España es una merienda de negros

septiembre 24, 2007

El mensaje de ETA

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 6:31 am

LA extensa crónica del proceso de negociación entre ETA y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, publicada por el diario «Gara», no aporta datos sustancialmente distintos de los ya conocidos. La intención de los etarras es la de enviar a sus fieles el mensaje de que la vuelta al terrorismo es una consecuencia del desacuerdo con el Gobierno y que ellos hicieron todo lo posible por alcanzar una solución para el «conflicto vasco». ETA quiere atajar cualquier atisbo de escisión en sus filas mostrándose como víctima de la intransigencia del Gobierno y haciendo del terrorismo la única respuesta posible. A ETA no le interesa tanto la opinión pública española como la fidelidad de la izquierda abertzale, a la que quiere mantener cohesionada con esta versión autoexculpatoria del desarrollo del proceso negociador con el Ejecutivo.

Cuestión distinta es que el suplemento de «Gara» se reitere en afirmaciones muy graves que demostrarían que el proceso de negociación con ETA no quedó roto después del atentado mortal de la T-4 en Barajas y que se prolongó hasta seis días antes de las elecciones municipales. Hay que recordar que tras este criminal golpe terrorista, que acabó con la vida de dos ecuatorianos, el presidente del Gobierno ordenó que se suspendieran las iniciativas del proceso. Días después, el ministro del Interior dijo que el proceso estaba roto. Ni una cosa, ni otra. El Gobierno siguió negociando con ETA sobre objetivos políticos, como venía haciéndolo con la banda desde 2005 y con Batasuna desde 2002. Nuevamente, el Gobierno faltó a la verdad al negar informaciones que ya eran de dominio público gracias a la tarea de medios como ABC. Lo que «Gara» reproduce es la secuencia de un auténtico proceso de negociación política entre un Gobierno democrático y una organización terrorista. Cualquier discurso que enmascare esta realidad es pura manipulación, como lo es la pretensión del PSOE de que la sociedad quede paralizada por el dilema moral de creer a ETA o al Gobierno de la nación, porque tal dilema lo dejó resuelto el propio presidente al autorizar negociaciones políticas directas con la banda terrorista. Los dilemas morales debió planteárselos el Gobierno cada vez que engañaba a los ciudadanos negando una negociación que estaba en marcha. Igualmente resulta una falacia que el Gobierno insista en que se levantó de la mesa cuando ETA planteó objetivos políticos. Esto lo hizo ETA desde el primer día en que Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi empezaron a hablar. Para decir no a las demandas políticas de ETA basta el segundo necesario para pronunciar la negación, y no los cinco años de negociaciones clandestinas mantenidas con los terroristas.

Zapatero no tiene derecho a pedir a la sociedad que crea en su palabra. No se trata de un acto de fe, sino de constatar hechos, y éstos son inapelables. El Gobierno cedió ante ETA desde el momento en que aceptó sus condiciones de método y de contenidos: negoció la tregua, pactó compromisos de garantías recíprocas, internacionalizó la negociación, rehabilitó a Batasuna, estableció las dos mesas exigidas por ETA en Anoeta y cerró una agenda bilateral con los etarras en la que se incluían hasta los lapsus del presidente del Gobierno para calificar como «accidente» lo que sería un atentado terrorista. Y, por supuesto, rompió el consenso democrático con el PP y el pacto antiterrorista, acomodó la Fiscalía a una aplicación oportunista de las leyes, hizo una parodia con la impugnación de las candidaturas de ANV, privó de respaldo político a los jueces que perseguían a ETA y llegó confundir a la sociedad con interpretaciones inverosímiles sobre la «kale borroka», los robos de armas y las amenazas de ETA. Que no hubiera acuerdo definitivo con ETA -más debido a la acción de los jueces que a la voluntad del Gobierno- no empaña la responsabilidad política de Zapatero. Ningún Gobierno hubiera podido alcanzarlo porque ningún Gobierno puede disponer de la existencia misma de España y de su orden constitucional. Pero se han causado daños muy graves a la lucha antiterrorista -a pesar de los éxitos policiales de los últimos meses- y a la confianza ciudadana. El Gobierno de ninguna manera es responsable de que ETA haya vuelto a la violencia. Pero sí lo es políticamente de que los etarras tengan ahora unas expectativas de las que carecían en marzo de 2004. Su derrota, por desgracia, está más lejos que entonces.

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