España es una merienda de negros

octubre 5, 2007

González ajusta cuentas a Aznar por seguir a EEUU como “monaguillo pegado a la cola”

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 7:47 am

La rectificación de Mariano Rajoy sobre Irak ha lanzado al PSOE a ajustar cuentas. El ex presidente Felipe González la aprovecha para descalificar la política exterior de José María Aznar, que simplifica con dos rasgos: subalterna de Estados Unidos y, por ello, franquista. En un duro artículo titulado Mentiras y mentirosos, publicado este viernes en El País, el presidente que cambió de palabra para meter a España en la OTAN y embarcó a tropas de reemplazo en la línea de fuego de la primera Guerra del Golfo y en la de Bosnia, ataca a Aznar por someter a España a Estados Unidos como “monaguillos pegados a la cola de oficiantes para salir en la foto” (…) “sacando pecho de lata imperial”.

(Libertad Digital) El ex presidente González no se olvida de quien le derrotó en las Elecciones de 1996.

Una rectificación de Mariano Rajoy sobre la posición del Gobierno del PP en relación con la Guerra de Irak, que la periodista de canal Cuatro –grupo Prisa–, Concha García Campoy, le arrancó el pasado 28 de septiembre, ha dado alas al PSOE y al ex presidente para ajusticiar con renovados bríos al PP.

González cree que la rectificación de Rajoy es sólo a medias y que no sólo hay “una diferencia fundamental” entre Afganistán e Irak, como dijo el presidente del PP, sino varias.

“No es sólo la que media entre una guerra ilegal y otra legal”, señala el ex presidente socialista, “con ser mucha por esa sola razón. En Irak no había vínculos con el terrorismo internacional que se debía combatir, ni armas de destrucción masiva”, apunta.

González oculta en su razonamiento que hasta el PSOE y, en concreto, su líder José Luis Rodríguez Zapatero –como consta en los diarios de sesiones del Congreso de los Diputados– tenían la certeza, antes de la intervención militar, de que en Irak había armas de destrucción masiva y que la tiranía de Saddam Hussein era el siguiente refugio de las redes del terrorismo yihadista, una vez derrocados el régimen talibán de Afganistán.

El ex presidente despacha que Afganistán no tiene “nada que ver con Irak, a pesar del carácter sangriento de la dictadura de Saddam”. Para González, “¡otra sería la suerte de Afganistán si no hubiera existido la aventura iraquí!”.

Pasa por alto el 11-S y el análisis geoestratégico al que dio lugar en las democracias occidentales, no sólo en Estados Unidos, y sin el que no se entienden las decisiones sobre Afganistán e Irak, íntimamente ligadas por una determinación de luchar contra la amenaza más grave a la seguridad global.

Los argumentos de González para deslegitimar la Guerra de Irak no aportan nada nuevo a la colección de demagogia y manipulaciones del PSOE sobre Irak, que tan buenos resultados dio al partido del Gobierno para ganar las Elecciones Generales y que sigue rindiendo ocasiones de atacar al PP.

La última ha sido la rectificación de Rajoy en su regreso a un medio de comunicación del grupo Prisa.

Pero el objetivo de González no es analizar con fundamento histórico la decisión de intervenir en Irak, sino, una vez más, evacuar su resentimiento personal contra su sucesor en la jefatura del Gobierno, José María Aznar.

Las llamadas “actas del rancho Crawford”, filtradas por el Gobierno socialista a El País –para escándalo de los diplomáticos internacionales, que han captado el mensaje de que no se puede confiar en la discreción de España– sirven a González para lanzar un duro ataque personal contra Aznar.

Le imputa una política exterior vicaria de los Estados Unidos, neofranquista. Le acusa de ceder a “la estúpida tentación de cambiar 200 años de historia para caer en una nueva dependencia” con los Estados Unidos, un perfil de sumisión que González simplifica como una pulsión neofranquista de Aznar.

“El cambio copernicano que se creían nos retrotraía a las dependencias que se generaron en la dictadura y nos sacaba de nuestro papel como país democrático, europeo, mediterráneo e hispano”, dice González.

En otro momento, desarrolla su ataque a la ambición de Aznar por convertir a España en una nación de primera fila:

“La política exterior que se pretendía cambiar”, insiste, “era la posfranquista al socaire de los 200 años. La política hecha a base de esfuerzos por rescatar nuestra autonomía y por consolidar un consenso básico que nos hiciera fuertes en la dimensión de nuestras posibilidades. Sin exageraciones de monaguillos pegados a la cola de los oficiantes para aparecer en la foto. La política que nos permitía hacer un papel respetable en la construcción de una Europa unida, tras vencer las resistencias a la entrada. La que nos podía unir con los países hermanos de América Latina y nos permitiría impulsar una política mediterránea seria, respetuosa de nuestros vecinos. La política que nos permitiría reequilibrar la relación con Estados Unidos, rescatándola de la vergonzosa entrega de soberanía a cambio de mendigar reconocimiento que había hecho el franquismo”, escribe González en El País.

Para González, todo el mundo tuvo claro en su momento la diferencia entre Afganistán e Irak, “menos los visionarios que pretenden cambiar la historia sacando pecho de lata imperial…¡y sus acólitos!”.

Sin dejar de lado un segundo sus intereses personales como asesor del empresario mexicano Carlos Slim, el ex presidente González habla enfáticamente de “los países hermanos de América Latina” y defiende el derecho de Irán a desarrollar su programa nuclear.

Hay que recordar que González visitó Teherán a finales de 2006 y se entrevistó con Ahmadineyad. De aquel viaje, regresó con un discurso de apoyo a la mulocracia y justificación de su desafío a la comunidad internacional.

El periodista Iñaki Gabilondo llegó a ser convocado un domingo al canal Cuatro para entrevistar a Felipe González y que éste pudiera exponer sin cortapisas ni contradicciones su defensa del programa nuclear de Irán.

González reescribe con su propia memoria el legado de su política exterior:

“Cuando dejé el Gobierno, nuestro papel en Europa estaba consolidado y era esperado. Nuestra relación con el Magreb y el Mediterráneo era equilibrada y basada en la solidaridad y la defensa de nuestros intereses. Con el área hispana de América y con Brasil se había producido una nueva fase, radicalmente distinta a la de la época de las dictaduras. Con Estados Unidos se había negociado con gran esfuerzo y dificultad un nuevo convenio que nos permitía recuperar soberanía sin poner en cuestión una relación que era de confianza. Y así, sucesivamente”.

El expresidente concluye su artículo en El País pidiendo a Rajoy que “rectifiquen de verdad” y recomendando, a cambio, un nuevo “consenso que nos permita dar fortaleza y previsibilidad futura a nuestra política exterior”.

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