España es una merienda de negros

septiembre 24, 2007

Madrid opina

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 6:35 am

POR JUAN MANUEL DE PRADA

ME ocurre siempre que voy a dar una conferencia a cualquier pueblo o ciudad alejado de la capital. Alguna de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan se me acerca para que le firme una novela y me desliza con un guiño cómplice: «Y también lo sigo en el programa del Buruaga. Donde, por cierto, usted sale mucho más gordo de lo que es en realidad: las cámaras no le hacen justicia». Yo agradezco ruboroso el piropo (o la atenuación de mi gordura) y le pregunto cómo se las arregla para sintonizar un programa autonómico. «Es que me he abonado a la televisión digital. Y lo he hecho principalmente por ver el programa del Buruaga, que es de los pocos donde todavía no te sueltan la propaganda del Régimen», me dice, usando la misma terminología socarrona que yo empleo en mis artículos.

El programa del Buruaga se llama «Madrid opina» y lo emite Telemadrid las noches de los martes. Ernesto Sáenz de Buruaga dirige y modera este debate que arrasa entre la audiencia madrileña y que cuenta con una legión de espectadores contumaces repartidos por toda la geografía española, hartos de programas de actualidad política donde la pluralidad brilla por su ausencia. En «Madrid opina», el Buruaga ha logrado el éxito con una fórmula tan de sentido común que casi estaba inédita: consiste en organizar debates equilibrados, donde los invitados defienden posturas adversas en igualdad de condiciones; una fórmula que misteriosamente cabrea a cierta izquierda cerril que aún piensa que las discusiones no deben iniciarse sin dejar sentado que la razón está de su parte. Cuando me ha invitado a «Madrid opina», el Bururaga suele situarme en lo que yo llamo «la zona de los próceres», un par de asientos que se quedan un poco au dessus de la melée. Así, cuando el debate se engolfa en asuntos de estricta política doméstica puedo sestear un poco, para luego resucitar cuando el Buruaga se saca del magín los temas que de verdad me ponen: Educación para la Ciudadanía, memoria histórica y por ahí. Discutiendo de memoria histórica tuve una vez una agarrada de aúpa con María Antonia Iglesias, que ante las cámaras puede parecer una fiera, pero que en la vida es afable como aquel león al que San Jerónimo extrajo una púa de la zarpa. Con María Antonia Iglesias he desarrollado luego una amistad de muy reparadoras confidencias, porque ambos hemos descubierto que Quien nos une es mucho más importante que quienes nos separan. También en «Madrid opina» conocí a Rosa Díez, partisana y quedona, a quien empecé alabando su gusto indumentario para enseguida enzarzarme con ella en una diatriba sobre el laicismo; ahora seguimos enzarzándonos a cuenta de lo mismo, pero dedico más tiempo a alabarle el gusto.

Cuando se acaba el programa me junto con los miembros del equipo en una salita de invitados bien surtida de bebidas espiritosas. Allí acude el Buruaga, que ya ha abandonado su estampa de señor seriecito y se desmelena en disquisiciones de índole amatoria. No falta a la cita tampoco el subdirector del programa, Jaime Ugarte, vasco jocundo y buenote, que infartó mi juventud con sus retransmisiones apoteósicas del Giro, allá en los años mitológicos de Induráin. Y con él vienen Ernesto Gómez, el más rojales de la redacción, y también el que, sin dar importancia a su nombre, se lleva a las chicas de calle; y Lidia García Bouza, una morenaza que trae en la mirada la delicada melancolía de las razas celtas; y Eloísa López, vivaracha y diligente, a quien alguna vez le ha tocado el marrón de despedir al taxista que me tenía que llevar de regreso a casa, porque no hay manera de despegarme de la botella de whisky. Al final siempre los convenzo a todos para que prolonguemos la juerga en algún bar de noctívagos; y consigo que María José del Vas (Mary Joe a estas horas de la noche), mi musa prerrafaelita, la chica que aparece al principio y al final del programa pastoreando las llamadas de los espectadores, me lleve en su coche, en el que apenas quepo, y eso que estoy menos gordo de lo que las cámaras pregonan. Mary Joe es más guapa todavía al natural que en la pantalla; y yo no paro de recordárselo, aunque la incomode. No sabe que mi principal virtud es la insistencia.

http://www.juanmanueldeprada.com

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