España es una merienda de negros

septiembre 25, 2007

Muerte y solidaridad

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 7:25 am

 

La muerte de Germán Pérez Burgos y de Stanley Mera Vera, los dos soldados españoles que junto a su intérprete Rohulah Mosavi perdieron la vida a causa de una mina talibán, volvió ayer a enlutar la misión que las tropas españolas desempeñan en Afganistán. Tan irreversible y doloroso tributo genera en la ciudadanía serias dudas, no sobre la legitimidad del compromiso de España respecto a una misión auspiciada por Naciones Unidas, sino sobre la naturaleza del papel que corresponde a los 690 militares desplazados al país y, especialmente, sobre si el empeño aliado resultará verdaderamente útil y exitoso. Un sentir semejante al que experimenta la opinión pública en Alemania, Canadá, Holanda o Italia. La intervención sobre Afganistán, emprendida tras el 11-S con el objetivo de acabar con las bases de Al-Qaida y con el Estado nodriza que representaba el régimen talibán, puso fin a la impunidad en la que se movía el núcleo dirigente del terrorismo islamista y a las facilidades que encontraba para reclutar y adiestrar yihadistas. Pero es indudable que la tarea iniciada hace seis años no ha conseguido desterrar del todo la amenaza talibán y, en esa medida, el riesgo cierto de que Al-Qaida pueda reorganizarse operativamente en torno a la frontera afgano-paquistaní.

La contribución de España al esfuerzo aliado se orientó desde el primer momento a propiciar la capacitación de las fuerzas dependientes del Gobierno de Kabul y a la reconstrucción material de un país extremadamente pobre y, además, diezmado por años de conflicto bélico. Sin duda esta opción respondía en gran medida al compromiso que la sociedad española podía asumir con mayor facilidad. Pero, a medida que transcurre el tiempo y se evidencian los costes y los peligros que acompañan a tan encomiable empresa, es obligación del Gobierno dar cuenta tanto de la situación que se vive en Afganistán como de la naturaleza y del desarrollo de la misión específica de las tropas. La insistencia del PP en que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero reconozca que Afganistán está en guerra responde, sin duda, a su deseo de equiparar la misión española en este país con la que desempeñaban las tropas retiradas de Irak por el actual Gobierno. Pero, más allá de una diatriba nominalista e interesada, la suerte de nuestros soldados y, en general, el futuro de Afganistán no son cuestiones que puedan ser despachadas por el Ejecutivo como si se tratara sólo de una disputa partidista. La solución final está en manos de los propios afganos. Aunque el anuncio del presidente Karzai de que está en marcha «un intenso esfuerzo por establecer un diálogo sobre la paz con los talibanes y sus asociados» puede invitar tanto a la esperanza como a la inquietud. Pero mientras esa solución se abre paso, la presencia solidaria de las tropas españolas en el marco de las resoluciones de la ONU no debería ser puesta en cuestión, para lo que ha de ser explicada y argumentada convenientemente por el Gobierno.

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