España es una merienda de negros

Septiembre 25, 2007

Rajoy considera “pavoroso” que la relación de Zapatero y Bush se limite a un “hola, ¿qué tal?”

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:35 pm

 http://www.libertaddigital.com/index.php?action=ShowVideo&vid=bEfw_wWRIzI&comment=El%20encuentro

El “hola, ¿cómo está?” del presidente George Bush a Rodríguez Zapatero en la cena de la ONU es para Rajoy la demostración de que presidente del Gobierno español no tiene nada que conversar con el presidente de “la potencia más importante del mundo”. El presidente del PP cree que es “lamentable” y “pavoroso” para los españoles que Zapatero no haya tenido ni un encuentro con Bush, salvo un “hola, ¿qué tal?”.

LD (Agencias) En declaraciones a la prensa en San Sebastián de los Reyes, el presidente nacional del PP, Mariano Rajoy, lamentó que el jefe del Ejecutivo de España, “siendo la octava potencia del mundo”, no tenga más que intercambiar un “hola” con el presidente de la “potencia más importante del mundo”.

Rajoy atendió a los periodistas tras visitar junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, una promoción de viviendas del IVIMA. El líder de la oposición valoró el saludo en castellano de Bush a Zapatero –”hola, ¿cómo está?”– al inicio de la cena organizada anoche en la ONU para clausurar la Reunión de Alto Nivel sobre Cambio Climático.

Rajoy señaló que “no es normal que España tenga un presidente del Gobierno, que siendo la octava potencia del mundo, no pueda tener una conversación sobre nada con el presidente de la potencia más importante del mundo”.

El presidente del PP consideró que España tiene que tener “relaciones con todos” e insistió en que “es malo para los intereses de España y de los españoles que Zapatero no haya tenido en cuatro años ni estos días, salvo un ‘hola, ¿qué tal?’, una relación con el presidente del país más importante del mundo”.

Rajoy criticó la política exterior del Gobierno socialista que ha provocado que  España “haya desaparecido del mundo y de Europa”, por lo que reiteró que es “pavoroso” que Zapatero “no pueda tener una conversación con personas que nos interesan”.

Zapatero dice que la preocupación por su relación con Bush es una “patología”

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:32 pm

Las gélidas relaciones de Zapatero con el presidente de EEUU centraron la comparecencia del presidente español en la sede de la ONU, muy a pesar de Zapatero que calificó de “patología” el interés de los periodistas. El escueto “hola, ¿como está?”, únicas palabras que intercambió con Bush en la ONU, se enmarcan, para Zapatero, en una “relación normal” entre “dos personas educadas”. Rajoy considera “pavoroso” que el trato con el presidente de la primera potencia se limite a un saludo de cortesía.

(Libertad Digital) Zapatero, que en cuatro años no ha pisado la Casa Blanca ni ha mantenido un solo encuentro oficial con George W. Bush, ha tenido que responder a múltiples preguntas de los periodistas sobre su encuentro relámpago con Bush durante la asamblea que celebra Naciones Unidas. Un “hola ¿cómo está?” en castellano y un “qué bueno volver a verle” en inglés –”good to see you again”– fueron las palabras que dirigió el presidente estadounidense, mientras Zapatero sonreía ya sentía con la cabeza.

El presidente del Gobierno español explicó que ha tenido “varios encuentros con Bush y le saludé siempre con la misma normalidad que a otros presidentes, como él a mí”. Zapatero dijo que “hay buena relaciones con EEUU en el terreno económico, político y cultural, es bien conocido”.  

Este fue el tema estrella de la comparecencia de Zapatero. Un periodista le mencionó las declaraciones de Rajoy, que dijo que es “pavoroso” para España que las relación entre ambos presidentes se limite a un “hola”, y Zapatero respondió que “es un tema manido, que no tiene ninguna aportación al debate público de aquellos que no se caracterizan por ser originales, ni por introducir iniciativas que interesen a los ciudadanos”.

Ante la insistencia de los periodistas por este tema, Zapatero dijo que era una “patología” el interés que despertaba su inexistente relación con el presidente de la primera potencia del mundo.”Con el presidente Bush la última vez que nos vimos en la cumbre de la OTAN estuvimos hablando de diversas cosas” insistió Zapatero.”Tenemos una relación normal, los dos sabemos que hemos tenido una discrepancia en un tema central, pero nos respetamos como dos países democráticos y dos personas educadas que somos”, concluyó.

Maragall revela que Zapatero le puso como condición que dimitiera para aprobar el Estatuto

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:31 pm

El ex presidente de la Generalidad ha asegurado este martes que el presidente Rodríguez Zapatero “añadió una condición” después de acordar el nuevo Estatuto catalán en el Congreso: “el presidente de la Generalidad, una vez aprobado, tenía que dimitir”. “Esta condición no se la puso a Josu Jon Imaz en circunstancias parecidas, pero Josu dimite. ¿Qué será que siempre se termina así?”, añade Maragall en un artículo publicado en el gratuito ADN. Zapatero dijo desconocer las afirmaciones de Maragall. “En fin, en todo caso le llamaré para ver si es así lo que dice”, anunció en una rueda de prensa en Nueva York.

LD (Europa Press) Maragall se manifiesta “expectante” respecto a lo que suceda en el País Vasco, donde consideró que el PNV ha “tomado la propuesta de Imaz” de “no imponer”, ha “aceptado su dimisión, y se dispone a defenderla en Madrid”.

“Los nacionalistas vascos no imponen, sino que pactan en Euskadi un texto con las otras fuerzas, a condición de que esas fuerzas renuncien a hacer la puñeta luego en Madrid”, resume el ex presidente, y señala que, con esta estrategia, “los vascos se quieren asegurar de que no habrá retoques”, para que no haya recurso ante el Tribunal Constitucional.

Maragall señala el caso catalán remarcando que las Cortes si “retocaron” el texto del Estatuto catalán, que finalmente fue “pactado y aprobado en referéndum”.

“Pero ahora resulta que el TC puede impugnar artículos del Estatuto catalán, lo que nos pondría a los pies de los caballos frente al pueblo que refrendó lo que le propusimos que se ratificara”, según señala Maragall, en la línea de lo que defendió esta misma semana, cuando dijo que la modificación del Estatuto podría conllevar que debiera ser sometido de nuevo a referéndum.

El PSC dice que “es la primera vez” que Maragall atribuye su renuncia a una “condición” impuesta por Zapatero

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:28 pm

El portavoz adjunto del PSC en el Parlamento catalán, Joan Ferran, ha admitido que es “la primera vez” que oye la explicación del ex presidente de la Generalidad, Pasqual Maragall, en la que afirma que su renuncia a la presidencia de la Generalidad fue la “condición” de Zapatero a la aprobación del Estatuto catalán, algo de lo que aseguró no tener “noticia por parte de nadie” de su partido. Ferran se mostró convencido de que hasta que “Zapatero, Mas y el propio Maragall publiquen sus respectivas memorias” no se podrá “arrojar luz sobre lo que realmente ocurrió”.

L D (Agencias) El presidente del PP, Mariano Rajoy, dijo este martes que espera que el presidente del Gobierno desmienta las revelaciones de Pascual Maragall, según las cuales, su dimisión fue la condición para que se aprobara el Estatuto de Cataluña. “Espero que el señor Maragall diga que ha mentido o que lo diga el señor Zapatero porque si no, estamos ante un capítulo tremendamente grave en la historia de nuestra democracia, algo nunca visto”, agregó.

Rajoy se expresó así al ser preguntado por un artículo que publica el ex presidente de la Generalidad Pasqual Maragall en el diario gratuito ADN, en el que afirma que José Luis Rodríguez Zapatero “cambió el Estatut por su dimisión”.

Insistió en que espera que Zapatero lo desmienta porque sería “una atrocidad que decisiones tan importantes que afectan a Cataluña y al conjunto de España, que han generado mucha división y mucha polémica, al final hayan dependido solamente de que el Sr. Maragall presentara su dimisión”.

“A mí me parece ese asunto de una enorme gravedad y yo, desde luego, me interesaré por este tema preguntándole en las Cortes al Gobierno. Pero, insisto, esto ya es lo que nos faltaba. No creo que haya un país mínimamente serio y mínimamente civilizado que cambie la estructura del Estado para que a cambio dimita el presidente de una Comunidad Autónoma. Me parece verdaderamente sorprendente, pero lo ha dicho el señor Maragall”, concluyó.

También ERC ha mostrado su sorpresa por las declaraciones de Maragall. Su portavoz en el Congreso, Joan Tardá, aseguró que las declaraciones de Maragall, además no dejar “en buen lugar” a CiU, vienen a demostrar que el tiempo ha dado “la razón” a los republicanos.

Hasta que “no publiquen sus memorias” no se sabrá lo que pasó

El portavoz adjunto del PSC en el Parlamento catalán, Joan Ferran, ha admitido que es “la primera vez” que oye la explicación del ex presidente de la Generalidad Pasqual Maragall, en la que afirma que su renuncia a la presidencia de la Generalidad fue la “condición” del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a la aprobación del Estatuto catalán, algo de lo que aseguró no tener “noticia por parte de nadie” de su partido.

“Eso no es lo que él mismo había explicado hasta ahora”, alegó Ferran, y esgrimió incluso unas declaraciones del ex presidente de la Generalidad a la televisión pública catalana el 26 de junio de 2006 en las que respondió que “nadie del partido” le había pedido que renunciara, sino que había sido “una decisión totalmente voluntaria”.

Ferran consideró la revelación de Maragall como “una opinión respetable”, pero se mostró convencido de que hasta que “Zapatero, Mas y el propio Maragall publiquen sus respectivas memorias” no se podrá “arrojar luz sobre lo que realmente” sucedió en torno al pacto de Mas y Zapatero para aprobar el Estatuto.

“Serán las lecturas de ciertas memorias y el trabajo de los historiadores, e incluso los arqueólogos si me apuran, los que podrán saber qué ocurrió”, bromeó Ferran, insistiendo en que, hasta ahora, él mismo “no tenía noticia por parte de nadie” de que la renuncia de Maragall fuera una condición de Zapatero al pacto del Estatuto.

Ferran señaló que “últimamente” el ex presidente Maragall “está dando explicaciones sobre su presidencia de la forma que él cree conveniente”, pero reiteró que “es la primera vez que hace una interpretación de este tipo”.

CiU cree que “Maragall ha salido del armario”

Por su parte, el portavoz de CiU en el Parlamento catalán, Felip Puig, consideró que finalmente “Maragall ha salido del armario” para “integrar la cabecera de una legión de desengañados” del presidente Zapatero.

Puig interpretó así que Maragall reconoce que “el presidente del Gobierno que debía favorecer a Catalunya exigió su cabeza para poder poner al frente de la Generalitat a un personaje más dócil, menos desestabilizador y reivindicativo” como José Montilla.

Para Puig, Maragall “está destilando ahora su angustia y su convicción de que ha sido su propio partido el que no ha favorecido los intereses de Catalunya” y es “tal vez por eso por lo que está trabajando para fundar otro partido distinto”.

El presidente de CiU, Artur Mas, aseguró que no exigió la renuncia del ex presidente de la Generalidad al presidente del Gobierno cuando pactó con él el nuevo Estatuto. En una entrevista de TV3 recogida por Europa Press, Mas reclamó a Maragall, Zapatero y Montilla que “se aclaren entre ellos” respecto a aquellos hechos y a la renuncia del ex presidente catalán a volver a encabezar la lista del PSC en las elecciones autonómicas de 2006. “Lo único que pretendí siempre con esta historia es que en Cataluña, desde el punto de vista de calidad democrática, se respete de una vez por todas la lista que tenga más votos; la que sea”, alegó Mas, preguntado sobre su negociación con Zapatero en enero de 2005.

Escribir, quemar

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:27 pm

Juan Carlos Girauta

I. Gabilondo, aplicado periodista que quizá el lector ya no recuerde, personaje un día relevante al que erróneamente se tiene por retirado (pero que sigue en activo casi clandestinamente) equipara los libros y los fuegos: la obra de Luis Herrero sobre Suárez y la quema de imágenes del Rey. Todos los fuegos el fuego y todos los libros el libro, Gabilondo, pero no mezcle.

Sobre todo, no mezcle cosas incompatibles; ya enfatizó Ray Bradbury lo que les sucede a los libros al alcanzar la temperatura Fahrenheit 451. Si los acerca usted tanto a las llamas que escupen los dragoncetes asociados a sus amigos, en vez de conseguir una analogía (“pinza”, dice, siempre tan periodístico) obtendrá un montón de cenizas.

Acusa I. Gabilondo a Herrero de falta de independencia por haberse convertido en eurodiputado. Desconcertante imputación en un maestro de la intoxicación preelectoral, electoral y postelectoral. Oído lo del 11-14 M, le tendríamos por más independiente si hubiese sido portavoz de González y Rodríguez y hubiera celebrado sus comparecencias luciendo el puño y la flor marchita en una camiseta. ¿Qué decir de su entrevista a Santano, tan imparcial por su parte, tan elegante por la del entrevistado?

A lo que íbamos. Resulta que criticar a alguien por escrito es lo mismo que quemar su retrato y pedir su decapitación. Lo chungo del símil es que el criticado trabaja de monarca y el Código Penal lo protege al tipificar como delito el último grito gerundense en materia de performance. Moda recibida con singular tolerancia partidaria, gran comprensión de la alcaldesa y mucha calma tertuliana en la SER: al igual que la Esquerra, los criptocomunistas y el socialismo catalán, invocan la libertad de expresión.

Sospecho que, con el siniestro paralelismo, I. Gabilondo propugna peor trato para quien escribe y firma que para quien quema bajo un pasamontañas. Al cortejo de los autos de fe antiborbónicos, no; pero a ese Herrero sí que habría que aplicarle el Código Penal, ¿verdad, independiente Gabilondo? Aplaque usted esa aversión a la letra impresa. Lea. Le hará bien.

Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

UN ODIO SIN COMENTARIOS, por Víctor Gago

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:25 pm

LD (Víctor Gago) Los comentarios morales de Iñaki Gabilondo sobre esto y aquello, lo divino y lo humano, son cada vez más habituales en su púlpito diario en Cuatro.

De cólera fácil, barojiana, y condena nefrítica, siempre deseando expulsarla como un cólico, la voz del popular cronista radiofónico del Felipismo está unida para siempre a la mentira de los inexistentes terroristas suicidas del 11-M y a la agitación contra el PP que se dirigió certeramente desde la SER en los días inmediatamente posteriores a los atentados y anteriores a las Elecciones Generales de marzo de 2004.

En su última etapa como presentador y factótum moral de los noticiarios de Cuatro, Iñaki Gabilondo deja un reguero de anécdotas de su carácter agriado por el resentimiento, el cansancio y el fastidio contra quienes no piensan como él.

En 2006, llegó a anunciar que se retiraría al finalizar la temporada, pero ahí sigue, noche tras noche, emitiendo sus entretenidas cartas morales antes de la cena.

Un jueves de diciembre de 2006, abrió su noticiario con el siguiente escándalo en imágenes: un poliomielítico encabezaba, en silla de ruedas, una manifestación de la AVT en Sevilla contra la negociación que el Gobierno llevaba a cabo en secreto, por detrás y por delante, por encima y por debajo de la mesa, en Suiza y en Calatayud, con ETA.

El descubrimiento de Gabilondo fue…¡que el lisiado no era una víctima del terrorismo! . “Sin comentarios”, dijo aquel día. Típico de su estilo, ese “sin comentarios”.

Gabilondo se pasa media vida censurando la mezcla de opinión e información y la otra media, mezclándolas compulsivamente, en dosis ansiolíticas. Un yonki del Orden, que nunca hace comentarios.

El popular locutor de ojos zarcos –oh musa, canta la cólera de Aquiles…– carga el “sin comentarios” de todo el malestar de la cultura. Una abstinencia a presión, una caldera de indignación regulada por el pitorro de una ética del embudo, que libera chorros de mentira y traga buches de sangre. “Sin comentarios”.

El PSOE utilizó el vídeo-sermón de Gabilondo para emprender el linchamiento de aquel acompañante de las víctimas del terrorismo. Un linchamiento organizado y meticuloso, como la tortura en una película de Tarantino.

Primero lo anulan, le quitan el nombre, lo ridiculizan, lo sientan y lo levantan de la silla de ruedas, lo persiguen con la cámara de Gabilondo, la farisea cámara “sin comentarios”, el cojo andando con muletas, intentando abrir la puerta del coche, el coche del cojo lleno de barras de hierro y palancas grotescas, el puto cojo, el cojo español de los chistes de Arévalo en las cintas de cassete de las gasolineras, qué risa de cojo español, qué descojono de cojo en la manifestación contra ETA, es de chiste. Los chistes no se comentan. Te ríes o no te ríes del cojo de la AVT.

Después de reducirlo a pícaro patético, la cámara de Gabilondo guía al PSOE por el salto de escalafón en el escarnecimiento.

Elevan al poliomelítico a símbolo de la Oposición, la civil y la política, la de las víctimas y la del PP, la única Oposición al régimen del que Gabilondo es resoplante válvula de vapor moral, una válvula que silba con objetividad mientras se hace el potaje, sometida a la presión de un odio milenario y pulido como una punta de obsidiana, el clavado resentimiento que no deja de silbar.

El usurpador de la silla de ruedas se convierte, así, en friki con muletas, imagen viviente de la Oposición. La oposición friki que no acepta que se negocie con terroristas, concluyen enseguida José Blanco y Diego López Garrido, comentaristas de la cámara sin comentarios de Gabilondo. Cada estaca tiene su martillo, cada olla cuece su tocino. Si Gabilondo parece a punto de explotar con el cojo del PP, espera a ver a López Garrido y  Blanco, martillo y tocino, incisivo y molar en la mandíbula del año de la hiena en el calendario chino.

Las víctimas de ETA nunca han sido tan vejadas como cuando el silbato ético de la Cuatro la emprendió contra aquel poliomelítico de la manifestación de la AVT.

Los que han perdido a sus padres por un tiro en la nuca o un bombazo, los que se dejaron a sus hijos, a sus maridos o a un hermano, los que viven a diario amenazados por un gatillo a las puertas de casa, todos cojos de lo que hace andar en equilibrio: la familia, la libertad, la justicia. Pero eso no fue obstáculo para que el catedrático de credibilidad, el hombre tranquilo a punto de estallar, el hombre sin comentarios, el que si no lo dice, revienta, les partiera la rodilla sana. Aquello tocó tal fondo de “vileza”, que Gabilondo tuvo que pedir perdón a su audiencia, días después.

El afable presentador de Cuatro vive en paz después de aquello, dictando epístolas morales a diario, sereno u ofuscado, según hayan sido las pesadillas de la siesta que presume de echarse a diario en su despacho de la Ciudad de la Imagen.

En su último comentario, califica de “vileza” el libro de Luis Herrero sobre Adolfo Suárez porque sus confidencias ”comprometen” al Rey. La web de Cuatro llama a este tipo de cosas “La Opinión de Iñaki Gabilondo“. 

En 2003, poco después de las Elecciones autonómicas por las que Maruja Torres llamó “hijos de puta” a los votantes del PP, Iñaki Gabilondo dijo en una entrevista que Aznar conseguía sacar lo peor que hay en él –en Iñaki, se entiende–. Desde entonces, el pitorro no deja de supurar un odio mineral y crematorio. Un odio sin exégesis. Podrido por dentro, inmaculado por fuera.

Gabilondo equipara el libro de Luis Herrero y la quema de fotos: “Los extremos se tocan”

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:24 pm

El director del informativo nocturno de Cuatro califica como “vileza” lo que Luis Herrero cuenta sobre Adolfo Suárez y El Rey en su biografía sentimental del ex presidente, Los que le llamábamos Adolfopresentada este lunes en Madrid y de la que ya se han vendido más de 25.000 ejemplares. Iñaki Gabilondo ha abierto la espita para dejar salir un comentario airado contra el periodista y eurodiputado del PP, al que acusa de haber puesto al Rey en una situación comprometida con sus revelaciones. Gabilondo llega a equiparar a Herrero con los radicales que han quemado fotos de Don Juan Carlos, y señala que “los extremos se tocan y construyen una pinza de intereses mutuos”.

(Libertad Digital) El popular comunicador oficioso del llamado Felipismo ha descargado uno de sus legendarios ataques de ira, cada vez más frecuentes en las emisiones de su informativo nocturno en Cuatro.

Éste lunes le ha tocado a Luis Herrero, que a la hora de la emisión presentaba en una sala abarrotada de público de un hotel de Madrid su libro Los que le llamábamos Adolfo, una biografía sentimental de Adolfo Suárez, como la definió Federico Jiménez Losantos, padrino de un lanzamiento editorial del que ya se han agotado tres ediciones y vendido 25.000 ejemplares, en unos pocos días.

El libro ha nacido marcado por la polémica con el hijo de Adolfo Suárez, el ex candidato del PP en Castilla-La Mancha Adolfo Suárez Yllana, que el pasado domingo negaba, en un artículo en El Mundo, algunas de las citas que Herrero pone en boca de Suárez sobre El Rey; en concreto, la petición que, en un momento dado, hace Suárez a Don Juan Carlos de que abdique.

Con todo, la obra es un “homenaje” a alguien “a quien he querido y quiero ilimitadamente”, según subrayó Luis Herrero durante la presentación. El periodista no está cómodo con la polémica y recalcó que su obra tiene la “modesta pretensión” de dar testimonio de un Adolfo Suárez “íntimo y humano”, al que trató frecuentemente por la estrecha amistad que unió al ex presidente y el padre de Herrero, el ex gobernador civil de Ávila Fernando Herrero Tejedor.

En su púlpito de Cuatro, Iñaki Gabilondo no ha dejado pasar la ocasión de esta polémica para atacar a Luis Herrero, “que pasó de periodista, naturalmente independiente, a eurodiputado del PP”.

Gabilondo, que fue el propagandista más fiel con el que contó Felipe González, y que lideró activamente la campaña de agitación y mentiras de la SER al servicio del PSOE, durante las jornadas posteriores al 11-M, tacha de “vileza” el testimonio de Herrero por “utilizar” a Adolfo Suárez “como estilete contra el Rey y, sobre todo, como instrumento promocional de un libro. Si Adolfo Suárez y Herrero Tejedor estuvieran en condiciones de hacerlo”, conjeturaba Gabilondo en la emisión de este lunes, “correrían al eurodiputado. Suárez se encendería de ira y Herrero Tejedor se moriría de vergüenza”.

El presentador lleva el libro de Herrero al mismo plano moral que la quema de fotos del Rey, perpetrada en las últimas semanas por independentistas catalanes de ERC, con los que Gobierna el PSOE de Rodríguez Zapatero.

“La historia”, señaló Gabilondo, “adquiere una dimensión mayor porque coincide con el serial de quemas de imágenes y símbolos monárquicos, que nos está siendo servido desde Cataluña. Como tantas otras veces, los extremos se tocan y construyen una pinza de intereses mutuos. Si España ha de debatir el futuro de la monarquía”, concede el locutor, “no parecen buenos procedimientos ni la tea ni la vileza, por mucha solera que tenga en España lo de despellejar a los vivos con el cuchillo de los muertos, o de los que no pueden usarlo”.

Un bello artículo de Javier Caraballo: “Objetar”

Archivado en: EDUCACION, General, Rajoy, Zapatero — África @ 6:12 pm

En “El Blog de Javier Caraballo”:   http://elblogdejaviercaraballo.blogspot.com

«He venido a objetar». Llevaba la frase tan machacada en la cabeza, que al abrir la puerta de la secretaría del colegio surgió sola, como un borbotón. «Perdón, quizá he sido un poco brusco», añadió al instante al ver la cara de perplejidad del secretario del colegio, que lo miraba con el bolígrafo apuntando aún a una hilera de cifras tabuladas. «Comencemos de nuevo; buenos días, he venido a objetar… Pero, no, no, no me mire así, que no quiero objetar por la Educación para la Ciudadanía, sino por la gratuidad de los libros de texto».

El secretario del colegio le miró con cara de sorpresa. «Es usted el primero que me lo plantea. Bueno, no, hace unas semanas también vinieron unos padres para renunciar al cheque libro. Sí, sí, son ustedes los únicos. Y créame, le felicito por la decisión. Aunque como verá, son ustedes una rareza». Rareza. Ésa era justamente la prueba evidente de la enorme perversión de la supuesta gratuidad de los libros, que no es sino el préstamo de los libros de texto. Porque, como escuelas tercermundistas, los libros no son propiedad de los alumnos, sino que pasan de mano en mano durante cuatro años. Y no se puede subrayar, ni marcar páginas, ni escribir en los márgenes, ni rellenar fichas… Libros prestados en la fábrica de los fracasos escolares.

«La propaganda oficial dice que la educación no cuesta nada; en realidad lo que inculcan en la gente es otra idea, que la educación no tiene ningún valor», añadió el secretario. Es verdad. Libros prestados, para un modelo que desprecia el mérito, que rehúye de la excelencia, que vende como igualdad el rasero de la mediocridad. Libros prestados y asignaturas prescindibles. No cuesta nada comprar los libros igual que no cuesta nada pasar de curso con asignaturas pendientes. No tienen valor.

«Mire, la relación de una persona con un libro no puede ser nunca ésta del préstamo. Mucho menos de un estudiante, que tiene que aprender a amar los libros, a apreciarlos, a mimarlos. La relación con un libro tiene que se íntima, personal, entrañable. Yo de estudiante he amado y odiado a mis libros, y todavía los conservo porque allí están los secretos de mi adolescencia. Si mi padre, que era agricultor en la Andalucía de los sesenta, pudo comprarme los libros, si me inculcó el valor de ese esfuerzo, ¿por qué voy a dejar que mis hijos estudien con libros prestados?»
Estiró el brazo y entregó el ‘cheque libro’ al secretario. «Se lo entrego como quien devuelve un talón sin fondos, porque esto es una estafa». «En eso se equivoca –dijo el secretario–. El Gobierno sabe bien lo que hace, ha impuesto los libros prestados en todo el sistema educativo y se ha ahorrado todas las becas que venía dando. Piense en esto, porque, otra vez más, se plantea una medida en apariencia populista que, sin embargo, a los únicos que perjudica es a las familias con menos recursos económicos que ya no dispodrán de becas y que serán las únicas que, por fuerza, tendrán que obligar a sus hijos a estudiar con libros usados».

Con “ZP” se han radicalizado

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 8:25 am

MADRID, 25 Sep. (OTR/PRESS) -   El complejo franquista de algunos próceres de la extinta UCD unido a la inexperiencia política de una izquierda bisoña y por definir,  fue aprovechado por el nacionalismo vasco y catalán durante la Transición y la gestación de la Carta Magna para empezar a socavar los cimientos del Estado empezando por sus símbolos. La bandera e himno de España siempre estuvieron cuestionados y negados por los nacionalistas y el incumplimiento sistemático de la ley por parte de los ayuntamientos que no dejan que la enseña nacional ondee en sus fachadas no es mas que la consecuencia de treinta años de indolencia, desidia e irresponsabilidad de los gobiernos de la Nación y especialmente del que lideró Felipe González, que fue quien disfrutó de mas continuidad, casi 14 años en la Moncloa, y de suficiente estabilidad y apoyo parlamentario como para haber actuado con la firmeza y autoridad debidas.

   Aznar en su segunda legislatura intentó reconducir en parte la situación al llevar al Supremo el empeño del Gobierno vasco en incumplir la ley de banderas y no colocar la enseña nacional en la  Academia de la Ertzancha en Arkaute, cosa que el Alto Tribunal en su sentencia de este verano “obliga a que se haga diariamente con carácter de permanencia, no de coyuntura, no de excepcionalidad sino de generalidad y en todo momento”. Por tanto, la bandera de España debe estar visible como obliga la ley en todos los edificios y establecimiento de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado. Aquella iniciativa de Aznar, entre otras que tomó, le valieron la enemistad de los nacionalistas, que empezaron a tildarle de antipático y a verle como a un presidente “españolazo”, impulsor de una política autonómica que generaba crispación y enfrentamiento.

   Aunque siempre se ha dicho que el nacionalismo es insaciable y que el origen y fundamento de su existencia es el victimismo y la reivindicación permanentes, Zapatero debía desconocerlo al creerse que a la “fiera” se la podía domar e incluso encamarse con ella, echándole mucha carnaza. El tiempo y los hechos han demostrado, sin embargo, que ni el talante ni las concesiones que en términos estatutarios ha hecho Zapatero durante esta nefasta legislatura han servido para moderar el carácter de la “fiera nacionalista”, cuyos dirigentes definitivamente se han echado al monte. Ibarretxe anuncia su ilegal referéndum para el próximo año, Pujol llama a la rebelión fiscal de los catalanes y los republicanos, amigos de ZP y socios de Montilla, insisten en que España es un lastre para Cataluña y que vivirían mejor independizados. En este ambiente político, los  secesionistas más radicales toman las calles de Gerona o Barcelona con el beneplácito de los moderados, como siempre ocurrió en el País Vasco, para quemar la efigie de los Reyes, atacar a la Monarquía e insultar a España. Asistimos a un proceso de “batasunización” que sigue el modelo Arzalluz ya conocido, unos mueven el árbol y otros recogen las nueces, pero unos y otros quieren lo mismo, esto es, la independencia.

Antonio Jiménez.

Desde la libertad.- ¡Ay, Cataluña!

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 8:24 am

MADRID, 25 Sep. (OTR/PRESS) -   Amanece este lunes con el eco en los periódicos de los textos publicados por “Gara”, órgano de referencia de los amigos de la ETA, sobre las negociaciones entre los asesinos y los representantes del Gobierno de España. Voy a escribir algo sobre esto, me digo. Pero sigo leyendo los diarios y veo que la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, afirma algo asombroso: “Miente el PP si dice que damos a unos más que a otros”. Escribiré sobre eso, me digo, porque la negación de la evidencia siempre me ha motivado mucho. Pero sigo viendo aquí y allá, y me encuentro con este titular de “El Mundo”: “Vuelven a tapiar un túnel del Metro de Barcelona para que las autoridades simulen inaugurarlo”. Y me rindo.

   Obreros trabajando día y noche durante dos semanas para que el alcalde y un consejero de la Generalidad, ambos socialistas, se hagan la foto del momento en que la tuneladora salga a la superficie. Después de coger el dinero y llevárselo a casa, es difícil imaginar una forma más obscena de usar el dinero público para satisfacer intereses particulares. Obscena, y surrealista. Parece un chiste. Parece un ejemplo de manual de psiquiatría para describir las manifestaciones de una mente perturbada por la vanidad y la megalomanía. Parece una inocentada.

   Eso ha pasado en Barcelona, capital de Cataluña. Hasta ahora los catalanes, en general, tenían fama de gentes sensatas, y en la vida pública pasaban por tener un espíritu cívico muy desarrollado. “Es que los catalanes son otra cosa, son más europeos”, se decía en la Meseta. A mí, que soy catalán, estas cosas me gustaba oírlas, aunque sabía que en Cataluña hay de todo, como en todas partes. Lo que no me hubiera imaginado nunca es que responsables (?) políticos catalanes fuesen capaces de comportamientos tan grotescos, y, sobre todo, que la gente, esa ciudadanía tan europea, se tragase estas ruedas de molino imperturbablemente, se dejase tomar el pelo, y el dinero, de esta forma.

   Entonces, me he hecho el propósito de esperar a ver si se publica la fotografía mañana en los periódicos, para ver si efectivamente lo que pasa en Cataluña es tan grave como parece o si, por el contrario, al señor Hereu, alcalde, y al señor Nadal, consejero, les queda un átomo de vergüenza y se esconden donde nadie pueda verlos.

   Ramón Pi

La fiesta sigue

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:40 am

MANUEL ALCÁNTARA

 

Barcelona fue una fiesta y, además, una fiesta nacional. José Tomás ha vuelto a poner en pie a una afición que jamás estuvo muerta, sino amedrentada. Eligió La Monumental para reaparecer y para despedirse por este año y logró la resurrección. El impávido héroe estuvo acompañado por César Rincón, que se despedía de los cráteres ibéricos, y por Serafín Martín, al que le quedan muchas orejas por cortar. Tomás no es sólo la sombra de Manolete, sino el cuerpo entero. Tiene, como el hierático cordobés, un halo de tragedia, pero además torea por estatuarios en el centro del ruedo y sus manoletinas superan a las del ídolo. También las superaron las de Mondeño, pero eso suele pasarle a los maestros que saben escoger a sus discípulos hasta después de muertos.

César Rincón tiene un currículum trágico, abundante en desdichas ocasionales: pobrezas afrentosas, incendios, enfermedades. ¿Qué alegría ver a quien ha recibido tantos malos tratos de la suerte matando en la suerte de recibir, y sostener luego en sus manos, junto a las orejas del toro, las banderas de España y de Colombia! César Rincón es como su propia estatua de greda. Si viviera el poeta Eduardo Carranza, paisano suyo, hubiera llorado hasta llenar su copa, que era grande. (No deja de ser curioso que los últimos patriotas españoles sean hispanoamericanos, pero eso es otra cuestión). De lo que me congratulo hoy es de que a pesar de que los antitaurinos de carné insultaban a los espectadores a la entrada de la plaza, se llenó hasta las dos banderas. ¿Por qué no se conformaron con no ir? No es obligatorio.

Lo que es raro es creer que eran unos depravados, carentes de toda sensibilidad, gentes como Goya, Picasso, Alberti, Gerardo Diego, Pérez de Ayala y miles de españoles que fueron y son amantes de esa estatuaria peligrosa y fugitiva que llamamos toreo.

Vivienda y sacrosanto mercado

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:38 am

CARLOS TAIBO

A menudo sucede que lo más evidente e importante nos pasa inadvertido. En España, y desde hace años, se hace valer un gigantesco proceso de transferencia de recursos que, desde las capas bajas y medias de la población, tiene por beneficiario fundamental a un puñado de grandes empresas constructoras. El alquiler y la adquisición de viviendas generan cada mes sumas astronómicas que, por lo común, pasan a manos de unos pocos, sin que sea sencillo apreciar beneficios obvios para la mayoría de los ciudadanos. Mucho me gustaría poder calibrar en qué medida el fenómeno que tenemos entre manos ha ido generando poco a poco una sociedad cada vez menos igualitaria, circunstancia medio ocultada por el vigor ingente de la economía informal, particularmente poderosa en el ámbito que nos ocupa.

A casi nadie se le escapa que la gallina de los huevos de oro ha beneficiado también, y notablemente, a la banca. Hace no mucho escuchaba de un colega el relato de un fenómeno de sobra conocido que retrata cabalmente el papel de aquélla: una pareja joven que reúna, de la mano de dos sueldos de miseria, 1.500 euros mensuales inmediatamente podrá comprobar cómo sobran los bancos dispuestos a conceder un crédito hipotecario por valor equivalente a las sumas millonarias que reclama la compra de un piso. La ilusión óptica que sugiere que esas dos personas se convierten ipso facto en propietarios se ve contrarrestada, claro es, con la certificación de que quedan atadas de por vida al pago del crédito de marras. Semejante servidumbre genera al poco un comportamiento laboral de franca sumisión -a ver quién es el listo que asume una contestación en el trabajo que puede dar al traste con tan suculento proyecto inmobiliario-, un creciente conservadurismo político -va con lo anterior- y, aunque a menudo se olvide, una vida sentimental marcada también por el inexorable deber de preservar contra viento y marea la pareja primigenia. Y todo sin que, al menos hasta ahora, haya motivos para concluir que los bancos asumen riesgos mayores: en el caso, poco probable, de que la pareja de la que hablamos deje de pagar lo que le corresponde, ahí está el piso como garantía de que el banco se resarce de buena manera.

Hora es ésta de subrayar que, salvo medidas de tono menor e ineficacia manifiesta, los poderes públicos poco o nada han hecho para garantizar el derecho constitucional a disfrutar de una vivienda digna. Todo lo han fiado, antes bien, a que el mercado, con su mano invisible, resolviera problemas y disfunciones. La certificación, fácil, de que no ha sido así en modo alguno ha generado, por lo demás, medidas correctoras en un escenario en el que -no nos engañemos- a la postre se han movido por caminos similares socialistas y populares, embaucados a menudo, por cierto, en lamentables fórmulas de financiación de los presupuestos municipales.

En este marco, la medida introducida por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que se propone proporcionar una ayuda de 210 euros por vivienda para facilitar que los jóvenes accedan al alquiler se antoja más de lo mismo. Dejaré de lado la polémica inevitable que suscita el hecho de que el tope superior de ingresos postulado parece manifiestamente alto, lo que al cabo -como sucederá, por cierto, cuando se aplique el ambicioso programa de acceso a la vivienda orquestado por la Junta de Andalucía- acabará por beneficiar en muchos casos a quienes no están más necesitados. Mayor relieve me parece que corresponde a la evidencia de que las ayudas que me ocupan no atienden al que sería legítimo objetivo de poner freno a la usura que inspira tantos comportamientos en este terreno: no vaya a ser, una vez más, que las sacrosantas reglas del mercado se vean alteradas. Las cosas como se proponen, los precios de los alquileres permanecerán incólumes, y ello cuando no subirán en virtud de las imposiciones de los arrendatarios, por lógica dispuestos a sacar tajada también de las ayudas gubernamentales.

Que la mayoría de los ciudadanos, presa de una vorágine descontrolada, no se percate de lo anterior es triste. Queda el consuelo de pensar, eso sí, que el patético ejemplo que está dando la economía norteamericana de la mano de las turbulencias financieras y la radical preponderancia de la especulación más descarnada acabe por abrirnos lo ojos. Porque los de nuestros gobernantes, siempre remisos en los hechos, y pese a las apariencias, a intervenir con coraje cuando tienen que hacerlo, hay que dar por descontado que seguirán cerrados.

Nuestra guerra en Afganistán

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:37 am

JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR

Es la guerra. Por lo tanto entra dentro de lo posible que las fuerzas implicadas, incluidas las españolas, sufran bajas mortales. Sin duda, cada víctima es una tragedia en sí, un desastre humano. En una sola batalla de una guerra pueden caer miles de hombres o incluso decenas de miles en cuestión de horas. Durante los últimos seis años, en Afganistán han muerto algo más de 400 personas, muchas de ellas civiles. Desde un punto de vista militar, si los talibanes enfocan el conflicto como una lucha de desgaste, podrían echar por la fuerza a las tropas bajo auspicio de la ONU en unos 120 o 130 años -década más o menos-.

Los factores relevantes para juzgar nuestra presencia en Afganistán no son el numero de bajas, la imagen exterior de España o el partido político que envió las tropas ni tampoco el partido que ocupe el poder en este momento. Tampoco son relevantes vagas alusiones retóricas a la paz mundial, la lucha contra el terrorismo, el mantenimiento de una paz inexistente en la región o poco definidas consecuencias negativas de una retirada. Estamos enviando a nuestros hombres a una misión peligrosa y al hacerlo tenemos que mirarles a la cara para decirles que tal vez no vuelvan. Y antes de tomar este tipo de decisiones hay que pensárselo siete veces.

Reflexionemos. Supongamos que todo el contingente internacional regresa a casa, dejando a los afganos que se las compongan sin interferencia exterior. ¿Qué sucede entonces? Pues, en primer lugar, que sigue existiendo una interferencia exterior. Los talibanes son un movimiento autóctono surgido de la tribu pastún, pero dicha etnia vive a ambos lados de la frontera y su ideología fanática surge de la secta pakistaní de los deobandies, que son una versión extremista del extremismo wahabita saudí. El Gobierno de Pakistán mira a Afganistán igual que los sirios miran a Líbano: una presa a devorar y anexionar. Para conseguir este objetivo, el ejército y los servicios secretos pakistaníes respaldan incondicionalmente a los talibanes. También pretenden desviar a los fanáticos islamistas autóctonos, ansiosos de derrocar al usurpador actualmente en el poder, el general Pervez Musharraf. Las facciones fanáticas llegaron a establecer un acuerdo de tregua dentro de Pakistán para centrarse en la campaña afgana. El asalto de las tropas del Gobierno a la Mezquita roja rompió ese compromiso.

Los talibanes triunfaron la primera vez gracias al apoyo masivo de Pakistán: dinero, armas, entrenamiento y equipo llovieron sobre ellos para garantizar su triunfo. Esta política se mantuvo sin variaciones bajo los gobiernos de Benazir Bhutto, Nawaf Sharif y el general Musharraf. Muchos talibanes ni siquiera son afganos, pero sería un grave error confundirlos con meros peones. Todo lo contrario: si llegan a recuperar Afganistán, no tardarán en revolverse contra sus antiguos patronos para implantar un régimen integrista en el propio Pakistán. ¿Pueden conseguirlo? En una palabra: sí. En 1965 Pakistán tenía 50 millones de habitantes. Ahora tiene más de 150, superando en población a la inmensa Rusia. Pakistán es una caldera a presión aguardando el momento de explotar.

Entre tanto, en Afganistán, el presidente Karzai intenta crear un gobierno nacional donde apenas existe una nación. Su principal baza es negativa: el mal recuerdo que dejaron los talibanes, que no pueden llevar a cabo una verdadera guerra de guerrillas porque les falta el imprescindible apoyo masivo por parte de la población. Otra cosa es que puedan obtener ayuda mediante la coacción, el soborno o el oportunismo de los pequeños jefecillos locales, emperadores de campanario que, atentos únicamente a su propio interés a corto plazo, no tienen prejuicio alguno en venderse primero a unos y acto seguido a otros según como sople el viento. La otra baza de Karzai es la presencia de las fuerzas internacionales. Sin ellas, la rudimentaria Administración de Karzai podría quizás enfrentarse con éxito a los talibanes, pero la descarada interferencia pakistaní inclinaría la balanza en su contra. Los talibanes tomarían el país por la fuerza en cuestión de meses. Una vez conquistado Afganistán, los integristas de ambos países lo usarían como base de operaciones para derribar a Musharraf. Bajo capa de gran religiosidad, lo que surgiría en la práctica sería un imperio pastún equipado con armas nucleares.

Supongamos que todo esto llega suceder. Desde un punto de vista totalmente cínico ¿qué más nos da a nosotros? ¿Por qué deberíamos involucrarnos? Por varias razones que en última instancia se concretan en una sola: las armas nucleares de Pakistán. Miren el mapa. El hipotético imperio talibán heredaría la implicación pakistaní en la interminable guerra de Cachemira, territorio de población musulmana que India ocupa por fuerza. India tiene armas nucleares. India estuvo gobernada por una dinastía islámica, los grandes mogoles. Los musulmanes ortodoxos siempre han lamentado la pérdida de India, pero aceptan que la mayoría de la población fue siempre no musulmana y por lo tanto nunca llegó a ser tierra verdaderamente islámica. Los fanáticos por su parte la consideran tierra islámica perdida cuya reconquista es obligatoria, como Al-Andalus. Según el Corán los infieles monoteístas -cristianos y judíos- pueden conservar su fe, pero los politeístas deben convertirse o morir. ¿Se atreverían los talibanes a iniciar una guerra que podría llegar a ser atómica? ¿Les importaría a unos fanáticos que viven fuera de la realidad usar armas atómicas contra infieles politeístas? ¿Les preocuparía sufrir millones de bajas civiles en un intercambio atómico o dirían que todos son mártires y se han ido derechitos al cielo?

No nos olvidemos de Bin Laden. Por lo poco que sabemos, está vivo y oculto en algún lugar de Pakistán, cerca de la frontera afgana. El triunfo de los talibanes será el triunfo de Bin Laden. ¿Quiere usted ver a Bin Laden triunfante y con armas atómicas?

Por último, debemos recordar lo que hace pocos días declaraba el Gobierno afgano: ‘No nos manden más soldados; envíen ayuda para reconstruir el país’. No le falta razón, porque si la gente ve que su situación mejora, apoyará al Gobierno y entonces los talibanes podrán pasarse décadas enteras lanzando ataques sin avanzar lo más mínimo. Entonces las muertes de nuestros hombres no habrán sido en vano.

El arte de sacar conclusiones

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:34 am

J. M. RUIZ SOROA

 

Los vascos no perciben la llegada de los emigrantes como un problema’, nos informaba hace unos días este diario. La conclusión procedía de un estudio sociológico del Observatorio Vasco de Inmigración y resulta cuando menos sorprendente a la vista de las respuestas a la encuesta.

En efecto, nada menos que el 83% de los vascos encuestados considera que «los inmigrantes deberían esforzarse por adoptar nuestras costumbres y tradiciones», lo cual supone que existe un claro problema de tolerancia para con aquellos inmigrantes que no deseen hacer ese esfuerzo. Con mucha más fidelidad a los datos de la encuesta podrían haberse concluido de otra forma: «La mayoría de los vascos no ve con agrado que los inmigrantes conserven sus costumbres y tradiciones». Pero esa formulación, probablemente, no era políticamente correcta.

Y, a lo que se ve, ésta y no otra es la cuestión: pasarle la mano por la espalda a la sociedad vasca y decirle ‘qué buena eres’, aunque los datos no digan eso. Porque está muy bien decir que la mayoría responde que sí, que «es bueno que la sociedad vasca esté formada por diferentes culturas, etnias y religiones» (¿quién pensaría siquiera hoy en día en negar la bondad de la pluriculturalidad después del bombardeo mediático?), pero esa afirmación genérica entra en flagrante contradicción con la exigencia de que para integrarse (asimilarse) adopten nuestras propias costumbres y tradiciones; de manera que la única conclusión válida es que los vascos aman la diversidad cultural pero siempre que se produzca fuera de nuestra sociedad.

Resulta un verdadero alarde de confusión la frase del director del estudio: «Los vascos están abiertos a la diversidad, pero siempre y cuando los puntos en común tengan como base lo autóctono». O sea, que nada de valores universales o transculturales, que lo común entre nosotros y ellos debe ser lo nuestro. Si esto es una postura favorable a la interculturalidad, que baje Dios y lo vea. Porque a mí me parece lo contrario.

Días y días

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:33 am

MARÍA MAIZKURRENA m

Pasan los días como bolas de minutos y de acontecimientos, y no se sabe qué es mejor, si rodar con ellos o apartarse. Lo primero marea y lo segundo es inútil. Al final, siempre nos aplasta el tiempo. Lo sabemos por los viajeros del tiempo que nos han precedido e incluso han dejado escrita la crónica de su peripecia vital y mental, que viene a ser lo mismo, pues el ser humano es un producto de su propio cerebro, órgano extraño y fantástico de que se ha dotado la Naturaleza para destruirse a sí misma. Los últimos días de la última semana se atropellaron unos a otros con sus causas y razonables objetivos. Día 21, Día mundial de la paz. Día 22, Día mundial sin coches. Usar menos el coche y esforzarse por vivir en paz son cosas buenas y además necesarias, pero a veces las necesidades inmediatas de los individuos no coinciden con lo que la especie necesita para sobrevivir. Sucede que el ciudadano se apoltrona en un confort insalubre y en una irresponsabilidad anónima que luego le pasa la factura de la falta de ejercicio y del cambio climático, aunque los más cínicos ya cuentan con que ésta última la pagarán sus nietos (el que venga detrás, que arree). Se equivocan. La cosa va muy rápida, y la factura la pagarán sus hijos, acaso ellos mismos. De todas formas, proponer un Día sin coche es inútil como objetivo y como símbolo. La industria del automóvil, uno de los poderes de este mundo junto con el demonio y la carne, no va a auspiciar su propia desaparición. El Día sin coche debería convertirse en el Día del nuevo coche, y, junto a los paneles sobre los efectos nocivos que tiene quemar tanto petróleo, los centros comerciales deberían exhibir la transformación del coche, su mutación, el advenimiento del motor híbrido o de la pila de combustible de tercera generación que, dicen, se va a comercializar en cosa de ocho años. Ocho años son muchos días. Demasiados. El capitalismo tiene una capacidad de adaptación asombrosa y está mutando, como el coche, hacia una industria ecológica, para ver si sobrevivimos junto con nuestros negocios, es decir, los suyos. Pero yo no sé si el centro de mando, que es muy disperso, calcula bien los plazos. En Montreal, 191 países han acordado acelerar la retirada de las sustancias nocivas para la capa de ozono, que también afectan al clima. El nuevo capitalismo será ecológico o no será. Pero no todos los nichos de negocios están en la adaptación al medio y la cordura. Para celebrar con alegría el Día Internacional de la Paz, Greenpeace denunciaba que España ha duplicado la exportación de armas en 2006. Una forma de contribuir al control de la población mundial quizás un poco drástica, pero seguramente más lucrativa que la exportación de anticonceptivos.

ETA en el norte

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:31 am

FLORENCIO DOMÍNGUEZ

 

La operación desarrollada ayer por la Gendarmería contra los presuntos responsables de algunos atentados perpetrados en territorio francés ha puesto de relieve la existencia de, al menos, lazos personales entre los sospechosos y el entorno de ETA. La investigación determinará si además de lazos personales hay otro tipo de vínculos que impliquen a la organización terrorista en la realización de estos atentados o, al menos, en su inducción.

De momento ya sabemos que cuando se tira del cabo de una cereza del norte aparecen enganchadas otras cerezas del sur. Durante mucho tiempo, los atentados en el País Vasco francés fueron cometidos por Iparretarrak, organización que en los ochenta no era bien vista por ETA que no quería provocar a las autoridades de París.

En 1993, las dos organizaciones se reunieron para estudiar la posibilidad de coordinar sus actividades. ETA exigió un acuerdo político previo antes de colaborar con IK. En septiembre de 1999 volvieron a reunirse dirigentes de los dos grupos y tampoco hubo acuerdo porque Iparretarrak reclamaba que se respetara la «especificidad política» del País Vasco francés, frente a las pretensiones etarras de fusionar las dos organizaciones. Después de aquel encuentro siguieron dos años de intercambio de críticas.

«ETA siempre ha tomado a Iparralde como lugar de refugio y para surtirse de militantes. Siempre nos han impuesto el frente único, primero deberíamos luchar juntos contra Madrid para ganar la batalla a Madrid y una vez vencido el frente de Hegoalde (País Vasco español) juntos actuaríamos contra París. La lucha de Hegoalde estaba ganada en dos años, eso es lo que nos dijeron hace 25 años», señalaba el líder de IK, Philippe Bidart en marzo de 2001.

Ante los desacuerdos para llevar a cabo la fusión, ETA decidió en 2003 lanzar un ultimátum sobre IK: o aceptaban integrarse en ETA o «ficharían» a los miembros de Iparretarrak individualmente. Y así fue. Se trataba de aplicar la misma ‘opa hostil’ que Batasuna había llevado a cabo en el ámbito político sobre Abertzaleen Batasuna dividiendo a este movimiento y llevándose a una parte de sus miembros para extender al País Vasco francés las actividades del partido creado en el sur.

Durante los últimos años, ETA ha atraído a su órbita a los sectores del nacionalismo vasco francés más inclinados al activismo violento y muchos de ellos se han implicado en las filas de la propia organización terrorista para realizar tareas tanto en territorio francés como español. Para los responsables policiales galos, la violencia que antaño realizaba IK la llevan ahora los miembros de Segi y del entorno de Batasuna.

f.dominguez@diario-elcorreo.com

El Gobierno del clima

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:30 am

 

La exhortación del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para que los 150 países reunidos en Nueva York contra el cambio climático envíen «una señal clara y colectiva» de que actuarán contra el deterioro del planeta refleja con nitidez los problemas a los que se enfrenta la lucha global contra un problema cuyas destructivas consecuencias también lo son. Por una parte, el incumplimiento del Protocolo de Kioto, que comprometía a los países industrializados a reducir en un 5% la emisión de los gases responsables del calentamiento de la Tierra, ha certificado las dificultades para acordar y, sobre todo, ejecutar una estrategia conjunta. Por otra, la percepción social de que los riesgos repercutirán en generaciones futuras entorpece la concienciación imprescindible para reorientar las actitudes individuales y forzar la acción de los gobiernos y organismos internacionales.

Pero ante todo, la afirmación de Ban Ki-moon incide en la importancia de articular una estrategia compartida cuyo liderazgo no se arrogue ningún país en exclusiva, lo que significaría en la práctica reforzar el papel de la ONU -tal y como subrayó ayer el presidente Rodríguez Zapatero- y acotar la eventual disposición de EE UU a capitanear la batalla contra el cambio climático. Una voluntad que le ha llevado a limitar su presencia en esta cumbre y que parece alentar la convocatoria de una reunión casi en paralelo con presencia de algunos de los Estados más contaminantes del mundo. La evidencia de que la inacción se cobrará una elevada factura en el futuro crecimiento del planeta, los efectos provocados ya por el incumplimiento de los pactos acordados y la necesidad de que las economías emergentes contribuyan al desarrollo sostenible requieren de un consenso mundial que implique a quienes contaminan, pero también a quienes sufren la devastación derivada de una industrialización y una evolución económica tan desigual.

Muerte y solidaridad

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 7:25 am

 

La muerte de Germán Pérez Burgos y de Stanley Mera Vera, los dos soldados españoles que junto a su intérprete Rohulah Mosavi perdieron la vida a causa de una mina talibán, volvió ayer a enlutar la misión que las tropas españolas desempeñan en Afganistán. Tan irreversible y doloroso tributo genera en la ciudadanía serias dudas, no sobre la legitimidad del compromiso de España respecto a una misión auspiciada por Naciones Unidas, sino sobre la naturaleza del papel que corresponde a los 690 militares desplazados al país y, especialmente, sobre si el empeño aliado resultará verdaderamente útil y exitoso. Un sentir semejante al que experimenta la opinión pública en Alemania, Canadá, Holanda o Italia. La intervención sobre Afganistán, emprendida tras el 11-S con el objetivo de acabar con las bases de Al-Qaida y con el Estado nodriza que representaba el régimen talibán, puso fin a la impunidad en la que se movía el núcleo dirigente del terrorismo islamista y a las facilidades que encontraba para reclutar y adiestrar yihadistas. Pero es indudable que la tarea iniciada hace seis años no ha conseguido desterrar del todo la amenaza talibán y, en esa medida, el riesgo cierto de que Al-Qaida pueda reorganizarse operativamente en torno a la frontera afgano-paquistaní.

La contribución de España al esfuerzo aliado se orientó desde el primer momento a propiciar la capacitación de las fuerzas dependientes del Gobierno de Kabul y a la reconstrucción material de un país extremadamente pobre y, además, diezmado por años de conflicto bélico. Sin duda esta opción respondía en gran medida al compromiso que la sociedad española podía asumir con mayor facilidad. Pero, a medida que transcurre el tiempo y se evidencian los costes y los peligros que acompañan a tan encomiable empresa, es obligación del Gobierno dar cuenta tanto de la situación que se vive en Afganistán como de la naturaleza y del desarrollo de la misión específica de las tropas. La insistencia del PP en que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero reconozca que Afganistán está en guerra responde, sin duda, a su deseo de equiparar la misión española en este país con la que desempeñaban las tropas retiradas de Irak por el actual Gobierno. Pero, más allá de una diatriba nominalista e interesada, la suerte de nuestros soldados y, en general, el futuro de Afganistán no son cuestiones que puedan ser despachadas por el Ejecutivo como si se tratara sólo de una disputa partidista. La solución final está en manos de los propios afganos. Aunque el anuncio del presidente Karzai de que está en marcha «un intenso esfuerzo por establecer un diálogo sobre la paz con los talibanes y sus asociados» puede invitar tanto a la esperanza como a la inquietud. Pero mientras esa solución se abre paso, la presencia solidaria de las tropas españolas en el marco de las resoluciones de la ONU no debería ser puesta en cuestión, para lo que ha de ser explicada y argumentada convenientemente por el Gobierno.

Adolfo Suárez, en su 75 cumpleaños

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 6:59 am

Jaime Lamo de Espinosa
Se cumple el 75 aniversario de Adolfo y tal fecha merece algunas líneas, unas cuantas palabras, tal vez pocas entre todas aquellas que me gustaría decirle ahora si él fuera capaz de retenerlas y mantener después de la conversación que hoy nos falta a todos los que le queremos.
   Hace muchos años destaqué, al glosar la figura de Adolfo, una peculiaridad que se ha acentuado con los años: sus silencios. Desde hace ya años, Adolfo no está en la política, su gran pasión y allí donde lucía sus mejores habilidades e inteligencia, pero forma parte de la política y, según avanza el tiempo, se convierte en un referente más crucial e indiscutible. Y desde hace años esos silencios, antes voluntarios, hoy obligados por la maldita enfermedad que le mantiene en su mundo ensimismado, se han vuelto clamorosos, sonoros. Todos desearíamos hoy oír su voz y conocer su opinión sobre la forma en que su obra -la suya y la del Rey, la Transición- es seguida y valorada, aunque todos sabemos, sin escucharle, cuál sería su juicio en esta materia.
   Hace pocas horas se reproducían en otro medio unas declaraciones del año 1980 que jamás se publicaron y que corresponden a un par de meses antes de su dimisión. Su lectura me ha estremecido. Yo le acompañé en su coche aquella mañana desde Moncloa a Zarzuela, donde iba a presentar su dimisión minutos después. Hablamos en el trayecto sobre lo mismo que habíamos conversado durante las dos horas anteriores en su despacho de Moncloa: las razones de su dimisión. Y algunas de las palabras que entonces escuché las he vuelto a leer, menos explícitas tal vez, pero tan elocuentes y dolorosas como entonces. «Mi mayor preocupación actual es la convivencia… Que discrepen, pero civilizadamente… Que no traslademos al país nuestro rencor personal…”.
   Adolfo alcanzó su momento estelar en la Transición. Logró que todo el mundo, todas las personas renunciaran a algo en favor de los intereses comunes del Estado, de la nación española. Logró llevar a España de una orilla a otra pero no como el alacrán sobre el lomo de la rana, sino como el auriga sobre una cuadriga de caballos de diferente doma. Y con el tiempo jugando en contra, pues había que hacerlo rápido ya que el pueblo español no esperaba. La necesidad era perentoria. Era precisa la celeridad, sí, pero también el consenso, la no exclusión y sobre ella, la renuncia, el sacrificio. ¿Hay que recordar, una vez más, la solemne y dolorosa renuncia de Don Juan, la del Rey a sus propios privilegios cercenados por la Constitución con su aquiescencia, las de las últimas Cortes franquistas, las de ciertos partidos -viejos y nuevos- a ciertos símbolos y valores propios, las de una buena parte de la Iglesia o de las Fuerzas Armadas, etc.?
   Todo aquello lo hizo Adolfo con el pleno apoyo del Rey y con una identificación total con el mismo. Su lealtad hacia el Rey fue incontestable. Tal vez porque tampoco hubo en el Rey fisuras cuando entre tantos políticos del régimen anterior eligió a aquel sin el cual la obra a desarrollar jamás hubiera sido posible. Más tarde, el 23-F, ambos en la distancia, conjugan el mismo principio. Suárez elige entre la libertad y la vida y siguiendo el consejo de Don Quijote decide que «por la libertad se puede y se debe aventurar la vida». Y en ese momento tan crucial le acompaña el Rey, en aquella noche aciaga, aventurando su destino también en pro de la libertad y la res pública.
   Se han querido ver muchas veces enfrentamientos entre el Rey y Suárez. Creo estar en condiciones de afirmar que jamás los hubo tan graves como para ocasionar un distanciamiento profundo entre ambos. Aunque hubiera en algunos momentos diferencias de procedimiento, que no de tiempos, en la ejecución de tal o cual acción política. Y como todo el mundo conoce, una buena amistad no se cimenta sin discrepancias ocasionales. He oído muchas veces a Adolfo hablar, entonces y hasta mis últimas conversaciones con él, de sus relaciones con el Rey. Jamás hallé en ellas nada que no fuera lealtad, reconocimiento, afecto y entusiasmo por su figura. El otorgamiento por el Rey del ducado de Suárez con grandeza de España a su cese y el reciente Toisón de Oro -veinticinco años por medio- debieran servir como pruebas incontestables de la muy singular, leal y afectuosa relación entre ambos.
   Es una pena que ahora, cuando Adolfo cumple su 75 cumpleaños, no esté en condiciones de apreciar el respeto ganado, el aprecio y la consideración que algunos españoles -pocos- le negaron en aquellos meses de finales del ochenta, el amor de tantos españoles hacia su persona y su figura ganados en el tiempo con el homenaje a su obra y con la estima por el dolor sufrido en la enfermedad y muerte de su mujer y de su hija Mariam. Pero aunque él no lo pueda valorar, nosotros sí podemos y debemos expresarlo. Ese, y no otro, es el motivo de estas líneas.
   *Lamo de Espinosa fue ministro con UCD y es catedrático de la UPM

Astrobiología

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 6:54 am

POR EDURNE URIARTE

El determinismo biológico se ha puesto de moda. Perseguimos durante siglos la autonomía individual y la libertad de decidir y hemos acabado descubriendo que se trataba de una quimera. Que estamos presos de nuestros genes, de nuestras hormonas y de todo tipo de poderosos señores biológicos que dominan comportamientos y decisiones desde lo más profundo de las entrañas.

En lugar de rebelarse contra los recién descubiertos dictadores, la gente los invoca entusiasmada en busca de respuestas a la incertidumbre, como si la biología fuera una nueva astrología. Lo que los astros te contaban antes sobre tu vida, ahora te lo revelan los genes, las hormonas y los circuitos neuronales. Son el nuevo psiquiatra casero de cabecera, la respuesta a nuestra angustia vital. A tal fin, los libros de divulgación astrobiológica incluyen test para que te conozcas, para que descubras todo lo que genes y hormonas han dispuesto de tu vida.

Así es como Judy Garland averiguó que el verdadero culpable de su alcoholismo es un gen. O unos investigadores muy serios concluyeron que las chicas prefieren el rosa y los chicos el azul. Y otros no menos serios descubrieron que ser de izquierdas o de derechas es algo que depende de nuestro córtex cingulado anterior y de su regulación de la flexibilidad ante los conflictos. Por eso Bush no cambió de opinión ante la guerra de Irak y Kerry sí lo hizo, han explicado. No por los astros o la fecha de sus nacimientos sino por el córtex. Si alguien ha cambiado de bando ideológico, que se lo haga mirar. Debió de ser por un golpe en la cabeza y no por la llegada de marte a su signo.

El verdadero historial de Bush

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 6:53 am

POR DICK CHENEY

EN su nuevo libro, La era de la turbulencia, mi viejo amigo Alan Greenspan sostiene que la política económica y presupuestaria del presidente Bush ha sido irresponsable en el aspecto fiscal. He conocido y admirado a Alan durante años y creo que fue un gran presidente de la Reserva Federal. Pero opino que sus valoraciones están fuera de lugar.

Alan narra su primer encuentro con el entonces recién elegido presidente Bush, el 18 de diciembre de 2000 en el hotel Madison, en Washighton. Me acuerdo muy bien de esa reunión matinal, y especialmente de los comentarios de Alan sobre la situación de la economía. El presidente de la Reserva Federal comunicó al recién elegido presidente y a nuestro equipo que Estados Unidos se encontraba ante la posibilidad real de una recesión a consecuencia del estallido de la burbuja del sector tecnológico que tuvo lugar a finales de los años noventa. El pronóstico de Alan fue correcto: en los últimos meses del gobierno de Clinton el país experimentó un enfriamiento de la economía que se convirtió en una recesión.

Se avecinaba otra crisis, aunque ninguno de nosotros lo supiéramos en aquel momento. Menos de ocho meses después de la toma de posesión, el país fue objeto de atentados terroristas. Los sucesos ocurridos el 11 de septiembre son un punto y aparte desde el punto de vista de la seguridad nacional; fueron también fundamentales desde una perspectiva económica. A raíz de los atentados, dirigidos contra el sector financiero de nuestro país, cesó la compra de acciones, se cerraron tiendas y centros comerciales y se cancelaron miles de vuelos. En los tres meses y medio transcurridos entre el 11 de septiembre y Navidades, casi un millón de estadounidenses perdieron su trabajo.

Los efectos de la recesión y una emergencia nacional combinados podrían haber resultado devastadores para la economía de Estados Unidos. Pero los recortes fiscales del presidente Bush -que cumplió la promesa que hizo a los votantes- tuvieron como consecuencia una recesión menos profunda, una recuperación más rápida y un trampolín para el crecimiento que sigue siendo sólido hasta el día de hoy. El hecho es que en unos tiempos de desafíos nunca vistos, la economía de Estados Unidos ha crecido durante casi seis años ininterrumpidos y ha creado más de ocho millones de puestos de trabajo desde agosto de 2003 (más que todas las naciones industrializadas juntas).

El crecimiento económico propiciado por los recortes fiscales del presidente está aumentando drásticamente la recaudación de impuestos: casi un 15 por ciento sólo en el año fiscal de 2005, casi un 12 por ciento en el año fiscal de 2006 y un aumento previsto de casi el 7 por ciento en el año fiscal que acaba este mes. Es el mayor incremento de la recaudación impositiva en años consecutivos desde 1981. En consecuencia, la recaudación de impuestos como porcentaje de nuestra economía se encuentra actualmente por encima de la media histórica en los últimos cuarenta años. Dadas las circunstancias, difícilmente se podría sostener que los estadounidenses pagan pocos impuestos. Incluso con un tipo impositivo más bajo, el duro trabajo y la productividad de los estadounidenses está generando más dólares a través de los impuestos que nunca.

En cuanto al apartado de gastos en el libro mayor, no puedo rebatir la idea general de Alan de que el Gobierno federal es demasiado grande y gasta demasiado dinero; hemos estado de acuerdo sobre ese punto desde que los dos trabajamos en la Administración de Ford hace más de treinta años. El presidente Bush piensa lo mismo y por eso ha estado reduciendo continuamente la tasa anual de aumento de los gastos discrecionales no relacionados con la seguridad. En cambio, el último presupuesto promulgado durante el gobierno de Clinton y Gore incrementó esa categoría del gasto en un asombroso 15 por ciento. El presidente Bush ha ejercido una gran presión para mantener ese gasto bajo control, y el aumento de este año será de hecho más bajo que el índice de inflación por tercer año consecutivo.

Hay que destacar también que el presidente Bush ha destinado considerables recursos a la reconstrucción de nuestro Ejército después de los recortes de los años noventa. Además, esta nueva era ha exigido un apoyo mucho mayor a los servicios de espionaje, las agencias policiales y la seguridad nacional. Nuestro Gobierno ha hecho frente a estas prioridades urgentes. Pero, al mismo tiempo, ha conseguido reducir el déficit previsto para este año hasta un 1,5 por ciento del PIB, muy por debajo de su media histórica a lo largo de las últimas cuatro décadas.

Durante mucho tiempo, Alan ha sostenido acertadamente que la disciplina fiscal es una obligación a largo plazo que requiere honestidad y estar dispuesto a tomar decisiones difíciles. Otra vez coincidimos. Y en este aspecto, el historial del presidente Bush es impecable. Ha propuesto reformas sobre Medicare (seguro de salud para los mayores de 65 años) y Medicaid (atención médica a los estadounidenses con rentas bajas), y ha pedido reiteradamente al Congreso que reforme la Seguridad Social y la sitúe en una base financiera sólida. Aunque el Congreso no haya respondido, no ha habido otro presidente que haya empleado más tiempo o capital político en tratar de evitar un desastre fiscal que todo el mundo sabe que está al caer.

He disfrutado de la compañía de Alan y me he beneficiado de sus conocimientos durante la mayor parte de mi carrera. A su vez, Alan me honra en su libro por mi «intensidad» y por mi «calma de esfinge»; y es por esa amistad por lo que le brindo estos suaves recordatorios acerca del historial de Bush.

Universidad y Democracia

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 6:52 am

POR FLORENTINO PORTERO

La sociedad norteamericana sigue con estupor el debate abierto ante la invitación al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad para participar en una conferencia en la Universidad de Columbia. ¿Se puede tratar a un enemigo de la libertad con tal consideración? El rector de la universidad aseguró que él personalmente le iba a plantear preguntas muy directas, pero ¿habría invitado a Hitler o a Pinochet? No cito a Stalin porque me temo lo peor.

Ahmadineyad gobierna un país en el que no existe la democracia; en el que se encarcela a los que la defienden; se da apoyo a distintos grupos terroristas; se anima y potencia la insurrección diaria en Irak y Afganistán; está detrás de la desestabilización del Líbano y avanza en un peligroso programa nuclear, que han mantenido oculto todo el tiempo que han podido, a pesar de las sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. El presidente en persona ha negado el Holocausto y ha amenazado a Israel con su destrucción ¿Se puede tratar a Ahmadineyad como si fuera un dirigente respetable?

En España tenemos precedentes imborrables. La Universidad Complutense concedió el Doctorado Honoris Causa a Erich Honecker y la Medalla de la Universidad a Sadam Hussein. Toda una declaración de lo que tan docta casa entiende por libertad. El hecho no debió percibirse entonces con escándalo porque el rector pasó tiempo después a ocupar la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid con el Partido Popular. No, no se trataba de un izquierdista radical.

Los enemigos de la libertad deberían ser tratados con mucha más firmeza. La comunidad universitaria tiene que salir de su burbuja y enfrentarse a la realidad tal cual es. El rechazo a George W. Bush no justifica de ninguna manera dar cobertura a dictadores fanáticos que atentan todos los días contra la libertad. Gestos como el de la señera universidad neoyorquina sólo animan a estos fundamentalistas a seguir adelante a la vista del relativismo, de la falta de valores que se extiende por nuestras sociedades.

Paradojas europeas

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 6:51 am

POR CÉSAR NOMBELA

Se acerca el momento de decidir si se crea el Instituto Europeo de Tecnología, una iniciativa tenazmente promovida por el Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, inspirada en modelos americanos. En el inicio de curso, en que se agolpan las noticias y debates sobre la Educación, conviene señalar que no existen las soluciones milagrosas. Las bases, la académica y la científica, necesitan medidas de apoyo de los poderes públicos. Pero, no es fácil que den fruto las iniciativas exclusivamente desde arriba, buscando subsanar en poco tiempo carencias que vienen de lejos. Han transcurrido más de siete años de la cumbre de Lisboa, una ocasión para expresar ambiciones, y la UE aspiraba a construir el sistema económico más competitivo del mundo, fundado en el conocimiento. Sin embargo, los resultados concretos se siguen haciendo esperar. La organización y gestión de las universidades, sigue siendo heterogénea, pero no hay novedades que apunten al cambio necesario para el logro de esos propósitos, ciertamente en España no las hay. La competitividad de las instituciones europeas de educación superior sigue retrocediendo en los rankings.

Muy pocos esperan que el referido instituto tecnológico, promovido por la administración comunitaria, sea la solución. En el mejor de los casos, parece que se reducirá a alguna iniciativa limitada sobre energía y cambio climático. Cada vez me convenzo más de que la llamada paradoja europea está mal definida. La expresión se emplea para señalar que Europa tiene más capacidad para crear conocimiento básico, que para rentabilizarlo. Sin embargo, tal vez la paradoja sea no darse cuenta de que lo mejor es estimular también una economía que premie la competitividad, en lugar de pensar que cada cuestión se soluciona con un Instituto, una dirección general o cualquier otra instancia burocrática. Lo que hay de acierto en la investigación básica en el continente, tiene que ver con la posibilidad de investigar en libertad, en un ambiente de estímulo al talento y la creatividad, basado en el esfuerzo. Valga eso para todo el ámbito de la educación y su proyección en la sociedad.

Suárez, un español leal al Rey

Archivado en: General, Rajoy, Zapatero — África @ 6:50 am

POR CONSUELO ÁLVAREZ DE TOLEDO

Cumple hoy setenta y cinco años. Por lo menos cuarenta de ellos dedicados a lo que más le apasiona: España. Porque Adolfo Suárez –imposible retratarle con una sola imagen, calificarle con un simple adjetivo, hacerle justicia en novecientas palabras- es un español por los cuatro costados; y sobre todo, un hombre bueno.

Bueno en el sentido del amor certero. Adolfo dejó el poder por más de una razón. Ya sería importante la de preservar la democracia, cuyos intríngulis todavía quedan por desvelar. Y comprensible la desolación del líder que se siente «totalmente desprestigiado», como contaba ayer en ABC. Pero es que además había otras pequeñas razones que se clavaban en el alma de un padre de familia. Un mensaje de su hijo en la almohada fue igual de dirimente. Es el factor humano de un Adolfo Suárez apenas vislumbrado. Amor de padre y esposo compensado después hasta la extenuación: «por ti lo dejo todo». Y así fue.

Llevaba en la sangre la política desde que dio su primer vagido allá en Cebreros, bajo la mirada atenta de Doña Herminia. Nacido en una España partida por el corazón helado de una guerra entre hermanos, Adolfo Suárez creció entre las murallas de una dictadura larga, con fríos bajo cero de libertades, en el recinto del Ávila que parecía fuera del tiempo real. No pertenecía a ninguna de las élites de España y quizás por ello tuvo que aprender muy pronto a sentir los pies sobre la tierra. Algunos llamarían a esto pragmatismo; otros, ambición. Pero él sólo sabía que tenía que llegar a tiempo a su cita con el destino.

Alejado de los cenáculos

Crecido a golpes de osadía, acampó en los vericuetos de la dictadura y como tantos otros se dio cuenta de que asistía a la muerte anunciada de un régimen sin horizonte. Intuitivo, supo adelantarse a los tiempos del franquismo. Él no estaba en las quinielas, no cultivaba los cenáculos madrileños, no formaba parte de las conspiraciones. Era «un azul» guapo y simpático; ninguna amenaza para quienes albergaban ambiciones sucesorias. Era un hombre normal que quería para España lo que en otras latitudes era simplemente normal. Y apostó con todas sus fuerzas por un proyecto de España en libertad a sabiendas de que contaba con muy pocas lealtades.

Pero tuvo, eso sí, la confianza imprescindible de quien pudo y supo designar. Ahora años después algunos se empecinan en manchar la relación de Adolfo Suárez con el Rey sin entender la clave arquitectónica que permitió construir la democracia: lealtad como palabra enteriza y sin ambages, que implicó siempre el valor sobreentendido de que por encima de cuestiones personales estaba en juego la reconciliación y la concordia. Para ello era imprescindible un «desclasado» capaz de superar las dos Españas, y también tener una idea muy cierta, clara, de España, de una España de concordia, plural, libre y más justa.

Ligero de ataduras, sin rencores familiares, sin lastres ni bagajes, libre para el camino. Porque Adolfo Suárez ha sido además un hombre libre. Sin más memoria histórica que la conciencia ampliamente compartida por la mayoría de que aquella guerra civil jamás se debería repetir. Encelado en la idea, comenzaron los tiempos trepidantes de una transición complicada, a veces casi de película. Ahí apareció el Adolfo Suárez más complejo. Razonar, convencer, negociar a derecha e izquierda; gobernar con unos cuantos convencidos de tener más méritos que él para ocupar la Presidencia; soportar el menosprecio de los suyos, resistir el juego sucio de los otros.

Era gobernar siempre al límite del riesgo que olvidaba con pequeños placeres de la vida: el humo de un cigarro, las películas en casa, los amigos de verdad, para acabar siempre hablando de política. La Constitución trabajosamente elaborada hasta altas horas de las noches de La Moncloa. Es el Adolfo de los Pactos y el consenso, el presidente seductor, el jugador de mus capaz de echar un órdago a la chica para ganar el juego después.

Una época admirada

La Transición y la Constitución de España serán, desde entonces, admiradas. Y el presidente del Gobierno vivirá sus mejores momentos de estadista. Años después algunos hablarán de segundas transiciones, como si aquella hubiera sido una aventura inacabada; ignorando que el gran éxito de la Constitución fue integrar y no excluir, ceder para obtener, una gran «puesta en común» que requería hablar y convencer, negociar, volver a hablar. Negociar otra vez y consensuar los Estatutos, las leyes, los presupuestos…

Gobernar así, de esta manera, convertiría a Suárez en objeto de oscuros deseos y ambiciones entrelazadas hasta el tragicómico golpe de Tejero. Y allí fue donde Adolfo demostró que además era un valiente. Erguido frente a las pistolas, sabedor de lo que él todavía representaba, con su gesto habitual de abrocharse el botón de la chaqueta, salvó la dignidad de una democracia todavía balbuceante. Días antes se había confesado el «más desprestigiado»; desde aquel instante, Adolfo Suárez comenzó a caminar por los senderos de la historia. Y hoy es el más prestigiado de nuestros políticos. Feliz cumpleaños, señor presidente.

José Tomás y nosotros

Archivado en: General — África @ 6:49 am

POR ANTONIO GARCÍA BARBEITO

Dicen los buenos aficionados taurinos que José Tomás, para no estar en tanta desventaja en la cara de los toros, tendría que torear en la enfermería, con el hule como capote, los médicos como cuadrilla y un mozo de espada que tuviera a mano un juego de bisturíes. El maestro cita con la femoral planchada, y entrega los muslos como si le esperara un envite de amores. Dice José Roel da Silva, El Cangui, mi compañero de viaje en esta tribu de palabras, que es superior a Manolete: «Se enfrenta a toros más grandes, domina los mismos terrenos y, además, es más largo que el de Córdoba». Aunque El Cangui, que lleva por la sangre el veneno de un incumplido sueño torero, sentencia: «Manolete sólo le gana en una cosa, en que lo mató un toro y es leyenda, y José Tomás está vivo, a Dios gracias, y, salvo los versos de Sabina, que son enormes, sólo tiene crónicas».

Tomás convoca en los tendidos, por igual, el ole y el grito, porque con él en el ruedo, el arte se sufre, más que se disfruta, duele, más que alegra; el arte se viste de preludio de tragedia, y menos mal que sólo es preludio.

La mayoría va a verlo porque sabe que ese toreo es único, pero algunos sólo van a ver si tienen la «suerte» de verlo ensartado mortalmente en un asta y poder contarlo luego, porque un testimonio de sangre mortal vende mucho en las tertulias. Da miedo. El Cangui estaba conmigo en Las Ventas una tarde isidril en que citó a un bicho del Puerto de San Lorenzo, y el toro se arrancó cuasi desde los comederos de la ganadería, le plantó la muleta y no se inmutó, y así le dio seis naturales y en cada pase el paréntesis de las astas del morlaco le medía el perímetro torácico.

A mí me dan miedo los toros, Cangui, y, también, algunas medidas valientes del Gobierno, que son toros en punta. Esa promesa de tantos euros por parto o para alquiler de pisos es un toro que puede empitonar a cualquiera, si no hoy, mañana.

-Sí. Lo que pasa es que frente a los toros de Tomás, está él; y frente al toro en punta de las medidas económicas, nosotros. Y como ese toro cornee, que sepas que no le cornea al Gobierno, nos cornea a nosotros… en la femoral de la cartera…

gbarbeito@telefonica.net

Entradas siguientes »

Blog de WordPress.com.