España es una merienda de negros

octubre 3, 2007

¡Viva Babia!

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 7:07 am

Por Mark Steyn

“Hoy me siento orgullosa de mi universidad”, le decía Stina Reksten, una noruega de 28 años que cursa un postgrado en Columbia, al New York Times el día de la ahmadineyada. “No quiero confundir la muy complicada situación de los Derechos Humanos en Irán con lo que está en juego aquí, que es la libertad de expresión. Estamos hablando de la libertad académica”.

Traduciendo, que es gerundio: “¡Ya vale de hablar de Irán! ¡Hablemos de mí!”. La misma universidad que acalló a los meros gritos a un activista norteamericano contrario a la inmigración ilegal, la misma cultura universitaria que acaba de juzgar al ex capitoste de Harvard Larry Summers demasiado misógino como para ser recibido en un campus californiano, se felicita ahora a sí misma por su compromiso con la “libertad académica”. De acuerdo, Philip Zimbardo, un renombrado profesor de Psicología de la Universidad de Stanford, no está lo que se dice muy feliz. “Pueden llevar allí a los fascistas que les dé la gana, pero éste parece uno de los de primera línea”, ha comentado. Pero, hey, no te preocupes: el amigo Zimbardo no protesta por la presencia de Ahmadineyad en Columbia, sino por la de Rumsfeld en la Hoover Institution.

En algún momento de la semana pasada se decidió que lo que se imponía era comparar la visita de Ahmadineyad con la de Jruschov en 1960. Al dirigente soviético le dio tiempo hasta para ir a una granja de pavos y ver una peli de Sinatra, que encontró “decadente”. Pero la República sobrevivió. Como ha escrito en el Wall Street Journal una de mis más distinguidas colegas, Peggy Noonan, la visita de Jruschov sirvió para recordar al mundo que la nuestra es “la nación segura de sí misma”. Y, como se ha podido leer en unos cuantos emilios, entonces no hubo tontolabas derechistas rasgándose las vestiduras por que un tipo dedicado a la destrucción de nuestro estilo de vida se pateara la ciudad durante un par de días.

No sé yo si América era una nación “más segura de sí misma” en 1960; lo que está claro es que hoy en día es una nación mucho más posmoderna. Y no sé yo si la noruega Stina Reksten puede servirnos como ejemplar prototípico del joven americano; ahora bien, a ver quién es el guapo que dice que la chica no habla nuestro idioma a las mil maravillas: hemos invitado a hablar al presidente de Irán, pero no vayamos a confundir “la muy complicada situación de los Derechos Humanos” en Irán –o su programa nuclear, o su negación del Holocausto, o su papel en la crisis de los rehenes, o su implicación en la muerte de soldados norteamericanos y civiles iraquíes en Irak– con lo verdaderamente importante, que es aplaudirnos a nosotros mismos por la manera en que honramos la “libertad académica”.

Anda que no nos brinda la vida contemporánea oportunidades para darnos a nosotros mismos una palmada en el hombro… La disidencia sin riesgo alguno nos viene de serie, y mola mogollón. Si disentir consiste en resistirse a las presiones de la Administración Bush para que luzcas en la solapa un pin con la bandera nacional, ¡entonces Katie Couric es la versión Made In USA de Nelson Mandela! Si Rumsfeld es un “fascista”, entonces cualquiera vale para luchar contra el fascismo. Se acabó eso de que la policía secreta irrumpa en tu casa y te dé una paliza de muerte. Bueno, no, si eres un monje budista en Birmania, no se acabó…¡Pero anda que no queda lejos Birmania, y qué complicado y extraño es todo! Y, claro, no vayamos a confundir “la muy complicada situación de los Derechos Humanos” en Talipascualistán con la oportunidad de festejarnos por nuestro arrojo a la hora de defender la “libertad académica” en América. En algún momento de su visita, Ahmadineyad ha debido de pensar que estaba saliendo en un programa titulado Al Habla con el Tirano. Se ha invitado a Ahmadineyad como se podía haber invitado a Chávez, o al mulá Omar, o al mismísimo Herr Reichsfuhrer Hitler en persona, como dijo en la tele, muy chulito él, el decano de la Universidad de Columbia, John Coatsworth.

Fueron legión los primeros ministros y diplomáticos que aceptaron reunirse con Hitler, y por lo general los encuentros salieron de rechupete. Hubo uno que no: aquél en que Lord Halifax pensó que el del bigotín era un criado y le dio el abrigo para que lo guardara. Por cierto: esta metedura de pata habla por sí sola de lo normales que pueden resultarnos los criminales cuando les tratamos en sociedad. A las naciones civilizadas les gusta charlar, tomar el té, debatir, hablar sin parar. A las tiranías, en cambio, les gusta aterrorizar, torturar, matar, asesinar siempre y en todo lugar. A los que hacen se les da bien pasar por tipos que sólo hablan. Pero mira que es difícil que los que sólo hablan se pongan las pilas.

Volvamos a Columbia. Como su presidente, Lee Bollinger, se acongojó por las críticas que recibió tras invitar a Ahmadineyad, el día de autos dio en pronunciar lo que la preponderante y blandengue izquierda académica juzgó una feroz diatriba contra su invitado. Y es que el bueno de Bollinger habló de la persecución de las minorías en Irán, del asesinato de disidentes en Irán, de las ambiciones nucleares de Irán, de las amenazas genocidas contra Israel vertidas por Irán.

Lo cierto es que el telonero Bollinger congeló bastante los ánimos. Por lo que hace a Ahmadineyad, aguantó el chaparrón sentadito en su silla y exhibiendo una sonrisa de cartón piedra. Luego, dio inicio a su intervención con estas palabras: “No comenzaré mostrando malestar por el trato hostil que se me ha dispensado”; y, ya entrados en materia, se despachó soltando perlas como ésa de que en Irán no hay homosexuales. Ni uno. ¿Dónde están, pues? ¿Pasando un fin de semana en Kandahar? Lástima que no hubiera turno de ruegos y preguntas.

Posteriormente, a Bollinger lo pusieron por las nubes, incluso desde la derecha, por haber dicho “la verdad al poder”. ¿Y qué? Eso me recuerda a cuando Noel Coward ponía a Hitler a caer de un burro. Pero, claro, Hitler seguía exterminando y Coward… cantando “The Stately Homes of England”. Tras el sarao de Columbia, Ahmadineyad ha vuelto a hacer lo que suele: perseguir, asesinar, aterrorizar, nuclearizarse; y Bollinger, ¿en qué andará el bueno de Bollinger? ¿Estará haciéndose un álbum con las noticias que ha protagonizado? El otro día Jay Nordlinger, de la National Review, reflexionaba sobre esa costumbre nuestra de referirnos a las “necesidades humanitarias” de alguna parte olvidada del mundo y se preguntaba cuándo dejaremos de utilizar la expresión “necesidades humanas”, que en puridad hace referencia a la comida, la bebida y el abrigo. Sus lectores le escribieron para resaltar lo obvio: que, cuando anda lo “humanitario” de por medio, lo importante no es esa lejanísima víctima del Tercer Mundo, sino lo generosos que son los donantes occidentales, las ONG, las organizaciones de caridad… Los protas somos nosotros, no ellos.

El nuevo best-seller de Bill Clinton se titula Giving y trata de la caridad, de que es mejor dar que recibir. ¡Oh, por supuesto! Sobre todo cuando el que da está perdiendo el tiempo con algún recaudador de fondos ineficiente y el que recibe está a punto de ser pasado a cuchillo por, pongamos por caso, uno de los criminales que están asolando Darfur. El Gobierno sudanés sabe que, mientras se nos permita sentirnos bien con nosotros mismos y participar en la “ayuda humanitaria”, la matanza puede proseguir hasta que no quede un alma. De la misma manera, Ahmadineyad sabe que, mientras se nos permita hacer lo que mejor sabemos: hablar y hablar y hablar, ya sea en Columbia o en una cumbre con la UE, su régimen puede seguir adelante con su programa nuclear sin que nadie le moleste.

Estos hombres saben cómo tratar con las democracias avanzadas, tan firmemente instaladas en Babia. La diferencia entre Winston Churchill y Ward Churchill, ese célebre beneficiario de la “libertad académica” que llamó “pequeños Eichmann” a los muertos del 11 de Septiembre, reside en que Sir Winston llamaba a la acción y el otro, y los que son como él, aboga por no hacer nada. La pluma no es más poderosa que la espada si tu enemigo sabe que sólo estás dispuesto a usar la primera.

Total, que hay veces que no se trata de la “libertad de expresión”, sino de la libertad. Anda y pregúntale a un homosexual iraní, si es que encuentras alguno.

© Mark Steyn

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