España es una merienda de negros

octubre 1, 2007

«Yo soy Bea», retrato de España

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 8:35 am

JAIME GONZÁLEZ

Lo más coherente de esta legislatura caótica es su final, que es de una lógica aplastante. Desarrollo, nudo y desenlace. Porque la previsibilidad del Gobierno socialista resulta tan irritante como el guión de estos tres años y medio. Bastaba con los primeros capítulos para imaginarse lo que iba a suceder, como en «Yo soy Bea», que algún día será guapa y novia de don Álvaro, pase lo que pase. Para telenovela por entregas «Yo soy Zapatero», la serie de sobremesa más celebrada por el nacionalismo, con «shares» del 35 por ciento en Cataluña y el País Vasco. Permanezcan atentos, porque hace casi cuatro años Zapatero dibujó España en un papel, y casi cuatro años después la España de Zapatero se parece mucho a él.

«Se acabó el acordeón, que suene la corneta», parece ser la consigna nacionalista en la recta final de su legislatura más próspera. Los más osados parecen tenerlo claro: «Ahora o nunca», porque ya no se trata de tensar, sino de acortar de cuajo los plazos del horizonte y gritar ¡tierra a la vista! Más madera y leña al fuego —retratos del Rey incluidos— para alborozo de esa «Asociación Nerón» que a golpe de lira atiza las llamas del incendio.

Política de tierra quemada a seis meses de las urnas para que la situación no tenga vuelta atrás. El «Estado irreversible». Semestre crucial, con un Gobierno en campaña vendiendo dosis de dormidera a granel. Anestesia general para tiempos de crisis. Porque gane quien gane en marzo, el gran vencedor es el nacionalismo, que ha conseguido que sea el propio Estado quien «constitucionalice» sus reivindicaciones sin tocar una coma de la Constitución, y antes de que se pronuncie el TC. El Estado contra el Estado. La cuadratura del círculo soberanista.

Pirómanos

Era tan claro que la banda sonora de la legislatura iba a acabar con tambores y cornetas que no hacía falta subir la música. Berrean, se nota en el ambiente que nos acercamos al final, porque los Coros y Danzas han salido a escena a hacerle el eco a las juventudes de Carod, lo que subraya el papel integrador de la Corona y su superioridad frente a la unión de pirómanos de distinta condición.

Quién lo iba a decir: los extremos gastan la misma marca de cerillas, que eso sí que no estaba previsto, aunque a lo mejor hacía falta que brotara esta extraña comunión de intereses para colocarlos definitivamente en su sitio.

Carnaza para engordar la audiencia, y Zapatero a lo suyo, que no me sorprendería que el lema del siguiente anuncio fuera «Todos contra el fuego. Gobierno de España». Cosas más raras se han visto. La telenovela avanza al ritmo que marcan los guionistas, según las circunstancias. Si un nacionalista se pasa de frenada o se le va la mano, la factoría de ideas de Moncloa salva a Zapatero de la quema colocándole vestido de bombero por encima del edificio en llamas, mientras abajo la gente se arremolina y corre despavorida buscando la salida.

Y la audiencia traga; será porque el uniforme impone o porque el guión ha convertido al presidente del Gobierno en ignífugo. Cuando la cosa se pone calentita, Zapatero —no me pregunten cómo— siempre conserva el pellejo, tal vez porque no sea tan malo, o porque no sea cierto que siempre ganan los buenos. O tal vez, porque, entre unos y otros, se lo están poniendo a huevo. Ya ven: vamos por el capítulo 289 y aquí —aunque pasen muchas cosas— nunca pasa nada. Igualito que en «Yo soy Bea», que les tiene entretenidos a la espera de que hermosee la fea. Que ya viendo siendo hora, caramba.

«Se acabó el acordeón, que suene la corneta», parece ser la consigna nacionalista en la recta final de su legislatura más próspera. Los más osados parecen tenerlo claro: «Ahora o nunca», porque ya no se trata de tensar, sino de acortar de cuajo los plazos del horizonte y gritar ¡tierra a la vista! Más madera y leña al fuego —retratos del Rey incluidos— para alborozo de esa «Asociación Nerón» que a golpe de lira atiza las llamas del incendio.

Política de tierra quemada a seis meses de las urnas para que la situación no tenga vuelta atrás. El «Estado irreversible». Semestre crucial, con un Gobierno en campaña vendiendo dosis de dormidera a granel. Anestesia general para tiempos de crisis. Porque gane quien gane en marzo, el gran vencedor es el nacionalismo, que ha conseguido que sea el propio Estado quien «constitucionalice» sus reivindicaciones sin tocar una coma de la Constitución, y antes de que se pronuncie el TC. El Estado contra el Estado. La cuadratura del círculo soberanista.

Pirómanos

Era tan claro que la banda sonora de la legislatura iba a acabar con tambores y cornetas que no hacía falta subir la música. Berrean, se nota en el ambiente que nos acercamos al final, porque los Coros y Danzas han salido a escena a hacerle el eco a las juventudes de Carod, lo que subraya el papel integrador de la Corona y su superioridad frente a la unión de pirómanos de distinta condición.

Quién lo iba a decir: los extremos gastan la misma marca de cerillas, que eso sí que no estaba previsto, aunque a lo mejor hacía falta que brotara esta extraña comunión de intereses para colocarlos definitivamente en su sitio.

Carnaza para engordar la audiencia, y Zapatero a lo suyo, que no me sorprendería que el lema del siguiente anuncio fuera «Todos contra el fuego. Gobierno de España». Cosas más raras se han visto. La telenovela avanza al ritmo que marcan los guionistas, según las circunstancias. Si un nacionalista se pasa de frenada o se le va la mano, la factoría de ideas de Moncloa salva a Zapatero de la quema colocándole vestido de bombero por encima del edificio en llamas, mientras abajo la gente se arremolina y corre despavorida buscando la salida.

Y la audiencia traga; será porque el uniforme impone o porque el guión ha convertido al presidente del Gobierno en ignífugo. Cuando la cosa se pone calentita, Zapatero —no me pregunten cómo— siempre conserva el pellejo, tal vez porque no sea tan malo, o porque no sea cierto que siempre ganan los buenos. O tal vez, porque, entre unos y otros, se lo están poniendo a huevo. Ya ven: vamos por el capítulo 289 y aquí —aunque pasen muchas cosas— nunca pasa nada. Igualito que en «Yo soy Bea», que les tiene entretenidos a la espera de que hermosee la fea. Que ya viendo siendo hora, caramba.

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