España es una merienda de negros

septiembre 25, 2007

Caídos en la guerra de Afganistán

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 6:23 am

ESPAÑA ha vuelto a pagar el precio más elevado por su participación en la lucha contra el terrorismo internacional: dos soldados que servían bajo las banderas de nuestro país y de la OTAN han dado su vida en la noble causa de la defensa de nuestra seguridad común, mientras que los heridos en el mismo ataque luchan aún entre la vida y la muerte, por lo que es necesario poner a su disposición todos los medios necesarios para tratar de ayudarles. El ministro de Defensa ha estado plenamente acertado al reiterar que, a pesar de estas pérdidas, España debe mantener sus compromisos en esta misión, que determinará la capacidad de la comunidad internacional para garantizar la estabilización de un país que, en caso contrario, volvería a convertirse en centro de gravedad de toda la galaxia del terrorismo yihadista mundial. Ni la Alianza Atlántica ni España pueden permitirse un fracaso en la operación militar más importante que ha llevado a cabo la OTAN desde su fundación.

Tendrá que pasar el tiempo para comprobar en qué se traducen las palabras del ministro, si en una continuidad de la tibieza actual o en decisiones que impliquen más activamente a nuestros soldados en todos los aspectos de la misión que es necesario cumplir en Afganistán. No es la primera vez que se recuerda desde estas páginas que, a los ojos de los terroristas talibanes, resulta irrelevante el grado de implicación política que intenta mantener cada país en este conflicto. De hecho, los talibanes han reivindicado el ataque, lo que indica que se trataba de una acción deliberada contra nuestros soldados. Sin embargo, para el buen resultado de la misión sería necesario acabar con ciertas reticencias -poco explicables desde el punto de vista militar- que mantienen recortada la capacidad de los excelentes profesionales que están destinados en Afganistán cumpliendo con su deber. Empeñarse en sostener que la ISAF no es una misión de guerra y que los soldados españoles no viven en condiciones bélicas, sólo por razones políticas a corto plazo o claramente electorales, representa un error que perjudica al conjunto de nuestros aliados. Es evidente que los talibanes no pueden vencer sobre el terreno a los soldados de la OTAN, pero en cambio han comprendido bien cuál es el punto flaco de muchos países, y por este motivo esperan desgastar las bases políticas y sociales de la presencia de sus soldados en aquellas tierras lejanas, lo que a su vez se traduce en actitudes cada vez más timoratas y retraídas en la dirección política de la misión. Tal actitud constituye a todas luces un error que, tarde o temprano, puede tener gravísimas consecuencias.

No se puede ocultar a nadie que la estabilidad y la paz en Afganistán están muy lejos de ser una realidad. La extensión del narcotráfico, que se ha convertido en la principal fuente de financiación de los terroristas, se ha mezclado con el fanatismo religioso más aberrante y sigue nutriendo la maquinaria que trata de impedir la estabilización del país. De las autoridades afganas, empezando por el presidente Hamid Karzai, no puede decirse que hayan contribuido plenamente a la reconstrucción del país, sino que han dejado muchos flecos por los que se cuelan los aires del descontento. Por si fuera poco, los últimos informes constatan una creciente implicación -directa o indirecta- de Irán, no ya en Irak, sino también en Afganistán, donde han llegado camiones cargados de armamento y municiones procedentes de este país, lo que aumenta el riesgo de internacionalizar el conflicto en momentos especialmente sensibles, debido a las ambiciones nucleares del régimen de Teherán. Tal y como están las cosas en la región, la sociedad debe saber que, por desgracia, es probable que éstas no sean las últimas bajas en Afganistán, y también pedirle que apoye una misión esencial para nuestra seguridad y la de nuestros aliados. Por último, haría bien el Gobierno en evitar esta vez las infamantes discusiones sobre la condecoración que merecen los soldados caídos merecen: han dado su vida por España, asesinados a manos de una organización terrorista que busca amedrentarnos a todos para quebrar nuestra determinación. Con eso debería bastar para que fueran reconocidos como héroes.

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