España es una merienda de negros

octubre 5, 2007

La Policía ocultó a Del Olmo datos que relacionaban a los dueños de la casa de Morata con el 11-M

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 7:24 am

La Policía no sólo no llamó a declarar a los dueños de la casa de Morata de Tajuña, donde según la versión oficial se montaron las bombas del 11-M, sino que fue más lejos a la hora de cortar los hilos que pudieran implicarles en los atentados: en los informes de conexiones telefónicas, se omitió toda referencia a las cuatro llamadas que uno de los presuntos suicidas de Leganés, El Tunecino, había hecho a la dueña de la casa. Asimismo, se llegó a decirle a Del Olmo que no se sabía a quién pertenecía el teléfono de la dueña de la casa, a pesar de que la titularidad de ese teléfono le constaba a la Policía desde ocho días antes del 11-M. VEA DENTRO LOS LISTADOS DE LAS LLAMADAS.

L D (Luis del Pino) Según la versión oficial, las bombas del 11-M se montaron en una casa situada cerca de Morata de Tajuña, en el término municipal de Chinchón.

Esa casa pertenecía desde 1997 a una persona de origen sirio, Mohamed Nidal Acaid, alias Abu Nidal, que está en la cárcel desde 2001, es decir, desde tres años antes del 11-M, por su pertenencia a la célula española de Al Qaeda.

El 11 de marzo de 2004, según la versión oficial, esa casa la tenía alquilada Jamal Ahmidan, alias El Chino, el jefe de esa banda de narcotraficantes de medio pelo que terminarían apareciendo muertos en Leganés. Jamal Ahmidan la había alquilado poco antes del 11-M.

En la finca había una pequeña casita de un solo piso cuando Jamal Ahmidan entra a vivir en ella. Durante el mes de febrero, El Chino comenzó a realizar una serie de obras, añadiendo un segundo piso a la casa, comenzando la construcción de una piscina y construyendo un pequeño chamizo que estaba forrado con paneles de porespán.

No se sabe muy bien en qué se basa esa afirmación de que las bombas del 11-M se montaron en la casa de Morata de Tajuña. Es verdad que los análisis químicos detectaron restos de nitroglicol en los paneles de porespán del chamizo que había en la finca, lo que parece sugerir que allí se almacenaron explosivos. Pero de nuevo, como casi todo en el 11-M, no sabemos si nos encontramos ante un dato falso o verdadero, porque el día que se registró la casa los perros estuvieron oliendo aquel chamizo sin detectar que allí hubiera habido nada. Es sólo después, cuando esos paneles de porespán son llevados a dependencias policiales, cuando aparecen los supuestos restos de nitroglicol.

En el registro de aquella casa no apareció ninguna de las herramientas necesarias para fabricar las supuestas bombas del 11-M: no aparecieron las brocas y los tornillos que hubieran hecho falta para agujerear y desmontar las carcasas de los móviles, no apareció ningún soldador con el que se pudieran empalmar los cables, no apareció ningún rollo de estaño de soldadura ni tampoco restos de estaño… Tampoco en los otros supuestos pisos francos del comando del 11-M (Albolote y Leganés) aparecieron estas herramientas y materiales. ¿Cómo pudieron entonces los terroristas fabricar esas bombas que nos dicen?

Son muchas las cosas que no cuadran en lo que a esa finca concierne. Lo que no cuadra es, ante todo, el comportamiento de Jamal Ahmidan, que es quien supuestamente alquiló la finca.

En primer lugar, la historia oficial nos dice que esa casa fue alquilada a Jamal Ahmidan por la mujer de Mohamed Nidal Acaid, el terrorista de Al Qaeda encerrado en la cárcel desde 2001, y que ese alquiler se formalizó el 28 de enero de 2001. Jamal Ahmidan abonó por adelantado un año de alquiler.

Después de alquilar la casa, lo primero que hace es visitar a sus vecinos y adquirir a éstos diversos enseres de segunda mano para su finca: un frigorífico, una estufa, una placa solar, … En las primeras semanas de febrero, Jamal Ahmidan lleva un grupo de albañiles marroquíes a la casa de Morata para construir una segunda planta sobre la que ya existía, además de un corral y de una especie de sótano. Finalmente, en los primeros días de marzo, Jamal Ahmidan compra un rebaño de seis cabras, varias gallinas y un perro y lo lleva a la finca.

Si Jamal Ahmidan iba a atentar contra los trenes madrileños el 11 de marzo, sería consciente de que después de los atentados tendría que huir. Entonces, ¿para qué abona un año de alquiler? ¿Por qué se presenta a todos sus vecinos? ¿Para qué compra en marzo una placa solar que de poco le iba a servir antes del verano? ¿Para qué construye una segunda planta a esa casa que no iba a poder habitar después del 11 de marzo? ¿Para qué se dedica a montar una pequeña granja a escasos días de un importante atentado?

Está claro que esa persona que alquiló aquella casa en enero de 2004, si es que de verdad era Jamal Ahmidan, no tenía la menor intención de cometer ningún atentado. Su comportamiento se corresponde con el de alguien que compra una finca de recreo para disfrutarla en el verano, que es cuando hubiera podido hacer uso de esa piscina que mandó construir.

El comportamiento de Jamal Ahmidan antes del atentado no cuadra. Pero es que tampoco cuadra el comportamiento después de la masacre. En lugar de huir, Jamal Ahmidan continúa yendo por su finca de Morata. Llega incluso a celebrar allí una pequeña fiesta por el Día del Padre el 19 de marzo, ocho días después del atentado.

A la celebración familiar del Día del Padre acudieron su compañera sentimental, su hijo, su cuñada, su suegro y la compañera sentimental de éste. Mientras las Fuerzas de Seguridad españolas buscaban frenéticamente una casa en el entorno de Morata, ese peligroso islamista llamado Jamal Ahmidan celebraba tranquilamente con su familia una fiesta católica.

Pero no sólo eso. Aquel mismo día 19 de marzo, Jamal Ahmidan se dirige muy enfadado a casa de uno de sus vecinos y, de muy malos modos, le dice que alguien le ha robado una de sus seis cabras y que si él ha visto algo. Y después, según ha declarado su compañera sentimental, se fueron al cuartel de la Guardia Civil para ver si podían denunciar el robo del animal.

¿Tiene lógica que el terrorista más buscado de España no sólo no se oculte, sino que celebre tranquilamente el Día del Padre en su casa de Morata? ¿Tiene sentido que lo que le preocupe sea que le han robado una cabra, llegando incluso a acercarse al cuartel de la Guardia Civil para tratar de denunciarlo?

Pero si el comportamiento del inquilino de esa casa no cuadra, todavía cuadra menos el comportamiento de la Policía.

Nos dicen que esa casa pertenece a una persona que está en la cárcel desde el año 2001 por su pertenencia a Al Qaeda. Nos dicen también que inmediatamente después del atentado las Fuerzas de Seguridad estaban buscando frenéticamente una casa en las cercanías de Morata de Tajuña. Sin embargo, esa casa no es localizada hasta el 26 de marzo, cuando ya Jamal Ahmidan ha desaparecido. El cadáver del presunto terrorista terminará apareciendo tras la explosión del piso de Leganés.

¿Pretenden hacernos creer que la Policía no sabía que ese terrorista de Al Qaeda que estaba en la cárcel desde tres años antes tenía una casa en Morata de Tajuña? ¿Pretenden hacernos creer que no se habían investigado sus propiedades?

Vamos a suponer que fuera así. Vamos a suponer que la Policía no supiera que ese terrorista de Al Qaeda que estaba en la cárcel tenía esa casa.

Cuando se detiene a Emilio Suárez Trashorras el día 19 de marzo, el ex-minero asturiano acompañó a la Policía hasta las inmediaciones de la casa, en la que al parecer había estado una vez a finales de febrero de 2004. Emilio Suárez Trashorras, según su propia declaración, no recordaba muy bien cómo llegar a la casa, así que tuvo que llamar a su mujer Carmen para que le terminara de indicar. Esa llamada, como hoy les revelamos, se hizo desde el teléfono del inspector Parrilla, el 6303000802053, tal y como pueden ustedes ver en este listado telefónico de las llamadas recibidas por Carmen Toro.

La mejor demostración de que todo lo que nos contaron acerca de los atentados era una pantomima es el hecho de cómo se trató policial y judicialmente todo el tema de la casa de Morata de Tajuña.

Nos dicen que el 11-M fue un atentado de Al Qaeda. Nos dicen que las bombas del 11-M se montaron en esa casa de Morata. Sabemos también que esa casa pertenecía a un miembro convicto de Al Qaeda, que estaba en la cárcel desde el año 2001. Sin embargo, a ese miembro de Al Qaeda en cuya casa nos dicen que se montaron las bombas ni siquiera se le llegó a tomar declaración, ni policial ni judicial, en los dos años que duró la instrucción del sumario. Por supuesto, a los dueños de esa casa no se les llegó a procesar por el 11-M.

Es decir, el 11-M, según la versión oficial, fue un atentado de Al Qaeda, pero el miembro de Al Qaeda en cuya casa se montaron las bombas no tiene nada que ver con el atentado. Como pueden ver, todo un prodigio de coherencia.

La incoherencia es aún mayor si analizamos la historia de esa casa de Morata. Porque, según la propia versión oficial, esa casa de Morata sólo se alquiló en dos ocasiones. La primera vez se alquiló, nos dicen, a Mustafá Maimouni, un marroquí que está en prisión en Marruecos desde 2003, por su presunta relación con los atentados de Casablanca. La segunda vez, esa casa se alquila a Jamal Ahmidan, uno de los presuntos suicidas de Leganés.

Es decir, según la versión oficial, las bombas del 11-M se montaron en la casa de Morata, una casa que pertenecía a un miembro de Al Qaeda y que sólo se había alquilado en toda su historia dos veces, las dos a sendos terroristas. Pero ese miembro de Al Qaeda no tiene nada que ver con los atentados del 11-M. Muy curioso, ¿verdad?

¿Por qué ese trato de guante blanco a los dueños de la casa de Morata? En realidad, el guante blanco no sólo se aplicó a los dueños de la casa de Morata, sino también a los dos intermediarios de origen sirio que participaron en el alquiler sucesivo de la casa a dos presuntos terroristas. Tal como desveló Libertad Digital hace unos meses, uno de esos intermediarios sirios, además, se entrevistó en la cárcel con Abu Dahdah, el jefe de la célula española de Al Qaeda, pocos días antes de los atentados del 11-M. A pesar de ellos, esos dos intermediarios no sólo no han sido acusados finalmente en el proceso, sino que el propio sumario refleja cómo la Policía, inexplicablemente, permitió que se quemaran papeles en la casa de uno de esos intermediarios antes de proceder al registro de la misma.

¿Se imaginan ustedes que las bombas para un atentado de ETA se hubieran montado en la casa de un miembro reconocido de ETA y que ese miembro reconocido de ETA no fuera imputado, ni tan siquiera interrogado, en las investigaciones por ese atentado?

Quizá la razón que justifique esa inexplicable contradicción de la versión oficial sea el hecho de que una cosa es poner la casa para proporcionar cobertura a la falsa historia de que las bombas se montaron ahí, y otra cosa muy distinta es permitir que se empiece a tirar de los hilos que salen de esa casa.

La abogada de los dueños de esa casa de Morata de Tajuña donde nos dicen que se montaron las bombas era, antes y después del 11-M, Yamila Pardo Candela, abogada conversa al Islam que es sobrina del dirigente socialista Joaquín Almunia e hija de Jadicha Candela, otra abogada conversa, cuñada de Almunia, que trabaja para el Partido Socialista en el Parlamento.

Centrar demasiado el foco sobre los dueños de la casa de Morata de Tajuña hubiera significado centrarlo también sobre su abogada. Quizá eso explique el interés por mantener al margen del proceso a los dueños de la casa.

Porque no sólo es que no se tomara declaración al dueño de esa casa en los dos años que duró la instrucción sumarial. No sólo es que no se procesara a los dueños de esa casa donde nos dicen que se montaron las bombas.

Los intentos por cortar los hilos que pudieran llegar a vincular a los dueños de la casa de Morata de Tajuña con los atentados del 11-M llegaron hasta el punto de que se ocultaron al juez Del Olmo las llamadas, por ejemplo, que la dueña de la casa de Morata de Yajuña intercambió con otro de los suicidas de Leganés: con Serhane Farkhet, alias El Tunecino.

Como hoy revelamos en exclusiva para ustedes, los datos aportados por las operadoras telefónicas revelan que desde dos de los teléfonos atribuidos por la Policía a El Tunecino se llamó a la dueña de la casa de Morata de Tajuña al menos en cuatro ocasiones, una el 30 de julio de 2003, otra el 11 de noviembre de 2003, otra el 17 de noviembre y otra el 24 de noviembre. ¿Por qué nadie ha interrogado a los dueños de la casa de Morata de Tajuña acerca de esas llamadas?

No es sólo que esas llamadas no fueran indagadas por la Policía ni por el juez Del Olmo. La eliminación de datos llegó mucho más lejos. Tal como también les contamos hoy en exclusiva, la Policía llegó hasta el punto de decir al juez Del Olmo que no sabía a quién pertenecía el teléfono de la dueña de la casa de Morata de Tajuña. ¿Se hizo eso, tal vez, para no tener que dar cuenta de las llamadas intercambiadas con El Tunecino?

Porque la Policía por supuesto que sabía a quién pertenecía ese teléfono al que El Tunecino llamó en cuatro ocasiones. Lo sabía porque en una declaración de un vecino de la finca de Morata de Tajuña, prestada el día 3 de abril en dependencias policiales, ya se hace referencia a ese teléfono y se indica que pertenece a la dueña de la casa, Nayat Fadal.

Pero la Policía sabía perfectamente desde muchísimo antes a quién pertenecía ese teléfono cuya titularidad le dijeron al juez Del Olmo que desconocían. Lo sabían desde al menos el año… 1996.

En efecto, el primer informe de la Policía sobre la titularidad de ese teléfono data del 4 de septiembre de 1996 y fue remitido al juzgado de Baltasar Garzón, como parte de las investigaciones que cinco años después darían lugar al procesamiento de la célula española de Al Qaeda dirigida por Abu Dahdah.

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