España es una merienda de negros

octubre 7, 2007

¿Pero quién es ese Ibarretxe? (pues te lo voy a decir: es un hdlgp)

Filed under: General,Rajoy,Zapatero — África @ 7:34 am

GERMÁN YANKE

«¿Pero quién es este hombre?». No es una pregunta retórica, a pesar de que se acerca al decenio en la presidencia del Gobierno vasco y se conocen los suficientes datos de su biografía, se trata más bien de mostrar la sorpresa por una política, continuada, repetida, manifestada con un fanatismo a prueba de vientos y de mareas. De lo que no cabe duda -basta con acercarse al currículo que el mismo ha puesto en la página web de la presidencia de la Comunidad Autónoma Vasca- es que es un tipo particular. Allí se lee, por ejemplo, que la voluntad de cumplir la palabra dada es «herencia de su origen», es decir, no un compromiso moral personal, no el resultado de una educación (aunque cite a sus padres), sino de un aprendizaje, el desideratum «del caserío y también de la industrialización».

Este comienzo de su autorizado perfil ya revela que no es un político inclinado hacia las altas cumbres de la reflexión intelectual, sino apegado a una concepción telúrica del mundo y de su propia personalidad. En vez de altas cumbres de la inteligencia, «paseos por el monte y leer novelas históricas en el recogimiento familiar». Llamo la atención sobre las comillas porque no se trata de una ironía del cronista, sino su descripción de los fines de semana.

Todo eso -«la sabiduría de la sociedad rural vasca» y «el laborioso proceso de industrialización»- le llegó al actual lendakari en Llodio, una población alavesa lindante con Vizcaya que él, naturalmente, llama sólo Laudio, en donde nació el 15 de marzo de 1957 y en donde cursó el Bachillerato. En español. No sólo por exigencias del sistema educativo de la época, sino porque era su lengua materna. Cuando fue designado candidato a la presidencia del Gobierno vasco por el PNV, en 1998, decidió superar su ligero conocimiento del vascuence y estudiarlo con un tesón digno de ser mencionado.

Juan José Ibarretxe estudió después Ciencias Económicas en Bilbao, en donde -según cuentan los que le trataron entonces- ya mostró sus inclinaciones nacionalistas, quizá a veces más radicales que las del PNV, partido al que terminó afiliándose en 1979 y por el que fue elegido alcalde de su pueblo en 1983. Sus buenos resultados no le proporcionaron, sin embargo, mayoría absoluta y tuvo que acostumbrarse, sin dar muestras de desagrado, a la colaboración con otros nacionalistas.

Su padre estuvo siempre cerca de él y de su carrera política y aún ahora es frecuente verle en la tribuna de invitados del Parlamento vasco en las grandes ocasiones. Le gusta también citar a su abuelo, que al parecer recomendaba avanzar pisando donde pisa el buey, algo así como sin mirar a los lados y con la seguridad de tal contundencia. Y lento, claro, aunque haya abandonado después esa conseja para acelerarse en exceso.

Pero algo de esa pesada seguridad tuvo su inicial carrera política. Procurador y presidente de las Juntas Generales de Álava al mismo tiempo que alcalde, miembro del Parlamento vasco desde 1984, en el que fue presidente de la Comisión de Economía durante tres legislaturas. Ese era su mundo, aparentemente al menos: la economía, las cuestiones europeas, a las que dedicó su tiempo en la Fundación Sabino Arana, y el Concierto Económico, al que siguió dedicándose como vicepresidente del ejecutivo de José Antonio Ardanza desde 1995. Mas su alto cargo, y la importancia de la negociación del Concierto y el Cupo, no hicieron que su perfil político se agrandara. Con algunos colaboradores que hoy forman parte de su Gobierno, como Javier Balza e Idoia Zenarruzabeitia, aparecía como un técnico al servicio de una negociación técnica, más aún cuando sus ensoñaciones etnicistas, que luego aparecieron, se daban de bruces con la necesidad de pactar con el Gobierno de España y, en 1996, precisamente con el del PP para apoyar a continuación la investidura de José María Aznar. Aparecía, por tanto, como un técnico que, por virtud o por necesidad, tenía que ser negociador y pactista. En la «biografía dialogada» que publicó en 2002 Javier Ortiz, Rodrigo Rato, su interlocutor de entonces, es prácticamente el único político del PP que sale bien parado.

Cuentan que ya desde antaño, desde comienzos de los ochenta, Xabier Arzalluz se había fijado en él y lo citaba como un joven con mucho futuro en el PNV. No es fiel Arzalluz a todos sus patrocinados, porque mucho más apoyado y elogiado por él fue Josu Jon Imaz, pero Ibarretxe le ha servido para los rotos y para los descosidos. Primero, como negociador tenaz, cuando había que entenderse «con Madrid». Luego, con el Pacto de Estella de por medio y los acuerdos del PNV con ETA, tan persistente como contumaz para buscar fórmulas que dieran cuerpo a un frente nacionalista, que se apuntaba en el comienzo de su mandato como lendakari, en enero de 1999, con el apoyo de EH, una de las viejas franquicias electorales de Batasuna. Imaz, su consejero y portavoz, iba quedando atrás en la lista de Arzalluz en beneficio de Egibar, con el que Ibarretxe se ha alineado siempre y, en estos momentos, hasta tensar la cuerda en el PNV al máximo.

Sin desanimarse

Quizá la personalidad de Ibarretxe encaja con menos problemas en una etapa de negociador técnico y se desboca en el espacio más abierto y proceloso de la política. Al fin y al cabo, y volviendo a su propia presentación, es «metódico y ordenado», que son características instrumentales que dan buen resultado cuando la meta lo merece. Y si Ibarretxe se propone una meta no hay quien le pare, como cuentan sus amigos cicloturistas, su gran afición deportiva desde la infancia. Austero hasta la exageración, se toma las cosas a la tremenda. Este pasado verano ha participado en una dura marcha cicloturista en Francia. Etapa tras etapa, sin desanimarse un segundo, sin mirar atrás, y con la familia a cuestas, siguiéndole en una caravana. Si el cansancio es del lendakari, el mayor esfuerzo parece el de la familia. En la política, surge su etnicismo nacionalista, ajeno a consideraciones de legalidad o de prudencia, y avanza hacia la imposible autodeterminación sin mirar a los lados. Si el esfuerzo es suyo, el cansancio -y ciertas dosis de desesperación- están de lado de sus conciudadanos.

«Si algo sorprende de su personalidad -sigue el particular currículo- es el enorme interés que le provoca el diálogo». La cita es textual. «Yo sigo andando en bicicleta con los Fernández y los Sánchez todos los días», dijo en 1998 en un mitin con una frase que dio más juego que el resto de su doctrina. Luego resultó que el ciclista Fernández era un nacionalista, ejecutivo de cierta importancia, pero Ibarretxe quería reflejar de ese modo paradójico «el interés que le provoca el diálogo» y, aunque no quisiese, revelaba también el rasgo étnico que da a la pluralidad del País Vasco. Sobre la salud de Ibarretxe se cuentan leyendas y leyendas. Que si tuvo una enfermedad tras la que decidió seguir una dieta rigurosa, que si tiene subidas y bajadas de ánimo (como si esto fuese algo llamativo), que si padece problemas de estómago y de ahí sus etapas vegetarianas y la paradigmática austeridadde su forma de vida. Palabrerías, seguramente.

Pero si parece haber un desajuste. Un desajuste con la realidad, más allá de su ideología nacionalista. Se constata cuando trata de convencer a la familia de José Ramón Recalde, ingresado en el hospital tras ser tiroteado por ETA, que en el País Vasco se vive muy bien. Cuando quiso convertir la protesta por el asesinato de Fernando Buesa en un homenaje a si mismo. Cuando su verdadera concepción del «diálogo» es introducir en las negociaciones a ETA y los suyos en vez de pactar con la mitad no nacionalista del País Vasco. Insiste siempre en lo de «vascos y vascas» pero quedan a un lado los «ciudadanos». O cuando ahora lanza su plan de autodeterminación incluso sin el apoyo real de su propio partido. Lo mismo cuando deja de ser Juan José Ibarretxe para ser, siempre, «este lendakari».

Si a eso se añade una suerte de pulsión por la que parece verse siempre ante la última oportunidad, al dogmatismo se añade una presión que, fuera de su propia construcción mental, puede resultar explosiva.

Dicen que una de sus frases preferidas es «a trabajar, que se nos va a hacer de noche». O el plan, o llega la oscuridad del caos. Ahora, la autodeterminación es para «salir del túnel» y el único camino de no quedarse en él. Nunca un lendakari ha planteado las cosas con ese carácter de totalidad, un tanto adolescente desde el punto de vista político, y ha suscitado tanta animadversión entre los no nacionalistas. Y en el propio PNV.

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