España es una merienda de negros

Septiembre 13, 2007

Once de septiembre

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:31 am

Uno sabe que se ha hecho adulto porque el final del verano irrumpe con toda su prosa ininteligible. En septiembre ya no sucede algo tan sencillo como un comienzo de curso y el estreno de un preciado cuaderno, sino que te percatas de que ha acabado el verano porque otra vez vuelven a derrumbarse las Torres Gemelas en la pantalla. Aquel día en que perdimos la inocencia quedó adjudicada al solsticio de otoño la fecha del once de septiembre.

Hace sólo una década vivíamos felices en nuestro próspero islote, bajo el espejismo de que la guerra y el dolor les corresponderían siempre a otros. Que no falte de nada, era la consigna, como en los buenos banquetes, donde las conversaciones fluyen alborotadas. El caso es que sigue sin faltar de nada, y las charlas resultan animadas, pero ha caído sobre ellas una sombra extraña. La gente sigue diciendo las mismas cosas y, sin embargo, el murmullo de la conversación ya no es el de entonces, como si hubiera languidecido el tarareo jovial de fondo que las acompañaba, o desfalleciera la serenata. No es el contenido, sino el runruneo dejado por la conversación en el aire lo que parece llevar otro compás.

Seguimos usando las mismas palabras, pero ya no suenan igual. Cuando teníamos el cuaderno nuevo de septiembre por escribir, decíamos «libertad» y resonaba un timbre alegre, de futuro y liviandad. Ahora en cambio, trae una densidad desconocida, una pesadumbre ajena, como si la prosa ininteligible de un burócrata se le hubiera colado por las rendijas y estuviera carcomiendo su alma despreocupada. Ahora, al nombrar la libertad, hace falta antes que nada explicar quién es, su linaje, y esa larga enemistad que mantiene con el miedo.

La voz de los fósiles

Archivado en: General — África @ 5:30 am

Hace tres años pudimos establecer que las capacidades auditivas de los humanos que vivieron hace alrededor de medio millón de años en la Sierra de Atapuerca, cuyos fósiles venimos recuperando desde hace más de veinte años en el yacimiento conocido como la Sima de los Huesos, fueron como las de los humanos actuales y no como las del resto de los primates. La conclusión de aquel estudio fue que aquellos humanos pretéritos estaban adaptados a percibir los sonidos que componen el habla, por lo que seguramente también serían capaces de producirlos.

Ahora, junto con un equipo de colegas de la Universidad de Burgos y del Museo Americano de Historia Natural, hemos culminado el estudio de dos huesos hioides fósiles rescatados en ese yacimiento burgalés y que son los más antiguos conocidos del género Homo. Este hueso, situado en la base de la lengua, aporta la información más relevante para el conocimiento de la anatomía de la garganta. Los resultados de nuestro estudio son concluyentes: los hioides de la Sima de los Huesos son como los de las personas actuales y no como los de los chimpancés, lo que indica que también sus gargantas fueron similares a las nuestras y producían los mismos sonidos.

Estas investigaciones, cuyos resultados son coincidentes, nos muestran que las bases anatómicas que nos capacitan para hablar y escuchar, tal como lo hacemos los humanos actuales, ya se habían establecido hace al menos medio millón de años. Un dato de extraordinaria importancia para el conocimiento de la Prehistoria, en general, y del origen del lenguaje, en particular.

Templo de la dignidad

Archivado en: General — África @ 5:29 am

¡Qué gran noticia para los Premios Príncipe de Asturias, para España e Israel, para todos y cada uno de los ciudadanos de este mundo que luchan contra el horror y la mentira, conscientes de que bajar la guardia ante el odio y la indiferencia es, por necesidad, letal! Yad Vashem es un museo judío con una sobrecogedora exposición sobre la abismal tragedia judía del siglo XX pero, más aún, es un templo que, con su casi insoportable relato de la inhumanidad del crimen único y total, convierte la visita al mismo en una experiencia no ya inolvidable sino transmutadora. Cuando en 1953 fue creada la institución -la Autoridad Nacional para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto- en el joven estado de Israel eran muy pocos los que querían recordar. Los supervivientes huían del recuerdo y del trauma y terrible reproche de no haber compartido la suerte de sus familias, al sionismo irritaba la imagen de la víctima judía cuando los esfuerzos habían de concentrarse en no volverlo a ser nunca más en un mundo hostil y en tremenda precariedad como las guerras por venir habrían de demostrar.

Pero exactamente diez años después de la imborrable epopeya del levantamiento del gueto de Varsovia se puso en marcha esta nueva gesta por la dignidad, Yad Vashem, que, desde la dedicación y el fervor, ha conseguido crear un monumento único que prueba a sus visitantes al medirles el calado del alma. Honra a seis millones de judíos víctimas del odio y de la indiferencia, tanto de la indiferencia como del odio porque nunca unos criminales habrían logrado tanto sin ser arropados por la indiferencia. Con ellos, Yad Vashem honra a todas las víctimas de esta terrible combinación de actitudes humanas, las que gozan del mal y las que lo aceptan, que yacen por toda esta tierra y siguen cayendo. Todos los días del año, el museo en lo alto del monte de la Conmemoración en Jerusalén conmueve a miles de almas que salen del mismo con más piedad, más sabiduría y más coraje. Este Premio Príncipe de Asturias emociona porque es justo, porque es una reparación de mil mensajes viles cotidianos y porque demuestra que también aquí en España hay ocasiones en los que la autenticidad, el valor y la voluntad de lucha por la dignidad impresiona y obtiene reconocimiento.

Educar para la humanidad

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:29 am

Reflexionado sobre el reinado del emperador Marco Aurelio, escribió Edward Gibbon en su obra magistral Ocaso y Caida del Imperio Romano que «la historia es el registro de los crímenes, insensateces y desgracias de la humanidad». El gran historiador inglés del siglo XVIII dijo sólo media verdad, pues la historia es también el registro de aquellos que intentan educar contra la insensatez para su cura y tratan de evitar los crímenes y desgracias.

Uno de los objetivos principales de Yad Vashem, el Ente Nacional para el Recuerdo del Holocausto de Israel, que ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, no solo es conservar la memoria de la mayor tragedia que azotó al pueblo judió sino también universalizar esta tragedia y convertirla en patrimonio de la humanidad toda.

¿Qué significa esta universalización? Todos asimilamos de las historias de otros pueblos su memoria histórica y los valores culturales conviertiéndolos en parte de nuestra identidad. No soy español ni he sufrido la invasión napoleónica, pero me toca en lo más hondo el fusilamiento del tres de mayo de Goya; es parte de mi historia como ser humano. No soy inglés, ni vivo en Londres elisabethino, pero lo que Shakespeare ha escrito en Macbeth ha contribuido a mi manera de entender la patología del mal. Así también, el Holocausto no es un evento que les incumbe a los judíos solamente, sino una tragedia en la historia de la humanidad toda.

Ojalá todas las minorías que fueron perseguidas hasta la muerte aprendan de la labor educativa que hemos puesto en marcha en el Yad Vashem y den a conocer su infortunio -los esclavos negros, cazados durante siglos; los armenios, los tutsis…- para que su memoria sea parte integral de nuestra historia humana y así educar en el futuro contra la insensatez, los crímenes y las desgracias.

Telefónica contra todos

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:28 am

En todo índice bursátil existen valores insulsos, de esos que se dejan llevar por la corriente, y valores líderes, que son esos que tienen la capacidad de marcar la tendencia. Afortunadamente, en el Ibex-35 hay varios de estos últimos, pero con la que está cayendo la mayor parte de ellos bastante hace con resistir el chaparrón. En cambio, Telefónica sigue inasequible al desaliento.

La operadora de telecomunicaciones no se achanta en esta crisis, seguramente porque ya pasó por su particular odisea con el estallido de la burbuja tecnológica. Si el Ibex baja, Telefónica se resiste e, incluso, en sesiones como la de ayer se permite ir a contracorriente de forma descarada. Subir cuando todo baja tiene mucho mérito y Telefónica lleva haciéndolo ya una buena temporada.

Los inversores lo tienen claro. En estos momentos de zozobra, la empresa que preside César Alierta es un «valor refugio». Cosas veredes, amigo Sancho. Se refugian en las telecos quienes huyen de los refugios tradicionales como el ladrillo o la banca. Exactamente los mismos que huyeron en masa de todo lo que oliera a tecnología no hace tanto tiempo.

Sólo Inditex y Enagás secundaron a Telefónica y, cada cual en su escala, lograron un cierre positivo que el Ibex no merecía en su conjunto.

Tesis contra las ocurrencias

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:27 am

La política económica es cosa seria, las elecciones también. Pero mezcladas ambas parecen tener tendencia natural al sainete. Cierto que el espectáculo lo empezó el presidente del Gobierno aprovechando un mitin a los mineros para anunciar una subida fuera de programa de las pensiones mínimas, y no es que sean precisamente estos trabajadores los más afectados por las dificultades para llegar a fin de mes con sus pensiones. Abierta la carrera, nadie se quiere quedar atrás. Algunos de los nuevos ministros, necesitados de ideas para hacerse notar en sus escasos seis meses útiles de mandato y poder así repetir, se han aplicado con diligencia a los fuegos de artificio. Solbes intenta poner orden, pero la vicepresidenta se ha puesto al frente de la manifestación. Y desde el PP no suenan voces más sensatas, llegando a coincidir con IU para que los españoles no sufran el aumento de coste de las hipotecas. Como si en cabeza liberal cupiera que es responsabilidad del Estado aislar a los ciudadanos de la suerte de los tipos de interés.

Se equivocan todos. Parecen no haberse enterado que el tema económico de la próxima legislatura será cómo enfrentarse a la desaceleración y posible crisis evitando que el cambio de ciclo eche por tierra la estabilidad fiscal que tanto esfuerzo nos ha costado y tantos éxitos ha deparado. Se equivocan también en términos electorales. Los ciudadanos no son tan simples como para decidir su voto en una subasta. Y mucho menos el millón largo de votos móviles que deciden unas elecciones generales.

Todos los estudios sociológicos que conozco coinciden en señalar que tienen una cultura general y un nivel de información superior a la media. Cambian su decisión en función de la credibilidad de una trayectoria y si acaso un programa.

Estos votantes, como los inversores, tienen memoria, analizan rentabilidades y actuaciones pasadas y eligen sus valores en función de sus expectativas.

La sensación de cambio de ciclo ya se ha instalado en la opinión pública. El partido que sintonice mejor con esta percepción tendrá una renta que le permita llegar a Moncloa.

El nuevo «look» de Al Qaida

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:26 am

LA desarticulación de un complot terrorista islamista esta semana en Alemania es significativa por diversas razones que podrían no ser obvias partiendo de los titulares.

La primera razón es la implicación de un individuo de procedencia étnica turca. El martes, la policía del estado alemán del Rin-Westfalia detenía a 3 hombres, identificados como un turco y dos conversos alemanes al islam (según las leyes judiciales alemanas, sus nombres completos no deben ser revelados). Mientras que la actividad de los conversos en el terrorismo no es algo nuevo, la comunidad turca en Alemania hasta la fecha ha estado libre de la plaga del extremismo religioso. Los inmigrantes kurdos y turcos en Alemania y su descendencia se han visto atraídos al radicalismo nacionalista, pero raramente al fundamentalismo islámico. En general buscan encontrar, y tienen éxito encontrando, un lugar en la sociedad alemana.

El jueves 6 de septiembre, las autoridades germanas estaban aún buscando a alrededor de 10 sospechosos, descritos como una mezcla de alemanes, turcos y otros. Esta vinculación turca es problemática a la luz de la reciente elección del partido religioso sunita Justicia y Desarrollo (AK) en Turquía. Los musulmanes alemanes turcos y kurdos vienen describiendo la infiltración en sus comunidades de fundamentalistas «moderados» desde que los partidos religiosos emergieran como fuerza política seria en Turquía hace más de 20 años. De igual manera, los musulmanes moderados de las zonas colindantes con Turquía y vinculadas culturalmente, los Balcanes y Asia Central, advierten ya de que islamistas turcos, en lugar de islamistas árabes, están empezando a repartir dinero y establecer redes en sus regiones.

El segundo detalle llamativo es el parecido del complot alemán con la conspiración de Londres-Glasgow de finales de junio. En ambos casos, coches bomba llenos de peróxido de hidrógeno iban a destinarse contra aeropuertos importantes. Esto puede indicar una decisión estratégica por parte de Al Qaida de utilizar métodos rudimentarios para mutilar el transporte aéreo occidental. Cuando la historia de la guerra contra el terror se escriba por fin, podría resultar que el objetivo principal de Al Qaida es consistente. Repetidamente atenta contra líneas aéreas y aeropuertos en calidad de uno de los objetivos más ricos económicamente -con efecto catastrófico para el sector empresarial global, como hemos descubierto. Los sistemas de transporte público terrestre, como en Madrid en el 2004 o en Londres en el 2005, son aún más vulnerables, pero la dislocación social provocada por los ataques contra esto tiene corta duración.

Al-Qaida está perdiendo la guerra en Irak. Su fanática dedicación al takfir -la expulsión de la religión y el asesinato salvaje de los musulmanes que no están de acuerdo- de corte wahabí ha alienado a muchos sunitas que antes combatían contra la Coalición encabezada por Estados Unidos y el Gobierno iraquí. Mientras los iraquíes sunitas cambian de bando a nuestro favor, Al Qaida está enfrascada en transferir el campo de batalla yihadista a Europa, que es el escenario más conveniente, más cercano y más vulnerable.

La Unión Europea no ha formulado aún una estrategia común anti-terror eficaz. La autoridad federal europea está fragmentada y es objeto de caprichos políticos locales -como se vio con la apresurada retirada de los españoles de Irak tras los horrores del tren madrileño. Las diferencias como esa en el pasado entre los musulmanes kurdos, típicamente seculares, y los musulmanes kurdos en Alemania, los distintos grupos de musulmanes árabes y africanos en Francia, y los musulmanes radicales procedentes de Pakistán y La India en el Reino Unido también vienen obstruyendo la respuesta común de la Unión.

Si existe una trampa particular a evitarse a cualquier precio al extraer lecciones del complot alemán es la de aplicar clichés cada vez más comunes acerca del «terrorismo de cosecha propia». La conspiración alemana ya ha sido remontada hasta un grupo uzbeko, la Unión de la Jihad Islámica, que controla centros de entrenamiento en Pakistán. No hay suficientes uzbekos y ni siquiera turcos o paquistaníes suficientes en Alemania para sostener una red islamista radical «de cosecha propia» entre ellos, y en cuanto a los alemanes de origen turco, como indicaba, el fenómeno es nuevo y es importado. En Alemania, al menos, el terrorismo no es «de cosecha propia» con claridad -es una importación exótica, apoyada a través de dinero extranjero.

El grupo que supuestamente dio lugar a la Unión de la Jihad Islámica es el Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), el cual nunca puso un pie en esa antigua república ex soviética, pero reclutaba uzbecos para combatir en la yihad de Tajikistan y, tras el 11 de Septiembre, en Afganistán. El Movimiento fue barrido en Afganistán, pero algunos de sus miembros huyeron a Pakistán. Al pretender exportar el frente de Irak a Europa, Al Qaida parece estar intentando aunar cualquier fuerza de la que dispone, dondequiera que pueda encontrarse, y enviarla a Occidente. Su núcleo saudí original quedó herido de gravedad como consecuencia del 11 de septiembre, y sus sucesores se encuentran ocupados aún en Irak.

Al margen de la vigilancia de las autoridades alemanas, que Al Qaida esté rascando el fondo de sus posibilidades en busca de colectivos terroristas son buenas noticias, porque demuestra que sus filas en todo el mundo no se están viendo abastecidas, incluso si los frentes abiertos pueden incrementarse en distribución geográfica. La dependencia del armamento rudimentario basado en productos químicos corrientes es prueba de que Al Qaida estaría también agotando su capital financiero y tecnológico.

Lo peor a observarse del caso alemán es la ubicación de campamentos de entrenamiento del terror de la organización uzbeka en Afganistán. ¿Cuándo va el Gobierno de Pervez Musharraf a poner fin al acomodo de los radicales?

Vamos perdiendo

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:25 am

Cuesta decirlo justo en el sexto aniversario del 11-S, pero los malos nos están ganando. Conste que soy proclive al optimismo, pero las cosas lucen bastante mal. Los facinerosos campan a sus anchas y cada día ocupan más terreno. Avanzan pasito a pasito aprovechando la lasitud y la falta de nervio de una sociedad como la nuestra, que ha perdido el espíritu de lucha y cree que todo se arregla con buenas palabras.

En EE.UU., todavía traumatizados por la masacre de las Torres Gemelas, hay cierta sensación de peligro, pero aquí vivimos como si una bestialidad como el 11-M no pudiera repetirse. Y es un error. Lo que ocurrió puede volver a ocurrir. Y no porque lo anuncie Osama Bin Laden o porque las webs islámicas estén preñadas de sombrías, de alocadas reivindicaciones de Al Andalus.

Estoy convencido de que Bin Laden murió hace bastante. Probablemente enterrado bajo toneladas de roca en una gruta de Tora Bora. La sospecha se transforma casi en certeza cuando repaso su postrera aparición televisiva.

Comparen el rostro de la pantalla con las caras de vídeos anteriores y llegarán como yo a la conclusión de que el fanático saudí ha pasado estos tres últimos años internado en una de las clínicas de la doctora Aslam, atiborrándose de gerovital, o todo es un montaje.

Por no tener, no tiene ni canas en la barba. Y no me digan que es fruto del tinte, porque al jefe de Al Qaeda le han desaparecido hasta las arrugas.

En cualquier caso y para lo que nos jugamos aquí, que Bin Laden esté vivo, resulta irrelevante.

La naturaleza del terrorismo islámico hace innecesaria la existencia de una cabeza pensante o de una estructura financiera. Por eso es tan difícil combatirlo o detectarlo.

Uno de los argumentos más repetidos por quienes barruntan una conspiración tras el 11-M es que semejante carnicería no pudo ser perpetrada por «unos moritos de Lavapiés». Se equivocan. Y el drama, como demostraron el 11-S, el 7-J, Bali o el atentado del otro día en Argelia, es que «pringaos» así abundan entre nosotros y no hemos hecho nada para censarlos, espiarlos y expulsarlos.

Marcas de Políticos

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:24 am

La semana pasada celebraba la ausencia de políticos en el manso agosto madrileño, pero todos han vuelto y la música que emiten sigue siendo, desgraciadamente, la misma. Pero en este fin de semana, un político bien conocido, Rodríguez de apellido y José Luis de nombre, también llamado por el apellido materno Zapatero, nos ha sorprendido con una curiosa foto en un diario nacional. La foto en cuestión muestra a Rodríguez Zapatero corriendo solitario por la playa, vestido con ropa deportiva. Posiblemente la foto fue tomada en Cádiz.

En los círculos publicitarios ha sorprendido la instantánea; no porque ese diario, cercano a la línea del Gobierno, promocione la imagen atlética de nuestro prohombre, sino porque en la foto aparece luminosa y clara la marca de las zapatillas del presidente. Amigos diseñadores afirman que ha habido «photoshop» (retoque digital en nuestra jerga), mi blogero y amigo Jaime Agulló está convencido de que esto fue así.

El tema de las marcas viene de antes. Las deportivas Nike de Zapatero o de las camisas Polo Ralph Lauren de Rajoy y antes Aznar, no es un tema nuevo. Incluso a la Familia Real la hemos visto con marcas en su ropa en momentos lúdicos o deportivos.

Pero, ¿quién ayuda a quién con estas situaciones?: ¿el señor Zapatero a Nike por promocionar su producto a toda plana? ó ¿más bien es Nike quien ayuda al presidente a dar una imagen de deportista avanzado y moderno? Me inclino por esta segunda visión. No creo que nuestros dirigentes patrocinen esas marcas deliberadamente, ni que la marca en cuestión lo haya buscado. Mucho más plausible es el consejo del asesor de imagen, «José Luis, ponte estas deportivas», «Mariano, ponte esta camisa», por ejemplo.

También puede haber otro motivo, la simple y llana casualidad, pero si ven ustedes la foto, la marca es demasiado clara para no estar allí deliberadamente. Me gusta pensar que el político necesita más a la marca que la marca necesita al político.

Cava, «jazz» y sosiego después de la tormenta

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:23 am

B.T.

MADRID. Mientras una brisa intensa que parecía preludiar tormenta mezclaba en el ambiente las lenguas de Verdaguer y Cervantes, los varios centenares de asistentes a la celebración de la Diada en Madrid, congregados en los jardines de la Residencia de Estudiantes, aguardaban a su nuevo «president» (el año pasado les visitó Maragall, en sus estertores) con más sosiego que desaforada expectación (más «seny» que «rauxa»), acompañados por una banda sonora de «jazz» interpretado en directo, a lo Tete Montoliú, bandejas generosas de bebida (cómo no, también cava) y un menor despliegue de viandas, reservadas para después del discurso de Montilla.

El jefe del Gobierno tripartito catalán llegó puntual, al filo de las ocho, y fue abordado por muchos de sus paisanos residentes en Madrid, que le estrecharon la mano con calor y contadas manifestaciones de exaltación, como el clásico «Visca Catalunya», además de algún que otro estrambote de «… Visca el Barça», al que Montilla respondía: «També, també».

Arropado por la ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, el de Sanidad, Bernat Soria (valenciano asimilado, en esta ocasión), y el de Industria, Joan Clos, Montilla tuvo la ocasión de vivir una velada tranquila tras los sobresaltos del día anterior. Calma tras la tempestad.

Recuperación en septiembre

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:22 am

Este nuevo Zapatero de fin de legislatura que ha descubierto España, la bandera, el patriotismo, el capitalismo -bancario- y hasta los beneficios del deporte -al menos para las fotos de carreras modelo Sarkozy-, ha vuelto a los plenos de control del Congreso en otra nueva faceta: la de contable. Del talante y las reformas institucionales de 2004, ha pasado a las estadísticas, la renta per cápita, el superávit y las tasas de crecimiento. Todo es bueno para el convento a la hora de asegurar o rebañar votos, los de sus seguidores de cuando se calificaba de «rojo» o los de los más posibilistas consejeros de las entidades financieras. «No es herencia, les hemos superado», decía ayer orgulloso con la vista puesta en los escaños del Grupo Popular. El presidente del Gobierno quiere para sí el título de artífice de otro «milagro económico español» como el que la prensa económica internacional atribuyó a Aznar y Rato, la misma que le tilda a él de «provinciano». En esas está y a ese terreno le llevó Rajoy.

En cuanto a ánimos, pareció que la crisis veraniega de las listas en el PP ha hecho espabilar a Acebes y Zaplana, duros y ocurrentes ante De la Vega y Solbes. Por contra, a los vicepresidentes les ha sentado mal la euforia estival del PSOE. El económico, ni se molestó en la réplica. Está de retirada. De la Vega patinó al responder con lo de siempre -«falta a la verdad, señor Zaplana»- a dos acusaciones evidentes: que Zapatero se niega a hablar del caos de servicios en Cataluña y que la ministra de Fomento sigue en el cargo. Rajoy y los suyos se manejan mejor en el Congreso que en los medios y tienen que recuperar en septiembre lo perdido en julio.

Imaz y yo

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:21 am

Ni siquiera nos conocemos, pero Josu Jon Imaz y yo compartimos hace dos o tres meses un espacio. Uno no muy recomendable. El de las descalificaciones de la revista de prensa del diario «Gara», un lugar en el que el órgano proetarra pasa revista de insultos a cualquiera que se oponga a los designios etarras. Como es fácil de suponer, este periódico ocupa una buena parte de los improperios cotidianos, pero el día que encontré el nombre de Josu Jon Imaz en el mismo espacio y con una carga de odio comparable a la dedicada a este periódico y a mí misma, comprendí lo lejos que el presidente del PNV había ido en su proyecto de moderación y modernización del PNV y en su enfrentamiento a ETA.

Por eso lo han engullido los radicales. Pero no sólo los de su propio partido, Egibar, Ibarretxe y el soberanismo. Sería un error quedarnos en esa limitada apreciación del problema. Imaz ha sido devorado por el radicalismo que empuja a su partido desde dentro pero también desde fuera. El de ETA y sus aledaños, el de EA, el de Ezker Batua, el de Esquerra Republicana. La derrota del proyecto de moderación de Imaz y de la esperanza que había abierto para la democracia española es el triunfo de ese radicalismo. De todo él, incluido el de ETA.

El problema que atañe a los demás, a los no nacionalistas, es la responsabilidad de quienes han estimulado a ese nacionalismo radical en los últimos tres años con la oferta de todo tipo de contrapartidas políticas, con acuerdos parlamentarios, e, incluso con un gobierno de coalición en Cataluña. Y, sobre todo, con un discurso que los ha legitimado políticamente y les ha dado un lugar de honor en la política española de la llamada «Segunda Transición».

Imaz es una víctima de esa ola de radicalización, la de su partido y la del mensaje de la «Segunda Transición». Antes lo ha sido Rosa Díez y veremos si sobrevive Duran i Lleida. La moderación nacionalista no es rentable en la política española. Y mucho menos en el País Vasco. Allí, la moderación te expulsa de la cúpula del PNV y te coloca en la revista de prensa del «Gara». Como un «español» cualquiera. Como este periódico o como yo misma.

El incendio y el arpista

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:21 am

España en llamas, y Zapatero tocando al arpa su música preferida.

En Dublín, el Irish Times (IT) destaca un análisis negro azabache de Paddy Woodworth, que publica este mismo mes un ensayo titulado «The Basque Country», y que, hoy por hoy, teme que el conflicto vasco esté tan negro como siempre (antes de conocerse la retirada de Imaz).

A juicio de Woodworth, todo indica que ETA tiene «pocas intenciones de abandonar la violencia». Bien al contrario, a juicio del analista de IT, ni el «ejemplo» (¿?) del IRA ni el descrédito de la violencia islamista han «persuadido» a la banda etarra de «hacer concesiones». Un detalle positivo avanza Woodworth: «Está en declive el apoyo a ETA, como han demostrado las recientes manifestaciones».

En Burdeos, Sud-Ouest publica un análisis informativo, compilando el rosario de violencias, amenazas, atentados fallidos y menos fallidos, dejando un rastro de pavorosa incertidumbre.

En Ginebra, Romandie intenta analizar el alcance de la retirada de Josu Jon Imaz, temiendo que el ocaso de «un nacionalista moderado», sólo atice nuevos «riesgos de inestabilidad y radicalismo en la política vasca».

El espectáculo del «frente catalán» es percibido desde un ángulo tirando a esperpéntico. En París, L´Equipe (matutino deportivo) publica una crónica informativa, dejando caer las dudas internacionales sobre la podredumbre política que está embarrando los campos de fútbol. En Ginebra, TSR comenta con laconismo el problema de la irrupción de los problemas «soberanistas» (entrecomillados por el medio suizo) en los campos de fútbol.

Hay otro tipo de patriotismos perniciosos. En Londres, Financial Times publica un análisis de Paul Betts, sospechando que el Gobierno español vuelve a ser víctima de un ataque de «patriotismo económico», temiendo (con razón) que los grandes grupos energéticos franceses terminen «devorando» algunas piezas nacionales españolas. Betts recuerda las penosas tribulaciones y tropismos gubernamentales, intentando refugiarse en los castillos nacionales, con unos confusos resultados.

Prometer más que Chaves

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:20 am

VALENTÍ

PUIG

LOS populismos emergentes no prometen pisos, pensiones, subsidios o ascensores. Prácticamente en toda Europa, los líderes populistas ofrecen programas anti-inmigración, contrarios a la globalización, enfrentados a Bruselas y partidarios de optar por un pasado tan entrañable y cohesionado como irreal. Desde esta vertiente, las ofertas demagógicas de Chaves son algo más antiguo, tradicional en la medida en que el caciquismo logra adaptarse a un siglo XXI trenzado por Internet y contabilizado en euros. Mientras tanto, en los sectores del electorado que adoptan una cierta racionalidad a la hora de votar, la popularidad mercadotécnica de la promesa cuenta cada vez menos.

En España, Chaves y sus imitadores reproducen la demagogia del pasado, sólo superada en acumulación de estratos jurásicos por el particularismo vasco y catalán, propensos a promesas étnicas o irredentistas con alto nivel de fosilización. En conjunto, los populismos alcanzan mayor arraigo en las fases en que una sociedad le teme al progreso -como es el caso de las nuevas tecnologías o de la globalización. Ese síndrome de miedo al futuro da grosor a las expectativas de seguridad y nadie puede prometer más seguridad que los nuevos demagogos, precisamente porque la seguridad que ofrecen es inalcanzable. Son, directamente, los más beneficiados por la psicología de una izquierda que hasta hace muy poco -y todavía en algunas partes- desprestigiaba la seguridad en nombre del radicalismo y de un anti-autoritarismo que ha demolido la autoridad de padres y profesores. Se trata de una política que busca sustituir los afanes de la sociedad civil por las prótesis de la dependencia.

Ante ofertas demagógicas como la del actual presidente de la Junta de Andalucía, echar cuentas es lo más revelador, como incluso ha hecho Solbes con la promesa de pisos para sectores sociales de bajo poder adquisitivo. En estos casos, Josep Pla siempre preguntaba: «Y eso, ¿Quién lo paga?». Es la pregunta que los periodistas deberían hacer en todas las ruedas de prensa. El miedo al futuro incrementa la irracionalidad en los comportamientos sociales. Pero no puede decirse que Andalucía sea una sociedad que le tenga miedo a lo por venir. Es más: sus empresarios y sus universidades apuestan cada vez más por una economía abierta, creativa y capaz de competir. Una sociedad civil afirma así sus iniciativas y su autonomía respecto de las inercias del poder político. En nada de eso parece creer Chaves si hay que valorarlo por sus promesas electoralistas. Ya no estamos hablando de una manera de hacer política -caduca y clientelista- sino de un modelo de sociedad y de futuro. Por una parte, existe la opción del esfuerzo y la competitividad; por otra, prometer dedicar el dinero público a construir 700.000 viviendas en diez años, suprimir peajes, un ordenador para cada dos alumnos, vacaciones pagadas para las amas de casa, poner ascensores en todos los edificios, centros hospitalarios con todas las habitaciones individuales, entre otras ocurrencias que habrán dejado exhaustos a los consejeros y asesores de la Junta.

Existe, ciertamente, una pulsión de instantaneidad que en estos tiempos se traduce en acogida de las tesis populistas y en ámbito para la política de emociones. Al mismo tiempo, tenemos ya una cierta experiencia democrática y a las ofertas de la demagogia se puede responder verificando la credibilidad de quien promete y lo hacedero de todo cuanto prometa. Incluso es posible ganar elecciones sin hacer promesas. En fin: si la exposición mediática a veces contribuye a un mayor volumen de lo demagógico también puede asistir a su análisis y descalificación. Por ejemplo: todos hemos rendido tributo al protocolo de Kioto hasta convertirlo en dogma de fe al proponer una reducción de CO2 en un 5 por ciento en relación al nivel de emisiones de 1990, pero ocurre que la Unión Europea firma y no cumple, Norteamérica le da la espalda mientras que Rusia o China no se dan por enterados. Según los sondeos, en España sólo un 3,5 por ciento de los encuestados considera que los individuos tendrían que asumir más responsabilidades en aquellos temas que les conciernen, mientras que un 19 por ciento prefiere que lo haga todo el gobierno. Estos porcentajes explican que Chaves siga prometiendo lo imposible aunque lo verdaderamente posible esté en manos de la sociedad.

vpuig@abc.es

Orgía de talibanes

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:19 am

IGNACIO CAMACHO

LES está hirviendo el radiador. Toda la política apaciguadora de «Chamberlain» Zapatero frente a la crecida del nacionalismo ha desembocado en una escalada de exigencias que no sólo recalienta la tensión frente al Estado, sino que se lleva por delante a los moderados en medio de una orgía de talibanes en trance de iluminada excitación. Cuando Pujol y Maragall compiten a ver quién llega antes a la montaña sagrada del soberanismo, adelantando a Carod Rovira por el camino, es que la temperatura ambiental ha alcanzado el grado rojo de fusión de los materiales de la sensatez. Cómo estaría el patio que hasta Duran Lleida prefirió quedarse en casa para no participar del akelarre de la Diada, o acaso para preservar su imagen razonable por si llega el momento de muñir un pacto. Pero esto fue el martes, y los acontecimientos se precipitan en un vértigo inquietante; ayer la manada de lobos del PNV se comió por los pies a Josu Jon Imaz, que tampoco es que sea un españolazo: simplemente discrepaba en el manejo de los tiempos y proponía dejar la autodeterminación para pasado mañana.

Eso es muy tarde para los fundamentalistas de la secesión, que quieren apretarle las tuercas a Zapatero el Pacificador al verlo parapetarse tras el logotipo del «Gobierno de España». A ver si el Gobierno de España se comporta como tal cuando Ibarretxe, Egibar y su enloquecida tribu de fanáticos abertzales saquen a la calle las urnas de cartón para celebrar la farsa del referéndum. Imaz, que gastaba fama de comedido porque hablaba bajito y sin decir barbaridades, ha tirado la toalla al verse en minoría y desprotegido ante el «tsunami» levantisco, sin fuerzas para ejercer de amortiguador de la presión soberanista. Lo han arrollado por ponerle reparos estéticos a la idea de celebrar la consulta con ETA haciendo campaña a bombazos; no es que no le pareciese bien el fondo del asunto, sino que repugnaba a su talante atemperado la manera tan zafia de abordarlo y trataba de mitigar siquiera un poco el frenesí de la secesión. Pero ya no hay sitio para escrupulosos; los jerarcas de la nomenclatura «jeltzale», la cúpula de poder del nacionalismo vasco, temen precisamente que si ETA mengua decaigan los argumentos chantajistas con que sostienen su huida hacia delante.

Así que he aquí el fruto del imaginativo hechizo del Gran Mago de Moncloa, que con sus caricias y arrumacos iba a amansar a las fieras como San Francisco de Asís, en contraposición a aquel arisco Aznar que les quería arañar el hocico con su áspero bigote. Quizá creía que los mantras de la pazzzzzzz y la nación de naciones iban a adormecer a las bestias, pero éstas lejos de narcotizarse con la retórica se meriendan a los colegas más apacibles de la manada, y con sus despojos entre los dientes desafían al presunto hipnotizador retándole a desplegar otro sortilegio más eficaz.

Y sin embargo, él sonríe.

El paleto Zapatero

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:18 am

M. MARTÍN FERRAND

EN Suresnes, a las afueras de París, donde el PSOE germinó una de sus muchas e históricas mutaciones y consagró la figura de Felipe González, los monjes de la abadía de Saint-Germain-des-Prés producen -4.000 botellas anuales según el Larousse Gastronomique- un buen vino blanco de suaves efectos laxantes. Sabiéndolo se entienden algunos de los retortijones que marcan la línea del socialismo según lo entiende José Luis Rodríguez Zapatero. Es decir, el disparatado socialismo confederal que, lo mismo a través de un «proceso de paz» en el País Vasco que de una provocación estatutaria en Cataluña, está rompiendo la Constitución, debilita al Estado, pone en cuestión la idea nacional y ridiculiza cualquier sentimiento patriótico.

Cuando, animados por el ambiente, dos nombres del pasado, tal que Jordi Pujol y Pasqual Maragall, invitan a los catalanes a una movilización soberanista tenemos bien clara la muestra del daño que Zapatero le viene haciendo desde el Gobierno de España al Estado español. El dos veces gárrulo Zapatero ha impulsado desde la franquicia catalana de su partido el desbordamiento del Título VIII de la Constitución y ahí, para mal de todos, están los resultados y las voces que les acompañan. El líder, que no pasará a la historia del pensamiento político, se defiende con mohines y asegura que «el PP ha dedicado mucho tiempo a crispar y poco a trabajar».

Dando por buena la segunda parte de su pueril disculpa, ¿quién crispa la realidad nacional? ¿Quién promete lo inalcanzable y, rodeado de un equipo menor, acredita incoherencia y empuja despropósitos? Cuando un diario tan veterano y lúcido como The Wall Street Journal, con más de dos docenas de premios Pulitzer en la barriga, nos dice que «en unos días» Zapatero llevó a España «de ser un país de primera línea a la retaguardia» debemos, independientemente de nuestras respectivas intenciones de voto y al margen de filias y fobias, dedicarle un cuarto de hora a la reflexión. El diario económico compara en su análisis a Zapatero con los hermanos Kaczynki, los polacos, y concluye que les une su condición de «provincianos». No tienen horizontes y empequeñecen a dos naciones que, por historia y potencialidad, están llamadas a un mayor protagonismo europeo. Progresistas para el retroceso.

No hay nada como la distancia para ajustar los juicios críticos. Cuando el colega norteamericano le llama «provinciano» a Zapatero -paleto, traduciría yo para mejor ajustar su intención- está dando en el clavo. Esa es la médula, dejando al margen el talento y la intención, de una personalidad acomplejada que ha bebido los recuelos del vino de Suresnes y, que sin haberlos digerido, se ha entregado a la ensoñación y el culto de la memoria de su abuelo, algo tan familiarmente entrañable como políticamente irresponsable.

David Miliband, Foreign Office

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DARÍO

VALCÁRCEL

EL nuevo secretario del «Foreign Office», David Miliband, es una fuerza de la naturaleza. Desde Anthony Eden hasta Margaret Beckett, hemos conocido antecesores suyos. Eden, luego primer ministro, dimitido a raíz de Suez, 1956, no era un superdotado. Pero Miliband es estelar: lo demostró en el desayuno del viernes, Instituto Elcano (conducido por Charles Powell, y no era fácil de hacer). Lo de menos es que Miliband sea de ascendencia judía, o que tenga una gran carrera académica: grado B en Ciencias Físicas; Corpus Christi College de Oxford (cum laude en Filosofía, Ciencias Económicas y Ciencia Política); de nuevo Ciencia Política en el MIT, Estados Unidos; luego alumno de la Kennedy School en Harvard. Los curricula, a veces, son útiles. Además, los genes marcan: Ralph Miliband, padre de David, refugiado polaco en Reino Unido, fue fundador de dos prestigiosas revistas de la izquierda británica; fue alumno y después competidor de Harold Laski. Ebanista de afición, reparador de muebles dañados por los bombardeos de 1940, Miliband fue uno de los primeros en condenar la invasión de Hungría por los soviéticos en 1956.

Miliband hijo entró en política en 1994, a los 29 años. Al ganar Blair las elecciones, se convirtió en jefe de facto del equipo del nuevo primer ministro. Ya por entonces Alastair Campbell le puso un mote, el Cerebro. Elegido en la Cámara de los Comunes en 2001, fue designado en 2006 para un puesto de relieve, ministro de Medio Ambiente. En esta columna no se publican cvs: pero nada se entiende sin estos datos. Demuestran cómo un país de 60 millones de habitantes (300 EE. UU.; 1150 India; 1300 China) puede mantenerse en lo alto gracias a ese triple compuesto, inteligencia, libertad, voluntad. Reino Unido, atentísimo siempre a las corrientes, internas y externas, supo atraer al belga-polaco Miliband.

De sus 40 minutos, utilizados al límite, David Miliband lanzó tres cables de gran alcance: a Europa, al mundo y… a Turquía. Primera botella con mensaje, el Reino Unido, pieza clave para la trayectoria del nuevo tratado de la UE, se presenta, con los nórdicos, como inflexible defensor de una política del Cambio Climático. El informe Stern, que Blair adoptó, ha revolucionado las relaciones con Estados Unidos. Pero hay 26 estados en Norteamérica -ventajas del sistema federal- tan exigentes o más que los británicos en Medio Ambiente. El progreso de los occidentales, cree Miliband, hace imposible vivir en estado de equilibrio con la Naturaleza. Esta cuestión será decisiva para el primer gobierno de Gordon Brown.

Segunda botella: «Los británicos no estuvimos en el grupo fundador de la UE, tampoco los españoles». En el origen de la Unión hay un equívoco: ampliar la UE no equivale a debilitarla. La Unión es más fuerte, sostiene Miliband, a medida que se amplía. La seguridad de Europa no es posible sin una Unión extensa. Esto lleva a pensar en una Europa en la que Turquía pueda pactar su difícil integración (Nicolas Sarkozy, ha vuelto sobre algunos obstáculos puestos a Ankara). Es la tercera botella lanzada al océano: una parte, quizá mínima, de Turquía es europea e incluye Estambul, Constantinopla durante veinte siglos. ¿Podemos olvidarlo? La seguridad europea depende de sus fronteras. Somos la generación de la post guerra fría, repitió Miliband, también del 11 de septiembre. El peligro de Al Qaeda puede ser conjurado por una Europa rigurosamente integrada, no por una Europa pequeña. El mundo musulmán se ha sentido humillado durante los últimos 500 años. Hay un difícil choque de civilizaciones. Somos una civilización superior, añadió Miliband con no poco valor. La distancia que separa a Montreal, Los Ángeles o Berlín, añadimos nosotros, de Jartum, Riad o Teherán, es de 500 años. Hoy el gobierno de los antiguos persas se escuda en una aburrida tentativa nuclear para esconder algunas incapacidades: son grandes productores de petróleo pero no refinan bastante gasolina y han de importarla. Una de las bases de la distancia tomada por los occidentales se funda en la secularización del estado. La igualdad entre naciones avanza estadísticamente. La desigualdad entre individuos empeora realmente. Apenas hemos entrado en nuestro asunto y no hay espacio. Volveremos. Perdonen.

Lizarra puede con Imaz

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:16 am

LA decisión de Josu Jon Imaz de abandonar la presidencia del PNV y la actividad política es una rotunda victoria del PNV que pactó con ETA el acuerdo de Estella y alumbró el Plan soberanista del lendakari Ibarretxe. No es que Imaz se vaya por repudiar ambos episodios de la historia de su partido -que él mismo protagonizó desde diferentes cargos- o por no aceptar, en el momento que fuera conveniente, una consulta de autodeterminación, sino porque su apuesta estratégica actual de reconducir al PNV a un comportamiento más pragmático y menos dogmático ha chocado con la radicalidad soberanista que predomina en el nacionalismo desde 1998. Imaz no es menos nacionalista que Joseba Egibar o Juan José Ibarretxe, pero su forma de entender la práctica del nacionalismo y de asegurar la permanencia en el poder le llevaron a lanzar un desafío cuyo desenlace teórico habría sido, con toda probabilidad, un pacto con los socialistas, que sustituyera a la coalición con Eusko Alkartasuna e Izquierda Unida. El problema de Imaz es que carecía de la fuerza interna suficiente para realizar su proyecto y así se desprende de la carta que envió a los medios, fiel reflejo de un político que se siente aniquilado -y no es el primero- por su propio partido.

El detonante de esta decisión de Imaz ha sido el acuerdo de la directiva del PNV sobre el proyecto de ponencia política que se presentará a sus bases en los próximos meses. El documento -un auténtico manifiesto de ensoñación aranista- contiene análisis y propuestas que eran incompatibles con la visión de Imaz sobre el papel que el nacionalismo democrático debía asumir en el País Vasco, porque, lejos de cortar amarras con la beligerancia ultranacionalista del Pacto de Estella y del Plan del lendakari, se ratifica en sus bases más esenciales, tales como la soberanía, la territorialidad y el derecho a la autodeterminación ejercido mediante una consulta popular, sin fecha pero cierta. El paso de Imaz por la presidencia del PNV se benefició de los favorables juicios de los no nacionalistas -que ayer lamentaban su decisión- más que de hechos concretos hacia una moderación del nacionalismo. La caída de Imaz pone igualmente de manifiesto la capacidad destructiva de la estrategia de Zapatero, que ha terminado por arruinar las expectativas de un presidente del PNV sobre el que el presidente del Gobierno descargó un parte fundamental de su «proceso de paz».

El mandato de Imaz en el PNV quedará registrado como una nueva demostración de que en este partido la moderación, aunque sólo fuera desde un punto de vista táctico, se paga cara, porque el nacionalismo vasco no entiende de formalismos a la hora de plantear sus viejas reivindicaciones soberanistas. Al margen de quedar seriamente dañadas las posibilidades de pactos poselectorales con el PP en 2008, el efecto más grave de esta reafirmación ultranacionalista del PNV es que en el País Vasco vuelven hoy a converger, en sus más exacerbadas expresiones, las dos causas de su déficit democrático: el terrorismo de ETA y la doble moral del PNV.

La batalla perdida de Solbes

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:15 am

SON tantas y tan importantes las discrepancias entre el vicepresidente económico y varios de sus compañeros de gabinete que es legítimo preguntar qué hace un ministro como Pedro Solbes en un Gobierno como el de Rodríguez Zapatero. La natalidad subvencionada, los alquileres desgravados y el dentista gratis han sido las propuestas «sociales» del Ejecutivo socialista a las que Solbes ha puesto objeciones, algunas tan graves que en cualquier Gobierno serio habrían bastado para retirarlas. También se opuso al proyecto de vivienda garantizada que ha propuesto la Junta de Andalucía. Sin embargo, con Rodríguez Zapatero, el ministro de Economía ha quedado relegado a un papel de «pepito grillo» y portador de malas noticias, cuyas sensatas observaciones a la inviabilidad de ciertas iniciativas electoralistas son despachadas de manera despectiva. Ayer lo hizo el último en llegar al Gobierno, el ministro de Sanidad, Bernat Soria, quien afirmó que su plan de asistencia bucodental «irá adelante» y se mostró indiferente a las críticas de Pedro Solbes, a pesar de que estas eran de absoluto sentido común. Dijo Solbes el día anterior que la propuesta de Soria carecía de memoria presupuestaria y que la sanidad es una competencia de las comunidades autónomas. Es decir, que ni hay dinero previsto ni hay potestad administrativa para hacer lo que propone el ministro de Sanidad. La consecuencia lógica de las valoraciones de Solbes debía haber sido la retirada del plan de asistencia bucodental. Sin embargo, la inversión de prioridades en el Gobierno de Zapatero hace que primen las necesidades electorales de su partido sobre la administración responsable de los recursos públicos. Por otro lado, si Soria se siente fuerte frente a Solbes -lo cual da la medida del estado en que se halla el Ejecutivo- es porque Zapatero lo respalda. Así se desprende de la rotunda afirmación de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien no dejó lugar a dudas: «los niños de 7 a 10 años tendrán dentista gratis porque Solbes y Soria se van a encontrar». La sentencia de la vicepresidenta equivale a una orden al ministro de Economía para que deje de actuar como tal y sea cómplice, por omisión y silencio, de la terapia electoralista que el Gobierno está recetándose para ganar las elecciones.

Lo más grave de todo es que, en el momento en el que la situación económica muestra claros síntomas de deterioro -aunque la Comisión Europea haya echado a Zapatero el capote de mantener las previsiones de crecimiento para 2008, el Gobierno haya decidido prescindir de su ministro de Economía por la vía de hecho. Por otro lado, la descoordinación interna del Gobierno ya no se esconde. Los ministros de Vivienda y de Sanidad se lanzan a hacer propuestas que sólo se podrían aplicar con un claro incremento del gasto público sin antes tener en consideración la opinión del ministro de Economía. Una vez puede ser un error, pero dos arrinconamientos seguidos a Solbes sólo se puede interpretar como una estrategia deliberada de marginarlo de las principales decisiones tácticas de la campaña electoral que abrió Zapatero en Rodiezmo con su promesa de subir algunas pensiones. Así, es imposible confiar en la capacidad del Ejecutivo socialista para afrontar con garantías un período de «incertidumbre e indefinición» económica como el que diagnosticó Pedro Solbes hace pocos días.

No es serio que el ministro de Economía esté jugando este papel decorativo en el Gobierno. Si Rodríguez Zapatero ha optado por no hacer política económica y no quiere ser cómplice de este dislate, Solbes haría mejor yéndose. No va a repetir en la próxima legislatura, en caso de que gane el PSOE las elecciones, y, por tanto, está en las mejores condiciones para hablar y actuar con plena independencia, sin quemar más su merecido prestigio en una batalla por el sentido común, que ya le ha demostrado Rodríguez Zapatero que la tiene perdida.

Bachiller sin esfuerzo

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:14 am

MIENTRAS Sarkozy comienza el curso escolar en Francia tomando medidas en favor de la «cultura del esfuerzo», Rodríguez Zapatero está dispuesto a dar toda clase de facilidades para que los alumnos españoles consigan títulos devaluados. La ministra de Educación y Ciencia anuncia ahora que los alumnos de primero de bachiller que suspendan hasta cuatro asignaturas podrán optar por repetir el curso completo o por matricularse de las pendientes con el añadido de algunas materias de segundo. En teoría, eso no significa que hayan superado el curso; sin embargo, más allá del formalismo, lo cierto es que podrán avanzar hasta el nivel siguiente, ya que es poco realista suponer que prefieran repetir. Mercedes Cabrera ofrece un extraño argumento a la hora de justificar una norma que carece de sentido: para evitar las elevadas tasas de abandono escolar, sostiene la ministra, hay que hacer «menos rígida y más flexible» esta etapa de secundaria. En la práctica, se trata de dar más facilidades para cumplir formalmente con los objetivos de la UE, esto es, un índice de abandono del diez por ciento frente al treinta por ciento actual en España. El MEC ofrece así una falsa solución para un problema real: al rebajar todavía más el nivel de exigencia, la enseñanza secundaria se convertirá en una fábrica para expedir títulos que nadie se tomará en serio.

Hace tiempo que la comunidad escolar exige un pacto de Estado por la educación. Sin embargo, el Gobierno sigue empeñado en una maniobra de distracción con fines partidistas, a través de la Educación para la Ciudadanía, mientras el sistema educativo se degrada sin remedio. Todos los informes internacionales coinciden en el bajo nivel de nuestros escolares, y ello repercute -como es lógico- en la escasa competitividad de la Universidad española en la escena mundial. Una economía moderna no puede jugar en la «Champions», según la analogía deportiva del propio Zapatero, si la educación no garantiza profesionales solventes y acostumbrados al trabajo duro para alcanzar sus metas. Un adolescente que encuentra el camino sin obstáculos para avanzar en sus estudios puede sucumbir fácilmente a la tentación del mínimo esfuerzo. Además, la autoridad de padres y profesores queda en entredicho si los jóvenes sin madurez suficiente se sienten protegidos por un sistema que les otorga toda clase de ventajas. El voluntarismo de la ministra cuando declara que «más flexibilidad no significa menos exigencia» es un simple brindis al sol para dar cobertura a una decisión absurda, criticada con toda razón por el PP. Por este camino, la ya discreta calidad de nuestra enseñanza secundaria puede caer bajo mínimos en los próximos tiempos.

El error Kosovo

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:13 am

DESDE el 23 de marzo hasta el 10 de junio de 1999, setenta y ocho días que parecieron interminables, la OTAN intervino militarmente en Kosovo. Era la primera vez que en toda su historia la Alianza desencadenaba una acción militar. Era también la primera vez que lo hacía en un espacio geográfico ajeno al originalmente descrito en el Tratado de Washington, circunscrito al territorio de los Estados miembros en el área del Atlántico Norte. La acción bélica emprendida no era estrictamente una acción defensiva, única contemplada en el Tratado, iba dirigida contra un Estado soberano miembro de las Naciones Unidas y se realizó sin autorización del Consejo de Seguridad. La acción militar, de una extraordinaria contundencia, tuvo un componente básicamente aéreo, registrando un total de 38.000 vuelos, de los cuales 10.484 fueron de bombardeo. Los objetivos eran primordialmente de orden militar y concentrados en las Fuerzas Armadas yugoeslavas pero a medida que la resistencia encontrada se revelaba mayor de la prevista, los bombardeos incluyeron infraestructuras civiles, que quedaron gravemente dañadas, y los eufemísticamente calificados como «daños colaterales» -víctimas civiles- hicieron desgraciadamente su no corta aparición. Entre ellos cabe recordar el bombardeo de la sede de la Embajada china en Belgrado, origen de un agrio y grave conflicto diplomático.

La conducción del conflicto no estuvo ausente de tensiones en el seno de la Alianza, cuyos componentes habían decidido actuar en las difíciles condiciones en que lo hacían, y a pesar de ellas, animados por la loable convicción de que las acciones de Slodoban Milosevic en el territorio, practicando una política brutal de limpieza étnica en contra de la mayoritaria población de origen albanés, conducían a una catástrofe humana que era necesario evitar a cualquier precio. La operación se saldó con un claro éxito militar y político para la OTAN. Los Gobiernos aliados supieron mantener la cohesión hasta el final del proceso y las disidencias existentes en las opiniones públicas respectivas o en la oposición de Rusia a la intervención no alcanzaron nunca nivel significativo. La OTAN sabía hacer la guerra y sabía hacerla bien.

Antes, durante y después del conflicto los portavoces de la Alianza y de sus miembros se esforzaron en recalcar que la acción bélica tenía como finalidad la de impedir el aniquilamiento de un grupo humano, apoyando el retorno a la estabilidad en los Balcanes, nunca la de favorecer la independencia de Kosovo. En realidad la garantía de la integridad territorial de Yugoeslavia -tal como había quedado después de las independencias de las restantes Repúblicas de la antigua Federación- constituía la mejor prenda, en realidad la única, de los aliados frente a Belgrado: la seguridad de que la guerra no se había hecho para alterar sus fronteras.

El mismo día en que la OTAN da por finalizadas las operaciones militares, el 11 de junio de 1999, el Consejo de Seguridad recupera su capacidad de actuación para recordar en la Resolución 1244, que la solución política a la crisis de Kosovo debe tener en cuenta, entre otros extremos, el respeto «a los principios de soberanía e integridad territorial de la República Federal de Yugoeslavia». La misma Resolución había reafirmado el respeto de «todos los Estados miembros a la soberanía y a la integridad territorial de la República Federal de Yugoeslavia… en los términos del Acta Final de Helsinki». En ese sentido el Consejo se hace eco de la declaración sobre Kosovo que pocas semanas antes, el 6 de mayo, habían firmado los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros del G-8 (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón). Según unos y otros, pues, el futuro de Kosovo debía canalizarse a través de una «autonomía substancial» en el marco de la Federación Yugoeslava -hoy, tras la independencia de Montenegro, reducida a Serbia-.

Lo que en este momento está proponiendo la ONU para el territorio a través del dictamen elaborado por el ex presidente de Finlandia Martti Ahtisaari desemboca pura y simplemente en la independencia kosovar, desoyendo las reiteradas llamadas que el mismo Consejo de Seguridad había realizado en sentido contrario. Y forzoso es constatar que, salvo vigorosa reacción de la comunidad internacional, Kosovo será independiente en plazo no demasiado lejano. No era ese el objetivo por el que lucharon los aviones de la OTAN. No era ese el objetivo que el Consejo de Seguridad se había marcado tras la «intervención humanitaria».

En realidad el informe Ahtisaari, seguramente de manera involuntaria, endosa la política contra la que se produjo la acción militar aliada, sólo que cambiando los elementos de la ecuación: allí donde antes se luchó para que los albaneses no fueran desplazados por los serbios hoy se da razón a la predominancia albanesa, incluso a costa de la desaparición de los pocos serbios que todavía pueblan el territorio. Y la razón ofrecida no es otra que la constatación de un fracaso: es difícil, dicen, imaginar la coexistencia entre serbios y albaneses. Eso ya se sabía antes de comenzar la guerra, concebida como un elemento de fuerza en la solución del conflicto. Que desde entonces hayan transcurrido ocho años de intensiva presencia internacional en el territorio -ONU, OTAN, UE- para concluir que la única solución consiste en violar algunos de los más elementales principios de la vida internacional, tal y como los recoge la Carta de las Naciones Unidas, es ciertamente descorazonador.

En esta historia de Kosovo nadie es por completo inocente. Fue siempre absurdo y potencialmente sangriento el fervor nacionalista depositado por los serbios en el antiguo campo de batallas perdidas, torpe y criminal el tratamiento de la población albanesa, insuficiente la actitud de la Serbia post-Milosevic para encarar la gravedad del problema. Como también poseen importante cuota de culpa los albaneses, que han dilapidado la razón que les da el número en la práctica de una política tantas veces reflejada en la de los serbios -grupos terroristas armados, exclusión absoluta del diferente, satanización del contrario-. Y equivocadas las razones de la Federación Rusa -el único miembro permanente del Consejo de Seguridad opuesto al plan Ahtisaari- al tomar partido por los serbios: no está en juego la parroquial solidaridad nacional-cultural-religiosa, sino la posibilidad de hacer posible unos Balcanes post-yugoeslavos cimentados en la convivencia democrática y respetuosa de los diversos en raza, religión o cultura. Sin por ello olvidar a los países occidentales, a lo que parece embarcados sin remedio en una política guiada por el deseo de castigar a los serbios.

Pero un Kosovo independiente no sólo vulnera el principio de derecho internacional que reclama respeto a la integridad territorial de los Estados. Concede alas, desde la cúspide de la comunidad internacional, a todos los irredentismos separatistas que quieren abolirlo. Apuesta por una sociedad sin matices, compuesta exclusivamente por los de un mismo color, una misma lengua, una misma raza o una misma religión. Crea inevitablemente una nueva inestabilidad regional, que acabará por afectar de manera grave a todos los vecinos. Y constituye claramente un gigantesco paso atrás en todos los esfuerzos de la humanidad para construir comunidades de ciudadanos diferentes y libres, capaces de convivir pacíficamente a pesar de sus diferencias.

Por razones torcidas, Rusia ha impuesto su voluntad en el Consejo de Seguridad y obtenido un aplazamiento en la decisión de Naciones Unidas. Sería imprescindible el aprovechamiento del tiempo ganado para replantear toda la cuestión de Kosovo en términos acordes con las necesidades y las sensibilidades del tiempo presente. Ahtisaari no es la solución.

JAVIER RUPÉREZ

Embajador de España

Va a por todas

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:11 am

Por José Francisco Serrano Oceja

Comienza el curso político, académico cultural y eclesial. A la tradicional efervescencia de las primeras vísperas de unas anunciadas elecciones generales se suman los demonios familiares y las batallas de nuestros antepasados. Para más recuelo, nuestro ministro doctor House se nos ha convertido en el ministro eutanasia, con el siempre fácil y sonriente argumento de que la sociedad española demanda una ley en la que se dé carta blanca a la muerte indigna, ejemplo de progreso, modernidad y no se sabe cuántas cosas más. Y si no que se lo pregunten al juramento hipocrático.

Los socialistas, que no hacen otro ejercicio que no sea el del chantaje –a la historia, al presente, a los débiles, a los que no piensan como ellos, a los que tiene sometidos–, ha lanzado un órdago a la chica al Gobierno navarro con una propuesta para implantar, vía motu propio, el aborto en la comunidad de Navarra. Ya se sabe que, cuando de amedrentar se trata, ellos son los primeros; es una manifestación más, como en el caso del diálogo con ETA, del miserable oportunismo de algunas fuerzas políticas, amén de una frivolidad moral incalificable.

El partido socialista tiene una forma de hacer política en materias sociales, su bandera y su caudillaje, carente de escrúpulos, en la que juega con la dignidad de la persona humana al antojo de las coyunturas del número de votos y del electorado cautivo. La práctica del aborto en España, ese holocausto silencioso síntoma de una asumida cultura de la muerte, hace que entendamos como normal algo que no lo es. Y éste es uno de los principios irrenunciables de la machacona manipulación del Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero.

Los analistas de las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia, o entre la Iglesia y el Gobierno, hacen cábalas sobre el grado de laicismo pertinaz que contendrá el programa con que el partido socialista se presentará a las próximas elecciones. Hay quienes afirman que para que ganen las elecciones, dado que parece que los números están más iguales de lo que se sospecha, la propuesta no puede ser otra que la de un pronóstico moderado, máxime si los movimientos finales de la Ley de Memoria Histórica y de los encantamientos de serpiente familiares cumplen sus objetivos. Luego vendrán días y vendrán ollas. Sin embargo, hay quienes opinan que los diseñadores del programa del partido socialista saben que la próxima legislatura es la definitiva para hacer de España, de verdad y de una vez por todas, la avanzadilla de la modernidad social. Habría, por tanto, que colocar al único freno efectivo que queda, la Iglesia, en su sitio, que es la sacristía y el mundo interior de las conciencias sin ciencia. Por tanto, a por todas.

Lo que parece cierto es que se ha intensificado la campaña socialista contra el ejercicio de la libertad efectiva de los padres para elegir la educación para sus hijos según sus convicciones. No hay día en que el ínclito Peces-Barba, o alguno de sus corifeos, arremeta contra la Iglesia, contra los obispos, contra los padres que han apostado ya por la objeción de conciencia como medio legítimo de defensa de sus derechos. Por más que algún globo sonda pregunte a las familias católicas qué eliminarían del programa de la asignatura en orden a un potencial cambio en la próxima legislatura, lo que los socialistas quieren, a toda costa, es desactivar la quiebra de hecho del sistema que suponen las objeciones. Mientras, el partido tiene una cuarta, por eso de que aún no es quinta, columna en la Iglesia y esta historia, que viene de antiguo, según los especialistas en educación –la educación ético-cívica de Gómez Llorente–, parece haber cogido a algunos obispos mirando para el principio filosófico de la no contradicción. Un curso, en suma, nada aburrido.

Buenas noticias, pero no para todos

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:09 am

Jeff Jacoby

Es una guerra, y es Oriente Medio, así que las noticias positivas se pueden deteriorar y nunca hay garantías de nada. Pero, teniendo en cuenta estas advertencias, las noticias procedentes de Irak son bastante esperanzadoras.

Durante meses, los observadores han estado achacando al “incremento gradual” del general David Petraeus los notables progresos sobre el terreno. Ese mensaje no sólo ha venido de viejos partidarios de la guerra, sino también de algunos de sus mayores críticos.

Michael O’Hanlon y Kenneth Pollack, analistas de la izquierdista Brookings Institution, sacudieron Washington con su columna del 30 de julio, Una guerra que podríamos ganar. Once días más tarde, la revista alemana Der Spiegel, que hace ya tiempo que había calificado la guerra como un desastre llamado a fracasar, revisó radicalmente su opinión. “Los Estados Unidos están teniendo más éxito militarmente en Irak del que el mundo quiere creer”, informó el periodista Ullrich Fichtner en un reportaje detallado. Tanto que el resultado que la administración Bush “había predicho erróneamente antes de la invasión –que las tropas serían recibidas con caramelos y flores– aún podría terminar cumpliéndose”.

Hace un par de semanas llegaron más buenas noticias, anunciadas por los principales políticos chiítas, sunitas y kurdos de Irak. El primer ministro Nouri al-Maliki, el presidente Jalal Talabani, el vicepresidente Tarik al-Hashemi, el vicepresidente Adel Abdul-Mahdi y el presidente regional kurdo Massoud Barzani están uniendo fuerzas en materia legislativa para zanjar algunas de las cuestiones más espinosas que plagan la política iraquí, incluyendo una política nacional sobre el petróleo, una relajación en la desbaazificación y la liberación de ciertos detenidos.

Para la mayor parte de los norteamericanos, es evidente que los avances positivos en Irak son muy bien recibidos. Pero no todo el mundo se siente así. Las buenas noticias son malas para gran parte de la izquierda demócrata, donde la oposición a la guerra se ha convertido en una inversión política y emocional en la derrota. El látigo de la mayoría en la Cámara, Jim Clyburn, de Carolina del Sur, fue preguntado por el Washington Post sobre qué pensarían los demócratas si al mes siguiente Petraeus informaba de que la guerra iba bien. “Eso sería un verdadero quebradero de cabeza para nosotros”, respondió cándidamente Clyburn.

La intensidad de la determinación de la izquierda a abandonar Irak quedó plasmada en la reacción a una única frase del discurso de Hillary Clinton hace unas semanas ante los Veteranos de Guerras Extranjeras: “Hemos empezado a cambiar de táctica en Irak”, dijo aludiendo al incremento, “y en algunas zonas, en la provincia de al-Anbar en particular, está funcionando”.

El diplomático comentario despertó inmediatamente las críticas feroces de los rivales demócratas de la Clinton. El director de campaña de John Edwards, David Bonior, la advirtió que no “minara los esfuerzos del Congreso para finalizar la guerra”. El gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, otro aspirante presidencial con posibilidades, se sumó: “El incremento no está funcionando. En lo que se refiere a Irak, no le doy el mismo crédito que Hillary  al presidente Bush”. Cuando Barack Obama se dirigió a los veteranos un día más tarde, se aferró al guión de los derrotistas. “Obama ve un ‘total fracaso’ en Irak”, tituló el New York Times el 22 de agosto su información sobre su discurso.

En cuestión de 48 horas desde su aparición ante los Veteranos, la Clinton regresó obediente al clásico discurso todo-está-perdido una vez más: “El incremento estaba diseñado para dar tiempo al Gobierno iraquí para tomar medidas con el fin de garantizar una solución política. Ha fracasado (…) Necesitamos (…) empezar a salir ya.”

Desde el 2002, la Clinton se ha apuntado a todo en lo que a Irak se refiere. Defendió las afirmaciones de George W. Bush sobre las armas de destrucción masiva (“la información de Inteligencia desde Bush padre hasta el hijo pasando por Clinton es consistente”). Se opuso a fijar un calendario de retirada (“No creo que debamos indicar nuestras intenciones al enemigo nunca”). Votó afirmativamente a autorizar la guerra. Votó negativamente a financiar a las tropas. Su postura es una veleta al viento y es probable que no hayamos visto el último de sus giros.

La Clinton no es ni de lejos el único candidato presidencial dispuesto a decir lo que sea para ser elegida o para ceder a la presión de los intransigentes de su partido. Pero vale la pena señalar que existen alternativas con principios.

Considere al representante Brain Baird, demócrata progresista del estado de Washington. Se ha opuesto a la guerra de Irak desde el principio, y aún cree, como escribía en una columna del Seattle Times recientemente, que “podría ser uno de los peores errores en materia de política exterior de la historia de nuestra nación”. Pero una vez ha creído que la nueva estrategia militar está funcionando y que una retirada norteamericana prematura sería desastrosa, se está pronunciando a favor de mantener la línea actual. Naturalmente está siendo denunciado en la izquierda; un blogger influyente lo ha llamado “perro de Bush” y “mono domesticado de Dick Cheney”, y un colectivo de enfadados electores pacifistas le regañaron durante una reunión. (“No nos importa cuáles son tus convicciones”, dijo uno. “Estás aquí para representarnos”). La presión no es agradable, pero Baird sigue en sus trece.

Eso es lo que John F. Kennedy llamaba un perfil de valor, y es problemático que no haya perfiles así entre los demócratas que se presentan este año a las primarias para ser candidatos a presidente. JFK salió elegido en un momento en el que los norteamericanos podrían confiar en que el partido que encabezaba se enfrentase con resolución a las amenazas internacionales. Eso cambió después de Vietnam, donde la izquierda demócrata insistió en la derrota y se salió con la suya, solamente para perder la confianza de la nación en seguridad nacional por un largo periodo.

La izquierda insiste hoy en la derrota en Irak. Machaca a cualquier demócrata que se aparte del mensaje. Considera las buenas noticias del frente como “un verdadero quebradero de cabeza”. Defiende lo que en 1960 JFK llamó “políticas de retirada, derrota y debilidad”. ¿Es ese modo de ganar unas elecciones? A corto plazo puede. Pero nos encontramos en medio de una guerra a largo plazo, una guerra que los americanos no quieren perder.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe. Sus artículos pueden consultarse en su página web.

Dos mujeres de peso

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:07 am

Alberto Benegas Lynch

Identificar el coraje con el género masculino pone de manifiesto un complejo de inferioridad digno del machismo más cavernario. No siempre se alega este disparate de forma abierta. Es común la estocada oblicua, típica del pelele incapaz de competir con mujeres inteligentes.

En todo caso, en estas líneas, quiero referirme a dos mujeres de extraordinario coraje, valor y perseverancia. Las dos fueron aplastadas por poderes de naturaleza bien distinta.

La primera es Anna Politkovskaya, la periodista rusa asesinada por exhibir reiteradamente la rapacidad, el espíritu mafioso, el fraude moral y la gigantesca corrupción de Vladimir Putin y sus secuaces. Escribió esta mujer admirable algo que no es solo aplicable al caso ruso: “Si algunos piensan que pueden sentirse confortados por pronósticos ‘optimistas’, dejémoslos. Ciertamente es la forma fácil, pero es también la sentencia de muerte para nuestros nietos.”

Sólo en 2005, las oficinas de doce publicaciones fueron atacadas en Rusia por las bandas gubernamentales, veintitrés editoriales fueron clausuradas, cuarenta y siete periodistas fueron arrestados y veintiocho periódicos y revistas fueron confiscados. Tras el asesinato de Anna a tiros en un ascensor, Lesnaya Street –la editora de Novaya Gazeta–, afirmó que sabía que estaba trabajando en un informe sobre torturas.

Había declarado en reiteradas ocasiones que estaba harta de “las ayudas” de Occidente que sólo fortalecían más a la mafia enquistada en el aparato estatal (por mi parte, he escrito antes que Yuri Yarim Agaev denunció que los acólitos del FMI bloquearon la posibilidad que un grupo de liberales revirtiera para bien la situación en Rusia, entregándoles en cambio colosales sumas de dinero a miembros de la ex nomenklatura).

La otra mujer a que quiero aludir aquí es Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), descrita con inigualable maestría por Octavio Paz. Fue perseguida y sacrificada con saña por las fuerzas truculentas y macabras de la Inquisición debido a la envidia y a todos los sentimientos más bajos, innobles y abominables que suscitaba el hecho que una mujer fuera capaz de manejar la pluma de modo admirable y que demostrara pasión y hasta ternura por el conocimiento. Los grandes hombres del claustro como Alberto Magno y su discípulo el Aquinate pudieron antes que ella sobresalir en la filosofía, pero una mujer era (y sigue siendo) inaceptable para las mentes liliputienses y retorcidas de todas las épocas.

Vaya este sentido homenaje a estas valerosas mujeres de distintos tiempos que unen sus manos en el ejemplo de temple y agallas y que en su paso por esta vida dejaron escrito a fuego la enseñanza de lo que significa la perseverancia en las escaramuzas diarias por las luces del espíritu.

© AIPE

Alberto Benegas-Lynch es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias en Argentina

El dilema del Banco Central Europeo

Archivado en: Rajoy, Zapatero — África @ 5:06 am

Martín Krause

A principios de agosto, el Banco Central de Europa (BCE) asumió una posición de “fuerte vigilancia”, preocupado por la elevada inflación y dio señales de que aumentaría la tasa de interés en septiembre. Pero luego llegaron las turbulencias en los mercados financieros y el BCE terminó inyectando liquidez como nunca antes.

Las autoridades de la entidad monetaria europea han explicado su accionar diferenciando el “corto” del “largo” plazo, sosteniendo que en relación al largo plazo, su sesgo político permanece inalterado: hay que subir las tasas para frenar el recalentamiento de la economía.

Si bien el segundo trimestre mostró un crecimiento de tan sólo el 0,3% respecto al trimestre anterior, las estimaciones indican que el crecimiento sigue fuerte, e incluso que la inflación se va acelerar hacia fines de este año.

El dilema que se le presenta a la autoridad monetaria europea es si las recientes turbulencias afectarán el crecimiento de la economía. Porque si es así y el BCE continúa incrementando la tasa de interés, estará arrojando nafta sobre el incendio de la economía real. Por otra parte, si la economía real no se ve afectada y continúa creciendo como una locomotora acelerada, las recientes inyecciones monetarias no van a hacer más que acelerar la inflación. El problema es que los datos de crecimiento de la economía no están disponibles al instante.

¿Qué van a hacer entonces? El presidente del BCE, Jean Claude Trichet, ha informado en una reciente conferencia de prensa que pospondrán la decisión, lo cual implica que están dispuestos a generar toda la liquidez necesaria para calmar las ansiedades de los mercados. La decisión sobre las tasas quedaría para cuando se calmen las aguas. Pero esto no deja de tener problemas.

Las actuales sacudidas comenzaron después de que los bancos centrales europeo y norteamericano recorrieran un camino de alza de los tipos de interés que hizo arriesgados los llamados créditos hipotecarios subprime. Ese aumento de tipos, a su vez, tenía como objetivo controlar la inflación, fomentada por la expansión monetaria previa, que se produjo cuando bajaron los tipos a niveles mínimos. Es decir, estaban intentando reducir el crecimiento monetario, pero han tenido que hacer todo lo contrario.

Parece que alguno de los dos propósitos será inalcanzable: reducir la inflación o mantener el fuerte nivel de crecimiento. Si esto es así, ¿se calmarán las aguas lo suficiente como para que el BCE vuelva a retomar el camino de controlar la inflación? Difícil saberlo.

Algo que no va a ocurrir, a menos que se produzca una crisis profunda, pero no deja de ser menos necesario por eso, revisar el funcionamiento del sistema monetario. En el último par de décadas, no solamente hemos visto un ciclo que se repite sino uno que es originado por la misma política monetaria.

En términos muy simples funciona de la siguiente manera: si la economía está deprimida, el banco central expande la cantidad de moneda en circulación reduciendo las tasas de interés para darle impulso a la economía; en algún momento, esa expansión monetaria comienza a provocar un aumento de la inflación. Esto viene acompañado con alguna “burbuja”, ya que los dólares o euros emitidos, al ser éstas las monedas internacionales, pueden aparecer por cualquier lado (los países asiáticos, las empresas punto com, los valores accionariales o los auges inmobiliarios). Entonces el banco central comienza a aplicar una política monetaria más restrictiva. Las tasas de interés suben, la burbuja se pincha, los mercados financieros se sacuden, la actividad económica cae, el banco central reduce las tasas de interés, y así sucesivamente.

La esencia del actual sistema monetario de moneda fiduciaria administrada a discreción es el permanente sube y baja. Supuestamente fue propuesto para suavizar el ciclo económico, pero en la práctica lo origina.

© AIPE

Martín Krause es profesor de economía en ESEADE y la Universidad de Buenos Aires.

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