España es una merienda de negros

octubre 2, 2007

¿Hacia dónde va Rusia?

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 6:53 am

Por Guillermo Elizalde Monroset

Desde que se vio crecer, Rusia se preguntó por el sentido de su existencia. La respuesta estuvo siempre vinculada al cristianismo ortodoxo. Pero al final no fue una misión religiosa, sino ideológica, lo que la encumbró entre las naciones. La Rusia bolchevique suplantó a la Santa Rusia. No se trataba ya de unir a toda la humanidad junto a la cruz, sino bajo el ateísmo. El ideal se ahogó en sangre. Hoy, Rusia vuelve a buscar su misión.

Más allá de las pugnas entre occidentalistas y eslavófilos propias del siglo XIX, parece que hoy los rusos aceptan las tesis de la escuela euroasiática de historia, fundada en EEUU por intelectuales exiliados y encabezada por Vernadski: Rusia no sería Asia ni Europa, sino un mundo geográfico e histórico propio. Desde esta perspectiva, Rusia debería rechazar las influencias occidentales que dirigieron su política en tiempos de Yeltsin –y que parasitan hoy su economía, Fondo de Estabilización mediante– y convertirse en contrapeso de la “agresiva” política de EEUU y sus aliados.

Ahora bien, la idea de Rusia como entidad geopolítica única tal vez no pueda sostenerse durante mucho tiempo. Aunque el país ocupa el 12% de la superficie terrestre, sus habitantes sólo representan el 2,5% de la población mundial; y pronto quizá mucho menos: de los 148 millones de habitantes con que contaba en 1992, se prevé que pase a 123 en 2016.

El fenómeno es inverso entre sus vecinos musulmanes de Asia Central: esas antiguas repúblicas de la URSS cuya mitad de la población es rusa verán duplicar su número de habitantes de aquí a 2050. También crece en dobles dígitos la población de las regiones islámicas rusas del Cáucaso Norte, Tatarstán, Daguestán y Bashkiria, de modo que, por ejemplo, hacia 2030 la mitad del ejército ruso estará conformada por jóvenes musulmanes. No es extraño que algunos políticos rusos hablen de la futura sustitución del “imperio ruso” por un “imperio musulmán euroasiático”.

Por otro lado, está el peligro chino. Es sabido que la línea que va de Arcángel a Jabarovsk divide Rusia en dos mitades. El 96% de la población vive en la parte occidental; en la oriental, que abarca más de la mitad del país, viven 5 millones de personas, apenas el 4% del total. Algunos calculan que al sur de ese territorio, en una superficie de extensión similar, se apiñan 1.200 millones de chinos. Si a esto se añade que la política antinatalista china provocará que entre 2015 y 2030 haya 25 millones de hombres más que de mujeres, no es impensable una explosión nacionalista china que conduzca al expansionismo y la guerra.La redescubierta riqueza de Rusia agrava la situación. Siberia es hoy la región más rica del mundo: alberga el 40% del platino, el 15% del petróleo, el 27% del gas natural, el 20% del níquel y el cobalto, el 20% de todos los bosques del planeta… China está en plena expansión, y necesita recursos que aseguren su crecimiento. No sería extraño que aprovechara cualquier debilidad rusa para reclamar sus derechos territoriales sobre esa zona.

En semejante contexto, se entiende que no gustaran en Rusia estas palabras que pronunció en diciembre de 2005 la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright: “Es injusto que un solo país posea territorios tales como Siberia y el Lejano Oriente [ruso], en los cuales pueden instalarse unos cuantos Estados”. Muchos rusos creen que EEUU ambiciona repartirse ese espacio ruso con China y Japón.

El análisis anterior puede arrojar una nueva luz sobre el discurso que pronunció Putin en febrero contra la unipolaridad y la expansión de la OTAN, así como sobre la renovada iniciativa militar rusa y sus ambiciones en el Polo Norte. Tal vez Moscú esté riñendo al sacristán para que se entere el cura y no sólo rechace el escenario de occidentalización neocolonialista, sino que ande preparándose para repeler una posible sinización o islamización de su territorio. Ahora bien, ¿en qué consiste la misión de Rusia? ¿Quizás en ser el “garante energético global”, a rebufo de Gorbachov y su gnóstica Carta de la Tierra? Cabe esperar que pronto se encuentre una idea rusa válida. A mí me parece que la de San Vladimiro sigue siendo buena.

© Fundación Burke

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