España es una merienda de negros

Septiembre 9, 2007

Carta al presidente del Gobierno

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:45 am

POR MARÍA JESÚS PÉREZ

Estimado señor D. José Luis Rodríguez Zapatero, le escribo estas líneas ante la extrañeza que me han provocado sus últimas declaraciones tras visitar a don Emilio Botín. Una vez más nos intenta convencer de que su excesivo y creciente optimismo sobre el futuro económico español está «lleno de realidad». Su realidad. Y perdóneme que se lo diga así, una realidad, sin duda, paralela y muy distinta de la que vivimos la inmensa mayoría en este país. Dice, una vez más, que la economía está muy preparada para hacer frente a las turbulencias y que es «en este momento cuando va a demostrar realmente su fortaleza». Sigue «erre que erre» con ese paisaje idílico que gusta usted pintar sobre la economía española.

Le voy a dar algunos titulares de noticias publicadas en este mismo periódico, durante la última semana, por si le ayudan a ver esa otra realidad, paralela en el tiempo que, aunque no se lo crea, vivimos la mayoría de españoles: «El paro supera los dos millones de personas en el peor agosto en 20 años»; «La confianza de los consumidores cayó al mínimo anual el último mes»; «La hipoteca se paga ya al 5,32%, y los créditos al consumo al 9,64%»; «Los créditos se desaceleraron en junio por primera vez en cinco años»; «El pan subirá al menos un 40% hasta final de año y el precio de la harina se habrá duplicado». ¡Ah! Uno más, señor presidente, por la importancia e influencia para usted y su Gobierno de quien da el mensaje: «Solbes reconoce que hay una situación de incertidumbre que es mala para la economía». Blanco y en botella. Sobran más palabras. Un saludo.

La Iglesia tiene un problema

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:44 am

POR GERMÁN YANKE

Comienza el curso con la polémica -o la batalla- por la asignatura llamada Educación para la Ciudadanía. El nombre que le han dado ya es particular, basado quizá en la idea de que no basta con ser ciudadanos, que es algo que la ley y el Estado deberían reconocernos, sino que hace falta, para que las instituciones funcionen, para que la democracia sea verdadera, un tipo concreto de ciudadanos. Aquella broma de que la democracia tiene de bueno que podemos elegir a nuestros gobernantes y de malo que no podemos elegir a nuestros conciudadanos parece querer ser rectificada con un programa educativo. Bertolt Brecha, que había escrito un poema bastante regular en elogio del «partido», ironizó después sobre la necesidad de cambiar de militantes cuando los militantes se oponen a las directrices de los jefes.

Desde luego, leyendo los criterios (legales, no de los comentaristas) con los que se plantea la asignatura, no se trata de enseñar a los alumnos el funcionamiento de la democracia, las instituciones del Estado y los valores constitucionales, sino de algo más. Todo esto estaría muy bien, pero lo demás resulta impresentable y ciertamente hortera: una educación de «las emociones», una suerte de mermelada antropológica que antepone un determinado concepto de la «ciudadanía» sobre el concepto de ciudadano y sus derechos, un trasfondo ideológico que da paso a una moral determinada y, además, una caja de Pandora: ahora, al parecer, la educación vial también va a ser parte del programa.

Se comprende, por tanto, que muchos padres, a los que corresponde constitucionalmente el derecho a la educación moral de sus hijos (hasta el punto de que el Tribunal Constitucional estableció que los centros públicos deben ser «ideológicamente neutros»), se opongan a este intento de imponer obligatoriamente unas enseñanzas, por muy caóticas que sean a la vista de la disparidad de los manuales, que no responden al papel que el Estado debe jugar y que sobrepasan el sentido común con el que debe ser explicado el funcionamiento de las instituciones democráticas. Si a ello se añade la idea latente de que la democracia sería imperfecta o insuficiente sin unos ciudadanos «adecuadamente enseñados», es lógica la oposición no sólo de muchos padres, sino de muchos ciudadanos que no lo son.

En esta polémica, la Iglesia española ha entrado de lleno, como continuación a una preocupación ya manifestada reiteradamente de la Conferencia Episcopal sobre la imposición gubernamental de un «laicismo» que va más allá o, sencillamente, contradice la aconfesionalidad del Estado. Pero los modos en los que se ha mostrado la oposición de la Iglesia a la asignatura son dispares. Unos, como el cardenal Rouco, desde un serio punta de vista jurídico, o monseñor Blázquez, más a pie de tierra, han defendido la libertad de los padres a elegir una educación basada en los valores cristianos que no sería compatible con el curioso guiso de «ropa vieja» de los presupuestos de la asignatura oficial. Aunque a la Iglesia española le falte un punto de habilidad (estos días se recordaba, por ejemplo, la diplomacia desplegada por el cardenal Lustiger, el trato personal y la discusión intelectual con los políticos franceses en sus muchas discrepancias en materia educativa), no hay nada que oponer a esas protestas. De hecho, aunque a mucho progresista inculto sorprenda, no se trata de la defensa de «un derecho de la Iglesia», sino de una concepción moderna en la que el cristianismo ha tenido un papel histórico importante, como ha estudiado Marcel Gauchet: el paso de la heteronomía -la razón determinada por algo ajeno- a la autonomía personal.

El problema estriba, sin embargo, en otras propuestas, que parecen encarnarse en el cardenal Cañizares: querer que los ciudadanos católicos y sus organizaciones educativas se opongan a la asignatura de un modo que la propia Iglesia no quiere adoptar, con una contundencia que eluda una cierta capacidad de negociación para que esta enseñanza, sin incumplir la ley, no desborde los criterios de libertad de elección y el sentido común. Está por ver, en este escenario, la voluntad de los poderes públicos, que son los que se han inventado el «ciudadano» conveniente, pero no por ello puede considerarse el intento como un abandono de principios hasta convertirse en algo manipulable o «instrumentalizable».

El cardenal Cañizares, en una carta pastoral del pasado mayo, reclama la reacción de los católicos, plantea tácitamente como conveniente la objeción de conciencia, y añade que las escuelas de su diócesis tienen la obligación de ofrecer esa asignatura por imperativo legal aunque busquen los medios para no traicionar el ideario. La paradoja del obispo pidiendo objetar lo que el obispo avala en sus centros es el problema. Si la Iglesia fuera realmente independiente económicamente del Estado, si los católicos hubieran apostado por un sistema educativo igualmente independiente, basado en el cheque escolar o en la desgravación fiscal y no en la concertación, quizá el cardenal no tendría que colocar delante y contra la ley a sus fieles para quedarse él detrás cumpliéndola.

La oposición tranquila de Tomás Gómez

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:43 am

POR MAYTE ALCARAZ

Los nuevos modos de hacer oposición por parte de los socialistas madrileños empiezan a asomar la patita. La sustitución de Matilde Fernández, persona de la más absoluta confianza de Rafael Simancas, por Maru Menéndez, una vallecana de UGT con gran futuro dentro del PSM, es indiciario de que Tomás Gómez quiere cerrar la etapa simanquista antes pronto que tarde.

En este periódico se ha contado cómo el alcalde de Parla y máximo dirigente de los socialistas de Madrid tiene -pero sobre todo fomenta- un perfil muy similar a Zapatero: le gusta hablar de talante, practicar el buenismo y sonreir, sonreir mucho. Gómez ha dejado claro entre sus fieles que lo de oponerse al PP con sus mismos modos se ha acabado en la sede del Parlamento de Vallecas, y que hay que poner en marcha una réplica más constructiva y razonada. No quiere una oposición dura porque sí a los populares en el Congreso de los Diputados por parte del PSOE. Para ello, ha pedido coherencia a sus compañeros y que no lleven a la practica aquello que censuran a sus adversarios.

Se le ha oído decir al secretario del PSM que «Esperanza Aguirre también hace cosas bien y hay que reconocérselas, porque eso nos dará luego argumentos para criticarla sin complejos cuando cometa errores». De hecho, un encuentro entre ambos pondrá sobre la mesa el nuevo hacer de cada uno y, con toda seguridad, marcará si hay o no sintonía en esta nueva legislatura.

La Ejecutiva regional socialista está ya cortada a la medida de Gómez (también el grupo parlamentario en la Asamblea) y hace unas horas se despejaba el nombre del elegido para ser adversario de Gallardón: David Lucas, de quien ha dicho el regidor de Parla que «representa y encarna el espíritu del nuevo socialismo madrileño». En Moncloa también van al pairo de esos nuevos vientos que trae el secretario general en busca de los votos perdidos. Zapatero ya ha devorado a sus hijos: Rafael (Simancas) y Miguel (Sebastián)son sólo una mala digestión -olvidada- para el presidente. Quién recuerda ya que fue él su principal mentor durante la campaña electoral más desastrosa de Ferraz en Madrid.

Las capas de la cebolla

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:42 am

POR ÁLVARO DELGADO-GAL

Los hechos, como las cebollas, se componen de capas superpuestas, que el analista debe ir levantando hasta que llega a un centro o núcleo original. Por ello mismo, todo análisis es a la vez un viaje de fuera adentro: se empieza por la capa somera, y se termina en la yema, que es también la parte más sabrosa de la cebolla, o en este caso, del hecho. El comentario viene a cuento del grandioso proyecto inmobiliario que Chaves acaba de anunciar desde la cúspide de la Junta de Andalucía. Por su cara externa, la noticia presenta una apariencia esencialmente cómica. Resulta evidente que se trata de un guiño al elector, falaz por más señas. No se dispone de tiempo para tramitar la ley antes de las legislativas y, por tanto, lo más probable es que el asunto se quede en agua de borrajas, como lo hicieron las promesas, igualmente chavistas, de asegurar una habitación individual a cada enfermo o un sueldo a las amas de casa. Aparte de esto, las propias dimensiones del proyecto alimentan la incredulidad. La dádiva alcanzará, en teoría, a todo andaluz cuyos ingresos se hallen por debajo de los tres mil euros mensuales. En Liechtenstein, los interesados habrían constituido una minoría. En Andalucía, representan al noventa por ciento de la población. Lincoln afirmó, famosamente, que puedes engañar por algún tiempo a todo el mundo, y puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo. Cabe trasladar la reflexión a la economía: es posible hacer pequeños regalos a un gran número de personas, y grandes regalos a un número pequeños de personas, pero no grandes regalos a un número grande de personas. Lo de Chaves es una broma, proferida en una región poco exigente con sus políticos.

Broma sin gracia

La broma pierde gracia apenas se pasa a la capa siguiente. Chaves se ha limitado a añadir una nota pintoresca a una ofensiva que los optimistas hermosean con el título de «giro social». Éste lleva la rúbrica afiligranada del presidente del Gobierno. La ocurrencia del cheque/bebé, formulada en el Congreso de Diputados sin el conocimiento previo del ministro de Economía, se incrusta en un entramado prolijo de promesas cuya suma importa muchos millones de euros, los suficientes para liquidar los superávits contemplados por los expertos antes de que se insinuara la crisis. Lo que esto significa, es que vamos a aprovechar los meses inmediatos para hacer lo contrario de lo que debería hacerse. La situación es escandalosa, y anuncia tensiones muy serias entre Solbes y Zapatero.

Hemos asistido ya al primer acto del pulso entre ambos: el ministro lanza avisos y anticipa cautelas, mientras su presidente «garantiza» que no habrá crisis ni Cristo que valga y convoca a Botín para conferir solemnidad a su caución. El desenlace no improbable de este pugilato podría ser el abandono de la vida pública por Solbes tras las elecciones y el inicio, si Zapatero gana, de un Carnaval económico justo cuando toca Cuaresma rigurosa.

¿Qué viene luego? Pues Carmen Chacón, la ministra que han puesto en lugar de María Antonia Trujillo para cuadrar el círculo de la vivienda. Chacón ha aplaudido la iniciativa de Chaves y ha invitado a otras comunidades a imitar su ejemplo. Es fácil explayar la naturaleza disparatada de esta propuesta. Chaves no podría financiar su idea salvadora sin las rentas que genera Cataluña y, sobre todo, Madrid. ¿Con qué dinero se financiaría la oferta masiva de vivienda pública en estas comunidades, una vez privadas ambas de sus excedentes? ¿Y qué pasaría en el resto de las autonomías? Nos enfrentamos al sudoku denunciado por Solbes, sólo que a lo bestia. No es concebible que Chacón no advierta que se está quedando con el personal, ni lo es que se haya atrevido a hacerlo sin las bendiciones de Moncloa. La conclusión es clara: las primeras providencias del Gobierno, tras haber acelerado el desarreglo del territorio, es emitir especies que contribuirán a desarreglarlo todavía más. Que siga la fiesta, y mañana Dios dirá.

El corazón de la cebolla está hueco, y en su interior resuenan, fúnebremente, los ecos de un «Memento mori». Jefferson observó, en «La declaración de independencia», que todos los hombres tienen derecho a perseguir la felicidad. Lo que se desprende de aquí, es que los gobiernos están en la obligación de remover algunos de los obstáculos que impiden conseguirla, no que sea de su competencia asegurar materialmente mi felicidad o la suya. El desarrollo venturoso del Estado de Bienestar, y la menos venturosa demagogia concomitante, han velado esta saludable reserva. La Constitución Española asevera, tontamente, que todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna. Chaves huele voto, ve brecha, e invoca la autoridad de la Carta Magna para disponer de recursos ajenos en beneficio de los intereses propios y de su partido. Esto, además de ser una estafa, revela una pasmosa ignorancia de los límites a que deben estar sujetos los poderes públicos. El socialismo se merece otra cosa. Arriba y debajo de Despeñaperros.

Un partido de caballeros

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:41 am

POR FERNANDO IWASAKI

He decidido apoyar la iniciativa promovida por Fernando Savater, porque considero que sus principales señas de identidad son la sensatez, el conocimiento y la decencia. Y aunque en España no existe un debate ideológico, en este momento urgen propuestas más razonables que ideológicas. Así, teniendo en cuenta lo que están haciendo desde el gobierno y lo que dejaron de hacer cuando gobernaron, ninguno de los dos grandes partidos nacionales parece estar en condiciones de plantear una reforma radical de la ley electoral o de restaurar las competencias del Estado en materia de Educación.

Estoy de acuerdo con reformar la ley electoral para evitar que los votos de unos individuos que apenas llenan un campo de fútbol sigan condicionando la política nacional; estoy de acuerdo con la convocatoria de una segunda vuelta electoral que impida los pasteleos parlamentarios, y estoy de acuerdo con la existencia de listas abiertas y votos preferenciales que nos permitan a los ciudadanos elegir directamente a nuestros representantes. ¿Por qué se rompió el consenso en la lucha contra el terrorismo? Entre otras cosas, quizás porque no existían las condiciones reivindicadas en las líneas anteriores.

Por otro lado, me alarma la deplorable situación de nuestra Educación, que ha dejado de ser competitiva a nivel europeo y que malvive erosionada por la indisciplina, la mediocridad y la violencia. ¿Por qué cuando se habla de Educación, los grandes partidos siempre lo hacen o en clave confesional o en clave autonómica? Tal vez porque no les interesa el conocimiento y así se explica que asignaturas como Religión y Educación para la Ciudadanía les preocupen mucho más que las ciencias, los idiomas y las humanidades. Por eso decidí afiliarme a UPD, porque también estoy a favor de devolverle al Estado las competencias en materia de Educación, restaurar la autoridad de los maestros, combatir la indisciplina y entronizar la excelencia.

A estas alturas de mi vida -es decir, con tantas cosas vistas, leídas y vividas- nadie podrá convencerme de que la militancia en un partido, la creencia en determinada religión o la asunción de cierta identidad nacional, garantiza la excelencia de los individuos. ¿A qué Dios rezan los pederastas? ¿A qué partidos votan los maltratadores? ¿A qué patria traicionan los corruptos? Ninguna persona es mejor que otra por su nacionalidad, su religión o su ideología, porque lo que realmente hace a unos mejores que otros no es la solidaridad sino la generosidad, no es la tolerancia sino el respeto y no es la corrección religiosa o política sino la decencia. Siempre he reconocido estos valores en Fernando Savater y sé que apoyando la opción que él representa no me voy a sentir avergonzado jamás, porque los que nos avergüenzan nunca son quienes no piensan como nosotros, sino los que supuestamente piensan como uno.

Por último, saber que no existe la obligación de ganar me hace sentir que estoy ante un partido de caballeros, porque aprendí de Borges que los caballeros siempre defienden las causas perdidas.

Dudas económicas

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:40 am

POR KATIA BALLANO GÖRING

El azote de la crisis financiera que por «efecto dominó» se propagó desde EE.UU. a los mercados europeos ha terminado por darle la razón a un economista poco conocido y ya fallecido. El semanario alemán Stern publicaba ayer un artículo dedicado a Hyman Minsky, que, tras ver cumplido su pronóstico, «está en boca de todos en Wall Street». Minsky «predijo en sus análisis lo que en estos momentos está sucediendo en los mercados financieros internacionales: una repentina crisis a pesar del boom económico». Su teoría sostiene que «durante una fase prolongada de despegue de la economía internacional, los inversores profesionales se vuelven demasiado osados. A la caza de réditos, se endeudan más y más y corren mayores riesgos, sin asegurarse suficientemente». A pesar de que «la teoría de Minsky es simple y lógica, durante largo tiempo hacía sonreír a la corriente dominante de economistas estadounidenses», recuerda el rotativo.

Desde Francia, Le Figaro se hace eco en una entrevista de las palabras del presidente y director general de la Société Générale, Daniel Bouton, quien lanza un mensaje tranquilizador: «La crisis está bajo control». Considera Bouton que los bancos centrales han reaccionado bien, puesto que «sus intervenciones han sido muy oportunas en cuanto a la inyección de liquidez», y asegura que «no hay riesgo de inflación». La última inyección de liquidez se produjo el pasado jueves, pero el Banco de Inglaterra advirtió, según The Times, de que aún era «demasiado pronto para prever cuánto daño ha ocasionado la restricción de créditos a la economía real». Frente al mensaje positivo de Bouton, el diario británico apuntaba que «los bancos continúan negándose a realizar préstamos entre ellos, debido a que la incertidumbre se mantiene después de la crisis inmobiliaria estadounidense».

En Chile, El Mercurio seguía con atención el buen talante de la Infanta Leonor, «quien podría ser un día reina de España» y que se enfrentaba el viernes a su tercer día de guardería, en el que «posó con sus padres a la entrada de la escuela infantil del Pardo».

Pro

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:39 am

POR JON JUARISTI

EL nuevo partido impulsado por Rosa Díez, Fernando Savater, Carlos Martínez Gorriarán y Mikel Buesa -entre otros- pretende combatir, en el futuro próximo, la deriva confederal de la izquierda y la deriva clerical de la derecha. Eso dicen, al menos, sus promotores. O sea, que la formación neonata se inserta en la tradición de lo que en España fueron los partidos republicanos, cuya cultura política común consistía precisamente en el nacionalismo progresista, tan bien estudiado por Andrés de Blas, y en el laicismo (o anticlericalismo, a secas). A mí, con independencia de la simpatía que me suscitan ciertas figuras de dicha corriente (no todas), me parece que la historia del republicanismo español es una sucesión de chapuzas y fracasos debidos a la manía de poner las ideas por encima de los intereses y problemas concretos de la gente. Me alegraría mucho que el nuevo partido eludiera un destino semejante, pero la fórmula escogida no presagia resultados muy distintos. Las formaciones republicanas del pasado, que fueron legión, se vieron siempre rebasadas por la izquierda o por la derecha y sus breves trayectorias terminaron todas de modo cómico o trágico.

Cuando hablo de republicanismo, no me refiero, naturalmente, al ingrediente antimonárquico, que ya no es esencial. En lo referente a la forma de gobierno, el republicanismo de nuevo cuño puede permitirse el lujo de ser accidentalista, como lo fueron los socialistas de la época de Felipe González, antes de que Rodríguez se hiciera un lío con su memoria ancestral y las recetas de Petit. El republicanismo consiste hoy, como ayer, en la mezcla habitual de nacionalismo demótico y laicismo, que a estas alturas de la película necesita justificarse recurriendo a una ficción: el clericalismo de la derecha.

Primera constatación: la derecha española actual, mayoritariamente católica, no es clerical. Por ejemplo, el PP apoyó la intervención americana en Irak, contra lo que era entonces la posición de la Iglesia. Se puede estar en rotundo desacuerdo con esa política, pero sería estúpido calificarla de sumisa al Papa. Ni en política territorial ni en política antiterrorista parece que el PP haya esperado nunca a que la Conferencia Episcopal se pronuncie, y no ha desarrollado legislación alguna en materia de costumbres, algo que a los socialistas les chifla. Otra cosa es que el PP resista al anticristianismo primario de los progresistas, lo que también hacemos otros que ni siquiera somos cristianos (y más, cuando el anticristianismo y la judeofobia vienen en el mismo paquete). Segunda constatación: el clericalismo es hoy un fenómeno fundamentalmente de izquierda, vinculado a la compulsiva imposición de las doctrinas del clero laicista en materia de sexualidad, salud, educación, multiculturalismo y corrección política al conjunto de la sociedad. Los clérigos abusones no están hoy en los templos y en los púlpitos, sino en las universidades, en los medios de comunicación y en los equipos ministeriales.

El objetivo declarado del nuevo partido es la regeneración de la izquierda. Con todos los respetos, me parece una ilusión teñida del rancio clericalismo del sesenta y ocho, que produjo tantos grupúsculos de clérigos maoístas, trosquistas, consejistas, situacionistas, etc., empeñados en regenerar a las masas comunistas aburguesadas y en proponerse como alternativa a las burocracias traidoras de los grandes partidos. No regeneraron a nadie, sobra decirlo. Como escribió de ellos Pasolini, obedecieron desobedeciendo. No otro es el riesgo de PRO: consolidar la hegemonía de la izquierda degenerada, ofreciendo a sus descontentos un sumidero electoral que sin duda restará apoyos a la única alternativa real, hoy por hoy, al bloque zapaterista. Lo digo con pena, porque quienes auspician el proyecto son gente valiosa y honesta. Probablemente, los mejores de la izquierda española. Me habría gustado ver en ellos la decisión y el realismo de los mejores de la izquierda francesa, que han desafiado el antisemitismo rampante y el antioccidentalismo suicida de la progresía, sin miedo a ser tachados de reaccionarios (pues de eso se trata, de reaccionar eficazmente contra la estupidez). Pero los nuestros han optado por la endogamia neorrepublicana, que es más abrigadita. Rodríguez debe estar bailando jotas.

la novela de la «Diada»

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:38 am

POR M. MARTÍN FERRAND

EN estas mismas páginas dejó dicho Ramón Pérez de Ayala que una novela está lograda si somos incapaces de separar de ella partes superfluas. ¿Será trasladable tan brillante método analítico a la política? Aquí y ahora parece que no. Todo es superfluo, cuando no falsificado, en nuestro entorno público y el poder, entendido como forma de osten-tación, no se aplica a la deseable transformación de la realidad, sino a la perpetuación de sus titulares. José Luis Rodríguez Zapatero es un buen ejemplo de ello. Si le arrancáramos cuanto en él es objetivamente superfluo se nos quedaría en nada. ¿Hay algo dentro del personaje, alguna ambición descriptible y algún proyecto más allá de la imposible, y dolorosa, invención del pasado?

Ahora, en vísperas del Onze de Septembre, es uno de esos momentos del año en donde lo superfluo resulta inseparable de lo fundamental. Se confunden. La Diada es el triunfo de la imaginación como superchería de la Historia y, dados como son al victimismo, los catalanistas se rasgan las vestiduras y conmemoran algo que sucedió de modo muy distinto al que celebran y propagan. No es cosa de abundar en ello, que el folclore no es la especialización de esta columna; pero sí conviene subrayar que, tras el acierto -¿el único?- de Josep Piqué de no participar en la fantasmagórica liturgia de la efeméride, el PP vuelve a equivocarse. Su nueva cabeza catalana, Daniel Sirera, pagará a sus vecinos de Parlament el tributo de asumir la falsedad de la memoria inventada y, en su caso, soportar los abucheos de rigor.

El problema de Cataluña, vista como parte integral de España, no es el de una fecha ni el de un líder ni, tan siquiera, el de un partido político. Es, abundando en el símil literario, el de quitarle mucho de lo que le sobra para que aflore todo cuanto es y puede ser. Algo mas que un bosquejo de nación a la deriva para bien de unos caciques locales, grandes en su ámbito y sin contrastar en el que, de verdad, les corresponde. Este año, dada la inconsistencia del grupo de poder que preside José Montilla, la rabieta que impulsa a sus opositores y la urgente necesidad de los estrategas separatistas de hacerse notar, la Diada será ruidosa y llena de contradicciones: una versión poco corregida y muy aumentada de las anteriores. Tanto es así que Josep Antoni Duran Lleida, que siempre quiso estar sin ser, parecer sin arriesgar, influir sin compromiso, dar sin merma y recibir sin contrapartida, se ha buscado una excusa para no estar, como líder de la U de CiU, en donde, pánfilo, estará Sirera.

Evocaba a Pérez de Ayala en el arranque de este comentario porque tan insigne asturiano fue en su día uno de los fundadores, con José Ortega y Gasset, de la «Liga de educación política española», una de esas intentonas tan meritorias como efímeras que tanto nos definen. ¿No nos está haciendo falta otra liga con el mismo fin e idéntico rótulo?

Las cuentas de la plataforma

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:38 am

POR IGNACIO CAMACHO

EN democracia los votos no son de los partidos sino de los ciudadanos, que cada cuatro años se los dan -o se los prestan, más bien- a las fuerzas que según su criterio más se lo merecen, o se los guardan por desconfianza en los intermediarios de la soberanía popular. No procede, por tanto, sugerir que la nueva Plataforma Pro -cabe suponer que sus promotores habrán caído en la cuenta de que esas siglas coinciden con las del Partido Popular- le va a «quitar» votos al PP o al PSOE, porque el sufragio es para el que lo trabaja, porque su titular no es quien lo recibe sino quien lo otorga y porque a camarón que se duerme se lo lleva la corriente. A partir de esta obviedad, necesaria en medio de un debate interesadamente confuso, se puede especular sobre quién puede perder los escaños, no los sufragios, que eventualmente saque la nueva candidatura, pero incluso en este trance conviene aclarar que el sistema proporcional español no produce una asignación automática de diputados, sino que en muchas ocasiones depende de la atribución de los restos arrojados por los cocientes de la regla De Hont por la que se rige el escrutinio.

Hecha esta aclaración, y hasta que las primeras encuestas dibujen la reacción de la opinión pública, las perspectivas de la nueva formación no resultan en absoluto devastadoras. Carlos Martínez Gorriarán, hombre honesto e inteligente, las ha situado de manera sensata y cautelosa en tres escaños, y aun esta cifra parece posible sólo si los novatos concurren coaligados o fusionados con la plataforma de Ciudadanos de Cataluña y arraciman votos de quienes ahora mismo están dispuestos a abstenerse. Dos o tres diputados entre Madrid -si la lista la encabeza Rosa Díez- y Barcelona, más otro en el País Vasco, constituirían un resultado para que se diesen con un canto de felicidad en la sonrisa. El segundo en el País Vasco sería una sorpresa, y una propina en cualquier otro sitio -llave del grupo parlamentario propio- entraría simplemente en el ámbito del prodigio.

Con estas cuentas, lo razonable es colegir que los eventuales escaños de Madrid y Barcelona serían restados del resultado del PP, mientras que la cosecha del País Vasco pueden obtenerla a costa del balance socialista. En cualquier caso lo importante es que de cumplirse esta previsión la Plataforma se hallará lejos de su intención de evitar la bisagra nacionalista, a menos que uno de los dos grandes partidos quede al mismísimo borde de la mayoría absoluta. Con la fotografía que dibujan los sondeos más recientes, el nacionalismo catalán -e incluso el vasco- continúa perfilándose como elemento necesario para la gobernabilidad de España, por más que esta paradójica recurrencia se haya vuelto indeseable para tanta gente que parece abrir un hueco a quienes se proponen explícitamente rechazarla. El intento de cuestionarla ya merece, desde luego, una simpatía por el coraje de quienes lo intentan, pero no quisiera estar yo en su pellejo si sus votos resultasen decisivos para la investidura de un candidato… que para obtenerla necesitase además los de CiU y/o el PNV.

Las estadísticas son xenófobas

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:37 am

POR ANTONIO BURGOS

POR lo visto, no soy el único en practicarlo. Carlos Colón, en un espléndido artículo en la competencia, lo hacía también el otro día. Me refiero al triste pasatiempo de ir apuntando los más truculentos sucesos, tomados al oído de los telediarios que chorrean sangre o anotándolos en la lectura de los periódicos. Es un sudoku de la violencia. De la verdadera violencia, no del terrorismo etarra que disfraza de violencia el gachó al que ahora, mangas verdes, se le llena la boca de «Gobierno de España», cuando lo que de verdad gobierna es lo poquito que queda de ella, tras destrozarla y dejarla hecha unos zorros.

Apuntando sucesos de navajas manchadas de sangre y de escopetas con los cañones humeantes tras aventarle dos tiros a un pobre hombre, se llega a la conclusión de que las estadísticas deberían estar prohibidas, porque son completamente xenófobas. Las estadísticas hacen creer que aquí, como si no tuviéramos suficientes delincuentes, nos hemos dedicado a la importación de indeseables de todo el mundo. Mi lista tomada al oído no es exhaustiva. Se trata únicamente de los apuntes de los últimos siete días. Pero usted puede continuarla, porque esto, por desgracia, va a peor, como el euríbor. Miren con lo que nos hemos encontrado sólo en esta semana:

Un emigrante desesperado se quema a lo bonzo en Castellón. Rumano.

Una mujer, en estado grave tras ser rociada por su pareja con un liquido tóxico en Madrid. También rumanos.

Muere un bebé de once meses en Reus por presuntos malos tratos familiares; la Policía detiene al compañero de la madre, de 18 años, que estaba al cuidado del niño. Dominicanos.

Cae en Madrid una banda compuesta por diez individuos, que falsificó 400.000 euros. De los mocitos pintureros, cuatro búlgaros y seis rumanos.

Detienen a un grupo de cogoteros que asaltaban a sus víctimas, sobre los que se abalanzaban a la salida de bancos. Chilenos.

Durante las fiestas de Navas del Rey, un grupo agrede a un guardia civil de paisano tras un arresto. Portugueses.

Detienen en Marbella a dos hermanos reos, fugados de Estados Unidos, donde cumplían condena por homicidio.Ingleses.

Capturan en Mijas al acusado de una violación en un hotel de la Costa del Sol. Inglés.

¿Para qué seguir? Del «papeles para todos» parece que hemos pasado al «todos empapelados, por delincuentes». Con honrosas excepciones continentales. Me sorprende que con la cantidad de africanos que llegan cada día a Canarias y a Andalucía en las condiciones más dramáticas, conmovedoras y lamentables, no haya en estas listas de los sucesos violentos tomadas al oído tanta presencia de personas procedentes de la patera o del cayuco, sino que más bien se trata de lo mejor de cada casa europea del Este o sudamericana llegado a través de los coladeros oficiales de la frontera francesa o del aeropuerto de Barajas.

Lo más triste es que damos por inevitable y natural este Puerto Hurraco de importación. Mientras no asaltan un chalé o matan a un padre de familia, no nos preocupan. Es como una reescritura de la gacetilla de aquella tragedia ferroviaria: «Afortunadamente, todos los muertos eran de Tercera». Gracias a Dios, los muertos en el tiroteo de anoche son búlgaros, o ecuatorianos, o dominicanos, o colombianos, ellos con ellos, cosas de drogas y de ajuste de cuentas. Por no hablar de las bandas de crimen organizado que, como en los clubes de fútbol, ocupan plaza de extracomunitarios.

Y si con este pasatiempos trágico de las estadísticas xenófobas se aburren, intenten otro. Apunten las circunstancias de los uxoricidios, en la llamada violencia doméstica o de género. La inmensa mayoría de los crímenes se producen entre parejas no casadas ni por la Iglesia ni por el juzgado. Lo que en los pueblos llamaban arrejuntados y ahora parejas de hecho, compañeros sentimentales y tal.

Como que deberían prohibir estas estadísticas tan xenófobas y tan machistas. No vendría malamente un apagón informativo. Porque aquí, como saben. No Passsa Nada con la inmigración.

El fracaso del Gobierno en el Magreb

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:35 am

El ejercicio de la política exterior está muchas veces constreñido por la evolución de acontecimientos que un país determinado no puede controlar ni prevenir en solitario. Otras veces, sin embargo, son los gobiernos los que eligen cuál es el camino a seguir entre las opciones posibles. En este caso, la decisión de abandonar el equilibrio histórico que España había mantenido en el Magreb fue una decisión unilateral del Gobierno socialista, al que sólo empujaban su propio voluntarismo e ingenuidad, los mismos que José Luis Rodríguez Zapatero ha aplicado en tantos campos. El resultado es que aquella estrategia no ha contribuido en nada a la solución del conflicto del Sahara, sino todo lo contrario, puesto que supuso la destrucción del «Plan Baker» y, a la vez, que la diplomacia española esté, tres años después, trabajando a toda máquina para intentar resolver los desaguisados que su política ha causado a nuestros intereses, desde ruptura de contratos -aunque en el último caso del gas argelino pueda haber razones superpuestas- a la pérdida de toda capacidad de influencia en la zona, consecuencia de haber dejado de ser imparciales.

A cambio de tan generosa intervención a favor de Marruecos, sin embargo, España sólo ha recibido cierto aumento de la eficacia en el control de la emigración, lo que sólo demuestra -si la prueba hubiera sido necesaria- que cuando las autoridades de Rabat no controlaban este flujo era también una decisión deliberada por su parte. Y de todos modos, el éxodo migratorio continúa, ahora a través del mar y hacia Canarias, de modo que para nosotros el problema sigue siendo el mismo, si no peor. Se podría decir que se ha preferido defender las preocupaciones del régimen marroquí -al que sus propios súbditos acaban de enviar una señal inequívoca, ignorando los llamamientos oficiales a las urnas- que la posición tradicional de la diplomacia española. En el Magreb, el Gobierno eligió seguir la estela de Francia, cuyos intereses son claramente distintos a los nuestros en la zona, lo que hecho que el gran beneficiado de este cambio de rumbo diplomático sea precisamente el Gobierno de París.

Este es el triste resumen de lo que ha sido la política del Gobierno socialista en el Norte de África desde su llegada al poder. Igual que su extravagante propuesta de la Alianza de Civilizaciones ha terminado en los archivos de la ONU y en las papeleras de muchas capitales, la inocente presunción de que el Gobierno socialista podría resolver el conflicto del Sahara en cuestión de meses solamente demuestra su inexplicable desconocimiento de la extrema complejidad del asunto. Costará mucho tiempo recuperar el terreno perdido, pero no hay más remedio que empezar cuanto antes, aunque, seguramente, en lo que queda de legislatura resulte ya muy difícil que nadie en el Magreb se tome en serio las promesas de un Gobierno cuya gestión ha pasado por la región como un elefante por una cacharrería.

Una patriota en Lizarza

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:34 am

EN estos tiempos pusilánimes, cuando todo son excusas para no dar un paso al frente, para esconderse frente a la adversidad o para justificar lo que es, pura y simplemente, el complejo y la sumisión ante el nacionalismo, la alcaldesa de la localidad guipuzcoana de Lizarza, Regina Otaola, del Partido Popular, ha encarnado la valentía que se necesita para demostrar que cuando se quiere, se puede llevar la bandera de España al corazón mismo del País Vasco. A pesar de los insultos y las amenazas de muerte directas recibidas por parte de los proetarras que impunemente se exhibían como matones de los terroristas, Otaola izó la bandera nacional en el balcón del consistorio, haciendo noticia lo que, en realidad, es un drama: el heroísmo que demanda defender la bandera española en el País Vasco. Lo que otros, incluidos los socialistas, han evitado con la perversa excusa de no «encrespar los ánimos» -los ánimos de los proetarras-, Regina Otaola lo ha hecho para demostrar, por un lado, que la enseña nacional sólo encrespa a los que están acostumbrados a imponer su dictadura en los pueblos vascos con coacción y amenazas y a los que llevan treinta años aprovechándose de esta situación, aunque se autodenominen nacionalistas democráticos; y, por otro, que tanto ella como sus compañeros y el partido en el que militan representan en el País Vascola la opción política de la España constitucional, que es aquella en la que se aplica la ley en todo el territorio nacional y a todos por igual, y en donde los símbolos nacionales no deben pedir permiso a nadie para ser expuestos en los edificios oficiales.

No es este un «patriotismo de hojalata», frase que el presidente del Gobierno usa a menudo para criticar a Mariano Rajoy por decir lo que Otaola ha hecho en el balcón del Ayuntamiento, sino un patriotismo que conmueve, de carne y hueso, hecho con los mejores sentimientos de quienes aman a España sin reservas y sólo se defienden de la violencia con la palabra y la ley en la mano. Eso sí, un patriotismo que exige, literalmente, arriesgar la vida cada minuto del día. Mientras el alcalde socialista de Lérida ha anunciado que no izará la bandera nacional durante la Diada del próximo martes, el gesto valiente y generoso de la alcaldesa de Lizarza es un argumento irrebatible para desnudar la falacia de los que siempre proponen la tolerancia como coartada para no molestar a los violentos y a los extremistas. Trabajar por la libertad, la legalidad, la democracia y la Constitución en el País Vasco es hacer lo que ha hecho Otaola, porque ese es el significado de la bandera nacional, más aún allí donde se la desprecia por ser el símbolo de la España que quieren destruir.

La eterna crisis catalana

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:33 am

LA Cataluña neoestatutaria está atravesando un tiempo de crisis política y discordias sociales que son incompatibles con los efectos taumatúrgicos que se le atribuían al nuevo estatuto soberanista, contra el que aún penden numerosos recursos en el Tribunal Constitucional. El nuevo tiempo prometido para Cataluña es una reedición de escenarios pasados, marcados por el victimismo nacionalista, la confrontación artificial con Madrid, la ineficacia en la gestión de los recursos públicos y el hartazgo de una parte importante de la sociedad, cuya constante y desmesurada abstención electoral merma legitimidad a las instituciones y gobiernos de la comunidad. La única diferencia con la era «pujolista» es que el nuevo proceso de frustración se está desarrollando bajo un gobierno autonómico socialista desde 2003, con un Estatuto que no es de autonomía, sino confederal, y con un PSC transferido al nacionalismo. En manos de la misma clase dirigente de siempre, Cataluña transmite la imagen de que cualquier cambio político envejece de forma inmediata. De hecho, nadie con criterio objetivo puede esperar que el desarrollo del nuevo estatuto vaya a mejorar la situación. Más bien, cabe lo contrario.

Las fórmulas de apaciguamiento y cesión hacia el nacionalismo empleadas por José Luis Rodríguez Zapatero en Cataluña han sido un fracaso. La coalición de Convergencia y Unió Democrática camina por el filo de la navaja, tras la deriva soberanista de Artur Mas y la decisión de Durán Lleida de no secundarla. Es más: Durán no asistirá a los actos de la Diada, el próximo martes, haciendo públicas, de manera explícita, unas diferencias que o bien se reconducen para no perder más cuotas de poder o bien pueden provocar un cisma en el nacionalismo realmente inédito. Por su parte, Jordi Pujol lanza la idea de una «huelga fiscal» de Cataluña frente al Estado que es apoyada por el socialista Pasqual Maragall y, como si no hubiera nada más importante, la Generalidad presidida por el también socialista Montilla anima a la selección catalana a jugar un partido de fútbol con el equipo nacional de Estados Unidos en lo que consideran «un acto de soberanía» extradeportivo. Al mismo tiempo, Esquerra Republicana de Cataluña pone fechas al referéndum por la independencia, y lo hace desde su condición de miembro del Gobierno catalán y de socio preferente de Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados.

El debate catalán, lógicamente, hastía a la mayoría de los catalanes y confirma que hay espacio para un proyecto político no nacionalista y moderado. Ahora bien, esta Cataluña oficial que se enreda en selecciones, desafíos e independencias tiene su punto de apoyo inmediato en la política territorial de Rodríguez Zapatero, quien reprochó a Aznar aquello de que «era una fábrica de nacionalistas» y cuyas decisiones han povocado que hoy los nacionalistas sean más radicales, los socialistas se comporten como nacionalistas en Cataluña, Galicia y País Vasco y el Estado tenga menos fuerza sin recibir a cambio lealtad y respeto por parte de los nacionalismos.

España, como Estado y como nación, no es más fuerte hoy que en 2004, sino más vulnerable, porque el nacionalismo tiene más poder -pese a no tener en conjunto más votos que años atrás- y porque el PSOE ha suministrado a las fuerzas nacionalistas más radicales instrumentos de control y de decisión -el nuevo estatuto catalán, por ejemplo- cuyos primeros efectos confirman los peores temores. Todo esto se concentra en un contexto de carencia de políticas dignas de ser llamadas nacionales, es decir, comprensivas de una visión de conjunto de España como una unidad, pues no son tales las leyes destinadas a satisfacer minorías, a provocar el enfrentamiento ciudadano por la enseñanza, o a dar propaganda sin soluciones efectivas.

Exhibir apresuradamente y a última hora la marca «Gobierno de España» como señuelo de distracción sólo está consiguiendo remarcar el más grave problema de esta legislatura: la ausencia de un gobierno realmente dedicado a España.

España, problema y solución (El volantazo de Zapatero)

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:32 am

POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS

RODRÍGUEZ Zapatero destituyó a la ministra de Cultura, Carmen Calvo, para «dar la mayor fortaleza a la identidad de España» y nombró a César Antonio Molina -sin duda, un acierto- porque éste tiene «un perfil idóneo» para abordar determinados eventos «que tenemos por delante como la mejor manera de proyectar España». También ha dicho el presidente que «aquí de lo único que no se habla es del Gobierno de España y resulta que es el que dispone de más presupuesto y el que más responsabilidades tiene». Basten estas breves citas para sustentar la vieja tesis según la cual, la clase política e intelectual española ha jugado con la entidad nacional -con España- en un doble sentido: a veces como problema, otras, como solución.

Semejante manipulación política de la concepción nacional es anterior al «España como problema» de Pedro Laín Entralgo. El problema de España según Laín lo describe a la perfección el académico e historiador Carlos Seco Serrano, prologuista de la obra, al sostener que consiste «en definitiva, en la guerra civil, caliente o fría, latente siempre en la España contemporánea entre tradicionalistas y progresistas; y heredera de esa ancestral tendencia a la confrontación sin paliativos (…) problema que debía, por fin, superarse mediante los valores efectivos albergados en uno y otro campo, abriendo paso a una generosa voluntad asuntiva y superadora (…).

El autor de «Descargo de conciencia» se pregunta: «¿No era posible asumir en una forma cultural nueva las múltiples exigencias -respeto a la tradición, actualidad verdadera y eficaz, crítica perfectiva de las lacras pasadas y presentes, calidad intelectual y estética- que ambas mitades de España, la tradicionalista y la innovadora, permite discernir un examen no sectario y discretamente sensible? La primera lección de nuestra guerra civil ¿podía ser otra cosa que una resuelta decisión de integrar a todos los españoles de buena voluntad en una España fiel a sí misma y al nivel de nuestro tiempo?».

La realidad es que hay un rédito político en convertir a España en una patología política -y nadie como Rodríguez Zapatero lo ha hecho con su insensata política territorial que ha exacerbado los nacionalismos más radicales-, y se produce otro rédito político al normalizar el concepto y la idea de España. El presidente del Gobierno, durante tres años y medio ha hecho que la nación sea «discutida y discutible» y a seis meses de las elecciones se presenta como adalid de la cohesión, valedor de la referencia nacional de su Gobierno y hasta militante de la causa española. España problema y España solución, he aquí la ecuación sencilla para estar en el poder con los nacionalistas que quieren lo primero, y regresar luego a la sensatez -España como solución, que quiere la mayoría- para así estar en condiciones de ganar las elecciones.

Los españoles no son como los «pingüinos» que Enric Juliana describe en su magnífico libro («La España de los pingüinos»). No somos como los yugoslavos, unos «raros» -apenas una minoría como en los Balcanes- que antes que atribuirse esa condición se identificaban como croatas, bosnios o serbios. Ha habido un tiempo -especialmente bajo el mandato actual de los socialistas- en el que la regresión de la identidad nacional ha sido clara y preocupante. Identificarse como español -antes o al tiempo que catalán, vasco o gallego- era, en palabras del historiador Ricardo García Cárcel (ABC 4/9/07) «como un signo ideológico conservador de viejas resonancias franquistas» y, en consecuencia como un baldón, o, en el mejor de los casos, como un anacronismo insoportable. La identidad, según el filósofo Manuel Cruz («Las malas pasadas del pasado», página 82) «es una forma de ser aceptados por los demás, en concreto por esos demás que más nos importan» de tal manera que «tener identidad es existir socialmente». Pues bien: la política de desnacionalización del Gobierno ha sido sistemática, convirtiendo la identidad española en un auténtico problema, descalificando a aquellos que propugnaban la unidad nacional y la identidad que conllevaba, de tal suerte que presentarse como español podía suponer no existir -caso del País Vasco o Cataluña- o hacerlo estigmatizadamente.

Los estrategas -quizás sea mejor definirlos como tácticos- de Moncloa le han dicho al presidente que hay que volver a la E de España, recuperar la denominación de origen («El Gobierno de España») y hablar de la nación porque por esa fisura desnacionalizadora -profundamente divisora e irritante para la mayoría- se le estaba yendo el electorado hacia la abstención, hacia el PP y, ahora, eventualmente, hacia el nuevo partido de Rosa Díez, Fernando Savater y Carlos Martínez Gorriarán. Y con la facundia que le distingue, Rodríguez Zapatero ha pegado el volantazo -el giro españolista descrito aquí por Benigno Pendás- y se ha convertido de la noche a la mañana en el propalador de la España como solución -electoral-, después de haber hecho enfermar de nuevo a la nación reiterando la España como problema para gobernarla con los que, de verdad, la desearían dinamitada.

Aunque la manipulación de la entidad española -de España- sea una práctica perversa en la política española -a la que contribuyó el franquismo de forma activa y letal, disuadiendo la posibilidad de una izquierda nacional que ahora se intenta desde el nuevo partido de Díez y en los términos nítidos expuestos en esta página el pasado viernes por el admirable luchador Mikel Buesa-, es lo cierto que el regreso a la sensatez ante el electorado se produce siempre de la mano de los valores de la cohesión, la unidad, la común identidad y la naturalidad de la españolidad como elemento vertebrador de una convivencia en libertad. Porque lo que garantiza la pertenencia nacional común es, precisamente, la libertad -la nación es la patria de las libertades- de tal suerte que cuando España como entidad histórica ha pretendido ser destruida se han cernido sobre la sociedad española las peores amenazas. Lo estamos viendo: desde Cataluña y el País Vasco -en modos diferentes- se produce ya una reclamación explícita de soberanía; desde Galicia, se intenta un nacionalismo cultural y lingüístico que, como el vasco y el catalán, sea una forma de reproducción y amplificación nacionalista y desde otras comunidades -la última propuesta de la Junta de Andalucía sobre el acceso a la vivienda, por ejemplo- se rompe, se quiebra, se destroza la igualdad de los españoles que es el valor nuclear de la ciudadanía.

Ésta -la cuestión nacional- es la esencial en el debate electoral, muy por delante de la económica, vinculada a la lucha antiterrorista que, como excrecencia nacionalista, pretende con violencia criminal expropiar a los vascos la condición de españoles. En torno a la recuperación de la solidez del Estado -sus facultades, sus competencias, su autoridad- y a la cohesión socioeconómica se va a librar el debate electoral. Rodríguez Zapatero lo ha intuido -o se lo han hecho intuir- y después de más de tres años de desnacionalización activa nos abruma con el eslogan «El Gobierno de España». Mi temor y el de muchos es que ese adjetivo gubernamental no sea sino, precisamente, un eslogan, una engañifa, una táctica bajo la que sigue subyaciendo la percepción «discutida y discutible» de la nación española. O sea, que siga siendo una manipulación de España.

JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS

Director de ABC

Los padres de Madeleine podrían ser imputados la próxima semana

Archivado en: General — África @ 6:31 am

BELÉN RODRIGO CORRESPONSAL LISBOA.

Los padres de Madeleine McCann, señalados este viernes como sospechosos formales de la muerte de su hija, deberán ser interrogados nuevamente la próxima semana por el magistrado del Ministerio Público titular de la investigación. Una noticia avanzada por varios medios lusos en donde se señala que este interrogatorio puede servir para alterar las medidas de coacción aplicadas a la pareja, con libertad de movimientos pero obligada a notificar a las autoridades policiales la ausencia de su domicilio o del país por más de cinco días. No obstante, el abogado de los McCann, Carlos Pinto de Abreu, asegura que hasta el momento no tiene conocimiento de ningún tipo de información que indique que la próxima semana Kate y Gerry tengan que volver a declarar ni ante la Policía Judicial (PJ) ni ante el Ministerio Público.

De víctimas a sospechosos

La llegada de los resultados de los análisis realizados a los vestigios encontrados en el apartamento y el coche de los McCann (que confirman que el ADN pertenece a Maddie) han dado un giro radical en la investigación y ahora solamente se habla de los dos nuevos sospechosos, los padres de Madeleine.

El cambio de estatus de testigo a sospechoso surgió tras los largos interrogatorios a los que fueron sometidos Kate (dieciséis horas) y Gerry McCann (ocho horas y media) y donde fueron confrontados a numerosas preguntas que no tuvieron ninguna respuesta. ¿Por qué había sangre de Madeleine en el apartamento y en el coche alquilado por la pareja 25 días después de la desaparición de la niña? ¿Por qué los perros rastreadores detectaron olor a cadáver en las ropas de Kate McCann?

Demasiadas preguntas sin respuesta que llevan a pensar a la Policía lusa que la niña murió accidentalmente en el apartamento y que sus padres escondieron el cuerpo. Después, habrían transportado el mismo a un lugar (por ahora desconocido) en el maletero del coche. Una historia hipotética que según Philomena McCann, hermana de Gerry, la Policía quiso oír de la propia Kate. Ante las cámaras de Sky News, la tía de Madeleine explicó que la Policía portuguesa intentó llegar a un acuerdo con Kate durante el interrogatorio. Ofrecían una condena de dos años de prisión si la madre de Madeleine se declaraba culpable de la muerte accidental de su hija. Un acuerdo que Kate McCann habría rechazado inmediatamente. Los abogados portugueses ponen en duda este tipo de procedimiento por las características del sistema judicial luso.

Permanecerán en Portugal

A pesar de los rumores sobre su salida de Portugal de forma inminente por sentirse perseguidos y preferir la protección de sus familiares y amigos, Kate, Gerry y sus hijos gemelos permanecerán en la casa alquilada en la Praia da Luz. Su abogado, Carlos Pinto de Abreu, explicó ayer que la familia McCann no va a regresar a su país porque no quieren perjudicar la investigación. Tal y como hizo un día antes en la puerta de las instalaciones judiciales de Portimao, al finalizar el interrogatorio de Gerry, el abogado volvió a recordar que sus clientes tienen total libertad de movimientos. La medida de coacción impuesta (término de identidad y residencia) supone comunicar a las autoridades policiales la salida de su domicilio o del país por un periodo superior a cinco días. Según Pinto de Abreu, la residencia dada como oficial es la del Reino Unido y la Policía sabe perfectamente dónde localizarles.

Familiares en estado de «shock»

Conocida la noticia de los nuevos sospechosos del caso, familiares y amigos del matrimonio McCann se desdoblaron en entrevistas a las televisiones británicas donde mostraron su asombro por los últimos acontecimientos. Los amigos que estaban de vacaciones con la pareja cuando desapareció la pequeña se han mostrado totalmente críticos con la Policía portuguesa. «Estamos totalmente indignados con cualquier sugerencia de que Kate esté relacionada con la desaparición de Madeleine», se puede leer en un comunicado emitido por este grupo de amigos. «Ella es inocente. Sabemos eso porque somos sus amigos. Estuvimos con ella esa noche y fuimos testigos de primera mano del dolor de Kate y Gerry, que todavía hoy continúan sintiendo». Sus amigos aseguran que van a seguir apoyándoles «hasta que finalice esta pesadilla. Es nuestra esperanza, que estos acontecimientos no aparten la investigación para descubrir el paradero de Madeleine».

El tío de Kate, Brian Kennedy, aseguró que «no tiene sentido pensar que ellos podrían haber hecho daño a uno de sus hijos. Ni por un segundo pensamos que pueda ser cierto». Recuerda además que se trata de un matrimonio que adora a sus hijos «y nadie que les conozca puede decir que son capaces de hacerles daño de cualquier forma». La mujer de Brian está ingresada a causa del estrés sufrido por los nuevos acontecimientos, que le llevaron a perder el sentido y a necesitar asistencia médica.

A pesar de todo, personas cercanas a la pareja aseguran que ambos se encuentran «fuertes y animados» y defenderán su inocencia después de ser declarados oficialmente sospechosos de la muerte de su hija. Gerry McCann, cuando llegó a su casa la noche del viernes, después de más de ocho horas de interrogatorio, dijo sentirse «cansado» y pidió tranquilidad ante los medios que esperaban a la puerta de su vivienda.

Medicamento para dormir

Desde hace tiempo se habla de una posible dosis excesiva de calmantes suministrada por los propios padres a sus tres pequeños para dormir mientras ellos cenaban. Una teoría que explicaría por qué los dos pequeños, Amelie y Sean, durmieron profundamente la noche de la desaparición de su hermana y despertaron únicamente al día siguiente. Brian Healy, el padre de Kate, reconoció al rotativo inglés «The Sun» la posibilidad de que los padres de Madeleine diesen a la niña un medicamento para ayudarla a dormir. «Kate ha podido darle Calpol, pero es insultante pensar en algo más», explica. Calpol es un medicamento que se puede comprar sin receta médica y que puede ser tomado por niños a partir de los tres meses. Contiene paracetamol y se utiliza para aliviar dolores ligeros o moderados. Según «The Sun» el Servicio Nacional de Sanidad inglés desaconsejó hace unos meses la prescripción de este medicamento que contiene colorantes sintéticos que pueden causar alergias, asma o tener algún efecto laxante.

Críticas inglesas

La Prensa británica mantiene sus críticas a la forma como la Policía portuguesa está llevando las investigaciones y se mantienen al lado de los padres de Madeleine. En todos los rotativos este tema fue ayer nuevamente portada y en algunos de ellos destacan las palabras de Gerry: «Vamos a luchar hasta el fin». El «Daily Express», como otros periódicos portugueses, hacen referencia a la Biblia de Kate que lleva casi siempre cuando acude a la iglesia. La Biblia ha sido analizada por la Policía y parece que en ella se ha detectado también olor a cadáver.

Según familiares, los McCann han rechazado un pacto para inculparse a cambio de dos años de cárcel

Zapatero trata ahora de restaurar la relación con Argel tras hacer a Rabat socio preferente

Archivado en: General — África @ 6:30 am

ALFONSO ARMADA MADRID.

El Gobierno intenta que el conjunto de las maltrechas relaciones con Argelia no se vean aún más afectadas por la rescisión del contrato con Repsol YPF y Gas Natural para el proyecto gasístico de Gassi Touil. Ayer, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, llegó a Argel para hablar con las autoridades argelinas. Las relaciones con el gigante magrebí, vital para el equilibrio geoestratégico en la región y por múltiples intereses, energéticos sobre todo, se deterioraron de forma decisiva con la llegada de Zapatero a la Moncloa.

Un alto diplomático español desveló a ABC esta semana cómo a partir de marzo de 2004 se ordena desde Moncloa aparcar el Plan Baker para el Sahara y primar las relaciones con Marruecos, dando así un giro de 180 grados en las relaciones con los vecinos del sur. Marruecos, tras la crisis de Perejil, pasó así a ser socio de referencia en detrimento de Argelia, principal suministrador de gas a España. El giro, añade este diplomático, no fue fruto de la inercia política, sino una decisión de Moncloa en los albores del Gobierno Zapatero.

Bernardino León es uno de los miembros del Ejecutivo que más ha viajado a Argelia desde que comenzara a dar signos externos de su malestar por la política española en el Sahara, que considera próxima a Marruecos. Uno de los asuntos pendientes en las relaciones entre los dos países y que podría estar en la agenda del secretario de Estado es la negociación sobre nuevos suministros y precios del gas, después de que la pasada primavera, en vísperas de la visita de los Reyes a Argelia, el ministro argelino de Energía apuntara un posible aumento del 20 por ciento en el precio de esa materia prima con destino a España.

Las relaciones con Argel no están resultando nada fáciles. Dejar morir el Plan Baker para solucionar el contencioso del Sáhara forjó una «nueva complicidad» con Rabat, pero indignó al Frente Polisario y a su principal valedor, Argelia. Rastreando en los antecedentes cabe recordar que Inocencio Arias, que aguantó un tiempo como embajador ante la ONU tras el cambio de Gobierno, tuvo que lidiar con el embolado. A la pregunta de si puede establecerse un vínculo entre ese cambio de tercio y la decisión de Argel de romper el contrato millonario de las empresas españolas Repsol y Gas Natural habían firmado para explotar el en Argelia, Arias no quiere en absoluto opinar. Al preguntarle por sus recuerdos de aquellas fechas que cambiaron una política aquilatada, sí recuerda, como recoge en su libro «Confesiones de un diplomático. Del 11-S al 11-M», que durante su estancia en la ONU, y cuando España apoyaba el Plan Baker, oyó de los argelinos y del propio presidente Abdelaziz Buteflika comentarios muy elogiosos hacia el Gobierno del PP y hacia Aznar, y agrega: «Los polisarios, al poco de nuestras últimas elecciones, comentaron que echaban de menos ya la política del anterior Gobierno español hacia ellos, que estaban preocupados con los nuevos derroteros».

Enfado de Buteflika

Un analista internacional que confiesa «intereses» tanto en Argelia como en Marruecos, por lo que no desea ser citado, comenta que es «evidente» el enfado de Buteflika, que «las posiciones están muy enconadas» ante «la decisión de Zapatero de ponerse casi incondicionalmente del lado de Marruecos», y no descarta que «aunque el asunto de la ruptura del contrato tiene muchas ramificaciones», el mal viento desatado por una política que un diplomático califica de «ingenua y mesiánica» puede haber tenido algo que ver. «Algunos medios argelinos han relacionado la decisión de Sonatrach al vuelco pro-marroquí de Zapatero, pero creo que las razones son puramente económicas», señala desde Argelia un redactor del «Quotidien d´Oran» especializado en economía.

El Kadi Ishane admite que «existen concomitancias entre la actitud argelina y la rusa, que han sacado a relucir un renacimiento del nacionalismo energético a cuenta de sus reservas de hidrocarburos». La Rusia de Putin cambió sobre la marcha las reglas de juego y obligó a la Shell a ceder buena parte del control de sus concesiones petrolíferas en Sajalín, donde la multinacional había hecho enormes inversiones.

Rivalidad en el Magreb

En ese punto coincide con Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Mediterráneo y el Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano, que recalca además la «coordinación entre Rusia y Argelia», con contactos empresariales y políticos, favorecidos por la «falta de una política común en la UE en el campo de los hidrocarburos y las necesidades energéticas». Para Amirah Fernández, «la rivalidad regional entre Marruecos y Argelia siempre ha afectado a las relaciones que España ha tenido con el Magreb. La necesidad de una buena relación con Marruecos no tiene por qué existir en detrimento de unas buenas relaciones con Argelia. No son incompatibles».

«La transparencia no es una cualidad del poder argelino, así que como mucho se puede intentar atisbar las verdaderas razones de la rescisión de contrato», dice desde Rabat Pedro Rojo, arabista y director del Boletín de Prensa Árabe. «Pero puede haber dos razones más allá del retraso: una la progresiva «renacionalización» del sector de hidrocarburos en Argelia después de un amago de liberalización total del sector (se llegó a hablar en hace unos años de la privatización de Sonatrach). En su momento, cuando se firmó el contrato, Argelia no tenía capacidad para asumir todos los proyectos e inversiones de envergadura, pero poco a poco han ido recuperando la iniciativa en el sector y parece que están evitando que empresas extranjeras controlen proyectos estructurales, como era este, en el que se incluía toda la cadena del gas, desde su extracción a la venta final al consumidor».

Autor del libro «El mundo visto por los árabes», Rojo subraya que «la prensa marroquí no ha dejado pasar la oportunidad y habla de chantaje, porque a Argelia no le gusta la política española hacia el Magreb y su apoyo a la amplia autonomía del Sahara».

Perseguid vuestros sueños… a vuestra costa

Archivado en: General — África @ 6:25 am

“¿No crees que gracias a ese programa la sociedad se beneficia?”, me preguntaba recientemente una actriz amiga mía. Se refería a un programa de atención médica financiado por el contribuyente al que ella recurrió durante uno de los muchos “períodos de vacas flacas” a lo largo de su carrera.

“¿Quién te dijo que te dedicases a la actuación?” le pregunté. “Algunas carreras, ya sea un actor, un jugador de béisbol o un esquiador profesional, son de elevado riesgo y pocos ingresos. ¿Por qué debe el contribuyente financiar tu elección profesional?”

“¿Pero tú no recibiste préstamos universitarios y becas para continuar tu educación más allá del instituto?” me preguntó ella. “Sí”, respondí, “porque, lamentablemente, el gobierno se metió en el asunto de financiar a los estudiantes para que fueran a la Universidad. Yo habría preferido acudir a un banco y solicitar dinero”. “¿Por qué sería mejor acudir a un banco?”. “Bien”, dije, “el contribuyente no financia mi elección universitaria y mi especialidad. En segundo lugar, el prestamista probablemente exigiría una especialidad en algo que condujera a un puesto de trabajo, con el fin de que el prestamista fuera satisfecho. En consecuencia, nosotros produciríamos menos licenciados en historia del arte, literatura inglesa o drama. O los estudiantes seguirían licenciaturas compaginadas, de modo que si la carrera ’soñada’ no se materializa, hay una alternativa viable”.

Le mostré un artículo de un importante periódico acerca de las vidas y la lucha de varios actores de Nueva York, hacia los que mostraba su simpatía. Ellos, en su mayor parte, siguieron alegremente sus carreras de riesgo mientras hacían uso del ingenio y la creatividad para sobrevivir en una ciudad cara. Las edades de los actores variaban de los 34 a los 67. En dos casos, después de terminar las interpretaciones de actores, recurrieron a la compensación por desempleo. Esto es en realidad un programa gubernamental que paga a la gente por no tener empleo. El gobierno exige a los patronos pagar un impuesto por desempleo, un ineficaz sistema que disuade a la gente de buscar un puesto de trabajo. Los patronos, al igual que con todos los impuestos, pasan el gasto elevando los precios que se cobran a sus consumidores. De modo que al final nosotros, el contribuyente, pagamos.

En otro caso un actor obtuvo, por fin, un apartamento subsidiado por el gobierno por 700 dólares al mes. Nueva York, que en tiempos tenía una rica y variada oferta de apartamentos, inició el control de los alquileres durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras que esto beneficia a los arrendatarios lo bastante afortunados o lo bastante bien relacionados como para caer en un apartamento, la política reduce el abastecimiento disponible de apartamentos y evita que los caseros obtengan el valor justo de mercado procedente de su inversión.

Pregunta: ¿Deben los contribuyentes, a través de programas y políticas gubernamentales, financiar las elecciones de otras personas?

Mire, si no, la atención médica. En la agitación de la campaña presidencial, los candidatos de ambas partes del espectro hablan de “la crisis sanitaria” de la nación y ofrecen diversos planes para utilizar el dinero del contribuyente para “solucionar” el problema de aquellos sin seguro médico. No importa que de los nacidos en América, el 86% tenga atención médica. O que muchos de los supuestos 44 millones sin seguro médico abarquen a los entre 11 a 20 millones de extranjeros ilegales; sólo el 57% de los no ciudadanos tiene seguro médico. O que 14 millones de los hogares que ingresan más de 50.000 dólares carezcan de seguro médico, más de 7 millones de ellos en hogares que ingresan más de 75.000 dólares. O que en los 20 años anteriores a Medicare, una estancia de un solo día en un hospital se hubiera encarecido el triple, mientras que durante los 20 primeros años post-Medicare, la misma estancia de un solo día en un hospital se haya encarecido ocho veces.

¿Qué hay de la ayuda social del gobierno? La mayor parte de los estudiantes de instituto lee “La democracia en América” de Alexis de Tocqueville, el célebre examen del francés de lo que hace que América funcione. Pocos sin embargo leen el libro que escribió unos cuantos años más tarde, llamado “Memorias del Pauperismo”.

Tocqueville observaba en los años 30 del siglo XIX que a pesar de su riqueza, Inglaterra parecía tener las cifras más elevadas de mendigos. ¿Por qué? Inglaterra implementó uno de los primeros programas sociales del mundo. “Estoy completamente convencido” escribía Tocqueville, “de que cualquier sistema administrativo permanente y regular cuyo objetivo sea cubrir las necesidades de los pobres alimentará más miserias de las que pueda curar, hará degenerar a la población que quiere ayuda y comodidad, reducirá con el tiempo al rico a no ser más que siervos de los pobres, agotará las fuentes de ahorro, detendrá la acumulación de capital, retrasará el desarrollo del comercio, enfriará la industria y la actividad humana, y culminará provocando una violenta revolución en el Estado, cuando la cifra de aquellos que reciben limosnas sea tan grande como la de aquellos que las dan, y el indigente, incapaz ya de tomar del empobrecido rico los medios para cubrir sus necesidades, encontrará más fácil privarles de todas sus propiedades de golpe que pedirles ayuda”.

“Así que, por todos los medios posibles”, dije a mi amiga la actriz, “sigue tus sueños. Pero hazlo con los ojos abiertos –y con tu propio dinero”.

© Laurence A. Elder. Distributed by Creators Syndicate Inc.

¿Sin atención sanitaria?

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:24 am

Thomas Sowell

Durante los 30 primeros años de mi vida, no tuve ningún seguro médico. Tampoco un montón de personas más, por aquellos tiempos. A lo largo de esos 30 años, me rompí un brazo, la mandíbula, tuve un hombro fragmentado, y diversos problemas médicos más. Decir que mis ingresos estaban por debajo de la media durante aquellos años sería un eufemismo. ¿Cómo me las apañé? Del mismo modo que lo hacía todo el mundo: iba al médico y le pagaba directamente, en lugar de pagar indirectamente a través de los impuestos. Todo esto fue antes de que los políticos nos dieran la idea de que las cosas que no nos podíamos permitir individualmente nos las podríamos permitir de alguna manera colectivamente a través de la magia del gobierno.

Cuando me rompí la mandíbula, recibí tratamiento en una sala de urgencias y se me entregó una factura de 50 dólares –lo que era toda una fortuna para mí en aquel momento, 1949. Pero la aboné en sucesivos plazos a lo largo de un período de varios meses.

Al igual que la mayoría de los jóvenes, tuve la suerte suficiente para no tener ningún gasto médico insalvablemente caro, como hubiera exigido una operación importante o una larga estancia hospitalaria. Eso se cumple aún entre la mayor parte de los jóvenes hoy, lo que es el motivo de que muchas personas de veintitantos elijan no pagar seguro médico, incluso cuando se lo pueden permitir. Saben que, en caso de emergencia, siempre pueden acudir a urgencias. Y hoy la idea de que tengas que pagar eso de tu propio bolsillo se considera casi pintoresco en algunos sectores.

No es infrecuente –especialmente en California, con su enorme población inmigrante ilegal– que los hospitales tengan que cerrar porque muy pocas personas pagan por la atención primaria que reciben. Están, por supuesto, las personas con enormes facturas médicas que plausiblemente no pueden sufragar. Lo crea o no, eso también sucedía tiempo atrás antes del estado del bienestar moderno. Algunos hospitales–ya fueran públicos o privados– podían absorber tales costes, con la ayuda de donantes. Había personas con polio que vivían dentro de pulmones de acero, lo que motivaba que ricos y pobres por igual donaran dinero a organización altruista March Of Dimes.

Pero eso es muy diferente a los hospitales que son abarrotados a diario por usuarios de urgencias cuya única urgencia es que quieren ahorrar dinero para gastárselo en ocio, en lugar de en médicos.

La mayor de las grandes mentiras de la histeria en torno a “la atención médica” es que la ausencia de seguro significa ausencia de atención médica. La segunda mentira mayor es que cuidado médico y atención sanitaria son lo mismo. Los médicos no pueden impedirle que arruine su salud de un centenar de maneras distintas, de modo que las estadísticas acerca de cualquier cosa desde la mortalidad infantil al sida no constituyen prueba de la necesidad de que el gobierno se haga cargo del tratamiento médico.

Pocas personas muestran el más remoto interés en lo que ha sucedido realmente en los países con atención médica controlada por el gobierno. Aparentemente se supone que tenemos que seguir el ejemplo de esos países sin preguntar por los meses que las personas de esos países pierden en listas de espera para tratamientos médicos que los americanos obtienen simplemente descolgando un teléfono o concertando una cita.

Es sorprendente cuánta gente no parece interesada en cosas como el motivo de que tantos médicos de Gran Bretaña procedan de países del Tercer Mundo con estándares médicos inferiores, o el motivo de que haya personas procedentes de Canadá que vengan a Estados Unidos en busca de tratamiento médico que podrían obtener más barato en el país.

Los controles gubernamentales de los precios de los tratamientos farmacológicos son más de la misma ilusión del algo a cambio de nada. La gente que nos insta a seguir a otros países que controlan los precios de las medicaciones parece no estar interesada en el hecho de que esos países dependen de Estados Unidos para crear nuevas medicaciones, después de que ellos destruyesen los incentivos para hacerlo en sus propios países. Puesto que se necesita más de una década para crear una medicina nueva, un político puede salir elegido presidente anunciando controles a los precios de las medicinas, pasar 8 años en la Casa Blanca, y estar jubilado antes de que la gente comience a notar que ya no obtenemos el tipo de medicaciones nuevas que vencieron con éxito a enfermedades mortales en el pasado.

Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.

© Creators Syndicate, Inc.

La trampa de las malas ideas

Archivado en: General — África @ 6:23 am

Franklin López Buenaño

Bryan Caplan, joven economista y profesor de la Universidad George Mason, sostiene que hay países que caen en la trampa de malas ideas. Caplan describe así la trampa: malas ideas engendran malas medidas y las malas políticas resultan en pobres resultados económicos. Lamentablemente, los pobres resultados, en lugar de dar paso a buenas ideas, llevan a los pueblos a refugiarse en ideas cada vez peores, con resultados cada vez más nocivos. Este proceso conduce, tarde o temprano, a regímenes extremistas y a crisis económicas profundas. A esto hay que añadir que las malas ideas también desembocan en gobiernos despóticos y gobernantes megalómanos. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en el Ecuador. Las malas ideas que se iniciaron con el cepalismo en la década de los años 60 han culminado en un régimen que propone un proyecto político destinado a lanzar a la economía por un despeñadero.

El proceso por el cual un país cae en la trampa de las malas ideas es extremadamente complejo. Veamos un caso hipotético, aunque no alejado de la realidad. Una mala idea es aquella que sostiene que los empresarios explotan a los obreros pagando sueldos de miseria. Para corregir el problema, se impone un salario mínimo (una mala medida). Si el empresario puede transferir el aumento de este costo a los consumidores lo hace (mala consecuencia económica). El aumento de precios se atribuye a los especuladores que supuestamente acaparan el producto (mala idea). Se recurre entonces al control de precios (mala medida). El control de precios propicia mala calidad de productos, contrabando y mercados negros (malas consecuencias económicas). Estos males se imputan a la falta de moralidad de los ciudadanos o a la falta de conciencia social de los empresarios (mala idea). Para remediar la mala calidad, se establecen regulaciones, normas, superintendencias (malas políticas). Estas medidas aumentan aún más los costos de producción (mala consecuencia económica).

El proceso es complejo porque una misma causa tiene varios efectos. Por ejemplo, si los empresarios no pueden transferir a los clientes el costo del salario mínimo, reducen el empleo (mal resultado económico). La reducción del empleo se atribuye al afán de lucro de los empresarios (mala idea). Para evitar el despido de trabajadores se imponen leyes laborales que lo hacen prohibitivo o demasiado costoso (mala política). Los empresarios reducen sus planes de inversión o expatrian capitales (mal resultado económico). La fuga de capitales se atribuye al poder económico del sistema financiero internacional (mala idea). Entonces se imponen controles a la salida de divisas (mala política). El resultado es menor inversión nacional y extranjera. En cada uno de estos eslabones hay ramificaciones y en esta complejidad se pierden las conexiones entre causas y efectos.

Los socialistas pretenden ser dueños de “la preocupación por los pobres”, lo cual no es verdad. No existe ser humano –en sano juicio– que no sienta esa preocupación. Pero han logrado convencer que los de la “derecha” están más preocupados por sus intereses propios que por “el de los demás”. Y que ser de derecha es ser “egoísta”, mientras que ser socialista es ser “altruista”. Nada más lejos de la realidad, pero una mentira repetida cientos de miles de veces suena a verdad.

La gran diferencia no está entre el egoísmo y el altruismo; la gran diferencia radica en el “cómo”. Y es en el cómo donde el socialismo se ha equivocado de principio a fin. Mientras la izquierda pretende derrotar a la pobreza redistribuyendo riqueza o ingresos, sostenemos que la pobreza se reduce generando más riqueza y esto se logra permitiendo que cada uno, dentro del derecho y la igualdad ante la ley, busque y se afane en lograrlo como más crea conveniente. Esta gran diferencia hace que el socialismo sea inviable e ineficaz para lograr precisamente lo que usa como bandera de lucha: erradicar la pobreza.

La premisa que caracteriza a la izquierda es la redistribución de la riqueza o de la renta. Esa propuesta implica que hay que “quitar a unos para dar a otros”, pero –por muy buenas las intenciones que estén detrás– es allí dónde se origina la trampa en la que cae el socialismo. La trampa se origina en la mala idea de que la riqueza es un fenómeno de suma cero y la redistribución del ingreso es la mala práctica que predomina y que ha llevado al pueblo a malos gobernantes como Correa y Chávez.

© AIPE

Franklin López Buenaño es profesor de la Universidad San Francisco de Quito y de Tulane University.

Borau y la culpabilidad

Archivado en: General — África @ 6:22 am

Antonio José Chinchetru

Como si no tuviéramos suficiente con Pedro Farré, “Teddy” Bautista, Ramoncín… el recientemente elegido presidente de la SGAE, José Luís Borau, también tiene que arremeter con lo del canon. Y para ello se inventa una figura que no existe en nuestro ordenamiento jurídico, aunque la Ley de Propiedad Intelectual está redactada como si fuera real. En una entrevista publicada en El Periódico, en la cual el periodista demuestra ser un inmenso pelota, el cineasta se saca de la manga la “presunción de culpabilidad”.

La única pregunta un poco comprometida a la que tiene que responder el director de cine –alguien que por su trabajo está acostumbrado a vivir del dinero de otros sin que estos se lo hayan dado libremente a cambio de un bien o servicio– se refiere al canon. La respuesta es digna de entrar en los anales de la desvergüenza. Borau dice, entre otras cosas: “Hay gente que dice que compra sus artilugios y no se bajan películas ni discos. Pero es que eso no se puede controlar. Hay presunción de inocencia, sí. Pero también hay una presunción de culpabilidad”. Menuda vuelta al ordenamiento jurídico español, y de cualquier otro país democrático. Alguien le debería explicar que para considerar a alguien culpable tiene que demostrarse que lo es.

Además, para que exista culpabilidad tiene que haber delito y el canon no tiene como objetivo compensar la piratería, es una remuneración por copia privada. Y esta última es legal. Así que el canon no tiene nada que ver con la descarga de películas y discos. No hay nada que controlar relacionado con el mismo. Ya es demasiado aceptar que la legislación admita como existente esa ficción llamada “propiedad intelectual”. Puesto que las leyes nos la imponen, al menos que se regule de una manera racional el tema del canon para que sea menos injusto. Hace algo más de un año, desde esta misma columna lanzamos una propuesta alternativa. Que el canon se cobre al comprar el original.

Pero volvamos a Borau. Su respuesta a la cuestión da para más. Dice que el canon “son unos céntimos” y que “no es un invento español”. El hecho de que según él la cantidad que se cobra sea pequeña, no lo hace más defendible. Aunque fuera un solo euro seguiría siendo una apropiación indebida e injustificada. Además hay motivos fundados para sospechar que el ministro de Cultura está dispuesto a que sea lo más alto posible. Y el hecho de que sea algo que han inventado fuera de España no lo hace menos malos. Su origen no tiene nada que ver.

El presidente que la SGAE recuerda que es “una exigencia de la UE”, a lo que añade que “de los 27 países, 25 están adscritos a esa fórmula. Si no hubiera canon, incumpliríamos las normas europeas”. Algo no cuadra. Si es una exigencia comunitaria, ¿cómo es posible que dos estados miembros de la Unión no tengan canon y al mismo tiempo no violen la legislación comunitaria? Que muchos gobiernos cedan ante las entidades de gestión sólo significa que hay una mayor cantidad de ciudadanos perjudicados.

Borau, como todos los directivos de la SGAE y demasiados miembros del mundo de la farándula lo que pretende es vivir del cuento y que encima les aplaudamos. Si tuvieran que ganarse el sustento con su trabajo lo pasarían demasiado mal. Es su problema y ni usted ni yo tenemos que pagar por ello.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

Manuel Chaves ha leído a Hitler

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:20 am

Antonio Sánchez-Gijón

El 28 de febrero de 1942 Adolf Hitler pronunció estas palabras ante un grupo de conmilitones y amigos, en la intimidad del salón de su cuartel general: “Para poner término a la crisis de alojamientos, construiremos en cuanto se acabe la guerra un millón de habitaciones por año, y esto durante cinco años consecutivos” (“Conversaciones sobre la guerra y la paz”, Luis de Caralt Editor, Barcelona 1953, t. I, p. 303).

Unos simples cálculos matemáticos demostrarán que el plan del lendakari andaluz Manuel Chaves, de construir 700.000 viviendas en sus próximos años en el poder, deja chiquitas las ambiciones del Führer alemán, un hombre tenido comúnmente por algo megalómano.

Donde el traductor de Hitler pone “habitaciones” debe entenderse “viviendas”, como deja claro el resto de las parrafadas del Führer. Dado que Alemania tenía entonces unos ochenta millones de habitantes y que la guerra destruía gran parte de su parque de viviendas, se trataba de construir 6,3 viviendas por cien habitantes, una vez hubiese acabado el conflicto. En Andalucía, bajo la bendita paz de Zapatero y con ocho millones, se construirán 8,7 viviendas por cien habitantes. La Tierra de María Santísima tiene que seguir demostrando que es la más rumbosa del mundo.

Hitler, que en sus conversaciones da repetidas pruebas de sus convicciones socialistas, añadió a su promesa una serie de soluciones habitacionales, que por su modernidad e ingenio podrían inspirar los planes de Chaves.

La construcción de la casa no debe durar más de tres meses. Los jardines de infancia estarán cerca de los hogares, y la madre no estará obligada a llevar a su rorró personalmente, ya que con tocar un timbre aparecerá una cuidadora. Esto serviría para enjugar el paro entre las andaluzas que disfrutan del PER. Tampoco habrá que llevar las basuras al cubo comunal; se las tragarán las bajantes a los sumideros. Buena solución para Almuñécar y otros pueblos flagelados por huelgas de basura. El timbre del despertador servirá también para encender la corriente de la cafetera. Buen programa de desarrollo tecnológico para dar en las narices a los capitalistas de Delphi, que no saben lo que se pierden en Andalucía. Toda vivienda tendrá su garage. “¡Y nada de que ese garage cueste cuarenta o cincuenta marcos al mes! Debe costar diez veces menos”. Vamos, que hoy día los andaluces van a tener su garage por cuatro o cinco euros al mes. Y fuera obstáculos administrativos y reglas de seguridad de las viviendas, impuestas por “esos malditos juristas” y los “maniáticos de la Administración”.

Chaves, para llevar cuanto antes su plan a feliz término, debe escuchar el consejo con que Hitler zanja esta cuestión: “A todo le hace falta un principio. ¡Que se empiece enseguida”. Uno de los “maniáticos de la administración” española, Pedro Solbes, ya nos ha hecho escuchar el rechinar de sus dientes. ¿Qué dirá Chaves? Pues esto: “Que lo metan en un lager. ¡Enseguida!”.

Educar para la violencia

Archivado en: General — África @ 6:19 am

GEES

Animamos a nuestros lectores a consultar la legislación que sienta las bases de la nueva asignatura de “Educación para la ciudadanía”, en educación primaria y en educación secundaria. Ya alertamos anteriormente del proyecto que se esconde detrás del engendro, una formación del espíritu progre. Y ahora, cuando los manuales ya se han perfilado y se inicia el curso escolar, queremos señalar otra característica; se trata de una asignatura peligrosa, de la que emana una hostilidad absoluta hacia el que es ideológicamente “otro”.

La nueva asignatura impone a nuestros hijos una forma de ver el mundo y la sociedad, y un comportamiento moral que se deriva de ello. La asignatura señala unos males; la guerra, la pobreza, la discriminación; un culpable, la sociedad europea y española, es decir, los padres y los niños escolarizados; unos redentores, los pedagogos socialistas de ZP, la señora de Arenillas y Peces Barba –ya saben, el amordazador de víctimas–. Y un método; sumergir desde la más tierna infancia a los españoles en un método de lavado de cerebro donde se les enseñará dos cosas: a odiarse a sí mismos, y a odiar a quien no se odie a sí mismo.

El odio hacia sí mismo, el rechazo de unos valores transmitidos de abuelos a padres e hijos, dejará la puerta abierta a que hagan de nuestros hijos cualquier cosa, sin límite alguno en el uso de la violencia. Ya no se tratará de ejercer ésta sobre el criminal o el delincuente, sino contra todo aquel que no se sume al “minuto del odio” contra la historia de España, contra Israel, contra el cristianismo, contra Bush o contra Aznar. Y esto, desde la más tierna infancia.

En relación con la paz, no sólo no la predica, sino que “Educación para la ciudadanía” destila hostilidad por los cuatro costados. Ningún padre debiera llamarse a engaño. No busca ni extender la paz ni eliminar el odio de los corazones de nuestros hijos; lo que pretende es crear odio y encauzarlo en la dirección adecuada. 

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Gibraltar

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 6:18 am

Serafín Fanjul

En la vida nacional hay asuntos que languidecen, se hacen viejos sin resolverse y provocan el bostezo generalizado hasta convertirse su sola mención en una suerte de mal gusto, de salida extemporánea que suscita sonrisas irónicas cuando no conmiseración en los fugitivos oyentes, como los chistes de Jaimito o la aparición sorpresiva de parientes lejanos con la pretensión de quedarse como huéspedes una semana. Gibraltar es uno de ellos. Alguna vez hemos escrito que si el nuestro fuera un país serio, hace tiempo que el negocio gibraltareño se habría acabado, con gobiernos de uno u otro signo y pese a las vicisitudes históricas vividas desde 1704. No es sobrevalorar la capacidad de reacción y resistencia de nuestro país a lo largo de los siglos XIX y XX –que era poca– pero la realidad es que desde Carlos III (muerto en 1788, recordamos) hasta Castiella no se hizo nada contundente para recuperar el Peñón. Por cierto, otra prueba más de cuán fácil es colárnosla a los españoles actuales, es la difusión entre nuestros periodistas del término inglés (La Roca), por aquello del cóctel de cursilería, ignorancia y mimetismo que con tanta alegría se beben a diario. Arrastrados por la corriente de estupidez generalizada, disfrutamos, incluso, de la inteligencia de un conocido periodista que suelta siempre que puede aquello de Flórida (sic: con acentuación inglesa), una variante de rizar el rizo en verdad prodigiosa. Pero éste no es el asunto de hoy.

No hablaremos de la historia del conflicto, aunque me pregunto cuántos españoles menores de cuarenta y cinco años tienen una idea somera de lo por allá sucedido desde hace tres siglos, incluidos casi todos los políticos en ejercicio. Pero no nos vayamos tan lejos. Durante la IIª Guerra Mundial Franco aprovechó la coyuntura para artillar y fortificar un poquito la costa y alrededores, pues hasta eso nos vedaban los ingleses. Después, en los cincuenta, vinieron las manifestaciones, la reivindicación callejera y las exposiciones de “Gibraltar Español” que servían al Régimen para agitar un tanto a la opinión pública en torno suyo. Hacer que hacían, vaya; mientras, los trabajadores españoles seguían entrando por la mañana –para mantener el Peñón en funcionamiento– y saliendo por la tarde, dado que tenían prohibido pernoctar en él. Los gobiernos ingleses dejaron de dar coba a Franco –como se la habían dado durante la guerra, despavoridos ante la idea de que el general permitiera a Hitler tomar el Peñón– y volvieron a su método preferido: la patada en el trasero, la utilización desvergonzada de las aguas españolas en la Bahía de Algeciras, del aeropuerto (cuyos terrenos ocuparon porque sí) y del entorno geográfico para su mayor prosperidad y bienestar. Hasta que en los sesenta, Castiella –consciente de que la vía militar era impensable– recurrió al mejor camino tratando con ingleses: tocarles el bolsillo, convertirles en insoportable el gasto de conservar la base naval. Y cerró la verja.

Si el desarrollo económico del Campo de Gibraltar y la atención a los obreros que no pudieron continuar pasando a diario se hubieran hecho en serio, una política de aislamiento habría dado resultados a largo plazo: sin posibilidad de que los llanitos vampiricen a toda la Costa del Sol –como sucede–, e imponiendo restricciones implacables a quienes comerciasen con ellos, o meramente tocasen Gibraltar, Inglaterra habría aceptado una solución negociada, en cualquier caso mejor que tomarnos el pelo y parasitar a la mitad de Andalucía. Pero llegó López Bravo y se anunciaron conversaciones a bombo y platillo mientras la prensa española publicaba gráficos y croquis de los vuelos que, para aterrizar en Gibraltar, invadían nuestro espacio aéreo. Les confieso que, ya por entonces, empecé a indignarme con el asunto, pues a las fogosas declaraciones o la tediosa rememoración del Tratado de Utrecht –que no concedía tal o cual derecho a Inglaterra– no acompañaba acción alguna ni avance de ningún género. El colmo fue cuando las gloriosas conversaciones, que no negociaciones, se interrumpieron –hartos los ingleses de perder el tiempo burlándose de nosotros– y López Bravo nos anunció, en frase digna de Moratinos, que habíamos pasado “de una fase de pensar juntos a otra de pensar por separado”. Desde aquel instante nunca más me he creído una palabra ni prestado la menor atención a las noticias gibraltareñas que, de modo vergonzante, semiocultas y a toda velocidad, para que no nos fijemos mucho, caen de higos a brevas sobre nosotros.

González, deprisita y corriendo, abrió la verja y las fiestas en La Línea y el Campo superaron a las Bodas de Camacho, lo cual constituye un inquietante indicio del grado de golfería alcanzado por la sociedad española. Y van veinticinco años. Ahora Gibraltar vive de la Costa del Sol, tiene registradas 50.000 sociedades y empresas (con 25.000 habitantes), es centro aventajado de blanqueo de dinero y los ingleses no sueltan la base naval. Todo es triste, aburridamente sabido: con el pretexto del respeto a la voluntad de los pueblos y la apoyatura real de que a los españoles –dimitidos de toda preocupación nacional– no les importa nada, Inglaterra sigue con su cantaleta preferida, la de rules the waves, las suyas y las nuestras. Entre españoles hablar de Gibraltar es de mal tono, nada modelno, desvarío de fachas, tan desplazado como replantear los derechos sucesorios de la Beltraneja o los honorarios en cabras o mujeres que devengaron los artistas de Altamira y, a propósito, acabo de saber que la tal cueva sólo se estudia en los libros de texto de tres comunidades autónomas: mejoramos con prisa y sin pausa.

Pero falta la progresía. Para ellos, Gibraltar no sólo es sinónimo de Falange, de franquismo y de NO-DO antes de la película censurada; sobre todo significa atraso, antimodernidad, reivindicación nacional y, por tanto, ridícula y risible. Como en otros temas graves de nuestra vida colectiva, no se razona nada ni nada se argumenta, porque ya está todo razonado, piensan. Ya está todo dicho. ¿De qué se van a inquietar por Gibraltar, si aplauden con las orejas la secesión de Vascongadas, el estatuto catalán, que tendrá idéntico efecto, la entrega de Ceuta y Melilla, el olvido despectivo de nuestra historia y un largo etcétera? Passsando a tope, tío…, resumen de su profunda filosofía.

Sin embargo, hay un punto oscuro en el universo de sus mitologías, un hilván que se afloja y rasga toda la túnica budista, el shador completo de colores en que viven embozados: de pronto se ven ante la contradicción ecológica, una de sus obsesiones y niñas bonitas. Resulta que –sin poder ya echar la culpa a Aznar– Inglaterra fondea en la colonia toda la chatarra, nuclear o no, que le da la gana. Inglaterra –porque es Inglaterra quien lo hace, dejémonos de eufemismos y subterfugios– contamina a su aire, tan ricamente. Inglaterra pone en peligro físico, cierto y concreto, a las poblaciones de Cádiz y Málaga. ¿Y ahora, qué? Señores ecologistas, progres a la violeta, padrinos de ballenas y madrinas de mariposas y mariposones, ¿ahora, qué? Escépticos de profesión, especialistas en inhibiciones, reidores impenitentes de cualquier agravio o perjuicio que se inflija a nuestro país, ¿ahora , qué? De repente os enteráis de que tener una base militar extranjera (¡Y de qué volumen e historial!) es un riesgo por el cual nada percibimos. Entramos en la OTAN sin exigir, al menos, el uso y control conjunto del Peñón (por ejemplo, para decidir qué barcos pueden y cuáles no recalar en él). González abrió las puertas a los delincuentes gibraltareños más que los troyanos al Caballo. De la Vega y Moratinos, en agosto de 2004, a causa del centenario, volvieron a expeler bravatas, provocándome otra vez el bostezo… Ahora lloráis porque el New Flame –como otros– contamina las aguas y peligran cormoranes y gaviotas. ¿Cuándo os vais a enterar, necios, de que los intereses de España no son sólo las inversiones –execrables, por supuesto– de Repsol en Argentina?

Marruecos no es una democracia

Archivado en: General — África @ 6:16 am

Los resultados de las octavas elecciones legislativas celebradas en Marruecos desde 1960 indican que el estado vecino aún dista mucho de ser una democracia. Dirigido con mano de hierro por la Familia Real y sus adláteres, el sultanato marroquí continúa sumido en la corrupción y la inoperancia, males a los que hay que suma el auge islamista y el aumento de la alienación política de los súbditos de Mohamed VI.

A nadie debería extrañar el altísimo porcentaje de abstención, alrededor del 60%, puesto que el Parlamento no es sino una simple cámara deliberativa, ya que es el monarca quien nombra al Primer Ministro y a los principales miembros del Ejecutivo. Además, este “rey por la Gracia de Alá”  puede disolver el Parlamento a su antojo y cesar a cualquier miembro del Gobierno. Entre los amplios poderes de Mohamed VI, heredados de su padre y que permanecen inalterados tras ocho años de reinado, figuran la dirección de las Fuerzas Armadas del país y el gobierno mediante decreto, una situación más parecida a la de Europa continental antes de la Revolución Francesa que a lo que de forma hipócrita algunos se empeñan en denominar “país en transición”.

Por si fuera poco, el rey y su familia controlan la mayor parte de la economía del país a través de su participación en las principales empresas, tanto locales como foráneas, que por supuesto escapan al escrutinio parlamentario. Casi todopoderoso y responsable ante nadie, el sultán de Marruecos ejerce además una censura implacable sobre cualquiera que ose formular críticas contra su persona o su gestión.

Ante este panorama, los resultados de las elecciones del viernes, que frente a todo pronóstico han dado como ganadora a la formación nacionalista Istiqlal, un partido de notables cooptados entre la elite más próxima al monarca, son los esperados. Sin embargo, yerran quienes de forma miope consideran la actual situación un mal menor. Marruecos continúa siendo un polvorín a punto de estallar, y por ende estallarnos. Aún peor, el gradual alejamiento del rey de los EE.UU. y el exacerbamiento del nacionalismo y el antiespañolismo de Mohamed VI no auguran nada bueno para el futuro de nuestras relaciones con Marruecos, pese a las múltiples visitas de pleitesía realizadas por miembros del Gobierno español en los últimos años. Ni siquiera las cordialísimas relaciones entre las casas reales española y alhauita han mejorado la situación de los graves contenciosos que España mantiene con ese país –Ceuta y Melilla, pesca, inmigración, tráfico de drogas y aguas territoriales españolas en el archipiélago canario entre otros-.

Si bien el realismo político desaconseja un choque frontal con Marruecos, tampoco las continuas cesiones españolas ante la arrogancia de Mohamed VI han servido para defender los intereses españoles. La política de paños calientes y sumisión a los caprichos del sultán debe concluir.

“Polanco is dead. ¡Viva España!”

Archivado en: General — África @ 6:01 am

Por Luis Margol

Así nos enteramos del paso a mejor vida del prócer de la libertad, la democracia, la modernización… –qué podría añadir yo a lo dicho por Ruiz Gallardón–. Algunos SMS son de juzgado de guardia, o al menos de secuestro inmediato. A partir de ahora, al “¿dónde te pilló el 11-S?” habrá que añadir: “¿Qué hacías cuando don Jesús dejaba este mundo cruel?”.

Una semana después del fallecimiento del empresario, los suyos han puesto pies en polvorosa y descansan a bordo de su barco admirando la costa siciliana. Tal vez allá encuentren los herederos del Imperio la inspiración necesaria para perpetuar la obra del Fundador.

¿Disfrutaremos de la visión de los Polanco al sol de cubierta en alguna revista o programa de cotilleo? Lo dudo. En la granja del PRISOE, todas las criaturas son iguales, aunque algunos animalitos lo son mucho más que otros.

Recuerdo aquello que decía don Luis María Anson hace muchos años: “Todo el que es y está estuvo antes en ABC“. Para los de mi generación, que conocimos el ABC gracias a los abuelos y después nos aficionamos a ese fantástico suplemento hipermoderno de los viernes en el que desbarraban varios miembros de la Movida, la Nueva Ola, el feminismo y el mariconeo chic, el paso por alguna de las empresas de Polanco ha sido nuestro rito iniciático.

Por lo que a mí respecta, no puedo quejarme de nada ni de nadie. Al contrario, conocí muchos pacientes sufridores de algunos jefes colocados allá por su parentesco con algún político del PSOE, y más de uno de ellos a un paso del psiquiátrico. Si no fuera por la gran caridad de las empresas del grupo, algún ministro del actual Gobierno andaría agobiadísimo haciendo de padre postizo de sobrinos desamparados. Ellos nunca olvidaron eso de la función social de la empresa, que decían sus ex camaradas falangistas.

Además de este triste deceso, las últimas semanas nos han traído otros hechos luctuosos, como los asesinatos que los amigos de ZetaP llevan a cabo en Irán contra homosexuales y adúlteros. Al final, la Federación Estatal de Gays y Lesbianas se decidió a montar una protesta ante la embajada de Irán –¡a buenas horas, mangas verdes!–. No parece que el establishment gay esté por la labor de recordar a los aliados del presidente del Gobierno sus muchas faltas, pues la asistencia fue más bien escasa. Dos millones en el Orgullo y apenas quince –personas, no millones, se entiende– contra Irán. La súbita caída del poder de convocatoria mariprogre resulta bastante sospechosa. Con haber movilizado a la mitad de los liberados de Cogam y Triángulo y a sus íntimos ya habrían sumado más de 100.Por cierto, la Federación, haciendo gala del realismo que la caracteriza, pide a los gays y lesbianas iraníes que abandonen el país. ¿A nado o en patines? La exhortación suena igual de ridícula que aquel “judíos, salgan de Alemania” pronunciado por no sé qué político inglés en el 39. ¡Qué ignorancia!, que diría la Mari-Vogue en una ataque de fiebre quemaiglesias y anticuril.

Entre los asistentes, un grupo de jóvenes maripeperos portando banderas de su partido y el arcoiris. Una sana iniciativa que espero anime a otros a salir de ese armario en el que hace mucho tiempo colocaron el cartel de “Full House”. Entre las asignaturas pendientes de Aznar está el no haber propiciado una salida de armario grácil y ordenada a algunos miembros del PP. Pero no, lo que hizo fue ponerles a bailar con la más fea. Craso error que todos seguimos pagando. Como en el caso de su antipolítica de medios de comunicación, gracias por nada.

Zerolo apareció en la protesta melena al viento y cara de pocos amigos y se encontró con los reproches de los peperos, quienes le recordaron su doble moral, su hipocresía, su traición, etc… Por ejemplo, ¿saben Zerolo y los suyos que los amiguetes palestinos y sus vecinos musulmanes se dedican a fustigar y encarcelar a cuanto moro margoliano se encuentran? No estoy describiendo el argumento de esas pelis porno que salen en las revistas del establishment, sino una realidad que ni siquiera pueden ocultar los magníficos reportajes goebbelsianos de la revista gay Shangay –mi favorita; un auténtico filón–, que esta quincena nos regala un nuevo publirreportaje otomano a mayor gloria de Erdogán.

Gracias a las buenas artes de la Oficina de Turismo de Turquía, David Delfín luce palmito en algún paraje de Anatolia, donde seguro podrá ir de la mano de su novio y hacer todas esas cosas que se ven por el barrio de Chueca. No es que uno esté en contra de “conocer otras culturas, otras gentes, salir de la rutina, desconectar” y todo eso; pero, sinceramente, se me ocurren docenas de experiencias más “enriquecedoras” que vivir de la sopa boba islamista. ¿Y a ustedes?

Como alternativa glamorosa, mariculta y decadente a los polvorientos territorios de la Alianza de Civilizaciones, les propongo un repaso a la bibliografía y a la discografía de George Melly, cuyo ascenso a los cielos –el pasado 5 de julio– ha sido una de las peores noticias de este verano. Para quienes no conozcan al personaje, les diré que fue músico jazzista, escritor, bohemio, alcohólico, profesor de arte, crítico cultural y converso a la heterosexualidad –tras años de sexo desenfrenado en el instituto y luego en la Armada Real Británica–. Entre los que se jactaron de haber caído presa de sus encantos, el mismísimo Sir Peregrine Worsthorne, antiguo editor del Daily Telegraph. Al contrario que en algunos círculos conservadores españoles, en Gran Bretaña un pasado lascivo y disoluto se considera un valor añadido. Como dijo el poeta, “nunca confíes de un hombre sin pasado”. Sin embargo, el mismo Melly desmintió al periodista; revelando, además, uno de sus secretos mejor guardados: “Seduje a muchos jóvenes, pero él era bastante mayor que yo, así que no me habría atrevido a hacerlo”.What a put-down! ¡Hundido! Espero que por estos lares no nos salga ningún ex marino monárquico fardando de haber tenido sus cinco minutos de bisexualidad en los brazos de Melly mientras viraban hacia poniente. Que sepan todos que el autor de algunos de los ensayos más clarividentes sobre la cultura pop y el surrealismo, y de unos tomos de memorias absolutamente adictivos –mi primer novio británico me hizo leer el primero hace ya casi veinte años; de ahí viene todo–, lo dejó todo por escrito. El desmentido será cuestión de minutos.

En otro orden de cosas, en los últimos años de su vida Melly, siempre vitalista y fiel al lema Je ne regrette rien, se refería a la vejez como un coche que cada vez pasa más tiempo en el taller, hasta que llega un día en que no merece la pena pagar las reparaciones. Irse de este mundo sin dejar cuentas pendientes, ni pecuniarias ni de otro tipo, es todo un detallazo. Ojalá cundiera el ejemplo.

Con George Melly quizá se cierre una época de diletantes y vividores que sólo una cultura individualista como la británica de antes de la llegada de los laboristas al poder en 1945 puede generar. Aquí, quien se salga del tiesto que el ungido de turno le haya asignado o tenga la tentación de cultivar la versatilidad será tachado de blasfemo, de frívolo y hasta de facha, etiquetas que algunos llevan con gran satisfacción. Otros se amilanan y reingresan en la caverna, o peor aún, entran en un armario que nunca se hizo para ellos. Shame!

Mientras tanto, y hasta que me llegue el momento de vender lo poco que tenga por un plato de lentejas o unas cucharaditas de caviar, pongo mar de por medio y me largo unos días –y noches– a disfrutar de climas más templados. Que ustedes lo pasen y la objeten bien. Don’t let the bastards grind you down!

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