España es una merienda de negros

septiembre 24, 2007

El plan Sarkozy

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 7:11 am

 

La reciente presentación de los planes de Nicolas Sarkozy para revisar algunos aspectos del Estado del Bienestar en Francia ha situado al país vecino ante el espejo de las disfunciones de su sistema de cobertura social. La alocución del presidente en el Senado puso en solfa las singularidades del modelo galo en relación a los demás países: regímenes especiales de jubilación, 35 horas semanales, diversidad de agencias de empleo o el exorbitante número de funcionarios. Especificidades que no sólo lastran la competitividad y drenan recursos públicos, sino que se convierten en fuente de desigualdad. La duda que surge es si la reforma va a contribuir a la equidad y a afianzar la universalización de los derechos sociales o si, eliminados los privilegios y reajustadas las cuentas, el sistema del bienestar francés se quedará en lo que reste de la anunciada poda.

La tradición republicana, compartida por izquierdas y derechas, ha consolidado en Francia un Estado del Bienestar cuyas prestaciones sociales están vinculadas estrechamente a la condición del trabajador; y no sólo a su categoría profesional o a su trayectoria, sino al sector e incluso a la empresa de la que es empleado. No es un modelo basado en la universalización de la cobertura, más propio de la tradición socialdemócrata. La eficiencia del sistema francés, evaluada en función del bienestar del que goza realmente la ciudadanía, se sitúa por debajo de Holanda, Austria, Alemania e incluso el Reino Unido, a la par de Bélgica y levemente por encima de Irlanda. Además, su coste en relación al PIB nacional supera al beneficio social que genera. Hay por tanto razones para concluir que el modelo no sólo resulta insostenible desde el punto de vista financiero y frente a la globalización, sino que presenta serias carencias desde el punto de vista de la equidad y la eficiencia.

Sarkozy ha dibujado un horizonte que, en cualquier caso, presenta interrogantes respecto a su intención final. Pero la pregunta crucial e inmediata es cómo puede la República acometer tan sensible reforma. La opción de confrontar a trabajadores públicos o asimilados con el resto de la sociedad no parece aconsejable ni posible. Se impone por tanto la concertación social y el consenso político. Y ello sólo será posible si los sindicatos se muestran capaces de ver más allá de los intereses de sus afiliados y si el socialismo francés revisa sus propios postulados para procurar que el recorte de los privilegios y la liberación del lastre que representa el sector público contribuyan al desarrollo de un sistema regido por la universalización de derechos sociales básicos.

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