española? ¿Es imprescindible callar las vejaciones y torturas sufridas por las enfermeras búlgaras, en Libia, para no entorpecer la «re integración» de Gadafi en la comunidad internacional? Hasta hoy, la complicidad de Washington, París y Madrid con los militares y autócratas argelinos, marroquíes y tunecinos, no ha dado resultados espectaculares ni irreversibles. Las armas vendidas a Argelia, Libia y Marruecos podrían apuntalar razones de Estado hasta ahora poco o nada eficaces para favorecer la libertad, la prosperidad y la seguridad de los pueblos del Magreb.

Esperanza de la Iglesia

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:20 am

«Confirma a tus hermanos». Esta es la tarea que Cristo encomienda a Pedro después de la Resurrección. Y por esta razón miles de jóvenes madrileños viajaremos esta semana a Roma para encontrarnos con el Papa con motivo de la Misión joven que hemos llevado a cabo en este curso pasado. Parece un milagro de la gracia que en pleno mes de agosto, cuando la gente busca diversiones y descanso en lugares turísticos, un grupo tan nutrido quiera pasar calor, incomodidades y molestias con tal de pasar un rato cerca del Vicario de Cristo. Porque no es éste un viaje de placer ni de diversión, sino una peregrinación, en el sentido más autentico de la palabra, para crecer en la fe y ser testigos del amor de Cristo. Estos jóvenes, como tantos otros que hay en España, son la esperanza de nuestra sociedad y especialmente de nuestra Iglesia, pues están llamados a ser la levadura que fermente la masa y que mueva muchos corazones a plantearse una vida coherente. Detrás de todo esto está el amor de nuestros pastores por todos, pero de un modo especial por los jóvenes. Por un lado la gentileza de Benedicto XVI, que no le importa interrumpir sus vacaciones para estar con nosotros y alentarnos en la fe, y por otro lado el espíritu de fe de nuestros obispos, que nos guían con fidelidad a los pastos donde encontramos la vida verdadera que es Cristo.

Iniciativas como éstas son las que alientan a los cristianos que a veces pueden caer en un derrotismo espiritual, pensando que la Iglesia está en retroceso y que el futuro para los creyentes es incierto y difícil. Es verdad que a la Iglesia no le faltan enemigos, y que vivir la fe en nuestros tiempos no es especialmente fácil. ¿Cuándo lo ha sido?

Mientras tengamos pastores valientes y jóvenes con deseos de entregarse más a Cristo, sabemos que el Espíritu seguirá guiando y asistiendo a su Iglesia.

A vueltas con la libertad de expresión

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:19 am

LA Corona (a su pesar) contra «El Jueves», un caso que puede llegar al Supremo y al Constitucional, incluso al Tribunal Europeo, y sentar jurisprudencia. Un caso nada brillante, un caso equivocado, planteado por la Fiscalía en su papel de defensora de las instituciones y de los derechos de los ciudadanos, resucitando una figura tan poco simpática como el «secuestro» de una publicación.

Dos conclusiones inmediatas parecen ampliamente compartidas en esta primera fase del caso, que no precisa de presentación ya que es sobradamente conocido, pero que promete ser largo y azaroso, una vez que un juez competente le ha dado luz verde procesal. La primera conclusión es que el «secuestro» supuso una anomalía, una figura inútil y contraproducente que consiguió lo contrario de lo que pretendía, ya que si su objetivo es impedir la difusión para proteger derechos de terceros, para evitar daños que no se puedan reparar luego, acentuó lo que trataba de evitar, incluso con más notoriedad y difusión. Pero el argumento de la eficacia no debería ser determinante para suprimir o arrumbar una figura constitucionalizada en un artículo tan valorado como el 20 (párrafo 5: «Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial». El rechazo casi unánime del «secuestro de publicaciones» conduce a una reforma constitucional para eliminar semejante antigualla inoperante. Pero no parece que estemos como para una reforma constitucional por esta cuestión, así que se quedará como está, en desuso, en otra inconsistencia que conllevar.

La segunda cuestión es que la Corona está sometida al pin-pan-pun del primero que pasa, que en muchos casos trata de ser bizarro ante los amigos o de llamar la atención, en la confianza de que es impune. El Código Penal ampara a la Corona, pero es un amparo inútil, que además induce crítica por la apariencia de privilegio. Algo así como que el propietario de un peral, cuyos frutos protege la ley, tenga que permanecer callado y mirando a otro lado, a lo D. Tancredo, cuando alguien se lleva las peras, porque la ley que le ampara parece un odioso privilegio de familia. Reforzar la protección de la institución acaba dejándola menos defendida que si solo la ampararan las leyes positivas y de universal aplicación.

De manera que la broma u ocurrencia grosera del dibujante de «El Jueves» deja al descubierto y neutralizadas tanto la protección especial y penal de la Corona como la figura del secuestro de una publicación. A sus señorías les queda ahora reconocer esa realidad y desactivar leyes inútiles (el secuestro preventivo y la protección especial de las instituciones) que fueron elaboradas en la actual etapa democrática pero que a algunos les huelen a otro espíritu. Eso sí, siempre que no les toque de víctimas. Entonces la posición cambia.

La cuestión de fondo en esta historia es la libertad de expresión, sus posibles límites y su naturaleza. Un asunto que nunca está suficientemente debatido, aunque desde hace siglos se discute, especialmente desde la 1ª Enmienda de las Constitución norteamericana (1791) que manda que el gobierno «no legisle» sobre la libertad de prensa; una libertad que requiere de «espacio vital» para sobrevivir, amplio espacio para que respire.

Quizá pocos han expresado mejor ese principio como el juez Brennan del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en la histórica sentencia del caso Sullivan contra el «New York Times» (1964). En ella, recordando a Madison, dice que «algún grado de abuso es inseparable del adecuado propio uso de cada cosa; y en ninguna instancia es esto más cierto que en la de la prensa». Líneas más arriba señala «el debate de los asuntos públicos debe ser desinhibido, robusto, ampliamente abierto, incluso con ataques vehementes, cáusticos y algunas veces desagradablemente agudos sobre los funcionarios públicos y el gobierno». Para remachar: «La Constitución (Enmiendas I y XIV) otorga al ciudadano y a la prensa un privilegio incondicional, absoluto, para criticar la conducta oficial a pesar del daño que pudiera surgir de los excesos y abusos», «…el pueblo ha comprobado a través de su historia que estas libertades, incluso con sus excesos y abusos, resultan esenciales para la formación y el correcto funcionamiento de los ciudadanos de una democracia», «la salvaguarda constitucional fue diseñada para asegurar un intercambio de ideas sin trabas, que produzca los cambios sociales y políticos deseados por el pueblo».

En la España constitucional, el Supremo y el Constitucional han transitado por una senda semejante y seguido, en líneas generales, la doctrina norteamericana, con la piedra angular del artículo 20 de la Constitución de 1978. Pero las libertades de expresión e información a las que hace referencia ese artículo no son ilimitadas, no son irrestrictas, hay fronteras que están contemplados en la propia Constitución y que tienen que ver con los derechos de las personas al honor, a la intimidad, a la propia imagen, con el respeto, con la protección de los más débiles y con las de la injuria y la calumnia. Libertad de información que tiene que ver con un ejercicio profesional, sereno, preocupado, que busca diligentemente la verdad, el interés del público, y con su propia lex artis, con reglas del oficio. La conjugación de esas libertades que se entrecruzan, que a veces chocan, no es previsible, no está tasada y normada, tiene zonas secantes y ámbitos de riesgo y de interpretación. Por tanto supone incertidumbre y riesgo para quienes la gestionan y administran, para los periodistas.

En ese marco aterrizan los humoristas de «El Jueves» con su ingenio y gusto, que son opinables. Y sobre ellos va a recaer la interpretación de normas penales que tropiezan con derechos fundamentales como los que comentamos. Para quienes andan metidos en estas materias, lidiando diaria y profesionalmente con ellas, deseable sería que el ejercicio de la prueba recayera sobre asuntos mayores, sobre los papeles del Pentágono, los abusos del ejecutivo o las trapacerías de algún servidor público nada ejemplar. Pero no llueve ni cuando ni donde se necesita, la tostada cae por el lado de la mantequilla. Así que estos de «El Jueves» nos van a dar la medida de la libertad. ¡Qué le vamos a hacer!

Uno de los riesgos del caso es que la sociedad, los ciudadanos van a concluir que los periodistas disfrutan de inmunidad en el ejercicio de su trabajo, y también de impunidad, lo cual no alienta la simpatía ni el respeto. Más bien advierte que lo recomendable es no tropezar con la prensa, que está protegida y amparada, que son gente que toma represalias contra quienes les importunan o se resisten.

El valor de la libertad de información se mide también por la responsabilidad desplegada por quien la ejerce, porque su práctica no es ni gratuita ni ilimitada. Tiene que tener coste; los ciudadanos deben sentirse protegidos, no desear a otros lo que no quieren para sí. Y en esa tarea sólo los jueces tienen la palabra y la medida. Ninguna otra instancia, ningún otro procedimiento. Por eso las sentencias tienen que estar bien fundadas y ser ejemplares, disuasorias, efectivamente compensatorias, no ya del ofendido, sino también del siguiente en la cadena de ofensas. Y una coda final al oportunismo y al descaro de esos que rechazan, critican y descalifican la dichosa portada, pero se apresuran a reproducirla con el argumento del derecho a saber de los demás. Este periódico no incurrió en semejante incuria. Le alabo el gusto.

España y los judíos

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:18 am

«1492, el año de la desgracia para los judíos, pero para la España de los Reyes Católicos, año del triunfo para la Cruz y una triple bendición. La toma de Granada, que completa la reconquista a los moros; el exilio de al menos 120.000 judíos tras el decreto del 31 de marzo y el descubrimiento de América. España henchida, España ebria. Rehace su unidad y se libera de la «gangrena» judía. Por haber purificado su suelo, Dios la recompensa con el oro del Nuevo Mundo.

Le Monde ha escogido el asunto de la expulsión de los judíos españoles para amenizar la canícula a los lectores de su sección de Cultura. Aunque peca de cierto subjetivismo irónico, el resultado constituye un repaso nada despreciable a un episodio poco edificante de nuestra Historia. «Las cajas reales pierden con la expulsión, pero también el sacrificio intelectual es considerable. Pues si es cierto que existen judíos pobres, muchos de ellos son ingeniosos, activos, imaginativos». Sin embargo, «si la pérdida es grande, España sale ganando en el cambio con el Mas Allá. Ella constituye el nuevo Pueblo Elegido que sustituye a los desfallecientes judíos».

El Daily Telegraph también hace mención de los judíos, aunque sea en un contexto totalmente diferente. «Darfur es tan malo como la Alemania nazi. Yo lo sé». Éste es el título del artículo firmado por W. F. Deedes, que busca con un cierto tono provocador llamar la atención sobre el conflicto olvidado. «Esta aseveración puede provocar gritos de escándalo por parte de algunos. No por la mía. Como soldado entré en uno de los campos de la muerte nazis y participé en el juicio a su comandante. También he estado en Darfur».

La mujer fatal

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:17 am

EDURNE URIARTE

SÉGOLÈNE Royal no tiene nada de mujer fatal, como pretenden las periodistas Raphaëlle Bacqué y Ariane Chemin con su título La femme fatale. Pero no les reprocho ese truco publicitario destinado a que los lectores escojamos este análisis de la líder socialista y no cualquiera de las abundantes alternativas que ocupan las mesas de exposición de las librerías francesas. Más allá de la portada provocadora, en sus páginas descubrimos el inteligente y documentado retrato de una intensa, descarnada y fascinante ambición de poder. La desmedida ambición de una mujer.

Recomiendo el libro a todos aquellos que se hayan creído el absurdo mito de que las mujeres se relacionan de forma diferente con el poder. Que son menos ambiciosas. Que comparten, que integran, que se interesan por aquello que se puede hacer con el poder y no por el poder en sí mismo. Esa película de Disney fue realizada cuando las mujeres no se presentaban a las presidenciales y no había forma de contrastar el cuento de hadas. Ahora juegan en el mismo terreno, Hillary Clinton, Cristina Fernández, Ségol_ne Royal. Y con las mismas reglas de juego. Añaden un peluquero permanente, barra de labios y una chaqueta de color a la escenografía.

El resto es igual. O incluso más despiadado. Lo es en Royal, una política en la que la sed de poder ha arrasado todo vestigio de ideología. O incluso de ideas. ¿Las tenía? Sus compañeros de la cúpula del PS creen que no. Strauss-Kahn dijo de su candidatura que «haría mejor en quedarse en su casa, leyendo sus recetas de cocina». ¿Misoginia? El caso es que la opinión está ampliamente extendida. Entre los suyos. Su propia pareja, «casualmente» hasta 24 horas después de las legislativas en que anunciaron la ruptura, François Hollande, ironizó sobre el misticismo que invadió su campaña: «La economía no es un asunto de su predilección… la política extranjera, tampoco. Pero usted sabe bien que eso no tiene importancia, puesto que ella es capaz de caminar sobre las aguas».

Y entre los otros, por supuesto. Como un colaborador de Sarkozy que dijo de su campaña que era una campaña L´Oréal. Enseño la belleza de la sonrisa, pero en ningún caso el producto. Ese fue, sin embargo, lo sigue siendo, el gran acierto de Royal. Su olfato para la publicidad, la planificada venta de una imagen, el eficaz marketing elaborado bajo los consejos de su amiga Natalie Rastoin, directora general de la agencia de publicidad Ogilvy & Mather France.

Incluso sin la ayuda de las ideas ausentes, el inteligente marketing y el buen olfato populista de Royal podían haber sido suficientes, quizá, para vencer a Sarkozy, si no llega a ser por su otro problema: su desaforado odio por sus compañeros del aparato socialista. Sus dardos y sus desprecios contra Strauss-Kahn, contra Jospin, contra Fabius, han sido comparables al de las recetas de cocina. El problema es que ella no se los podía permitir. Ella los necesitaba para ganar. Pero Royal es un excelente ejemplo de los destrozos que una ambición y una soberbia desbordadas pueden hacer en política. Los baños de multitudes le hicieron creer que podía ganar ella sola. Sin su partido. Quizá sea cierto, al fin y al cabo, que no es muy inteligente.

Y, no obstante, es probable que consiga ser la candidata para 2012. Que su anunciada vuelta a fines de este mes vuelva a doblegar a sus abundantes enemigos internos. No sólo porque su principal rival, Strauss-Kahn, se va al FMI. También porque en Royal brillan con intensidad algunos de los ingredientes de los hombres y de las mujeres del poder. Su determinación de carácter, su fuerza, su férrea disciplina. La han sostenido en las ambiciones frustradas de su larga carrera política. En el desamor. En la derrota. El intenso sentido del objetivo, su autocontrol, acaban por fascinar a los lectores de La femme fatale. Hemos conocido su lado más despiadado. Y, sin embargo, al final del libro, también comenzamos a sentir que ella es capaz de caminar sobre las aguas.

Zapatero, taumaturgo

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:16 am

M. MARTÍN

FERRAND

GEORGE Bernard Shaw solía decir, con divertido descaro, que la democracia es un sistema político ideado para que los elegidos no valgan más que los electores. José Luis Rodríguez Zapatero es la quintaesencia de tan depurada caricatura. No hay más que verle en acción. Nunca dice nada que tenga enjundia y fundamento; pero, debe reconocérsele, lo dice con aplomo, como quien descubre un misterio velado durante siglos del que depende nuestra felicidad futura. Habla bajito, fraseando de tal manera que su inconsistencia hueca se disimula hasta hacerle parecer el oráculo de la sabiduría. Sus discursos no tienen más sustancia que la del recitado monocorde de la tabla de multiplicar, pero parece que dice algo. En tiempos imagocráticos, como los que vivimos, son las apariencias las que mandan.

Lo que resulta más difícil es vislumbrar la ideología de Zapatero. Al margen del rencor que evidencia su afán de revisar el pasado para reivindicar una «memoria histórica» que le cuadre a la gloria de su abuelo maltratado, el eje del pensamiento de líder es difuso. Está lejos de la derecha liberal, en la medida en que lo está del fervor por la libertad; pero tampoco se encela con los supuestos de la izquierda clásica. Sospecho que la idea central de Zapatero, la que encamina sus pasos y centra su acción política es Zapatero. Él es su propia verdad y, a la vista de su conducta en los últimos días, parece atribuirse poderes taumatúrgicos.

En alarde de un desparpajo político sin precedentes y muy eficaz ante la opinión pública -los electores que valen más que el elegido-, Zapatero se enfrenta a la incapacidad previsora y preventiva de su Gobierno y, como quien viaja subido en un telegrama, lo mismo acude a Canarias que a Cataluña para, en un instante y con un gesto, aliviar las catástrofes que se han acumulado en ambos territorios. En las Islas, sin acercarse al rescoldo para no chamuscar su propia imagen -la médula de su ideario-, emitió unos conjuros huecos de probado efecto balsámico y salió corriendo. En Barcelona, puesto en trance, difuminó la rabia ciudadana generada por los apagones con la proclama de una nueva terminal para el aeropuerto de El Prat y el anuncio, con el mismo estilo que los augurios de Aramís Fuster, de la llegada del AVE para la Navidad. También alumbró, no faltaba más, una comisión monclovita que vigile y aligere las inversiones públicas en Cataluña. Es el auténtico hombre-orquesta. Todo el Estado y sus poderes caben en su voluntad y caminan sobre sus pies.

No hay nada en Zapatero, no hay contenido ni fundamento, pero los suyos le apoyan con un entusiasmo que nunca prodigaron a sus predecesores. Los contrarios no son capaces de tomarle la medida. Los minoritarios le amparan en el Congreso para sostenerle firme al frente del Gobierno, y el PP, monopolista de la oposición, actúa como una doliente cofradía de afectados no repuestos por la desgracia de haber perdido el poder un 14-M.

Como sea, cuando sea

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:15 am

IGNACIO CAMACHO

NO podía ser, y no ha sido. La prioridad es ganar las elecciones, y el PSOE se ha lanzado a por ellas a todo trapo, dispuesto a demoler si preciso fuere las vigas maestras que han sustentado hasta ahora su proyecto (?) de gobierno. De repente, Navarra estorbaba en el camino de las generales como un camión atravesado en medio de una autovía, y Zapatero ha ordenado apartarlo de cualquier modo a la cuneta, entre cuyos jaramagos va a quedar arrumbado Fernando Puras «Iscariote», el hombre de la palabra movediza. De paso, el Gobierno le aprieta otro poco las tuercas a De Juana Chaos, por quien perdió las municipales cuando el «Proceso» era aún un hilo de esperanza al que se agarraba el presidente. El mensaje es nítido: ya no hay otro argumento, ni otro horizonte, ni otro proyecto que el de ganar «como sea». A costa de lo que sea.

Esta manera de actuar, compulsiva, improvisada, apremiante, se ha convertido en el único método «estable» del zapaterismo. Ausente cualquier principio programático, cualquier estrategia coherente, todo es táctica, urgencia y precipitación. El «Proceso» ya no vale, al menos hasta nueva orden, y ahora lo que manda es la prioridad del electoralismo. Agitación, promesas, gestos, clientelismo. Política de encuestas, de guiños de opinión pública y alquiler mercenario de votos con la chequera de una caja rebosante de superávit. Pero ojo: podrá no ser una manera coherente de actuar, pero no tiene por qué no resultar eficaz.

Zapatero ha leído correctamente los resultados del 27-M. Lo tumbó el «Proceso», las cesiones ante ETA, los paseos arrogantes de De Juana Chaos. Probablemente -no, sin duda- sigue creyendo en esa vía, pero los terroristas se la han cerrado y trata de hacer del problema virtud. Ha abolido públicamente el «Proceso» como si no hubiese existido jamás, y ordenado lanzar a tope de revoluciones la maquinaria electoral. Dinero a espuertas para el desastre canario, promesas a tutiplén para el victimismo catalán, ministros nuevos para derramar subvenciones, babycheques, y otros amables conejos que están por salir de su chistera. De Juana al trullo con dos grilletes, y Navarra sacrificada en un forzado gambito de dama. Solbes va a sudar sangre en los próximos presupuestos: hay que repartir en todas direcciones. Pero más va a sudar Rajoy, si deja que este repentino volatín le pille con el paso cambiado ante un electorado que se muestra sumamente volátil en los sondeos.

La renuncia a gobernar Navarra con el nacionalismo panvasquista es un plato de sabor amargo para Zapatero, pero se lo come porque confía en sus efectos demiúrgicos y, sobre todo, por la plena certeza de las devastadoras consecuencias que habría tenido para él aceptar el órdago del PSN. Ya ha aceptado, a regañadientes, el naufragio general de su mandato, que sólo puede salvar mediante una victoria in extremis, como sea. Fracasados todos los objetivos políticos, la legislatura ha terminado. El final del parte lo escribirán los ciudadanos. En marzo… o cuando sea.

Rincones florentinos

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:14 am

JUAN MANUEL DE PRADA

QUIZÁ los surrealistas tuviesen razón, cuando sostenían que a los museos habría que prenderles fuego (no recuerdo si sus propósitos crematorios incluían también a los visitantes de los museos). Los cuadros que penden de las paredes de los museos son como flores prensadas en un herbario: arrancados del lugar para el que fueron concebidos, extravían su sentido originario, quedan desposeídos de su capacidad de conmoción, hasta convertirse en un pálido muestrario de reliquias. Uno llega al convencimiento de que los museos son el producto rencoroso de una época en la que el arte perdió su razón de ser: el afán clasificatorio, didáctico, ordenancista surge cuando ha muerto la capacidad del hombre para zambullirse en el misterio. Y, como el botánico que ya no sabe prendarse del esplendor de la rosa y necesita contar sus pétalos (aunque sean pétalos marchitos, arrancados de la tierra que les presta su sustento), el hombre contemporáneo encierra sañudamente los cuadros en los museos, donde se convierten en poco más que láminas archirrepetidas de un libro mil veces visto: quizá halaguen sus sentidos, quizá incluso lo barnicen de conocimientos de los que hasta ese momento carecía, pero acaban abrumándolo con su repertorio tedioso. En el traslado al museo, se desvanece el misterio de la obra de arte, como se desvanecen los colores de la rosa en su traslado al herbario.

Esta impresión de misterio desvanecido se agrava, además, en los museos de Florencia, especialmente descuidados y atestados siempre por hordas de turistas que consumen arte con la misma displicente celeridad y el mismo riesgo de empacho con los que luego embaularán pizzas. Así que al viajero no le queda otro remedio que buscar esos rincones que las hordas de turistas suelen excluir de sus itinerarios; rincones que aún no han sido expoliados por el frenesí museístico, donde aún el arte preserva a duras penas su misterio y su capacidad de conmoción. Algo de esto encuentra el viajero en la capilla Brancacci, aneja a la iglesia de Santa Maria del Carmine, cuyas paredes fueron pintadas por Masaccio, Masolino y Filippo Lippi con estampas de la vida de San Pedro. Los frescos de la capilla Brancacci son a un tiempo graves y exultantes de color; en los paños laterales, flanqueando los episodios petrinos, se confrontan sendas escenas que narran el pecado de nuestros primeros padres: en la primera, Adán y Eva, pintados por Masolino un instante antes de caer en la tentación, aún se muestran plácidos y rozagantes; en la segunda, Masaccio los retrata expulsados del Paraíso por el ángel flamígero, convertidos ya en criaturas errabundas, desposeídas y desgarradas por el dolor. El rostro de Eva, desencajado por la contrición, es a la vez espectral y humanísimo, de una fuerza estremecedora sin igual. Tampoco tiene parangón la delicadeza del coloquio que mantienen San Pedro y el ángel que acaba de liberarlo de su prisión, mientras el guardián que debería impedirlo duerme: el ángel sostiene la mano de San Pedro como un buen discípulo sostendría la de su maestro, con infinita unción e infinita piedad; y le dedica una enternecedora mirada en la que viaja el amor divino. El viajero se siente abarcado, salvado por esa mirada beatífica.

También se siente salvado cuando se adentra en la solitaria penumbra de Santa Felicità, a escasos metros del concurrido Ponte Vecchio. Las hordas de turistas no saben que en esta iglesia de apariencia modesta se esconde una capilla también modesta, diseñada por Brunelleschi, en la que se hallan dos obras maestras del Pantormo. De la pared del fondo cuelga un Descendimiento extrañísimo, de una cualidad desvaída, un poco delicuescente, que habría hecho las delicias de los prerrafaelitas. En una de las paredes laterales, el fresco de la Anunciación parece bendecido por un céfiro sutilísimo que agita la cabellera de Gabriel y favorece el escorzo irrepetible de su frente. La Virgen escucha con modestia y rubor las palabras del mensajero; tiene una belleza tímida y patricia que me hace pensar que Pantormo hubiese utilizado como modelo a Deborah Kerr. Contemplo a la Tota Pulchra mientras repito en silencio las palabras de Gabriel: «Dios te salve, María, llena eres de gracia…». Y en la penumbra de Santa Felicità el tiempo se suspende, sobreviene el misterio. Las hordas de turistas, entretanto, hacen cola en los museos de Florencia.

Oscuros acuerdos con Libia

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:13 am

LAS circunstancias que rodearon la liberación de las enfermeras búlgaras y el médico palestino de las mazmorras libias aún se encuentran oscurecidas por cierto número de interrogantes sobre las posibles negociaciones, entrega de contrapartidas o pago de rescate. Puesto que se trata de una cuestión humanitaria, normalmente se acepta que esas gestiones queden cubiertas por ese velo de informaciones opacas y no del todo aclaradas. Sin embargo, lo que ha sucedido con la intervención de Francia empieza a ser algo más preocupante, al constatarse que una parte del trato podría haber sido la venta inesperada de una nada desdeñable cantidad de material militar al régimen del coronel Gadafi.

La primera lección -visto que quien ha revelado la operación con todos sus detalles ha sido el hijo del dictador libio- es que hay personajes con los que no se pueden hacer tratos en secreto, y mucho menos si se trata de gobernantes que no tienen una sociedad libre a sus espaldas a la que rendir cuentas. La discreción en determinados acuerdos puede ser conveniente, e incluso necesaria, pero cuando se trata con dictadores, más vale tener mucho cuidado.

Por lo demás, es cierto que no hay un embargo formal de la Unión Europea ni de la ONU sobre la venta de armas a Libia y que, en ese sentido, el presidente Sarkozy no ha hecho nada que se pueda considerar ilegal. Las relaciones entre Libia y la comunidad internacional habían quedado prácticamente resueltas tras el caso del atentado de Lockerbie y el empeoramiento posterior se saldó con la liberación de las enfermeras. Italia, por ejemplo, tiene una política abiertamente prolibia y otros países, como España, tratan de mejorar las relaciones con este importante socio energético.

Otra cosa es la contribución a la proliferación de armamentos en el mundo árabe, en unas circunstancias especialmente delicadas. En los próximos meses vamos a asistir a un aumento de las tensiones en toda la zona a causa del pulso que Irán sigue dispuesto a mantener para construir armas nucleares. Arabia Saudí, por ejemplo, va a empezar muy probablemente una política de rearme de grandes dimensiones, lo que a su vez empujará a otros países a seguirle. Por el momento, la prudencia debería ser el interés principal de un país como Francia, cuyas grandes responsabilidades en la estabilidad del planeta son bien conocidas.

Después del caso de Libia puede venir, además, otro más sensible aún como el de China, este sí, sometido al embargo por parte de la Unión Europea. Si París pretende actuar en este caso con políticas unilaterales como las que ha utilizado en este oscuro caso del régimen libio, sencillamente no sería aceptable, aunque la figura de Sarkozy crezca día a día ante los ojos de los franceses, seducidos por un político brillante y capaz que en apenas unos meses ha infundido a su nación nuevas y renovadas energías.

Fomento se cruza de brazos

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:12 am

CONTINÚAN los retrasos en el funcionamiento del AVE por causa de una huelga encubierta ante la que el Gobierno ha preferido desde el primer día mirar hacia otro lado. La ministra de Fomento no da la cara y los responsables de Renfe anuncian que todo está resuelto, a pesar de que los hechos demuestran lo contrario. Como es natural, los grandes perjudicados son los consumidores, que ven alterados sus planes de viaje sin que nadie tome las medidas oportunas. Una vez salvado el cargo en la última crisis ministerial, Magdalena Álvarez persiste en el empeño de hacer oídos sordos a las críticas. Por su parte, Renfe falta a la verdad asegurando que los trabajadores han acudido ya a sus puestos y generando así expectativas que luego no se cumplen. De hecho, ayer volvieron a repetirse las irregularidades, en especial en las líneas Madrid-Toledo y Madrid-Puertollano. En algunos casos, fue preciso habilitar autobuses para desplazar a los viajeros, fusionar trenes con horarios diferentes y hacer frente a las protestas por nuevos y reiterados retrasos. Más de 7.000 pasajeros afectados es una cifra muy notable por mucho que las autoridades se empeñen en hablar de «normalidad». Si a la ineficacia en la gestión se suma la pretensión de engañar, no es extraño que mucha gente empiece a cambiar de actitud, pasando de la paciencia a la indignación.

En plenas vacaciones de verano, el funcionamiento de los servicios públicos de transporte es una exigencia ineludible para el normal desarrollo de la vida ciudadana. Los problemas laborales del personal de Renfe deben ser abordados con rigor, anticipándose a las consecuencias de un conflicto que, una vez que estalla, convierte a miles de personas en rehenes de las diferencias entre empresa y trabajadores. El AVE es una pieza emblemática del sistema ferroviario español. Al Gobierno se le llena la boca ofreciendo nuevas infraestructuras, aunque luego los plazos nunca se cumplen. No obstante, debería tener en cuenta que es imprescindible rentabilizar la inversión a través de un funcionamiento impecable del servicio. Si el conflicto se plantea hay que aplicar la normativa vigente, que ofrece garantías y salvaguarda los derechos de las partes y de los afectados, aunque -como es notorio- la ausencia de una ley orgánica reguladora del derecho de huelga complica el enfoque correcto del problema. En todo caso, es inaceptable la pasividad de Fomento y la falta de información a los usuarios o, peor todavía, la información equívoca y sesgada. El tren se ha convertido por méritos propios en una de las mejores alternativas para el transporte de pasajeros en España. Si las autoridades son incapaces de actuar con responsabilidad en el terreno de la gestión, se pondrá en peligro un éxito colectivo que sitúa a nuestro país en la vanguardia europea.

Navarra: ahora, lealtad

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:11 am

MIENTRAS el PSOE resolvía cuál iba a ser el futuro político de la Comunidad foral de Navarra, en jaque desde hace dos meses por culpa de los socialistas navarros, su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, se paseaba por la localidad madrileña de Parla para promocionar al nuevo líder de los socialistas de Madrid. Sin duda, el compromiso era importante para esta ciudad, pero la escasa distancia que media entre Parla y Ferraz habría permitido un pequeño reajuste, sólo cuestión de horas, de la apretada agenda presidencial. Probablemente, todo era una decisión táctica de Zapatero para rebajar el perfil del problema que se le había planteado con el envite de los socialistas navarros a favor del pacto con los nacionalistas de Nafarroa Bai. Pero, ayer, el lugar del presidente del Gobierno, después del Consejo de Ministros, era la sede de su partido, donde tenía que haber afrontado una crisis que tiene su origen y desarrollo en su política de concertación con los nacionalismos. Es insólito que el máximo dirigente del PSOE se escabulla del debate en el que su partido debía fijar la posición definitiva del Gobierno de la Comunidad foral, como si de esta manera, Zapatero quisiera desentenderse de sus propias responsabilidades.

Lo que ayer decidía la ejecutiva socialista no era una pequeña insubordinación de una agrupación local, sino la discrepancia absoluta, al menos aparente, entre la dirección nacional del PSOE y el PSN acerca de una cuestión de Estado, como es la estabilidad política del régimen foral navarro, establecido por la Constitución. Zapatero ha querido tratar este asunto como una cuestión interna de partido, pero era mucho más que este simple intento reduccionista y por eso ha evitado la imagen de su participación en el veto final a la propuesta unánime de los socialistas navarros de pactar con los nacionalistas. Zapatero no ha estado a la altura de las circunstancias, y es demasiado frecuente que huya de ellas cuando lo incomodan y pretenda comportarse con una superioridad que no se corresponde con sus responsabilidades políticas. Además no le resulta útil, porque la crisis interna del PSOE a cuenta de su trayectoria errática en Navarra es el reflejo de la inconsistente actitud de Zapatero con los nacionalismos. En el debate sobre el estado de la Nación, Zapatero apostó, con su ambigüedad habitual, por un gobierno alternativo al de Unión del Pueblo Navarro. Ayer, la ejecutiva de su partido vetó ese pacto con los nacionalistas utilizando el argumento, expuesto por José Blanco, de que «hoy no se dan las condiciones suficientes para gobernar con Nafarroa Bai». Falta coherencia a raudales en el PSOE.

Al margen del inexplicable papel que ha jugado Zapatero en el desenlace de este episodio socialista, la decisión de no gobernar con los nacionalistas panvasquistas es acertada y conveniente. UPN la ha recibido con lógica satisfacción, al igual que el PP. Los motivos son evidentes. Haber facilitado el acceso de los nacionalistas al Gobierno foral de Navarra habría sido un disparate político, porque hubiera sumado esta comunidad al mapa nacionalista dibujado por el PNV y el resto del arco abertzale, hasta llegar a la propia ETA. Ahora bien, que «hoy no se den las condiciones» para ese pacto no debe significar un simple aplazamiento hasta que, a juicio de los socialistas, sí se den tales condiciones, cualesquiera que éstas sean. Es seguro que UPN tendrá muy en cuenta el gesto del PSOE de vetar el acuerdo con los nacionalistas y que procurará crear un ambiente de entendimiento con los socialistas navarros, a pesar de que éstos han mostrado una hostilidad hacia Miguel Sanz y su partido que parece irreversible. Pero lo que sería un fraude es que el sentido de la responsabilidad que ayer invocó José Blanco -y que, en principio, debe contar con el beneficio de la duda- no sería tal si sólo dura hasta que pase el compromiso de las elecciones generales de 2008. No sería políticamente leal hacer la vida imposible al nuevo gobierno de UPN ni esperar al cierre de las urnas para reactivar el acuerdo rechazado ayer por la ejecutiva federal del PSOE. Si el problema del pacto con Nafarroa Bai es de principios, no habrá condiciones ni hoy ni dentro de un año. Si es sólo de oportunismo electoral, el PSOE estaría cometiendo un engaño imperdonable.

La angustia del saber

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:10 am

LA conversación ha ido derivando hacia las comparaciones entre el pretérito y el presente, yo me distraigo en mis propios pensamientos y alguien, de pronto, afirma: «Ahora no hay sabios y en tiempos pasados sí que los hubo», lo que me devuelve súbitamente al grupo, porque hay algo que no me cuadra en lo que acabo de oír. ¿No hay sabios ahora? Desde luego, quedan muy atrás, en el pasado, los siete sabios de Grecia y otros muchos de la antigüedad y nadie habla de los posibles siete sabios de USA, del Reino Unido, de Alemania, de Francia, de Italia, de Rusia o del Japón, pero haberlos, los hay, a veces más, a veces menos, y cuentan, cada año, en las expectativas de los premios Nobel. Hasta aquí, en España, se nombró no hace tanto un comité de sabios, para que pusieran en claro los problemas de la televisión estatal. ¿Qué llevaba, pues, a mi contertulio a hacer semejante afirmación? Que los sabios antiguos eran sabios completos, sabían todo lo que se podía saber, porque el conocimiento humano era entonces abarcable, y los sabios modernos lo son en una sola materia, en una ciencia o en una disciplina humanística, de la que saben todo lo que cabe saber, con perfección y en su más alto grado, y se esfuerzan en profundizar su conocimiento y en ir un poco más allá. Quiero añadir que, en cualquier caso, todavía reservamos la calificación de sabio para ese especialista que ha alcanzado un nivel altísimo de sapiencia en su materia, pero que se siente llamado también desde las demás y establece lazos y conexiones con otros ámbitos, que son, en cambio, desdeñados por el que se encierra en su terreno y sigue su camino, a veces largo y fructífero, qué duda cabe, sin mirar a los lados, lo que puede conducirle a ser un investigador eximio, pero nunca un sabio. Con estas consideraciones, que en aquel momento improvisé de palabra, me parece dejar claro que también en nuestro tiempo existen sabios y no menos que en los tiempos pasados, sino muchos más, porque más numerosa es la humanidad en este siglo y, estadísticamente, a más sabios tocamos, más sabios pretenden ocuparse hoy de poner un poco de orden y concierto en el inmenso, inabarcable océano de saberes que ha alcanzado el conocimiento humano.

Hace cuarenta y tantos años, un matemático amigo, catedrático de instituto como yo, incansable lector, Emilio López Galí, ya fallecido, nos ilustraba a los compañeros de claustro con una explicación, digamos geométrica, con raíces en la filosofía griega, de cuál era la actitud del ignorante, cuál la del pedante, cuál la del despreocupado y cuál la del sabio en el variado mundo de saberes que constituía nuestro horizonte profesional inmediato y nuestro ineludible horizonte vital. Un espacio, el del conocimiento, en el que ya para entonces, superada la primera mitad del siglo XX, habíamos perdido pie, claramente. Pues bien, el ignorante, que conoce su entorno, que sabe sus pequeñas cosas, que posee algunos conocimientos prácticos, utilitarios, es como un punto, un redondelito, por lo que su frontera circular con lo que ignora es mínima y, como tal, ni siquiera la advierte, no tiene conciencia de ella y se siente feliz y satisfecho en su ignorancia. Si se acomete la instrucción del ignaro, este va ensanchando el círculo de sus conocimientos y empieza a adquirir conciencia de que existen, más allá, otras cosas que se pueden aprender. Sus límites con lo que desconoce han crecido notablemente, pero no lo bastante para inquietarlo y su actitud se diversifica. El que es pedante se siente tan satisfecho de haber aprendido tanto que se regodea con su propio saber y hace alarde constante de su adquirida erudición. El que es un vivalavirgen sabe hasta donde llegan sus conocimientos, juzga que hay más cosas que le convendría saber, pero está convencido de que no son tantas, de que será cosa de ponerse a ello cuando tenga tiempo y, de momento, le saca todo el provecho posible a lo que ha aprendido. Y hay también quien necesita afirmarse en lo que sabe y sigue aprendiendo, estudiando, analizando, investigando, ampliando ese círculo que dijimos. Lo atrae lo desconocido y para él resulta desconocido todo lo que no sabe, aunque ya lo sepan otros. Y cuanto más sabe, más se dilata el circulo que abarca sus conocimientos y más crece su frontera con lo que ignora, más conciencia tiene de la inmensidad con la que limita y más le retorna a la mente la famosa sentencia shakespiriana, en boca de Hamlet: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que alcanza tu filosofía».

Ese es el sabio ya: quien es plenamente consciente de los límites de su saber y percibe a su alrededor los amplísimos espacios de sus ignorancias. De ahí su actitud natural: la angustia del saber que lo conduce al borde mismo de las incógnitas simas de todo cuanto ignora. El vértigo del sabio, que no padece el necio.

Es un hecho que en el último siglo el saber humano se ha multiplicado hasta límites insospechados, en progresión geométrica, y que su crecimiento no cesa, que se han afianzado no pocas certidumbres y se han descubierto nuevas vías de penetración en los secretos de la naturaleza y el universo, que inimaginables milagros se han ido realizando, que la humanidad sabe hoy del mundo que habita y de sus resortes y de sus misterios muchísimo más de lo que nunca había sabido y ni tan siquiera imaginado, que disfruta de nuevas posibilidades hasta hace poco insospechadas y que vislumbra caminos que aún la pueden conducir más allá. Naturalmente, hablo de la humanidad como especie, no del hombre concreto, porque ya dije que el saber está muy repartido y, por lo general, el homo sapiens sapiens, uno a uno, aisladamente, sabe más bien muy poco y tampoco podríamos decir que entre todos lo sabemos todo, porque ya hemos apuntado las diferentes actitudes que existen ante el saber. Lo único que cabría decir es que en el conjunto de las mentes de los sabios -entendiendo hoy por sabio lo que dejamos dicho: el especialista profundo que sabe mirar hacia otros lados- se atesora la esencia, el núcleo de la sabiduría humana. Pueden ser unos cuantos miles en todo el mundo, no me atrevo a aventurar la cifra. Hace ya muchos años, quizá treinta, quizá cuarenta, leí en un artículo de divulgación científica que si desaparecieran, a un tiempo, de la faz de la tierra seis mil personas determinadas, las que de hecho poseían las claves de la ciencia que había transformado al mundo, todo el avance tecnológico que ya disfrutábamos se vendría abajo. No sé precisar ni siquiera suponer cuántos miles de sabios verdaderos habrá hoy en nuestro planeta, pero sí puedo imaginar el cataclismo a que nos conduciría su desaparición simultánea.

El funcionamiento del mundo, su medida, está en sus mentes y, desde luego, la angustia de lo desconocido, pues cada uno de ellos, desde su alta cumbre, puede lanzar su mirada y enlazarla con las que vislumbra, activas, en las montañas de su nivel, pero también otear los sucesivos valles de ignorancias, las interminables llanuras desoladas e ignotas, las densas nieblas lejanas que ocultan o difuminan el horizonte.

Este es el panorama habitual del sabio. Tiene conciencia de su saber y de que hay otras cosas que saben otros y muchas más que no sabe nadie y es capaz de calcular y de prever la dimensión de lo que ignora. Y se ve obligado, de continuo, angustiosamente, a mantener el equilibrio del conocimiento, a no dejarse arrastrar hacia la amenazadora ansiedad que produce lo inabarcable.

GREGORIO SALVADOR Vicedirector de la Real Academia Española

Consecuencias de Darfur

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:03 am

DAVID MATHIESON Y JUAN RAMÓN GARCÍA

Algunos de los delegados internacionales reunidos estos días para discutir la situación en Darfur podrían estar de acuerdo con el aforismo de que no todos los problemas tienen solución. Pero esto será un pobre consuelo para los habitantes de una región que suma ya 200.000 muertos, dos millones de refugiados y otros cuatro millones que viven en campos dependientes de la ayuda humanitaria. Darfur constituye hoy la peor crisis humanitaria. Y, hasta ahora, ha desafiado todos los esfuerzos internacionales para prevenir el genocidio. La tragedia es claramente el producto de circunstancias locales altamente complejas, pero algunas de las causas son mucho más generales y no pueden ser ignoradas en un mundo cada vez más globalizado.

La región de Darfur se ubica en el sudoeste de Sudán, el país más grande de África. Sudán se encuentra entre naciones de influencia árabe como Egipto y países subsaharianos como Congo. La posición geográfica se ve reflejada en una población altamente diversa: en el país conviven más de 30 grupos étnicos y religiosos diferentes que hablan en unos 400 idiomas. Es además una zona muy pobre: de 177 países estudiados por la ONU, Sudán se ubica en el puesto 144 en cuanto a riqueza, y el sudanés medio se ve obligado a vivir con alrededor de 3 dólares diarios.

La pobreza extrema, sumada a las divisiones raciales, ha demostrado ser una combinación mortal: el norte y el sur de Darfur están habitados por nómadas árabes, mientras que el centro está ocupado por campesinos sedentarios africanos. Ambos grupos en Darfur son musulmanes, pero en años recientes los africanos han venido quejándose de creciente opresión por parte del Gobierno árabe en la capital, Jartum. En 2003, grupos africanos comenzaron a atacar bases militares del Ejecutivo, que respondió enviando milicias árabes (conocidas como ‘yanyauid’) a lanzar ataques contra la población africana. Se presume que muchas de las armas fueron proporcionadas por China, que tiene una relación cercana con Jartum basada en sus fuertes intereses petroleros en Sudán.

La miseria de lo que está ocurriendo en Darfur y en los países vecinos bien puede ser local. Pero las causas y posibles consecuencias de lo que allí sucede son muy globales. El cambio climático parece ser una de ellas. Una razón primordial por la que las tribus nómadas árabes están usurpando las tierras africanas es la desertificación causada por el descenso de las lluvias desde 1980. Este declive de largo plazo está afectando a buena parte del África subsahariana, y conduce a una creciente competencia por las tierras fértiles.

Jeffrey D. Sachs, profesor de Economía en la Universidad de Columbia (Estados Unidos), describe Darfur como una región «capturada en una trampa mortal de sequía». Sin planes regionales de suministro de agua en zonas de conflicto como Darfur y sin mayores esfuerzos por estabilizar el clima global, argumenta Sachs, los métodos tradicionales de pacificación como la diplomacia y la intervención militar están condenados al fracaso.

Una segunda causa de tensión en el África subsahariana en el futuro podría ser el crecimiento poblacional. Según los pronósticos actuales, la población europea aumentará lentamente pero con una proporción cada vez mayor de ancianos. Por otra parte, los habitantes de la enorme zona subsahariana se duplicarán en los próximos 30 años; para entonces, la mitad de la población tendrá menos de 24 años de edad. La presión para emigrar legal o ilegalmente aumentará proporcionalmente, un fenómeno al que ya estamos asistiendo. Muchas más personas son traídas clandestinamente: según un informe de Interpol, transportar a inmigrantes ilegalmente «es el negocio preferido de cada vez más redes criminales a nivel mundial».

La gran mayoría de estos jóvenes intentará entrar a Europa buscando una vida mejor. Pero no todos: hace dos semanas cuatro jóvenes fueron condenados en Londres por intentar llevar a cabo actos de terror de inspiración islámica en la ciudad. No provenían de Oriente Medio o de Pakistán, sino de países del Este de África como Etiopía y Somalia, naciones limítrofes con Sudán y también divididas por conflictos internos. Los terroristas llegaron a Gran Bretaña como refugiados cuando eran adolescentes (algunos, huérfanos) pero, aparentemente perturbados por el choque con la sociedad de acogida, encontraron una salida y una nueva identidad en el islamismo radical.

El terrorismo en Londres es, sin embargo, simplemente el microcosmos de un problema de seguridad mucho más amplio proveniente del Sahel, y que ha sido identificado con preocupación por el Gobierno de Estados Unidos. La combinación de Estados fallidos como Sudán, sus conflictos internos y la variante radical wahabista del Islam exportada desde la Península arábiga podría representar una amenaza cada vez mayor a la seguridad occidental. Como consecuencia, el Pentágono reorganizará el próximo año su estructura de mando y establecerá por primera vez un comando africano (Africom) para coordinar la presencia militar de Estados Unidos en el continente.

Pero si analistas como Jeffrey D. Sachs están en lo correcto, muchas más medidas serán necesarias para estabilizar la región. Aun si la conferencia que se celebra este fin de semana en Arusha (Tanzania) es un éxito, habrá mucho por hacer antes de que la gente de Darfur pueda vivir en paz. Un nuevo fracaso, por otra parte, podría multiplicar la amenaza para todos nosotros.

Libertad de expresión y monarquía

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:02 am

JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL ECHAVARRÍA

A veces pienso que, en relación con nuestra democracia, nos comportamos como nuevos ricos, incapaces de admitir nuestros defectos y encantados de conocernos, como si creyésemos que nuestro sistema político no requiere nuestros cuidados, pues se trata de algo que no hemos de merecer, ya que, como si dijésemos, nos es dado o, más exactamente, debido. En realidad las cosas no son precisamente de esa manera y el sistema democrático es un modo de organizarse sumamente complejo, que exige de reajustes necesarios, que debe ser objeto de un control continuo y que, sobre todo, no puede funcionar sin una determinada actitud de gobernantes y gobernados, en suma, una cultura política o actitud espiritual.

Ocurre que por diversas circunstancias muchos hemos sido los que nos hemos plegado a esta idea de la democracia española, reduciendo nuestra capacidad crítica y asintiendo de modo conformista a algunos defectos y carencias de la forma política española. Podría poner varios ejemplos de esta situación, pero en esta ocasión señalaría dos cuestiones sobre las que la reflexión crítica no alcanza seguramente el mínimo indispensable en un sistema democrático vivo como debe ser el nuestro. Por ejemplo en relación con el Estado autonómico hemos solido identificar sus problemas sobre todo en el plano técnico de la articulación, pensando que había que introducir reformas en la cooperación y participación, teniendo bien presente el modelo federal, de modo que el Estado fuese una organización eficiente, cuando en realidad donde se plantean problemas es en el plano de la integración, de manera que la solidez del Estado autonómico se funde en una comunidad espiritual que justifique la misma razón de la unión política. En este campo, sin duda, uno no puede aceptar todos los planteamientos identitarios, comenzando claro está por reclamaciones de soberanía propia o decisiones sobre el bilingüismo -imponiendo por ejemplo la obligatoriedad del conocimiento del catalán-, que se asumen en las reformas estatutarias, que, por lo demás, cuentan con importantes razones para su realización.

Pero no quería hablar de la problemática del Estado autonómico, sino de otra manifestación a mi juicio preocupante del devenir de nuestra forma política como es la de la convivencia entre las libertades y, más en concreto, sobre la idea que se tiene, especialmente por los que profesionalmente hacen objeto de su ejercicio, pero no sólo entre ellos, de la libertad de expresión. Acaban ustedes de verlo con ocasión de la publicación de la célebre viñeta en la revista ‘El Jueves’. Ciertamente el asunto tiene un gran interés, pues aunque la publicación afecte a los Príncipes, atañe a la posición de la monarquía en nuestro sistema político y a la pertinencia de los medios de protección de la misma en nuestro ordenamiento jurídico. Hay, por tanto, una primera cuestión que se refiere a la singularidad, sin duda de base constitucional, de la familia real en relación con los demás españoles, de manera que no afecta al ordenamiento igualmente una lesión de la dignidad de cualquier ciudadano, asimismo intolerable, que la de los Príncipes. Y desde este punto de vista está justificado que la protección penal sea especial en el caso de la Familia Real. Bien es cierto que los Príncipes no dejan de ser sujetos de la vida política, lo que justifica algunas restricciones de la intimidad, no de su honor, que un ciudadano ordinario, como ha reconocido el Tribunal Constitucional, no tiene por qué soportar.

Objeto de discusión ha sido también el mismo carácter penal de la protección del honor o la dignidad de la Familia Real, y por tanto la pertinencia de tipos de esta naturaleza en el Código Penal. Esta clase de críticas ignora la función del Derecho Penal en el aseguramiento de las libertades en un Estado de Derecho. Hay, en efecto, ocasiones en las que la gravedad del ataque de un bien jurídico determinado exige una respuesta contundente. Pensemos por ejemplo en quienes impiden por la fuerza nuestro derecho de manifestación o la autoridad que intercepta nuestro correo o penetra en nuestro domicilio contra nuestra voluntad sin permiso judicial. En tales casos está bien que intervenga el Derecho Penal que, en efecto, tipifica todas esas conductas, dirigiéndose un proceso judicial, legal y con todas las garantías, contra quien impida el ejercicio de nuestros derechos. La penalización de la calumnia o la injuria pueden, no se negará, resultar respuestas adecuadas, con una finalidad tanto de reparación de un ilícito pasado como de disuasión de una conducta reprobable en el futuro, ante ataques al honor o la propia imagen de todos, asimismo por tanto de la Familia Real.

También se ha criticado que el secuestro de la publicación sea una respuesta adecuada a la situación creada, dando una publicidad gratuita a una viñeta que de otro modo habría pasado desapercibida. Ésta es una cuestión interesante. Vamos a olvidarnos de quienes han ignorado que el secuestro es una facultad judicial prevista ya en la propia Constitución, lo que indica la seriedad de la medida y las dificultades de su remoción. O de quienes, sin reparar en que nos encontramos ante una medida cautelar, han, graciosamente, pospuesto su adopción como condena. Es cierto que el secuestro no ha impedido la difusión de la viñeta, pero sí ha transmitido a sus autores, al menos, la cuestionabilidad de su conducta y su posible reproche jurídico. Éste es un mensaje que la comunidad puede esperar que el ordenamiento jurídico, más específicamente, el Derecho Penal, transmita a quienes merodean un sector tan delicado como el del honor y la dignidad de una función constitucional.

Pero hay en este asunto dos cuestiones sobre las que ha de decirse algo y que, en un alarde de frivolidad, en un caso, y de inconsecuencia, en otro, han sido claramente dejadas por alto. Me refiero, primeramente, a la actuación del juez que ha ordenado el secuestro, Juan del Olmo. Puede haberse equivocado, y en ese caso el sistema jurídico prevé las compensaciones indemnizatorias a quienes hubiesen sido perjudicados, o no. Pero lo que no cabe es atribuir ligereza de ningún tipo al auto por el que ordenó el secuestro. Leída la resolución judicial, pueden compartirse o no sus argumentos, que intentan salvar la adecuación de la medida del secuestro a los requisitos del principio de proporcionalidad, pero ha de convenirse en que no se trató de una actuación precipitada o basada en el prejuicio o la animadversión. Conviene decir que una vez más, como ha ocurrido recientemente en alguna otra resonante actuación judicial, la Administración de Justicia ha funcionado con seriedad, lo cual no tiene porqué suponer necesariamente la corrección de la misma.

Pero lo que este episodio ha puesto de manifiesto es una concepción equivocada de la libertad de expresión, como libertad sin límites, como sólo y verdadero derecho fundamental, ante el cual decaerían cualesquiera pretensiones, se tratase de la defensa de otros derechos o la protección de determinados bienes o valores. Es un derecho, él sí, en auténtica posición preferente. La indispensabilidad de la libertad de expresión en el sistema democrático -según señalase ya el Tribunal Federal Constitucional en un famoso ‘dictum’: «Sencillamente sin libertad de expresión no hay democracia»-, impide su merma por cualesquiera otras consideraciones. Los excesos en que pudiesen incurrir quienes la ejercen, manifestándose de forma acerba, incómoda o dañina, son costes que una democracia fuerte bien puede, en realidad debe, asumir.

Me permitirán que me muestre crítico con esta posición. No hay derechos ilimitados, lo ha dicho hasta la saciedad nuestro Tribunal Constitucional, ni tampoco cabe admitir la jerarquización de los derechos, como si hubiese en nuestra Constitución derechos más fundamentales que otros. Ciertamente no hay democracia sin libertad de expresión, sin una comunicación sin trabas del propio pensamiento. Necesitamos hablar con libertad porque somos seres comunicativos que no aguantamos el aislamiento, que nos condena al empobrecimiento espiritual, y porque el sistema democrático necesita de nuestra crítica. Y sólo podemos participar maduramente en la vida política si conocemos otras opciones así como los defectos de quienes nos gobiernan y ocupan posiciones de autoridad. Pero tampoco hay democracia sin la garantía de nuestros otros derechos y los derechos de los demás, que el ordenamiento jurídico ha de proteger, siempre de acuerdo con la ley y por los procedimientos establecidos.

Unas décimas

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 1:01 am

MANUEL ALCÁNTARA

 

Cuando los doctores en la voluble ciencia que llamamos Economía nos dicen que la española se ha ‘desacelerado’, hay que echarse a temblar. Nos entra un frío, aunque estemos en el agosto ‘augusto y lento’ sólo comparable al que experimentan los rusos que están dedicados a la conquista del Polo Norte. ¿Cómo es posible llamar desaceleración al retroceso? Ya sabemos, por Tayllerand, que Dios nos ha dado el divino don de la palabra para poder ocultar nuestros pensamientos y que los políticos, sean del signo que sean, incluidos los que son del signo del zorro, son maestros en eludir el nombre cotidiano de las cosas. No engañan a nadie que tenga dos dedos de frente, pero saben que ese grupo constituye una minoría.

La dolorosa circunstancia de que el sector de la construcción empiece a perder empleo ha hecho que el paro suba en 4.669 personas. Aunque haya más seguridad en los andamios, ya que se sube a ellos menos gente, hay menos afiliados a la Seguridad Social y esto es muy grave para todos. Comisiones Obreras ha alertado sobre el aumento de personas obligadas a estarse quietas y empezamos a sospechar que lo más necesario en España son las grúas. Si no se construye, se hunden nuestros castillos de naipes y sólo nos quedan los que hacen los niños con arena en las playas.

Se deduce que el hombre más importante para el buen funcionamiento de la economía española es ‘El Pocero’. Si en cada provincia hubiera un par de ellos se reducirían las listas de parados en la misma medida que aumentaría la venta de palustres. Muchas de cal y muchas de arena: eso es lo que nos hace falta para que no se registren dos décimas menos del crecimiento interanual del Producto Interior Bruto. Se confirma que llamamos recesión a que nuestros amigos pierdan el empleo y depresión a perderlo nosotros.

Fichajes

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 12:59 am

JOSÉ MARÍA ROMERA j.m.romera@diario-elcorreo.com

 

Ya lo llaman así, sin tapujos: mercado. El mercado de fichajes. Reses de lujo vendidas, prestadas, cedidas o apalabradas al por menor, traídas de aquí para allá con rango de estrellas y ganancias de magnates pero mediante un sistema de contratación semejante al de los esclavos. Tal vez por eso se usa cada vez menos el verbo ‘fichar’, reemplazado por el más crudo ‘comprar’. Pero no quiere ser éste un comentario reivindicativo, entre otras cosas porque con semejantes sueldos ya tendrán quien les defienda si viene al caso. Me fijo ahora en los comportamientos de quienes pasan de un club a otro, especialmente cuando el equipo de origen y el de destino son antagonistas irreconciliables. Se habrán fijado ustedes en las filigranas retóricas que emplean para congraciarse con la nueva afición: en el fondo siempre soñé vestir esta camiseta, la temporada pasada combatí en otra trinchera obligado por las circunstancias, vengo a una institución de primer orden, esto es lo máximo a lo que puede aspirar un profesional. Lo que hace pocos meses era un odio africano contra el nuevo club, un odio a veces trasladado a la pantorrilla de los rivales ahora compañeros de filas, se transforma de repente en adhesión inquebrantable. Pero hay aficionados que se resisten a acoger al traidor, a quien creen insultar diciéndole ‘mercenario’ como si en este combate se pudiera guerrear por otra cosa que no fueran las cláusulas del contrato. Le piden algo más. Quieren una reprobación en toda regla del equipo de origen. Le exigen una declaración de principios, un juramento de sangre, un compromiso de lealtad perpetua. Y entonces las lanzas se tornan cañas y el converso adquiere de golpe el rango de símbolo identitario de la tribu. Es curioso este baile de intercambio de parejas. Divierte ver cómo algunos clubes despistados aún muestran en su publicidad a jugadores emblema que ahora visten el uniforme del contrincante. Pero el fútbol tolera estas ambigüedades, pues al fin y al cabo todo en él es cuestión de fe. Observen lo sucedido con la selección de Irak, compuesta por jugadores de creencias y etnias que fuera del campo se matan unas a otras. Su victoria en la Copa de Asia ha logrado una ilusión de paz sin toques de queda que nunca consiguieron ni las invasiones ni la diplomacia ni las fuerzas de paz internacionales. O fíjense en otra variante del dislate, ese chaval australiano de ocho años vendido por los nuevos tratantes a un equipo inglés. Como el fútbol goza de un fuero que está por encima de la ley, la razón y el sentimiento, estos absurdos de verano no sólo se toleran como hechos normales, sino que conceden más prestigio al sagrado universo del balón. Un universo donde todo es posible, incluso la metamorfosis del villano en héroe.

Puras en el callejón

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 12:57 am

TONIA ETXARRI

 

Una carrera tan desigual y sobre todo, de tan largo recorrido, la que ha realizado el socialista navarro Fernando Puras por el callejón que debía conducirle a la presidencia del gobierno, para terminar de esta forma. Sin que la dirección de su partido, la que le colocó en el puesto justo en el preciso momento en que reinaba cierta desorientación sobre la política de negociación con ETA, no le haya dado la razón en su penúltimo giro sobre la política de alianzas. No es la primera vez que la dirección del PSOE se impone, en cuestión de pactos autonómicos. El actual presidente del Senado, Javier Rojo, ya pasó por el calvario de un encierro parecido, pero en Alava, hace dos legislaturas, cuando no quería de ninguna forma facilitar la gobernabilidad al PP en la Diputación foral. Y llegó Zapatero y mandó parar.

Los navarros son y han estado más peleones, enfrentándose al aparato de su partido, para no tener que enfrentarse, así, a las asambleas y a la presión de sus bases. La dirección federal del PSOE no apoyaba finalmente (el comienzo de esta carrera no iba por estos derroteros) un gobierno con Nafarroa Bai. A pesar de que se ha ido creando un ambiente la mar de favorable en tantos círculos de opinión hacia estos buenos chicos de Na-Bai, (nacionalistas ellos pero demócratas y algunos como Patxi Zabaleta con el mérito de haber abandonado la defensa de la violencia ) desde el sanedrín que dirige Blanco se llegó a la convicción electoral de que un acuerdo con los nacionalistas les quitaría votos en los próximo comicios. Por lo tanto, más vale incordiar a UPN, desde una oposición fuerte que pactar «un gobierno difícil de explicar». Y así de claro se volvió a decir ayer en la sede de Ferraz.

Era una combinación tan difícil de entender y tan fácil de criticar, que la popular María San Gil, en su primera aparición pública tras su breve convalecencia, puso el dedo en la llaga: «Si pactan con Nabai se confirmaría que desde el Gobierno se favorecen las reivindicaciones de ETA». Al final, Puras está en el callejón. Hoy nos dirá por qué puerta sale. Si por la de la dimisión o por la de la «generosidad» política de dejar gobernar al partido que obtuvo el 42,2 % de los votos,UPN.

Lo que nadie duda es de que sus constantes giros han dañado considerablemente su imagen. Tanto está costando el pacto en Navarra que la picaresca de los veraneantes, y sin embargo, votantes, se entretiene con juegos enrevesados. A saber: si los partidos que quedan segundos han sido los primeros en el reino del poder, y en algunos casos como el PNV en Alava, los terceros se han hecho con la makila de la Diputación.. «¿por qué no votar en aluvión, a los que no queremos que gobiernen? Así , si ganan no gobernarán. Como la tendencia es dar los gobiernos a los perdedores..». Se trata de un juego que no refleja otra cosa que la decepción. Y de la decepción a la abstención, ya se sabe, la distancia es corta.

t.etxarri@diario-elcorreo.com

Precariedad incrementada Obligada estabilidad

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 12:56 am

El veto de la dirección federal del PSOE al acuerdo unánime de sus compañeros navarros para gobernar con Nafarroa Bai e IU ha despejado el camino para que UPN retenga el ejecutivo como fuerza más votada, aunque esta vez lo hará en minoría. Entre asumir la controvertida posición del PSN o eludir los riesgos del temido desgaste electoral que podría haber acarreado el pacto con los nacionalistas, la cúpula de los socialistas en Madrid se ha decantado, como se esperaba, por la segunda alternativa. La resolución solventa lo más importante que estaba en juego en Navarra, que no era otra cosa que garantizar la gobernabilidad de las instituciones antes de que el próximo día 18 venciera el plazo dado para evitar la convocatoria de unas nuevas elecciones autonómicas. Pero abre una grave crisis de confianza entre el PSOE y el partido en la comunidad foral de consecuencias impredecibles, cuyo primer y más visible efecto es haber erosionado la credibilidad como alternativa del socialismo navarro.

El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, acompañó ayer la decisión de la dirección federal de la promesa de que el PSN no provocará «situaciones de inestabilidad», aunque sí advirtió de que ejercerá su legítima labor de oposición. Sin embargo, el amargo desenlace de las negociaciones y la imagen de indecisión y debilidad transmitida acotan, al menos momentáneamente, el margen de que habrían dispuesto los socialistas para controlar la acción de gobierno de UPN en otras condiciones, al tiempo que les obligan tanto a contribuir a la solidez institucional con una actitud comprometida como a conjurar la fuerte y palpable frustración suscitada entre sus bases. Pero esas limitaciones a favor de la estabilidad política no sólo conciernen al PSN, en una comunidad caracterizada por una dilatada tradición pactista. Así lo quiso recordar el presidente navarro en funciones, Miguel Sanz, que en un ejercicio de coherencia mantuvo su disposición a asumir el ejecutivo en minoría disipando la amenaza de una repetición electoral; una eventualidad tan censurable que convierte en extemporánea la petición del dirigente de Nafarroa Bai Patxi Zabaleta para que los regionalistas renuncien a comandar un gobierno «decidido por Madrid». Todo apunta a que la crisis socialista ha podido reforzar a UPN, pero el partido de Sanz debe asumir que su minoritaria situación ha de llevarle a buscar un renovado entendimiento con el resto de formaciones y a abandonar el decálogo de exigencias con el que pretendía recortar la capacidad de iniciativa de la oposición, con el objetivo concreto de ponerse a salvo del peligro de una moción de censura. La asunción forzada de responsabilidades ha difuminado la anormalidad sin precedentes que habrían supuesto unos nuevos comicios por incapacidad de los grupos políticos para formar gobierno. Pero es inevitable pensar que podía haberse librado a la ciudadanía de tanta y tan penosa incertidumbre.
La entrada de Aralar en el próximo ejecutivo foral alavés supone el estreno de esta escisión de la izquierda radical en tareas de gobierno en Euskadi, pero no puede decirse que vaya a proporcionar la estabilidad de la que tan necesitado está el Palacio de la Provincia. El día 26, la elección del peneuvista Xabier Agirre ya anunciaba un gabinete muy minoritario (respaldado sólo por sus 14 junteros más los dos de EA). La suma de la formación que lidera Patxi Zabaleta deja los apoyos en 17 de un total de 51 representantes en las Juntas, y no despeja la precariedad del modelo de gobernabilidad que impulsa el PNV en su regreso a la institución alavesa tras ocho años de gestión del PP. Al contrario, la explícita apuesta de Aralar por ofrecer «una alternativa al constitucionalismo» y «ahondar en el trabajo común que deben llevar a cabo las fuerzas abertzales» revela un empeño ideológico de inspiración muy limitada en el territorio y, por tanto, difícilmente representativo de la gran pluralidad que caracteriza a la sociedad alavesa. Pese a su inexperiencia en estas lides, Aralar ha hecho valer ante Agirre la abstención con la que facilitó su designación como diputado general: ha pasado en sólo unos días de exigir al PNV que acordara con el PSE un «gobierno plural» a compartir un ejecutivo escasamente integrador y, además, a sentar en él a un diputado de Juventud y Promoción Social contrario a la construcción de la ‘Y’ ferroviaria vasca. Bajo la fórmula del ‘desacuerdo pactado’ que ha venido sirviendo a Ibarretxe para contar con el respaldo de Ezker Batua, el PNV vuelve a introducir en el seno de las instituciones el rechazo al proyecto más relevante para el desarrollo económico y social de Euskadi en las próximas décadas.

Réplica con reproches a María San Gil

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 12:55 am

 

El secretario general del PSE-EE en Guipúzcoa replicó ayer a María San Gil -que el jueves dijo que el PNV «ha logrado cota de poder gracias al PSE y Zapatero»- y afirmó que el PP «regaló» la Diputación de ese territorio «al PNV más radical» y, por tanto, según Buen, «tiene la responsabilidad de haber liquidado la posibilidad de una alternativa real».

Atacan el Ayuntamiento de Estella con pintura

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 12:53 am

 

Media docena de encapuchados, que aún no han sido identificados, lanzó en la madrugada del viernes diez botes de plástico con pintura roja y amarilla contra el Ayuntamiento de Estella, poco antes de que arranquen las fiestas patronales del municipio navarro. El ataque sólo ha provocado diversas manchas en el edificio consistorial.

La izquierda abertzale convoca dos marchas en la Semana Grande de San Sebastián

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 12:53 am

 

La izquierda abertzale celebrará una concentración en San Sebastián el próximo 15 de agosto para exigir al Ayuntamiento que no haga ondear la bandera española durante el día grande de las fiestas donostiarras. Los convocantes, que reclaman que «ninguna bandera extranjera» sea izada en la ciudad, mantienen también la convocatoria de una manifestación, el día 12 a las 17.30 horas, previa al comienzo de la Aste Nagusia.

Ambas convocatorias fueron anunciadas ayer por la sindicalista Maixabel Gaztañaga y el escritor José María Pérez, que estuvieron arropados por una veintena de personas, entre ellas el cabeza de lista de ANV en San Sebastián Agustín Rodríguez. Los dos portavoces leyeron un comunicado, en euskera y castellano, respectivamente, y anunciaron que la marcha, con el lema ‘La solución está en nuestras manos. Autonomía y derecho de decisión para los 4 herrialdes’, reivindicará «una solución democrática» al conflicto vasco, basada en la denominada ‘Propuesta de Marco Democrático’ de la izquierda abertzale.

Puertas cerradas

Durante la presentación de esta marcha -polémica en los últimos años aunque el pasado no hubo incidentes por la amenaza de suspensión, efectuada por Baltasar Garzón, si se producía algún altercado-, los portavoces denunciaron que el Gobierno socialista, «con la inestimable ayuda del PNV, y sin tener en cuenta la naturaleza histórica y política del conflicto, ha cerrado las puertas a la solución definitiva».

De la misma forma, los portavoces exigieron a la Corporación municipal que no ice ninguna bandera «extranjera impuesta a Euskal Herria» el día 15, jornada central de la Aste Nagusia donostiarra. Por ello, se concentrarán frente a la Casa Consistorial a mediodía la mañana con el enunciado ‘La solución está en nuestras manos. ¿Ikurriña sí, española no!’.

Askatasuna denuncia los controles de la Guardia Civil

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 12:51 am

 

Según indicaron, han denunciado en el Juzgado de San Sebastián los presuntos malos tratos sufridos en dos controles del instituto armado en la carretera que une Markina y Aulestia, y en Hernani. Los denunciantes dijeron haber recibido «amenazas» y «golpes» por parte de los agentes, que, en opinión de Olano, actúan «con total impunidad».

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