España es una merienda de negros

junio 11, 2007

“Deconstrucción posfoucaultiana y posprocesal de ‘Un discurso ganador’, de Ignacio Sánchez-Cuenca” por Fernando Peregrin

Filed under: General — África @ 7:39 am

 Un discurso ganador:  ¿Cuál debe ser la respuesta de los partidos ante la ruptura del alto el fuego? Ante todo, hay que abandonar cualquier tentación de uso político del terrorismo. De eso ya hemos tenido bastante durante el proceso de paz. El proceso ha fracasado porque ETA así lo ha querido. Es una decisión que han tomado los terroristas, no el Gobierno. Por eso resultan tan disparatadas las peticiones de dimisión de Zapatero.

Lo peor que puede suceder cuando lleguen los atentados es que los partidos sigan divididos. La división magnifica las consecuencias políticas de los atentados. Cuando la oposición critica al Gobierno por los crímenes de ETA, éstos adquieren una resonancia mucho mayor. Los etarras, seguramente, estarán muy agradecidos por las facilidades que la oposición les da.

¿Cómo reconstruir un consenso que sea efectivo frente a la amenaza de ETA? La respuesta más socorrida, pero también la menos adecuada, consiste en apelar al Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo firmado por el PSOE y el PP en diciembre de 2000. Ese Acuerdo ya no sirve por dos motivos.

Por un lado, basta recordar el propósito del artículo 1 del Acuerdo, más conocido popularmente como Pacto Antiterrorista: “Eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo”. Si algo ha quedado claro en los tres primeros años de esta legislatura socialista, es que el terrorismo ha sido el principal asunto de confrontación electoral. El Acuerdo está muerto a todos los efectos por su incumplimiento sistemático.

Por otro lado, las circunstancias políticas son hoy muy distintas de las del año 2000. La principal diferencia es que el PNV ha rectificado el rumbo emprendido con el Pacto de Lizarra y es en estos momentos un actor crucial en la estrategia de completa marginación social y política de ETA. De ahí que no tenga sentido tratar de reeditar un acuerdo entre el PSOE y el PP que deje a los nacionalistas vascos al margen. Dicho acuerdo se hizo en buena medida en contra del nacionalismo soberanista que cristalizó en la tregua de 1998. Pero si todavía podemos esperar que el final de ETA esté muy próximo es porque el PNV ha entendido que las reformas políticas que desea sólo podrán producirse tras la desaparición del terrorismo.

Lo que hoy se precisa es un acuerdo político ajustado a la situación política actual. Para ello, hay que romper de una vez por todas con la inercia de pensar que la reciente ruptura del alto el fuego por parte de ETA nos devuelve al año 2000.

Los años sin asesinatos no han pasado en balde para ETA. Los etarras han evidenciado tanto su debilidad operativa como la ausencia de cualquier perspectiva estratégica sobre el uso de la violencia. Ya no pueden regresar a esquemas anteriores: ni la rendición del Estado ni el gran frente nacionalista son opciones viables. Sus seguidores son conscientes de que ETA se encuentra en una situación terminal, por mucho que en el futuro inmediato todavía puedan realizar algunos atentados mortales.

ETA carece de estrategia. Los atentados que pueda realizar son una huida hacia delante, tratando de retrasar una decisión sobre su final que a estas alturas ya sabe que es inevitable. El Gobierno de Zapatero consideró que era posible materializar ese final. Debido a la ausencia de asesinatos durante varios años, ETA no tenían motivos para entender que el ofrecimiento del Estado era fruto de la presión terrorista. Se pensó que con ciertas concesiones (beneficios penitenciarios, legalización de Batasuna, constitución de una mesa de partidos para consensuar un nuevo estatuto de autonomía entre todas las fuerzas, incluyendo la izquierda abertzale) ETA aceptaría una salida honrosa.

No ha sido así. Las cosas no han salido bien, por motivos que quizá sea demasiado prematuro precisar ahora. Pero que el resultado del proceso de paz no haya sido el esperado no quiere decir que el punto de partida y el planteamiento estuvieran equivocados. Este tipo de procesos son inciertos por naturaleza y dependen de la voluntad de actores con intereses opuestos.

Agotado el proceso de paz, el PSOE, el PP y el PNV, en lugar de enzarzarse en una serie interminable de reproches sobre la vuelta de ETA a la violencia, deberían unirse mediante un nuevo pacto que renueve el compromiso de dejar la política antiterrorista al margen de la contienda electoral y que esté abierto a todas las otras fuerzas democráticas que quieran incorporarse al mismo. Hay que abandonar el frentismo del año 2000 e incorporar a todos los partidos que estén dispuestos a ello. Si además del PNV se incorporan fuerzas como CiU e IU, tanto mejor.

Sería fundamental que además los partidos adoptaran un discurso ganador. Es insensato seguir alimentando las esperanzas de ETA y debilitando al Estado con el discurso de que el Gobierno estaba dispuesto a rendirse, o que el Gobierno ha salvado a ETA de una derrota segura. Esos argumentos no se sostienen. No había base alguna para sospechar que ETA pudiera conseguir una victoria sobre el Estado justo cuando su actividad criminal era la más baja de su historia. Igualmente, resulta difícil de creer que ETA hubiera permanecido tanto tiempo inactiva si el Gobierno no hubiera mostrado su disposición a hablar. Si en los últimos cuatro años la actividad asesina de ETA ha sido la más baja desde 1968, ha sido por la expectativa de llegar a un acuerdo con el Gobierno.

Habría que abandonar todos los análisis tendenciosos e implausibles. Cuando las fuerzas políticas vuelvan a unirse, incluyendo a los nacionalistas, ETA lo tendrá todo perdido. Es imprescindible, en este sentido, situar en sus justos términos la amenaza que hoy constituye el terrorismo vasco. Si el Gobierno ha fracasado con el proceso de paz es, entre otras razones, porque no ha conseguido persuadir a la ciudadanía de que estamos en la fase final de ETA. Un final convulso, pero no por ello menos definitivo.

Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de Sociología de la Universidad Complutense y coautor, con José María Calleja, de La derrota de ETA.

IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA, EL PAÍS, 2007/06/10

¿Cuál debe ser la respuesta de los partidos ante la ruptura del alto el fuego? Ante todo, hay que abandonar cualquier tentación de uso político del terrorismo. De eso ya hemos tenido bastante durante el proceso de paz. El proceso ha fracasado porque ETA así lo ha querido. Es una decisión que han tomado los terroristas, no el Gobierno. Por eso resultan tan disparatadas las peticiones de dimisión de Zapatero.

[FP] Aseverar que “el proceso ha fracasado porque ETA así lo ha querido” es, con base en una interpretación muy simplificada de los hechos, una obviedad, casi una verdad de Perogrullo; mas si se analiza dicho “proceso” (antes, “de paz”), es posible hasta demostrar que nació fracasado, o que empezó a fracasar muy pronto, mucho antes de que ETA rompiera el falaz y tramposo “alto el fuego permanente”. Es más, véase cómo al final de este artículo, su autor nos da otra versión de qué y quiénes han fracasado y por qué. Hay importantes diferencia semánticas y epistemológicas en este asunto de los fracasos, propio de la asimetría de fondo y de forma que se debería haber dado —no fue siempre así— en el “proceso”. Cuando se olvida esa asimetría, cuando se pretende ningunear y hasta olvidar las enormes diferencias, en muchos aspectos, insalvables, que se dan entre el gobierno de un Estado de derecho y una banda de terroristas, apelando a expresiones igualatorias como “la voluntad de actores con intereses opuestos” (véase más adelante en este artículo que se comenta), se incurre en falacias a partir de las cuales se puede llegar con suma facilidad —la pendiente del razonamiento falaz es, en estos caso, muy resbaladiza— a darse de bruces con conclusiones falsas.

Así, por ejemplo, si el gobierno que preside Rodríguez Zapatero hubiese cumplido con los requisitos que se fijaron en Resolución del Congreso de mayo de 2005 para iniciar un diálogo con ETA con el fin de alcanzar un final dialogado de la banda terrorista, y hasta, una vez iniciado sin que fuese manifiesta la clara voluntad de los terroristas de dejar las armas, hubiese interrumpido ese diálogo en el momento en el cual los hechos demostraron más allá de toda duda razonable que no existía tal voluntad, en ese caso, en lugar de fracaso estaríamos hablando, con toda justicia, de gran acierto por parte del gobierno, al rectificar a tiempo y hacer valer así, con claridad y contundencia, esa enorme asimetría entre un Estado de derecho y unos terroristas sanguinarios. Incumpliendo sistemáticamente dicha Resolución, mintiendo sobre inexistentes —mejor dudar de su existencia que sospechar que fueron amañados— “informes de verificación del alto el fuego”, mirando para otra parte cuando se sucedían regularmente los episodios que demostraban que ETA seguía activa y rearmándose, intentando convertir en “accidentes” tres asesinatos, empeñándose en creerse en posesión de la verdad pese al desmentido implacable y continuo de los hechos, entrando al trapo de la inaceptable negociación “entre actores con intereses opuestos”, el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero ha hecho posible que sea justo y pertinente ahora denominar “fracaso” suyo a la vuelta a las armas y al terror de ETA.

Pues no se trata del “fracaso del proceso” en abstracto, aséptica expresión que sirve para obviar responsabilidades de pésima política antiterrorista, sino del fracaso personal del presidente del Gobierno español. Porque no creo que haya nadie tan obtuso ni ridículamente bienpensante que sostenga que ETA ha fracasado. Porque el fracaso significa, en este caso, no lograr los fines —si no todos, al menos unos cuantos, por muy secundarios que se quieran considerar, que seguramente no lo son tanto para la banda— que se propusieron las asesinos al tenderle la burda trampa de “un proceso de paz” al crédulo, prepotente, obtuso e ignorante presidente del actual Gobierno español; conjetura del fracaso de los terroristas que no parece ser cierta. Basta con remitirse a los hechos probados más allá de toda duda razonable.

[ISC] Lo peor que puede suceder cuando lleguen los atentados es que los partidos sigan divididos. La división magnifica las consecuencias políticas de los atentados. Cuando la oposición critica al Gobierno por los crímenes de ETA, éstos adquieren una resonancia mucho mayor. Los etarras, seguramente, estarán muy agradecidos por las facilidades que la oposición les da.

[FP] No sé si hará eso la oposición; sería un error. No cabe en cabeza regida por un mínimo de pensamiento crítico culpar de los asesinatos a nadie que no sean los propios asesinos. Ahora bien; sí cabe criticar la política antiterrorista que ha llevado a un fortalecimiento de ETA —una vez que haya quedado probado que es un hecho, como así parece por los informes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado especializados en esta lucha, corroborados por los expertos policiales franceses— que facilita la comisión de esos crímenes, que es bien distinto. Si eso sucede, si se demostrara fehacientemente —como parece suceder— que la torpe política antiterrorista del Gobierno del señor Rodríguez Zapatero ha permitido el rearme y el fortalecimiento de ETA, ¿acaso es darle facilidades a los asesinos denunciar los errores graves del Gobierno? Esta actitud recuerda a la de las tribus primitivas que tenían por costumbre matar al portador de las malas noticias.

[ISC] ¿Cómo reconstruir un consenso que sea efectivo frente a la amenaza de ETA? La respuesta más socorrida, pero también la menos adecuada, consiste en apelar al Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo firmado por el PSOE y el PP en diciembre de 2000. Ese Acuerdo ya no sirve por dos motivos. Por un lado, basta recordar el propósito del artículo 1 del Acuerdo, más conocido popularmente como Pacto Antiterrorista: “Eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo”. Si algo ha quedado claro en los tres primeros años de esta legislatura socialista, es que el terrorismo ha sido el principal asunto de confrontación electoral. El Acuerdo está muerto a todos los efectos por su incumplimiento sistemático.

[FP] Falaz argumento. Así, según esto, las leyes que se incumplen hay que derogarlas, los acuerdos que se pactan dejan de tener valor por siempre y para siempre cuando, coyunturalmente, durante un período de tiempo, se dejan de cumplir. Pues el problema no es quién y por qué ha dejado de cumplirlo, sino si el acuerdo es válido de suyo y si hay intención sincera y manifiestamente clara de volver a su cumplimiento, siempre y cuando, repito, siguiesen siendo válidos de suyo esos acuerdos. Veamos si se nos da algún argumento válido a favor de que, de suyo, el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo ha dejado de servir, pues este primero, que no vale porque se ha dejado de cumplir, es ridícula.

[ISC] Por otro lado, las circunstancias políticas son hoy muy distintas de las del año 2000. La principal diferencia es que el PNV ha rectificado el rumbo emprendido con el Pacto de Lizarra y es en estos momentos un actor crucial en la estrategia de completa marginación social y política de ETA. De ahí que no tenga sentido tratar de reeditar un acuerdo entre el PSOE y el PP que deje a los nacionalistas vascos al margen. Dicho acuerdo se hizo en buena medida en contra del nacionalismo soberanista que cristalizó en la tregua de 1998. Pero si todavía podemos esperar que el final de ETA esté muy próximo es porque el PNV ha entendido que las reformas políticas que desea sólo podrán producirse tras la desaparición del terrorismo.

[FP] Aclarémonos. Lo que ha cambiado pues, no es el valor y la pertinencia del Pacto Antiterrorista, sino las circunstancias del PNV para no poder adherirse a dicho Pacto. Me permito copiar los párrafos del Pacto Antiterrorista del año 2000 que se refieren a esta cuestión: “El abandono definitivo, mediante ruptura formal, del Pacto de Estella y de los organismos creados por éste, por parte de ambos partidos, PNV y EA, constituye una condición evidente y necesaria para la reincorporación de estas fuerzas políticas al marco de unidad de los partidos democráticos para combatir el terrorismo.”

La única pregunta que cabe es: ¿se ha producido ese abandono? Si eso es cierto, ¿qué hay en el Pacto Antiterrorista que deje a los nacionalistas vascos fuera de él? ¿No será acaso que son esos nacionalistas, por las razones que sean, los que no quieren aceptar ese pacto de las dos fuerzas políticas mayoritarias españolas? Dónde está el problema, ¿en el Pacto o en las reticencias de los nacionalistas, muy posiblemente motivadas por su actitud ambigua frente a la derrota sin paliativos de ETA, a sumarse a él? Pero sigamos, que tal vez se diga en el Pacto que “con el PNV y EA no nos ajuntamos por que sí”.

La recuperación plena de esa unidad para luchar contra el terrorismo debe llevarse a cabo en torno a la Constitución y el Estatuto de Guernica, espacio de encuentro de la gran mayoría de los ciudadanos vascos. Asimismo, la ruptura del Pacto de Estella y el abandono de sus organismos constituye, para el Partido Popular y el Partido Socialista, un requisito imprescindible para alcanzar cualquier acuerdo político o pacto institucional con el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna.”

Sigo sin ver razón alguna que haga inservible esta Pacto, una vez que tanto el PNV como EA dicen haber abandonado el Pacto de Estella. Claro que esta exigencia no puede ser jamás una razón que haga inservible el Pacto Antiterrorista. Basta con acordarse cómo surgió, y con qué fines, el execrable Pacto de Estella. Terminemos las citas del Pacto Antiterrorista: “Desde el acuerdo en el diagnóstico y en las consecuencias políticas que del mismo se derivan, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español queremos hacer explícita, ante el pueblo español, nuestra firme resolución de derrotar la estrategia terrorista, utilizando para ello todos los medios que el Estado de Derecho pone a nuestra disposición. Queremos, también, reforzar nuestra unidad para defender el derecho de los vascos, el de todos los españoles, a vivir en paz y en libertad en cualquier lugar de nuestro país”.

Lamentablemente, el PSOE ha incumplido sistemáticamente el acuerdo básico y el que da casi todo su sentido a este Pacto, suscrito entre los dos únicos partidos políticos que pueden establecer y dirigir la lucha antiterrorista, que es esa sentencia con la que se abre la última cita del Pacto: “Desde el acuerdo en el diagnóstico y en las consecuencias políticas que del mismo se derivan”. Mas ello no significa que este Pacto no siga valiendo tanto o más que cuando se firmó.

[ISC] Lo que hoy se precisa es un acuerdo político ajustado a la situación política actual. Para ello, hay que romper de una vez por todas con la inercia de pensar que la reciente ruptura del alto el fuego por parte de ETA nos devuelve al año 2000.

[FP] ¿En qué no se ajusta el Pacto Antiterrorista a la política actual? Lo que parece distinto, repito, es que ahora sí se dan las circunstancias para que el PNV y EA lo suscriban. ¿O es que hay otras razones que no se nos dan para sostener que el pacto ya no es válido?

[ISC] Los años sin asesinatos no han pasado en balde para ETA. Los etarras han evidenciado tanto su debilidad operativa como la ausencia de cualquier perspectiva estratégica sobre el uso de la violencia. Ya no pueden regresar a esquemas anteriores: ni la rendición del Estado ni el gran frente nacionalista son opciones viables. Sus seguidores son conscientes de que ETA se encuentra en una situación terminal, por mucho que en el futuro inmediato todavía puedan realizar algunos atentados mortales.

[FP] Un diagnóstico que pudo tener sus puntos válidos antes de que el señor Rodríguez Zapatero se embarcase en su aventura mesiánica de “llevar la paz a el País Vasco”. Mas me temo que ese diagnóstico, que se ha repetido una y otra vez durante el “proceso de paz” y que ha fallado tanto como una escopeta de feria, y en tantas ocasiones, es de poco fiar. A menos que se nos demuestre que se basa en hechos y no en verdades salidas de las entrañas, de la intuición de los que las sostienen. Que no se basa en suma, sólo en una serie de ridículas “verdalidades”.

[ISC] ETA carece de estrategia. Los atentados que pueda realizar son una huida hacia delante, tratando de retrasar una decisión sobre su final que a estas alturas ya sabe que es inevitable. El Gobierno de Zapatero consideró que era posible materializar ese final. Debido a la ausencia de asesinatos durante varios años, ETA no tenían motivos para entender que el ofrecimiento del Estado era fruto de la presión terrorista. Se pensó que con ciertas concesiones (beneficios penitenciarios, legalización de Batasuna, constitución de una mesa de partidos para consensuar un nuevo estatuto de autonomía entre todas las fuerzas, incluyendo la izquierda abertzale) ETA aceptaría una salida honrosa.

[FP] Esta es la versión políticamente correcta para la Moncloa y sus gentes del desarrollo del proceso de paz, incluyendo la descripción somera de las creencias y sentimientos de supuestos “los actores del proceso”. Lástima que los hechos contradigan esa versión en unos cuantos puntos. Y digo “supuestos actores” porque, por ejemplo, la indefinición y ambigüedad de la expresión “se pensó” no permiten asignarle tan peregrino, ridículo y desnortado pensamiento a ningún “actor” en concreto, como no sea al “Gobierno de Zapatero” como órgano colegiado, cosa muy poco creíble.

[ISC] No ha sido así. Las cosas no han salido bien, por motivos que quizá sea demasiado prematuro precisar ahora. Pero que el resultado del proceso de paz no haya sido el esperado no quiere decir que el punto de partida y el planteamiento estuvieran equivocados. Este tipo de procesos son inciertos por naturaleza y dependen de la voluntad de actores con intereses opuestos.

[FP] Los asertos tan increíbles, vista la realidad fáctica, como el de que “el punto de partida y el planteamiento [no] estuvieran equivocados” requieren pruebas extraordinarias si quien los sostiene pretende que se le crea. Y sobre “la voluntad de actores con intereses opuestos” ya se ha dicho más arriba lo que era pertinente decir.

[ISC] Agotado el proceso de paz, el PSOE, el PP y el PNV, en lugar de enzarzarse en una serie interminable de reproches sobre la vuelta de ETA a la violencia, deberían unirse mediante un nuevo pacto que renueve el compromiso de dejar la política antiterrorista al margen de la contienda electoral y que esté abierto a todas las otras fuerzas democráticas que quieran incorporarse al mismo. Hay que abandonar el frentismo del año 2000 e incorporar a todos los partidos que estén dispuestos a ello. Si además del PNV se incorporan fuerzas como CiU e IU, tanto mejor.

[FP] Esta propuesta del articulista confirma que el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo sigue conservando teórica y prácticamente, todo su valor. Leyendo esta propuesta me da la impresión de que el señor Sánchez Cuenca desconoce tanto la letra como el espíritu del pacto que intenta relegar al baúl de los recuerdos, cuando no tirarlo sin más a la papelera. Lo que él propone ya está en el Pacto, así de fácil; y así de veraz. ¿O habrá que repetir que no hubo tal “frentismo” en el año 2000, sino un pacto del PNV y EA con los terroristas para excluir de la política del País Vasco al PP y al PSOE? Por favor, llamemos a las cosas por los nombres que son.

[ISC] Sería fundamental que además los partidos adoptaran un discurso ganador. Es insensato seguir alimentando las esperanzas de ETA y debilitando al Estado con el discurso de que el Gobierno estaba dispuesto a rendirse, o que el Gobierno ha salvado a ETA de una derrota segura. Esos argumentos no se sostienen. No había base alguna para sospechar que ETA pudiera conseguir una victoria sobre el Estado justo cuando su actividad criminal era la más baja de su historia. Igualmente, resulta difícil de creer que ETA hubiera permanecido tanto tiempo inactiva si el Gobierno no hubiera mostrado su disposición a hablar. Si en los últimos cuatro años la actividad asesina de ETA ha sido la más baja desde 1968, ha sido por la expectativa de llegar a un acuerdo con el Gobierno.

[FP] No es necesario, creo, explayarme en refutar muchos de los argumentos que se exponen aquí. Las hemerotecas y los archivos de la web de Basta Ya contienen sólidas y argumentadas refutaciones de los argumentos que se aportan aquí para intentar salvar algunos trastos del naufragio de la política Antiterrorista del señor Rodríguez Zapatero. Pero sí me gustaría destacar una expresión que me parece especialmente falsa: “Igualmente, resulta difícil de creer que ETA hubiera permanecido tanto tiempo inactiva si el Gobierno no hubiera mostrado disposición de hablar”. Y no lo digo por esa asociación de causa y efecto, ejemplo de libro de falacia “post hoc ergo propter hoc” sino por la risa desternillante que me produce leer eso de que “ETA haya permanecido inactiva”. ¿Se pueden soltar tantas “verdalidades” en tan corto espacio? Difícilmente.

[ISC] Habría que abandonar todos los análisis tendenciosos e implausibles. Cuando las fuerzas políticas vuelvan a unirse, incluyendo a los nacionalistas, ETA lo tendrá todo perdido. Es imprescindible, en este sentido, situar en sus justos términos la amenaza que hoy constituye el terrorismo vasco. Si el Gobierno ha fracasado con el proceso de paz es, entre otras razones, porque no ha conseguido persuadir a la ciudadanía de que estamos en la fase final de ETA. Un final convulso, pero no por ello menos definitivo.

[FP] Aplaudo la moción, mas creo que sería conveniente precisar que el autor de este artículo debería ser el primero en predicar con el ejemplo. Y, por fin, algo en lo que estoy plenamente de acuerdo con el señor Sánchez Cuenca: el gobierno ha fracasado, estrepitosamente añado yo, en el intento. Que asuma su responsabilidad política, que es lo menos que se puede esperar de un gobierno de una democracia moderna occidental.

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