España es una merienda de negros

octubre 10, 2007

Una carta de Sarkozy a los profesores franceses

Filed under: EDUCACION,General,Rajoy,Zapatero — África @ 8:44 am

Por Alicia Delibes

El pasado 4 de septiembre, con ocasión de la rentrée scolaire, el presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, hizo pública una larga carta dirigida a los “educadores” en la que exponía la necesidad de llevar a cabo una reforma profunda del sistema de Educación Nacional. “El mundo necesita un nuevo Renacimiento –escribía Sarkozy–, que vendrá gracias a la educación”. 

Para los españoles, resulta aleccionador leer esta carta, porque los defectos que señala Sarkozy en el sistema de enseñanza francés son prácticamente los mismos que están impidiendo el buen funcionamiento de la educación en España; por tanto, las medidas que anuncia pueden servirnos para resolver algunos de nuestros problemas.

Sarkozy comienza por reclamar a los maestros y profesores que abandonen una pedagogía, que podríamos llamar sesentayochista, basada en la idea de que el niño debe aprender sólo aquello que pueda descubrir y que debe obedecer sólo aquellas normas de conducta que haya aceptado. Esta pedagogía ha llevado a que no se valore la transmisión del saber y a que se ponga en duda la autoridad de los padres, los maestros y las instituciones. Una pedagogía –asegura Sarkozy– que no sólo es la causa de que las cifras de fracaso escolar estén alcanzando en Francia niveles inaceptables, sino que, al haber impedido la promoción social mediante el aprendizaje, está haciendo que crezcan las desigualdades.

El presidente francés pide a los profesores que traten de dar a cada niño el máximo de instrucción que pueda recibir, y de favorecer su gusto por aprender, su curiosidad, su apertura de espíritu y su sentido del esfuerzo. En lo que se refiere a la autoestima, cualidad preferida por los psicopedagogos más modernos, Sarkozy afirma que un escolar llegará a sentirse orgulloso de sí mismo cuando sea capaz de descubrir sus talentos y pueda desarrollarlos.

Sarkozy demanda a los educadores que enseñen a sus alumnos a ser exigentes consigo mismos, a distinguir el bien del mal; que les hagan darse cuenta de que “no vale todo”, de que el maestro no es igual al alumno y de que no puede haber libertad sin reglas. “¿Qué educadores seríamos –se pregunta el jefe del Estado francés– si no fuéramos capaces de sancionar a los niños cuando cometen una falta?”. Y añade: “El sentimiento de la impunidad es una catástrofe para el niño. Recompensar el mérito, sancionar la falta, cultivar la admiración de lo que está bien, de lo que es justo, de lo que es bello, de lo que es grande, de lo que es verdad, de lo que es profundo, y enseñarle a detestar el mal, lo feo, lo injusto, lo pequeño, lo que es mentira, lo que es superficial, lo que es mediocre. Así es como el educador sirve a su pupilo”.Asimismo, aboga por una escuela del respeto: “Respeto del profesor al alumno, de los padres a sus hijos, del alumno hacia el profesor, del hijo hacia su padre, respeto de los otros y respeto hacia sí mismo”; y señala, además, que la politesse (esa intraducible palabra francesa que designa las buenas maneras) es también una forma de respeto que debe aprenderse en la escuela.

En cuanto a las reformas que anuncia en su carta, tres son, quizás, las más significativas; a saber: la reforma del collège unique, la libertad que dará a los profesores para elegir la pedagogía que cada cual juzgue más conveniente y el aumento de autonomía para los centros escolares, previo establecimiento de un sistema de evaluación de cuyos resultados dependerán los recursos que reciban.

El llamado collège unique (equivalente a nuestra ESO) se impuso por ley en Francia en 1975. Hasta entonces los niños podían, al terminar la Primaria, empezar el Bachillerato en los liceos o cursar Formación Profesional en centros preparados para ello. El modelo de escuela única obligatoria y gratuita hasta los 16 años como el único democráticamente aceptable había sido defendido por los partidos socialistas europeos desde los años 20, y en Francia fue promovido después de la Segunda Guerra Mundial por el físico Pierre Langevin (1872-1946) y el psicólogo Henry Wallon (1879-1962), miembros ambos del Partido Comunista. Pero no se llegó a implantar hasta después de las revueltas de Mayo del 68, posiblemente como consecuencia de éstas, y su artífice fue René Haby, ministro de Educación con Valèry Giscard d’Estaing.

El collège unique ha sido muy discutido durante los últimos años. Muchos profesores e intelectuales franceses consideran que ha sido el mayor error de la historia de la Educación Nacional. Se han hecho muchos intentos de reforma, inspirados por diferentes filosofías pedagógicas, pero ninguno ha resultado satisfactorio. Actualmente, los escolares realizan dos exámenes que no condicionan su paso al curso siguiente: el primero, al empezar la Secundaria Obligatoria; el segundo, de carácter voluntario, se hace al finalizar la etapa del collège y da derecho a un certificado conocido como Brevet. Pues bien, Sarkozy ha anunciado que impedirá que se empiece el collège sin que se haya superado la prueba de capacidades mínimas para seguir sus enseñanzas, y que ningún escolar podrá matricularse en el Bachillerato sin haber pasado el Brevet.En cuanto a la libertad pedagógica de la que habla Sarkozy, es preciso saber que en diciembre de 1982 Louis Legrand, antiguo director del Instituto Nacional de la Investigación Pedagógica, envió un informe –titulado Pour un collège démocratique– al entonces ministro de Educación Nacional, Alain Savarey, en el que demostraba el fracaso escolar del collège unique, y lo atribuía al hecho de que se había pretendido igualar a los alumnos por “lo alto”, algo para él imposible cuando coincidían en las mismas aulas adolescentes de extracción social muy diversa. Legrand apostaba por una “pedagogía democrática” que renunciara a transmitir saberes elitistas y abstractos, que sólo podían ser asimilados por hijos de familias acomodadas, y que buscara aquello que podría motivar a las clases más populares. Sólo así, aseguraba Legrand, la escuela cumpliría con su misión de crear un hombre nuevo capaz de conformar una sociedad más igualitaria, solidaria y colectivizada.

La nueva “pedagogía democrática” se implantó de forma voluntaria, pero poco a poco las tesis de Legrand fueron ganando adeptos entre pedagogos y expertos educativos, que convencieron a los políticos para que la impusieran en todos los centros escolares de primera y segunda enseñanza. Sin embargo, en los últimos años han ido aumentando las voces de protesta contra lo que se considera un intolerable intervencionismo pedagógico del Estado. Es, pues, toda una novedad que un gobernante francés prometa dar libertad a los profesores para que enseñen como consideren mejor hacerlo.

Por último, resulta verdaderamente esperanzador el anuncio de un sistema de evaluación para los centros escolares franceses, unido a una mayor autonomía y a una diferente distribución de los recursos económicos. Si Sarkozy es capaz de llevar a cabo esta reforma, que ya hizo Tony Blair en Inglaterra, podremos confiar en que se vaya imponiendo en Europa una manera de gestionar la escuela pública mucho más racional y efectiva y, sobre todo, que ponga a disposición de la sociedad una oferta educativa variada, que permita a los padres elegir la escuela que más pueda satisfacerles.

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