España es una merienda de negros

septiembre 22, 2007

“El secreto y las voces” por Arcadi Espada

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 6:03 pm

Diarios. Blog de Arcadi Espada:  http://www.arcadi.espasa.com

Querido J: Una periodista inglesa, al principio de un largo artículo en The Times, henchido de golpes de pecho, localizaba el caso Madeleine “at the back of my mind”. Yo tampoco puedo quitármelo de la cabeza. Quizá es que en nuestras dos cabezas sea fácil hacerles sitio. No obstante, y para alargar esta carta, podrían examinarse otras hipótesis. Por ejemplo la posibilidad de que este crimen extraordinario esté llamado a dar cuenta relampagueante de nuestra época, como lo hicieron, respecto a las suyas, el del estrangulador de Boston o el de Carmen Broto. No parece que ningún otro crimen reciente pueda hacerle competencia. Ni siquiera el largo secuestro de Natascha Kampusch. El suicidio del secuestrador de la niña austríaca y la imposibilidad de reconstruir el cautiverio a partir de su memoria infantil dejan ese crimen en manos de la literatura imaginativa e impiden el acceso, más allá del deslumbramiento inicial, a las grandes masas realistas. Todo lo contrario de lo que sucede con Madeleine, cuya trágica peripecia se inscribe en el dominio de la especulación, que es una imaginación contante y sonante, y naturalmente filosófica. No comparto en absoluto el criterio de que el periodismo debiera poco menos que ignorar este caso, como proponen algunas reflexiones metaperiodísticas, levemente hipócritas. Otro asunto es lo que hace el periodismo con él. Pero el caso en sí es ex-tra-or-di-na-rio y ni el periodismo ni la vida pueden hacer otra cosa ante lo extraordinario que someterse. Las razones de su carácter anómalo son diversas, pero ninguna tendría importancia sin el vuelco desgarrador que ha convertido a las víctimas en acusadas. Se dice, y con rictus de reproche amargo, que otros niños desaparecidos no han recibido la misma atención social y mediática. Desde luego; pero eso no es consecuencia de la campaña emprendida por el matrimonio McCann. O no sólo. En realidad, y a pesar de Beckham, Benedicto XVI y Laura Bush el Find Madeleine languidecía, porque ninguna campaña puede mantenerse bajo la atención mundial a partir de un producto común y la desaparición (a secas) de un niño lo es. La principal noticia de esa campaña fue la campaña misma, y a mediados de agosto estaba a punto de autodevorarse cuando empezaron a aparecer las primeras noticias que relacionaban a los propios padres con la desaparición. Dicho sea en cínicos términos publicitarios ése fue el gran hallazgo y el que elevó la carita de Madeleine a la categoría de icono global. Un hallazgo, por cierto, que será muy duradero y que previsiblemente mantendrá la atención sobre el caso hasta que la Justicia o los Medios decidan si los padres son o no responsables, en alguna medida, de su desaparición. Es obvio que si la Justicia resuelve sobre la implicación paterna la aclaración del destino de Madeleine quedará incorporada a la resolución. Pero la hipocresía no habría de velarnos: el interés obsesivo del mundo no lo ha producido la desaparición de la niña sino la incierta implicación de los padres. Otra de las razones importantes del interés está en el matrimonio mismo y en su personalidad social: nada tiene que ver con la pareja de Gloucester que enterraba niñas en el jardín de la casa de los horrores. Crímenes de ese tipo son como una tempestad: desarbolan el corazón, pero pronto pasan. No es el caso del matrimonio McCann: el horror que supuran (y me harás el favor de entender que hablo de los McCann, así, LOS McCANN con letra y eufonía de tabloide) es un horror verosímil, que parte de un accidente muy burgués: padres que perdieron los nervios. Sobre el perfil mediático de los padres y su desdichado éxito hay una infinidad de cosas por decir; pero tiempo habrá de escupir la bola del estómago. Ahora tengo otras urgencias. El horror verosímil. No debiera confundirnos. Que el horror sea verosímil no quiere decir que lo sea el relato concreto que lo sustenta. Te lo resumo por si a veces no llegan a tus predios la tinta y la sangre. Unos padres matan accidentalmente a su hija la tarde del 3 de mayo, en un apartamento de vacaciones de un país extranjero donde llevan dos días, y ocultan su cadáver antes de las diez de la noche, cuando la mujer da la alarma en el restaurante donde el matrimonio cenaba junto a otros amigos. Nótese que la alarma de la mujer era, naturalmente, una representación y que los padres cenaban en alegre compañía tras haber cometido el crimen y haber planeado y ejecutado el ocultamiento. El relato no procede de ninguna fuente oficial. Se sustenta en confidencias dispersas de fuentes policiales, judiciales y políticas. El sumario del caso es secreto incluso para las partes y no se conocen con detalle los hechos por los que la policía considera sospechoso al matrimonio McCann y por los que el fiscal ha solicitado su imputación. En la miríada de confidencias hay, probablemente, muchos datos ciertos; pero a modo de pequeños archipiélagos desconexos, cercados de incertidumbre. Esta cuestión es fundamental para seguir explicando la atracción del público por el caso Madeleine. ¡Hay mucho trabajo por hacer! Un océano por dragar. La particular metodología del relato, que implica por igual a periodistas y autoridades, adopta sin repugnancia epistemológica cualquier sugerencia. Se trata de cuadrar y en esa gestión la realidad importa poco. Nada de esto es nuevo: en cualquier comunidad, y en cualquier época, los rumores se han ido cosiendo con las hipótesis hasta fabricar una urdimbre más o menos resistente. La gran novedad de hoy es que ese parloteo de las esquinas, local y efímero, se ha hecho universal y sólido en internet. Las sentencias vecinales, igualmente senequistas que ayer, se apuntalan hoy con animaciones flash y cartografía de google, y en pocos días una inteligencia media puede convertirse en experta (y además en verdadera experta) en perros que siguen el olor de cadáveres. No sé hasta qué punto esta conversación se traduce en presión social. Es un asunto arduo y largo, y también habremos de dejarlo. El crédito del relato hasta ahora conocido sobre la participación del matrimonio McCann en la desaparición de su hija sólo se basa en el argumento de autoridad. La policía portuguesa decidió a mediados de agosto que el matrimonio era sospechoso y dado que el ordenamiento jurídico portugués prevé esa figura los McCann quedaron así exhibidos a los ojos del mundo. La confianza democrática, que no es portuguesa ni británica ni española sino confianza democrática, da por descontado que la policía tendrá más razones para haber actuado así, dado que las que se conocen son absolutamente insuficientes. Estas razones serán secretas, porque así lo es el sumario. Y aquí está, amigo mío, el problema tremendo del asunto. Si la Justicia no puede probar la culpabilidad del matrimonio y lo absuelve, el impacto de la sentencia quedará muy aminorado por el inmenso relato universal (en tantos fragmentos delirante) que ha construido el pueblo soberano. Eso, desde luego, en la mejor de las hipótesis y con independencia de lo que acierta a sintetizar con brillantez mi amigo el abogado Melero: “Cada vez más jueces creen que no es justa la justicia que contradice las tesis de los media. Por eso, en sus autos, piden disculpas cuando la contrarían”. El secreto del sumario es un viejo e irresuelto asunto de la casuística judicial y de una complejidad endiablada. Hoy no lo resolveré, que ya anochece. Pero no tengo dudas que un juez instructor debe intervenir en la elaboración de un relato social como el que afecta al matrimonio McCann. Y que ha de intervenir en él antes de que sea tarde y el relato del archipiélago cuaje. Es una tarea muy difícil: ha de preservar investigaciones en curso y ha de evitar cualquier vulneración de derechos; ha de estar atento también a las probables contaminaciones. Pero, por suerte o por desgracia para él, un juez instruye en medio del mundo. Y no parece justo que en este asunto trágico no apuntale, por un lado, las hipótesis policiales, permitiendo que se extienda sobre el trabajo de la policía una insidiosa sombra de manipulación e incompetencia, o, por el otro, asista impasible a la situación de indefensión práctica del matrimonio McCann, al que, por cierto, y contra lo que opinan sus avispados asesores, cada muestra de potencia económica o social hunde todavía más en la arena movediza de la opinión. El secreto sumarial ha de ser administrado como algunas medicinas, que curan o matan según la dosis. Sigue con salud A.

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